Trabajo doméstico, la crianza y el autocuidado

Por Amaranta

 

Soy mujer, hija, madre, compañera y trabajadora organizada. Vivo en Chile, país cuyo modelo de desarrollo depende de mis múltiples funciones, muchas de ellas invisibilizadas e incluso relegadas a mi rol en la sociedad

Mi jornada de trabajo formal de lunes a viernes comienza a las 6 de la mañana, aun en pandemia y teletrabajo; despertar a esa hora solo para ducharme y preparar desayuno porque difícilmente puedo hacer una rutina de ejercicios para desestresarme.

A las 7 de la mañana enciendo el computador para trabajar, antes que despierte mi hije; porque ya a las 8 a.m debo ayudarle a vestir, alimentarle, preparar materiales para sus clases además de lidiar con sus pocas ganas de conectarse a una clase por computador.

Las clases virtuales comienzan a las 9 am, a veces un poco antes y por lo tanto hacemos todo más rápido. Acá es donde la cosa se pone difícil. Debo estar conectada a sus clases para apoyar su aprendizaje; y también ser la contención a sus frustraciones cuando se ve frente a una pantalla con sus compañeros de curso al otro lado queriendo comentar y responder las preguntas hablando todos al mismo tiempo; o cuando no le sale una letra, un número o un dibujo.  Mi hije no es la excepción; sus compañeros también sienten la misma frustración .Al mismo tiempo tengo que estar atenta a lo que su profesora indica; replicarlo, apoyar y acompañar las evaluaciones.

Ya pasada la primera hora de clases- teletrabajo tomo un  pequeño descanso  que me permite ir al baño, llamar por teléfono, atender alguna emergencia del trabajo, o en el mejor de los casos  comer una colación.

Continúo con las clases virtuales y el teletrabajo hasta las 13:00 cuando podemos desconectarnos; me dirijo a la cocina a preparar el almuerzo; a veces digo que quisiera cocinar en la noche para que al medio día solo tenga que calentar la comida, pero luego entenderán por qué no puedo.  Aunque tenga recetas anotadas para cada día, se hace difícil cocinar algo rápido y sencillo, no podemos descuidar la nutrición ni estar siempre improvisando la alimentación de nuestros hijes. Almorzamos; a veces no le gusta la comida y debo dársela yo, ¿retarlo? No, necesito terminar pronto para comenzar a trabajar.

Después de las 15 horas retomo mis labores. Por lo general agendo reuniones de coordinación posterior a este horario, así me siento más tranquila en el reducido espacio de mi homeoffice. También hay días en que debo conectarme a una reunión en plena clase, ¿qué hago? Pues, conecto a mi hije desde el teléfono para yo utilizar el computador; el problema es que nuestro espacio es limitado y su concentración se ve afectada cuando la mamá está hablando (aunque use audífonos para mitigar la distracción).

Ya llevo 8 horas de conexión y debo hacer un break porque: “mamá siempre estás trabajando y no tienes tiempo para mí”, “mamá tengo hambre, ¿qué puedo comer?”, “mamá ven a jugar conmigo / quieres ver una película conmigo / me lees un cuento?”, al mismo tiempo que retomo mis labores productivas hasta las 7 de la tarde.

En este entremedio a veces quiero descansar, intento nuevamente hacer algún ejercicio, porque anhelo que esta situación no me vulnere emocionalmente, y porque la crianza es tan demandante, que si yo no estoy bien, pues le entrego toda esa carga a mi hije, y a todo familiar que viva conmigo. En el mejor de los casos y depende del ánimo o la situación sanitaria, salimos a caminar o vamos a jugar a la plaza.

El reloj avanza rápidamente hasta las 8 de la tarde; comemos, luego nos preparamos para dormir; hay que bañarse y dar cariño para el descanso efectivo; leer un cuento idealmente para que duerma tranquile y descanse.

Recién a las 22:00 podría decir que hay un espacio para continuar trabajando. Pero… ¿cuándo tengo tiempo para mis cuidados? A esa hora ya no intento volver a mirar una pantalla, me informo en prensa lo que sucedió en el día, me espanto del mal manejo de esta pandemia y odio un rato, luego intento leer un libro que me hace desear estar en él y no acá.  Miro el reloj y ya son las 00:00; necesito descansar porque mañana tengo que despertar a las 6 para retomar los pendientes del laburo. Y así ha pasado más de un año en la misma rueda, me pregunto en serio: ¿cómo funciona el RERUM NOVARUM? Porque así como vamos, me deben una vida y más.

Luego de 16 meses en que esta pandemia agudizó nuestras condiciones de precarización; dónde volvimos a hablar de cómo nuestros trabajos sostienen la vida, como el  trabajo informal disfrazado de “crecimiento económico” e “independencia” , los trabajos de cuidados no reconocidos; la inestabilidad laboral, la cesantía, el impuesto teletrabajo,  las dobles y triples jornadas laborales a las que nos vemos expuestas; nos hacen retroceder en las mínimas condiciones que logramos en poco más de 10 años, y que hoy nos tienen en la cúspide de la desigualdad que tanto combatimos.

Criar y cuidar también es trabajar.

Trabajadoras somos TODAS.

Hasta que valga la pena vivir.

¡Vamos por todo!

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Autor entrada: Carlos Alberto

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