De la tarea histórica a la tarea actual: ¿por dónde empezamos?

Por Sofía De Luiggi

 

El deber formativo-teórico guarda en su interior la potencialidad de obtener claridades prácticas imperdibles para quienes hemos decidido tomar la posta del hilo rojo histórico. La vigencia del cómo desarrollar cuestiones fundamentales, como el programa y la táctica de la organización política, nos permite poner en perspectiva nuestro quehacer pasado, actual, y el que vendrá, por supuesto. En este sentido, Lenin es una de las referencias históricas que da luz al camino.

A un año de la conformación del partido obrero socialdemócrata ruso las discusiones sobre el rol de las reivindicaciones locales en la construcción del partido, y cómo eso gestaba la lucha de clases, eran inminentes. El proceso de unificación de las y los obreros, mediante el reconocimiento como clase trabajadora, no era una obviedad que naciera del valioso espontaneísmo de lucha que emerge de la clase insurrecta cuando ella así lo amerita. Por el contrario, la discusión táctica que lograra abordar esa necesidad estaba sobre la mesa, principalmente por aquella razón inagotable en el tiempo: tener frente a los ojos la posibilidad histórica de tejer un proceso revolucionario de liberación.

La semilla de conciencia que se había logrado sembrar en toda Rusia, gracias a la actividad política local, no traía consigo de forma intrínseca la magnitud necesaria del partido que lograría dirigir las fuerzas hacia el asalto del palacio de invierno. Faltaba un paso que dar aún: la construcción del programa y de la táctica, ambos de características generales (territorialmente hablando) y centrales (partidariamente hablando).

Ahora, volviendo a nuestro presente, el proceso que se abre desde el 18 de octubre 2019, hasta los resultados electorales del 15 y 16 de mayo recién pasado, en relación con aquello sobre lo que nos vamos a tener que volcar las organizaciones políticas que vimos desde el primer minuto las potencialidades del periodo que se estaba abriendo, no dista de las preocupaciones de Lenin en 1899 (en términos generales). La cosecha de las articulaciones territoriales (en sus distintas formas) es un hecho, existe. Ahora, en ánimo de responsabilidad para con nuestra tarea, es el momento de preguntarnos: ¿Qué organización necesitamos y para qué trabajo?

La respuesta requiere una construcción dinámica entre las condiciones políticas existentes, las exigencias del momento, las tareas fundamentales, y las necesidades constantes del movimiento socio-político chileno, ¿y por qué no latinoamericano inclusive? Todo esto, desde la centralidad de la construcción de un partido que debe ser esencialmente práctico.

La tarea de aglutinar nuestras fuerzas en la actualidad, tampoco requiere de cuestiones tan diferentes a las que apuntaba Lenin en su minuto. En una primera instancia, la posibilidad de encontrarnos en un proyecto común, desde los diferentes territorios en clave de lucha, puede ser potenciada por brindar una tribuna de denuncia económica, política, y social, que este al servicio de la clase trabajadora, lo que para Lenin se traducía en el nacimiento de un periódico obrero. Debemos ser capaces de auto dotarnos (aún más) de circunstancias que nos reúnan, nos permitan reconocernos en cuanto clase, y luego en torno a un programa general y central.

La construcción partidaria lejos de aplanar la actividad política local, debe ser capaz de sintetizarla para crear el combustible que echará a andar el motor del partido revolucionario, lo que significa reconocer una obligación critica de creación colectiva. O como diría Lenin “El órgano del partido, lejos de competir con esa actividad, ejercerá, por el contrario, una gran influencia en su discusión, fortalecimiento y sistematización de la misma”. Es en gran medida el trabajo local (en todas sus formas reivindicativas, de lucha, y de construcción) lo que generará las condiciones políticas para que emerja el partido desde la fidelidad de nuestras convicciones populares y socialistas.

La caracterización de la lucha que estamos dando es crucial, por que sabemos que influye en el análisis de las posibilidades políticas de una coyuntura. La claridad de saber diferenciar entre las políticas parciales vs la política que emana de un contexto de lucha de clases nos permite mantener objetivos claros y los pies en la tierra. Sin olvidar la importancia de que los procesos históricos tengan su curso, con la responsabilidad y confianza intacta de que ese rumbo está en nuestras manos.

 Nuestra tarea estructural está en la dirección del cambio del patrón de acumulación, más no en la dirección de absorber y redirigir demandas dentro del los cercos de la hacienda del capitalismo neoliberal y patriarcal. Lo que trae tareas urgentes para las, les, y los militantes, como la cualificación necesaria para poder responder a las agudizaciones de los momentos políticos.

“Nosotros tenemos que marchar por nuestro camino, llevar a cabo sin desfallecimientos nuestro trabajo sistemático, y cuanto menos contemos con lo inesperado, tanto más probable será que no nos coja desprevenidos ningún «viraje histórico». (Lenin,1901, ¿por dónde empezar?)

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Autor entrada: Carlos Alberto

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