La organización de l@s trabajadores en el momento constituyente

Por Alberto Ormeño Retamal

El momento constituyente en marcha se circunscribe en la coyuntura histórica abierta en octubre de 2019; y es parte, por tanto, del momento más álgido de la lucha de clases en los últimos 30 años. Esto abre desafíos no menores. Partiendo de la base, por un lado, que el acuerdo de paz y nueva Constitución supone graves trabas al ejercicio del Poder Constituyente Soberano, y que sobre ese marco las organizaciones sociales tendrán que bregar por la concreción de sus principales demandas en el nuevo texto constitucional, y por otro, la irrupción de las mismas organizaciones en un escenario estrictamente electoral, hecho inédito en las últimas décadas en Chile.

No obstante lo anterior, la coyuntura actual ha llevado a distintas organizaciones sociales a “tomar posición” y disputar vocerías dentro de la convención, bajo el objetivo general de fortalecer 3 tácticas para el momento -no siempre con la misma denominación, pero si bajo el mismo razonamiento-: a) Elaboración programática; cuestión que viene impulsada desde la Revuelta de Octubre, pretendiendo de esta manera sintetizar las diversas demandas parciales que han surgido en los últimos años; b) La movilización popular, como eje central que debe asediar la convención constitucional, de manera que esta represente los intereses populares y el programa en construcción; c) La disputa por vocerías en la misma convención, que defiendan el programa.

Ahora bien, las organizaciones de trabajadores y trabajadoras no han logrado un rol preponderante en esta coyuntura. Salvo honrosas excepciones, que se manifestaron especialmente en el paro productivo del 12 de noviembre de 2019 y en las paralizaciones a favor del retiro del 10% de los fondos de pensiones por parte de la Unión Portuaria de Chile, en su mayoría, la Clase Trabajadora llega a la revuelta y luego al momento constituyente sin un ente representativo de los intereses de quienes viven de su trabajo. Y ello, para quienes creemos que la contradicción principal en las sociedades capitalistas, como la nuestra, es la de Capital/Trabajo, enciende las alarmas dado que los 3 ejes tácticos antes referidos sin la presencia de los trabajadores y trabajadoras disminuyen su posibilidad de realización, más aún, cuando la legislación limita gravemente las posibilidades de participación directa de los dirigentes sindicales en el proceso, obligándoles a suspender su cargo para ser convencionales, lo que es manifestación clara de la despolitización sindical que buscaba la Constitución del 80’. Lo anterior no quiere decir que los trabajadores/as estén al margen de los sucesos históricos del último tiempo, de hecho, participan activamente de las distintas manifestaciones asociativas pre y post revuelta (organizaciones feministas, barriales, ollas comunes, no + afp, etc.); lo que queremos plantear es que se carece de organizaciones superiores, que representen y sinteticen un programa del “mundo” del trabajo. Salvo demandas parciales -por muy sentidas que sean- no se ve con claridad la propuesta concreta de un nuevo modelo de relaciones laborales que dote de mayor poder a los y las asalariadas.

Esta tarea es de los propios trabajadores y trabajadoras, no es delegable. La clase trabajadora debe asumir su rol Constituyente, sin ella, las posibilidades de que la convención constitucional termine perpetuando el modelo neoliberal aumentan peligrosamente. El llamamiento entonces es para fomentar la participación de los Sindicatos y Organizaciones de trabajadores/as en la elaboración programática y en la movilización social, pero también, en la disputa de escaños dentro de la Convención Constitucional, con vocerías que representen los intereses y demandas del trabajo. Esto es fundamental para que el momento constituyente signifique un avance para los Pueblos y no termine siendo más de lo mismo.

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Autor entrada: Carlos Alberto

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