Niñas, pandemia y división sexual del trabajo

El disciplinamiento temprano de la fuerza de trabajo doméstico. 

Por Sofía De Luiggi Rivas

La visibilización del trabajo doméstico no remunerado, en cuanto trabajo, está puesta sobre la mesa por los Feminismos hace décadas, lo que ha llevado al cuestionamiento de la asignación, no azarosa, de aquellas tareas, tensionando los roles de género en el continuo del espacio público/privado.  El contexto de pandemia ha vuelto más evidente aún la agudización del sistema sexo-género en los escenarios de crisis donde se debe hacer frente a la precarización y reproducción de la vida, siendo los cuerpos feminizados quienes encarnan esa sobrecarga, teniendo como telón de fondo los femicidios. 

Los procesos de socialización de género propician que las niñas, jóvenes y mujeres, aprendan a realizar los trabajos asociados a la reproducción, por medio de la vigilancia, volviendo el hogar foco de trabajo. Las cuarentenas implican para las niñas el incremento de esas  circunstancias, no quedando al margen de la división genérica del trabajo doméstico, sin negar además, la dimensión interseccional del conflicto como lo son la posición de clase y la ubicación geográfica (urbana o rural).  En este sentido, cabe preguntarse por la posición de la niñez, o más específicamente;  ¿cómo dialogan los derechos de la niñez con las implicancias específicas de repartición de tareas según género? El entendido de que los roles de género son una imposición y adoctrinamiento tempranos, abre la necesidad de esclarecer los momentos en los que la sociedad pone en marcha de manera más agravante esos aprendizajes forzosos, siendo la pandemia uno de esos tantos momentos.   

Para la OIT las tareas domésticas infantiles se vuelven riesgosas cuando entorpecen el debido desarrollo de aquellas actividades que representan un derecho para la niñez, como la escolarización. Las implicancias que se pueden desprender de la combinación de la educación en línea y la división de tareas por género puede ser uno de esos escenarios, donde las niñas experimentan más dificultades para llevar adelante el ejercicio de educarse a distancia por el hecho de ser niñas y tener que cumplir con los mandatos del género. Si se observa lo ya descrito, en relación con la replicación histórica de estas experiencias, se puede llegar a la conjetura de que es la niñez la etapa donde se comienza a cualificar y disciplinar la fuerza de trabajo doméstico. Entonces, se consigue la habituación temprana de la niñez a los acuerdos de los que se dota la sociedad para posicionar la sexualidad biológica dentro de  un conjunto específico de actividades humanas. 

Cabe mencionar que las divisiones generacionales están ocupadas por quienes pueden ser niños, niñas, niñes y jóvenes, o sea, es una clasificación que está mediada por una posibilidad. Lo que trae de forma intrínseca una problemática de cumplimiento de derechos fundamentales, ya que el ejercicio de estos se disuelve en la medida que esa posición puede, o no, ser encarnada. Las relaciones de subordinación entre edades, como otra de las consecuencias del patriarcado, limita las posibilidades de la niñez de  testimoniar esas experiencias de lo privado en el espacio público, y con ello una restricción de participación ciudadana. Las posibilidades de ejercer incidencia política y agencia, como parte constituyente de un estado democrático, se ven truncadas por la inexistencia de condiciones para que las niñas, niños y niñes, participen de los espectros de la democracia, imposibilitando la potencia de tomar posiciones en los espacios donde se toman decisiones que influyen en sus vidas, bajo el entendido de la  ciudadanía como diálogo. 

Es un desafío generar instancias de participación democrática desde la niñez, en las que se hagan carne derechos básicos como el derecho a expresarse libremente, el derecho a la identidad y el derecho al desarrollo. Espacios de incidencia que permitan develar y dar voz a las experiencias tempranas de opresión y dominación, como lo es la división jerárquica y binaria del trabajo.  

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Autor entrada: Carlos Alberto

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Alejandra sepulveda
5 días atrás

Excelente artículo, si bien es algo que no se habla mucho, desde tiempo inmemorables siempre ha existido este tipo de discriminación en cuanto al género con respecto a las tareas domésticas, inculcando desde la niñez este tipo de tareas.

Mackarena
4 días atrás

Creo que es un tema demasiado importante y que se toca muy poco, gracias por hacer más visible este tema y coincido en que los niños de pequeños están a cargo de tareas domésticas, que principalmente se les otorgan a las mujeres lo cual no debería ser así a mi parecer. Me encanto el artículo

Macarena Muñoz
3 días atrás

Este artículo refleja de muy buena manera lo que que viven muchos, si es que no, la mayoria de los niños en Chile y el mundo a causa de la disciplina domestica que deben cumplir los niñ@s en el hogar. Es de suma importancia generar debate sobre los derechos de los niños, para que estos sean respetados y puedan expresarse y vivir esta etapa de la vida sin privarse de lo que deberían aprender y experimentar.