El pueblo amando la patria y tan mal correspondido

* Frase de la canción Yo canto a la diferencia de Violeta Parra.

Por Carlos Alberto

Comienza septiembre y con él una serie de cuestionamientos sobre el patriotismo, el nacionalismo y sus símbolos.

En la izquierda rebelde del Siglo XXI, las referencias a la patria son escasas, y cuando existe una es con una posición en contra de ella. Crecimos junto a canciones que decían “Un patriota, Un idiota” o bajo el nacionalismo impuesto por la dictadura, que intentó ocultar sus atrocidades bajo la bandera tricolor, aludiendo a que ellos representan la patria y están en su defensa.

Por ello, cualquier símbolo patrio, como la bandera, el ceacheí, la cueca y las ramadas nos producían arcadas (a gran parte le sigue pasando), ya que estos eran los emblemas de quienes torturaron durante la historia reciente, y es el símbolo que se levanta en cada manifestación pública de la derecha, como en el reciente paro de los dueños de camiones o en sus escuálidas marchas por el rechazo.

“Mientras en octubre la quemaban, nosotros la levantamos orgullosos, la única bandera de Chile”, dice reiteradamente la derecha.

Esas movilizaciones, su parada militar y otros hechos nos producen repulsión, y en todas ellas se repite la bandera chilena, por ello, es entendible la rabia que podamos tener contra esos símbolos, ya que se nos presentan cotidianamente como los símbolos de quienes venden el país, quienes invisibilizan y violentan a otros pueblos y naciones. 

Sin embargo, aunque las formas antes nombradas sean las manifestaciones más recurrentes asociadas a la patria, existe un gran número de manifestaciones que parecemos obviar. Un amigo una vez me dijo, “¿te has fijado que en las huelgas sindicales lo primero que se levanta es la bandera chilena?”, algo tan cotidiano y que veía casi a diario, no lo había observado.

Lo mismo ocurrió durante la revuelta popular, millones de banderas chilenas, junto a la Wenüfoye, se presentaban en cada jornada de protesta. Y no es que la derecha estuviera “infiltrada” dentro de la revuelta, sino que era un pueblo manifestándose con lo que considera su emblema.

La memoria y cultura popular superó las tratativas de la dictadura de apropiarse completamente de estos símbolos. Mientras la dictadura nos inculcaba la patria bien vestida y que solo ellos representaban, existía un pueblo que se organizaba contra el tirano y consignaba, como Manuel Rodríguez, “aún tenemos patria, ciudadanos”, por ello, no es de extrañar que cuando nombraban al FPMR lo llamaran simplemente Frente Manuel Rodríguez, rechazando su posición patriótica, ya que eran el “terrorismo marxista”.

Asimismo, otras organizaciones de la izquierda revolucionaria también han reivindicado la patria, como es el caso del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, que en dictadura a la bandera chilena le agregaba una R en un círculo, el símbolo de la resistencia. Por su lado, el Movimiento Juvenil Lautaro también hablaba de patria, como señaló su militante Ariel Antonioletti, que «somos patria o muerte (…) y no sólo eso, también popular…». Así, lo que ahora nos parece algo extraño, en años anteriores no lo era, sino que era una lucha constante por recuperar esa concepción de patria.

La «erre». Símbolo de la Resistencia en dictadura, utilizada por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR.

A pesar de lo anterior, ahora nos pareciera que los símbolos patrios están más ligados a la derecha, pero cabe preguntarse sobre qué consideran patria, ya que en definitiva han sido vendedores de los recursos naturales del país (junto a la Concertación, obviamente), quienes condenan a la población al hambre, a la mala educación, a vivir en “zonas de sacrificio”. ¿Podríamos llamarles patriotas a quienes atacan a su propio pueblo? ¿A quiénes destruyen su propia tierra?.

Es momento de recuperar nuestra memoria, recuperar lo que el Pueblo entiende como patria y, también, debemos estar a disposición de reconstruirla con nuevos valores. Levantemos la patria popular, una patria que no se oponga a otras, una patria liberada y liberadora.

Si vamos a amar a una patria, que sea un amor correspondido, un amor que nos haga soñar, que nos haga crecer, que nos libere. Un amor que nos alimente, nos eduque y nos entregue salud digna.

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Autor entrada: Carlos Alberto

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