LUCIANO CRUZ: su vida y su ejemplo

Por José Carrasco Tapia

CAPITÁN ¿qué ocurre?

Luciano levantó la cabeza y sin inmutarse ante el imprevisto observador le gritó:

—Nada, señor. Se trata sólo de una inspección de rutina.

Luego con la misma tranquilidad se dirigió a uno de sus acompañantes:

—A ver cabo, revise usted bien ese sector…

Se trataba de Luciano Cruz, quien como «capitán» al mando de una patrulla de supuestos uniformados participaba en una de las múltiples acciones del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Era el mismo periodista italiano que con una grabadora bajo el brazo y una colt 45 en la cintura entrevistó a Roberto Viaux en el interior del Hospital Militar durante tres horas, luego de conversar más de veinte minutos con el oficial de Inteligencia encargado de la custodia del general golpista. El mismo Luciano que, militante del MIR, encabezó el movimiento estudiantil de Concepción, logrando colocarlo en la vanguardia de las movilizaciones estudiantiles del país para que luego engarzara en un real apoyo a la lucha de los trabajadores del campo y la ciudad. El mismo «Juan Carlos» que, hablando lento y gesticulando con fuerza, llevó las posiciones de la Izquierda Revolucionaria hasta los mineros del carbón, los textiles de Tomé, los campesinos de Cautín, los obreros de Santiago y Valparaíso, etc. El mismo Luciano que, de una manera estúpida, perdió la vida sobre dos colchones que tirados en el suelo le servían de cama en un pequeño departamento de la calle Santo Domingo 586 en Santiago. El mismo Luciano Cruz que más de treinta mil personas, venidas desde todo el país, acompañaron hasta el Cementerio General en la demostración más elocuente de decisión revolucionaria que se haya visto en el país en los últimos años.

Luciano Cruz Aguayo, o «Juan Carlos», como lo conoció el MIR, nació el 14 de julio del 44. A su muerte hacía un mes que había cumplido los 27 años. Su herencia: el gran ejemplo combatiente de una vida breve, dedicada a la causa de los explotados en la construcción del socialismo. El ejemplo de quien, durante los últimos diez años se las arregló siempre para ocupar un lugar en la primera fila de los combatientes revolucionarios, especialmente si se trataba de jugarse la vida.

Del Liceo Alemán de Santiago pasó al Liceo número 1 de Concepción. Su figura de líder de masas se perfila ya en los años 59 al 60, en las luchas estudiantiles. Su figura importante, la fuerza de sus acciones y la claridad de sus palabras, lo convierten en dirigente estudiantil en los primeros años de la década del sesenta. El impacto que la Revolución Cubana produce en los jóvenes de toda América, determina de manera importante en Luciano su evolución política e ideológica.

LAS LUCHAS CALLEJERAS

A fines del año 61, en Chile se vive uno de los más prolongados conflictos del magisterio. El gobierno de Alessandri trata de quebrar la mano a los profesores prolongando la huelga, primero, y usando la represión, después. En Concepción los secundarios salen a las calles y se enfrentan violentamente a la represión ordenada por Alessandri, en una de las más grandes manifestaciones estudiantiles que recuerda Concepción. Luciano Cruz, alumno de sexto de humanidades, sin ocupar cargos directivos oficiales, surge en la lucha callejera como el conductor de la movilización. El conflicto en esos instantes ya tenía características nacionales. Los profesores y los estudiantes exigían la salida del reaccionario ministro de Educación, la reforma de la enseñanza media y la abolición del bachillerato, por considerarlo una fórmula clasista de ingreso a la Universidad.

La primera ligazón en la lucha con un sector de trabajadores hace comprender a Luciano Cruz la necesidad de ligar las luchas estudiantiles al movimiento obrero. Entiende, además, que el compromiso con la causa de los explotados debe manifestarse en militancia política. En 1962 junto con ingresar a la Escuela de Medicina de la Universidad de Concepción se incorpora a las Juventudes Comunistas. Como militante comunista desarrolla un trabajo de agitación en sectores de pobladores y como dirigente entre sus compañeros de la Universidad.

Entre los años 62 y 64, la izquierda se ve abocada a un proceso de profunda discusión interna. El impacto creciente de la Revolución Cubana y de los movimientos revolucionarios que surgen en toda América latina, la disputa chino-soviética y la nueva campaña electoral del FRAP, lanzada con vista a las elecciones presidenciales del 64, han planteado con fuerza la discusión sobre el problema de la conquista del poder por el proletariado. Luciano participa activamente en el proceso de discusión, llegando a consolidar posiciones ideológicas que lo llevan a distanciarse de la línea política planteada en ese momento por el Partido Comunista. A fines del 63, el Comité Regional Concepción determina su expulsión del PC.

En la Escuela de Medicina, Luciano estrecha sus lazos de amistad y coincidencia ideológica con los militantes socialistas Miguel Enríquez y Bautista van Schouwen. A comienzos del 64, como resultado de disidencias producidas en la militancia comunista y socialista, surge la Vanguardia Revolucionaria Marxista (VRM) y en ella tienen destacada participación esos tres estudiantes de Medicina. La Vanguardia comienza a realizar una fuerte actividad en la Universidad de Concepción y un naciente trabajo en el movimiento obrero de la provincia.

Las elecciones del 64 determinan que la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción, en esos momentos dirigida por el FRAP, busque ligarse más directamente a la lucha política. La Vanguardia Revolucionaria Marxista, a través de sus representantes en la Federación, trata de guiar hacia una nueva dirección que esté claramente determinada por una organización y movilización efectiva de las masas. Ese mismo año Concepción es sede de un Encuentro Latinoamericano de Estudiantes de Medicina, en el que participan jóvenes que militan en los diversos movimientos revolucionarios de América latina. Luciano, junto a Miguel Enríquez y Van Schouwen participan y el Congreso se convierte en un evento que analiza a fondo el carácter del proceso revolucionario latinoamericano, la continentalidad del combate y las formas que asume la lucha armada.

La derrota electoral del 64, determina que la Vanguardia Revolucionaria Marxista logre concertar a los partidos Socialista y Comunista, además de algunos sectores independientes, para enfrentar unidos las elecciones de la Federación de Estudiantes. El triunfo de Frei había determinado ya la alianza de los sectores reaccionarios por una parte, mientras la nueva derrota electoral había provocado un reflujo en el movimiento de masas. Estos dos hechos se reflejan en la Universidad y la Federación pasa a manos democratacristianas. Este hecho sin embargo no determina que los recién surgidos líderes de la izquierda revolucionaria, entren en un período de desaparición. Por el contrario, la imposibilidad que tenían los democratacristianos para conciliar la dirección del movimiento estudiantil con la política represiva y antipopular del gobierno de Eduardo Frei. determina que la real conducción de las luchas estudiantiles pase de hecho a manos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, surgido en agosto del año 65. En el Congreso Constituyente de la nueva organización Luciano Cruz tiene nuevamente una destacada participación surgiendo, al fin del Congreso, como uno de los dirigentes jóvenes de la naciente organización.

El proceso de consolidación política iniciado el año 60 como estudiante secundario, llegaba a su maduración en 1965, convirtiendo a Luciano Cruz en un líder indiscutido en toda la provincia de Concepción con proyecciones nacionales. Su capacidad como orador y conductor de masas y su participación activa en todas las movilizaciones desarrolladas tanto en los sectores estudiantiles como en los sectores obreros le otorgan sin discusión una fuerte influencia. Esta influencia le permite prácticamente dirigir desde las calles la huelga larga de abril del 65, cuando Eduardo Frei injustificadamente otorgaba un alza en las tarifas de locomoción, lo que provocó la reacción de obreros y estudiantes.

Aun como movimiento preponderantemente universitario, pese a su estrecha ligazón con las movilizaciones de los trabajadores, la Izquierda Revolucionaria se destaca por su acción en la Universidad de Concepción. La implantación de los cursos propedéuticas y la creciente influencia norteamericana a través del rector González Ginouvés determina que los estudiantes rechacen activamente la conducción de la Universidad. Las asambleas estudiantiles adquieren una mayor dimensión con la presencia de los representantes de la Izquierda Revolucionaria y la vibrante oratoria de Luciano Cruz hace llegar con mayor nitidez esta presencia a todos los sectores estudiantiles de avanzada, determinando que estos sectores se sintieran impulsados a entablar las luchas con mayor fuerza y decisión.

La agitación estudiantil llega a las calles de Concepción y la Izquierda Revolucionaria crece en su influencia en la medida que su accionar no queda en la palabra y se convierte en los hechos en participación activa en todos y cada uno de los enfrentamientos. Una protesta callejera contra la visita de los marinos norteamericanos integrantes de la Operación Unitas. permite a carabineros detener por primera vez a Luciano Cruz. Sin embargo, el objetivo se consigue y la movilización estudiantil logra entorpecer la intervención de los uniformados norteamericanos. El MIR se ha convertido ya ha fines del 65 en la fuerza preponderante dentro de los sectores de izquierda de la Universidad de Concepción y su presencia comienza a hacerse notar en sectores de obreros textiles y del carbón. Luciano Cruz como dirigente del MIR no sólo impulsa el trabajo entre los estudiantes sino que además lo lleva hasta el seno del proletariado urbano.

La tradición de combate de los estudiantes de Concepción ha comenzado a tejerse. Así el año 66 la crisis que vive la Universidad lleva a los estudiantes a una prolongada huelga que culmina con la ocupación del barrio universitario y en enfrentamientos casi diarios en las calles penquistas. Luciano acrecienta en cada una de esas luchas su ascendiente convirtiéndose de hecho en el primer agitador de la zona, mientras su nombre adquiere notoriedad en todo el país. La acción infatigable del Movimiento de Izquierda Revolucionaria ha determinado que el gobierno de Frei agudice la represión y decida el nacimiento de un cuerpo especial de carabineros: el Grupo Móvil.

Sin embargo, la acción de este grupo y su incursión por el barrio universitario no hace cambiar la situación. Ha nacido el MUI, Movimiento Universitario de Izquierda, bajo el impulso y la conducción del MIR. El MUI, como organismo de masa, bajo la conducción de Luciano Cruz, Miguel Enríquez y Bautista van Schouwen se pronuncia en contra de una visita anunciada por Robert Kennedy a Concepción y lo expulsan violentamente a él y sus guardaespaldas desde el interior de la casa del Deporte, en una acción que alcanzó grandes proyecciones.

Por otra parte, el retroceso que había caracterizado el movimiento de masas luego de la derrota electoral de septiembre del 64, comenzaba ahora a convertirse lentamente en una nueva fuerza movilizada. Las barricadas en los barrios obreros y las tomas de predios e industrias surgen nuevamente como formas de lucha de los trabajadores y a ellas se ligan los estudiantes. El MIR y sus dirigentes están presentes en todas y cada una de esas luchas entregando no sólo su solidaridad sino que confundiéndose con los obreros y los estudiantes en sus acciones.

Luciano Cruz era en esa época Secretario de la Federación de Estudiantes. Los trabajadores de la salud realizan en todo el país una huelga que se prolonga por varias semanas. Desde la Secretaría de la FEC, Luciano logra que la totalidad de los estudiantes participen activamente junto a los trabajadores de la salud. En uno de los enfrentamientos callejeros con la policía, Luciano Cruz es detenido por segunda vez; en esta oportunidad caen con él Miguel Enríquez, Bautista van Schouwen y otros dirigentes del MIR. Luciano ya era dirigente nacional del MIR.

El ascenso de las movilizaciones que durante el 66 eran aún tambaleantes, se consolida el año 67 ante la evidente crisis provocada por el gobierno de Frei. Las luchas de los trabajadores contra el gobierno reaccionario de Frei y la movilización estudiantil por la reforma universitaria marcan ese año. La imagen de Luciano Cruz ya es indiscutiblemente la del líder y el conductor y a fines de ese año es elegido Presidente de la Federación de Estudiantes.

La dirección de la Izquierda Revolucionaria convierte a la FEC en un participante activo y de primera línea en todos los enfrentamientos contra el gobierno derechista de Frei. Los diarios y las radios capitalinas comienzan a tener una preocupación cada vez mayor por la agitada vida política y gremial de Concepción. El nombre de Luciano ya no aparece sólo ligado a la lucha estudiantil, por el contrario, cada vez es mayor su relación con la causa de los trabajadores, con la causa de la revolución socialista para Chile.

La acción agitativa de la Izquierda Revolucionaria en Concepción y el fracaso de las primeras incursiones del Grupo Móvil determinan al gobierno de Frei a agudizar la represión. Allí Luciano Cruz demuestra su capacidad creadora buscando nuevas formas de movilización y combate.

En uno de los múltiples encuentros con la policía Luciano es detenido y llevado hasta la Cuarta Comisaría de Carabineros. Entretanto en las calles de Concepción la lucha se hacía más dura. En el momento en que Luciano es bajado del furgón policial y comienza a ser introducido al cuartel policial fuertemente custodiado, con una acción rápida se zafa de los dos policías que lo llevaban sujeto de los brazos y escapa en medio de una decena de carabineros que lo rodeaban, alcanzando la calle y regresando al centro de la ciudad a dirigir los combates callejeros.

Carabineros, indignados, busca recapturar al dirigente y se introduce en el Barrio Universitario. Sin embargo, los estudiantes siempre encabezados por Luciano, resisten la agresión, se apoderan de un carabinero y lo retienen en el interior del barrio, originándose un conflicto de carácter nacional. Eduardo Frei, al borde de la histeria, amenaza con una incursión represiva de carabineros y militares contra el Barrio Universitario. Los estudiantes no se asustan y preparan la defensa del barrio.

El carabinero es devuelto tres días después y Luciano Cruz procesado por la Ley de Seguridad Interior del Estado y encarcelado durante varias semanas. La movilización de los sectores más conscientes del estudiantado y de los obreros de Concepción determinan su libertad. La solidaridad que recibe de todos los sectores explotados, muestra claramente que se trata del reconocimiento a la labor de agitador infatigable, de defensor de la causa de los trabajadores.

En diciembre de 1967 el MIR realiza su Tercer Congreso Nacional, congreso que reafirma el carácter de la revolución chilena como una revolución socialista y que define la estrategia de la lucha armada para la conquista del poder por obreros y campesinos. Se fija además como una de las tareas importantes la intensificación del trabajo político entre obreros y campesinos y el desarrollo de una organización político-militar que se convierta en la vanguardia de la lucha del proletariado. Las precisiones determinaron cambios en la dirección del MIR, quedando como Secretario General Miguel Enríquez, al paso que Luciano Cruz es elegido miembro del Comité Central y del Secretariado Nacional.

El ascenso de la movilización observado desde 1966 continúa con ritmo creciente durante el 67 y el 68. A fines del 68 Luciano Cruz, como Presidente de la Federación de Estudiantes de Concepción es invitado a Cuba, reintegrándose al trabajo partidario desde los primeros meses del 69. La presidencia de la Federación de Estudiantes sigue en manos del MIR con Nelson Gutiérrez. La influencia del MIR en todo el país se expresa ya de manera incontrovertible. El movimiento surgido en Concepción se ha engrosado con cuadros obreros y campesinos. Los pobladores y los mapuches desde siempre postergados por los partidos tradicionales de la izquierda, encuentran una orientación clara en los agitadores del MIR, entre los que destaca Luciano. El gobierno de Frei embarcado ya en las represiones de El Salvador, Puerto Montt y otras, trata de aplicarlas en Concepción y aprovechando el caso del periodista Hernán Osses, desencadena una feroz represión sobre la dirección del MIR que pasa en conjunto a la clandestinidad.

La foto de Luciano Cruz ocupa el primer lugar en las órdenes de arresto de la policía. Los allanamientos, según la prensa, se hacen siempre minutos después de la salida de Luciano. En algunas ocasiones la policía incluso cree encontrar prendas de vestir del líder revolucionario y asegura que su captura se producirá de un momento a otro.

El Luciano buscado desesperadamente por la policía comienza ahora una nueva etapa. El MIR ha lanzado las acciones directas como la táctica del momento y por otra parte las necesidades de mantención y preparación militar de la organización determinan las expropiaciones bancarias. Pronto son los empleados de bancos los que ven con alguna reiteración el rostro de Luciano. A veces bajo un correcto uniforme de bombero, otras como oficial militar o simplemente de civil.

Por otra parte, su trabajo partidario se encamina ya a las tareas de información e inteligencia. El tacnazo produce una nueva situación en sectores del Ejército que nadie se ha atrevido a investigar más a fondo. Las declaraciones de Viaux no permiten dibujar claramente la realidad de sus planes golpistas. Luciano Cruz decide investigarlo personalmente. El hombre más buscado por la policía chilena decide entrar al Hospital Militar donde se encuentra «detenido» uno de los individuos mas protegidos por el gobierno democratacristiano.

Con una grabadora bajo el brazo, una pistola Colt 45 en la cintura y un aspecto ele despreocupado europeo ingresa al Hospital Militar para entrevistar a Roberto Viaux. El general golpista se siente halagado y accede de inmediato a la entrevista. En ese momento se encuentra ocupado con algunos oficiales y le pide que espere veinte minutos. Luciano acepta y conversa animadamente con la esposa de Viaux y el oficial de Inteligencia encargado de la custodia.

Luciano, que hablaba francés y algo de italiano, les explica que él es Saverio Tuttino, periodista del «Paese Sera» y en un español italianado les habla desde la instalación de la planta FIAT en la Unión Soviética hasta el desarrollo económico de Italia. En un momento la esposa de Viaux consulta:

—¿Cómo es el clima en Roma …?

Tuttino se levanta, se acerca a una ventana y luego le responde:

—Chimilare al de acá, pero un poquitino más checo …

Luego viene la entrevista al general Viaux. Durante algunos minutos el oficial golpista se mantiene en sus declaraciones ya largamente difundidas. Sin embargo, su vanidad es superior a su capacidad de simulación, y luego de solicitar al periodista italiano que apague la grabadora accede a conversar de todo, con el compromiso que la conversación no se dé a conocer hasta después del año nuevo —corría el mes de diciembre del 69—.

Tuttino no lo deja terminar asegurándole:

—Genérale. Io he chido entrevistadme de mucha persona importanti y chiempre he chabido guardare un checreto …

La vanidad del general y el hábil interrogatorio del supuesto periodista fueron dejando claramente a la luz los principales aspectos del plan golpista. Se trataba sin duda de un individuo ambicioso, desconocedor de los principios elementales de la economía y la política, pero al mismo tiempo de un elemento altamente peligroso en la medida que su estructura mental era indiscutiblemente reaccionaria.

Entretanto la policía seguía buscando a los dirigentes del MIR, allanando, torturando. Tratando, incluso, de saber si realmente Luciano Cruz media o no un metro noventa como decían algunos policías traídos especialmente desde Concepción. Si era efectivo que sabía karate, etc.

Un bigote grueso y un par de anteojos de marco oscuro habían hecho cambiar notablemente las facciones de Juan Carlos. En una oportunidad, caminando por la calle Bombero Núñez se encontró en medio de una docena de policías que realizaban un allanamiento a una casa ubicada en la tercera cuadra de esa calle. Luciano acomodó la pistola que llevaba a un costado bajo la chaqueta y enseguida pasó tranquilamente entre los policías.

Para muchos el periodo de clandestinidad del MIR significó un período en el que lo único que importaba era la supervivencia. Para los militantes de esa organización la realidad es distinta. A las acciones directas en el campo y la ciudad se agregaba todo el trabajo de consolidación en los sectores de trabajadores del campo y la ciudad. El movimiento mapuche en Cautín, el desarrollo obrero en Concepción, especialmente en textiles y el carbón, la labor de penetración en los sectores industriales de Santiago y los pirquineros del norte chico eran junto a la preparación política y militar, tareas que determinaban la presencia de los militantes y los dirigentes, perseguidos o no. En este período Juan Carlos tenía una tarea importante: acercar a sectores de suboficiales o tropas a los intereses del pueblo, además de emplear sus dotes de agitador nato entre pobladores, obreros o estudiantes, aunque para ello tuviera a menudo que recurrir a urca máquina grabadora.

La primera vez que lo vi fue en período de plena represión. Llevaba el mismo temo que usó el día de la conferencia de prensa, horas antes de su muerte. Era el mismo terno que llevó el periodista italiano a la entrevista con Viaux. Era el único terno que tenia, se lo había regalado, de segunda mano, un amigo, al igual que el abrigo y la corbata. Como todos los profesionales del MIR recibía un sueldo equivalente al mínimo obrero. Sus únicos bienes al morir lo constituían una buena cantidad de libros y un par de colchones que llevaba como cama cada vez que se cambiaba de casa o guardaba en algún depósito mientras vivía en la casa de un amigo. La situación de Luciano, similar a la de la totalidad de los dirigentes perseguidos del MIR, no impide el desarrollo del trabajo de afianzamiento orgánico continuo.

Por otra parte, el MIR y Luciano Cruz, como combatientes ejemplares, pese a los rigores de la clandestinidad logran mantener su presencia en los sectores de trabajadores del campo y la ciudad y conservar el puesto de vanguardia en las movilizaciones de masas. El avance de los trabajadores y su adhesión creciente a la ideología revolucionaria exigían cada día mayor dedicación y trabajo. Las elecciones presidenciales del 70 encuentran al MIR en un periodo de fuerte desarrollo orgánico e ideológico. El triunfo electoral del 4 de septiembre determinó que la organización destinara parte de sus fuerzas a detectar y desbaratar las maniobras conspirativas. A cargo de esta tarea el MIR designó a Juan Carlos. Los primeros frutos del trabajo se conocieron el día antes de que un grupo de reaccionarios asesinara al general Rene Schneider. La denuncia de la conspiración sediciosa la dio el MIR públicamente entregando luego un detallado informe de todos los hilos que se movían en torno al abortado golpe. La denuncia, que en gran medida permitió impedir el golpe y por lo tanto posibilitó la llegada del gobierno popular, fue el resultado de una intensa labor desarrollada por Luciano al mando de un grupo de compañeros especialmente destinados.

Durante los últimos meses de su vida Juan Carlos había, en buena parte, vuelto a lo que fue el comienzo de su vida política: su trabajo de agitador infatigable entre los trabajadores del campo y la ciudad. En un lapso de tiempo relativamente breve participó en concentraciones con los obreros en Santiago y Concepción, siendo además el principal orador en el acto de homenaje a la revolución cubana realizado en Cautín.

Quizás si una de las mejores definiciones de lo que Luciano significa para el movimiento revolucionario chileno y latinoamericano, la dan sus compañeros del MIR al definirlo como revolucionario, amigo y gran compañero:

—»Luciano Cruz era un combatiente revolucionario que se inscribe en toda la tradición que abrió la revolución cubana, que selló el Che con su entrega ejemplar a la causa del proletariado; como revolucionario pleno no era sólo el agitador o el hombre entregado por completo a las tareas orgánicas del partido, sino que en el curso mismo de sus tareas era el hombre profundamente humano, preocupado por sus compañeros. Tenía una inquietud intelectual siempre viva, excelente conocedor de la literatura, aficionado a la poesía, dedicado a la historia y particularmente a la historia militar. Los estudiantes y los obreros de Concepción, que lo conocieron cuando aún la represión no lo obligaba a pasar a la clandestinidad, recordarán siempre aquellas conversaciones que la multitud de sus conocimientos e inquietudes y su facilidad de comunicación lo convertían en un elemento formador de primera magnitud».

«Murió sorpresivamente, por accidente, por un accidente que es parte de los riesgos que afronta quien debe necesariamente vivir apresurado, muchas veces solo en uno y otro lugar, siempre urgido por el dinamismo de una lucha sin tregua que cada día trae nuevas tareas y que exige entrega total».

«Deja dos hijos, Alejandra y Luciano Ernesto. Deja también su ejemplo de entrega, de compromiso, de un compromiso radical que lo hizo entregarse por entero a la causa del proletariado».

«Su ejemplo acompañará al partido que ayudó a forjar y se constituye en un impulso más a la acción y al trabajo revolucionario de todos».

Publicado originalmente en la Edición Nº 138 de PUNTO FINAL, Martes 31 de agosto de 1971.

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Autor entrada: Convergencia Medios

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