El fetiche con “los expertos” y la disputa de la ciencia en tiempos de pandemia

Por Señora Salubrista*

El papel – desde un rol social – de quienes manejan conocimientos en un área del saber es brindar perspectivas que permitan a la comunidad comprender fenómenos y en lo posible, reflexionar y cuestionar el conocimiento.

Cuando «los/as expertos/as» (muchos supuestos y no reales) dan recomendaciones lo hacen desde su saber basado en ciencia, pero no hay que perder de vista que aquello incluye un sesgo personal. El lugar desde donde se posicionan para emitir un comentario y avalar tácita o explícitamente políticas públicas, constituye un posicionamiento político, una postura ante la realidad tenga o no ese/a «experto/a» una militancia política o en un colectivo.

Creer por lo demás, a la prensa burguesa (que sabemos miente) por muy científico que parezca el titular es morder el anzuelo de dar por veraz e incuestionable todo aquello que comience con el enunciado “un estudio dijo” o “expertos señalan que”.
Rendirse a los pies de los números y gráficas (dataísmo) pensando que a eso se reduce la epidemiología es resistirse a abrir miradas e integrar saberes que, si antes no se tenían hoy pueden enriquecer nuestras reflexiones.

Lamentablemente, en la era de la infodemia hay que dudar de todo, rectificar la información, dialogarla y contrastarla. Nadie se las sabe todas y dudo que alguien tenga el suficiente tiempo para hacer estos ejercicios intelectuales por su cuenta. Por eso debemos conversar y discutir la información que manejamos.

La censura a cuestionamientos de «lo oficial’ es un hecho que no niego, sin embargo, me genera desconfianza que aquellos medios que denuncian falacias o manipulación científica no revelen los métodos para hacer sus críticas.
Para dar crédito a cualquier información que se nos da, no es suficiente con que aparezcan en TV, prensa o redes sociales, personajes de delantal blanco y títulos prominentes (sesgo de autoridad, paternalista y patriarcal por lo demás), ni es necesario que aquellos profesionales/expertos que denuncian manipulación de información nos atiborren con argumentos de elevado tecnicismo. Esto puede hacernos creer que hay fundamentos sólidos, pero muchas veces no pasan de ser un mix entre planteamientos con algún sentido e ideas donde con frecuencia se relaciona de forma aberrante la evidencia científica (cantidad no es calidad). Además, ante la falta de sistematización de métodos y resultados es complejo dar crédito por completo a cuestionamientos por muy legítimos que nos suenen.
Quienes denuncian manipulación deben llegar a sus deducciones mediante una vía, un método, el cual rara vez he visto que medios no oficiales y supuestamente conscientes revelen. Esto, a mi parecer contribuye más a la confusión que a la claridad.

Ojo! con el hecho de que la evidencia científica no es «opinable», en el sentido que una creencia propia o el tener un título no es suficiente para desestimarla.
La evidencia solo se refuta con evidencia. Por lo mismo, el quehacer científico es dinámico y un territorio de disputa. Tiene que dejar de ser servil a intereses de unos pocos.

Todo saber que cuestione y dispute tiene que sistematizarse, esto no quiere decir que solo se considere cuando esté publicado en una revista científica, pero si tiene que transparentarse su método y protocolos en honor a la reproducibilidad (uno de los valores del método científico). Esto quiere decir que si yo sigo un método y protocolo en similares condiciones a las descritas (en documento con info sistematizada) debería obtener similares resultados y esto me permitiría comprobar si aquellas deducciones o hipótesis contrahegemónicas planteadas son efectivas. No hay otra forma de que la evidencia impuesta sea desplazada por evidencia cuestionadora.

Por otro lado, observo que mucho del esfuerzo de medios alternativos por cuestionar medidas sanitarias y abrirse a perspectivas científicas se diluye y no tensiona lo suficiente discusiones atingentes a un proceso histórico como el actual (pandemia y proceso constituyente) por dos principales razones: 1) Una es que es un territorio nuevo, donde pocas veces se suele hacer un juicio crítico profundo. Salud y ciencia son temas poco discutidos más allá de lo estructural (políticas y funcionamiento) y legislativo (p. ej reformas). La postergación de estas discusiones ante otras que parecían más prioritarias ahora pasa factura. Por estos días, ocurre que, al querer entrar en materias “nuevas”, no se ahonda lo suficiente en el análisis, ni se amplifica interconectando nuevos elementos y perspectivas. Los elementos tradicionales (dialécticos y social/economicistas) de la izquierda o de aquellos sectores que se posicionan con una perspectiva de clase se quedan cortos. 2) El otro motivo reside en que, pese a la motivación crítica de medios alternativos, se conserva el fetiche por «lo experto», abundante en nuestra sociedad, sin cuestionar ni contrastar lo suficiente la información basada en la expertise de una persona. Se juega con el doble filo de ser responsables al recurrir a «alguien que sabe» y al mismo tiempo perpetuar – sin querer creo yo – el sesgo de autoridad y el paradigma medicocentrista (creer que médicos lo saben y lo pueden todo) pues, las líneas editoriales precariamente integran en su contenido a otras áreas de la biomedicina y ciencias sociales. De hecho, continúan abordándolas de forma parcializada en lugar de conectarla. También, se cae en poner el foco de los análisis en lo hospitalario, en la enfermedad, en «los/as médicos/as», en lugar de lo comunitario, las medidas preventivas, la educación a la comunidad y la interdisciplina, reproduciendo implícitamente parte de lo mismo que se aspira a cambiar.

No sé si será falta de costumbre de dialogar saberes o derechamente es ego intelectualoide político lo que no nos permite abrirnos a cuestionar áreas del conocimiento que antes nos eran demasiado complejas o invisibles; y lo que hoy no nos permite hacer los análisis profundos que estamos llamados a hacer. No basta con revelar que «el modelo está mal» y de ahí todo para abajo. El fenómeno actual es multidimensional, tan complejo y dinámico que ningún área ni persona por sí sola es suficiente para hacer los cuestionamientos pertinentes y entrar a disputar terrenos que, hoy por hoy, son los que sustentan la explotación y dominación que sufren los ecosistemas y los pueblos, y son los que nos han mantenido con una perspectiva atomizada y patriarcal de la salud.

Para obtener las respuestas que la autoridad y lo establecido jamás dará, debemos nosotros/as hacernos las preguntas e «hincar el diente» en las grietas de lo impuesto por muy complejas que sean, solo así tomaremos las riendas de nuestro devenir.

La clave está en lo colectivo, la transdisciplina, diálogo de saberes, inclusión de la diversidad de miradas y sentires para la transformación que muchos/as apostamos propiciar en esta sociedad que nos hiere.

La academia en si no es mala. Pero ha sido históricamente instrumentalizada para fines colonialistas y destructivos.
Los/as trabajadores/as de la ciencia en toda Abya Yala llevan años precarizados/as y esclavizado/as. Pocos/as son quienes logran articular redes para disputar el conocimiento desde donde nace y desde donde se ejerce influencia para la toma de decisiones.

En Chile falta una academia crítica.
Estamos tan acostumbrados a que ésta sea funcional a la autoridad y al empresariado que no concebimos pueda existir interés genuino por desarrollarla por y para la comunidad.
No concebimos que pueda existir una academia que no se haga desde el escritorio y una burbuja inconexa de la realidad.
En otros lugares se está haciendo** y aquí se puede hacer, pero debemos estar dispuestos/as a dar la pelea y hacer la pega.
¡HAY QUE DISPUTAR! y dejar la comodidad del paternalismo, de delegar en otros/as, de levantar líderes en quienes depositar las esperanzas de la salvación y en su lugar hacernos cargo de nuestras responsabilidades colectivas.

La disputa no solo depende de la comunidad científica «consciente» y con postura ante la realidad. Esa tarea no es delegable a «los/as que saben» (paternalismo again). La disputa del conocimiento depende de una sociedad educada e informada, organizada. De un pueblo que se sabe capaz y no se subestima pese a no tener títulos pomposos.

La ciencia es un derecho humano (Art 27. Declaración Universal de DD.HH). Ud. tiene tanto derecho como yo a participar del quehacer científico del país, fiscalizarlo, cuestionarlo. Mal que mal, gran parte se financia con nuestros impuestos y se destina a áreas no siempre alineadas con los intereses y necesidades de los territorios [pero pucha que infla egos a los/as lame pies de la ciencia gringa/europea y asegura puestos de poder a lobistas de multinacionales farmacéuticas entre otras].

Actualmente, aún no cuestionamos lo suficiente a nivel colectivo el paradigma desde donde concebimos la salud y se espera a que seres de delantal blanco iluminen el camino. Es a raíz de esto que, invito constantemente a cuestionar la concepción hegemónica de la salud y despojarnos del sesgo de autoridad, así también considero oportuna la articulación comunitaria entre individuos y organizaciones con profesionales de confianza y canales de información fiables, con el fin de ir desarrollando desde allí estrategias de autoeducación y reflexión.
Solo en conjunto podemos generar una visión crítica popular de la salud y la ciencia que pretenda poner como prioridad los intereses y necesidades de los pueblos (de cara al proceso constituyente) y que, en lo inmediato, nos permita gestionar con autonomía y compromiso acciones preventivas.

Esto que comento es producto de años de reflexión observando el escenario y meses haciéndole seguimiento a la pandemia desde una visión salubrista crítica de la realidad, no siendo ésta una dimensión absoluta, sino la trinchera desde donde yo me posiciono y me abro a integrar perspectiva y articular organización.

 

*Señora Salubrista es un perfil de divulgación y reflexión crítica que “nace desde la inquietud y el deber sentido de fomentar el cuestionamiento y reconstrucción de nuestras prácticas cotidianas en lo que a salud refiere, así como también los temas estructurales y políticos que impactan en ella”.

La persona tras este perfil es estudiante de 5to año de Tecnología Médica (especialidad laboratorio clínico). Actualmente difunde información para la reflexión a través de sus redes sociales y forma parte del colectivo “Sigamos la Epidemia” que desde mayo se dedica a difundir información confiable, en lenguaje comprensible, para la prevención de la COVID-19.

Enlaces:
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** https://www.uasb.edu.ec/web/area-de-salud/programa?observatorio-regional-en-salud-colectiva-ambiente-y-sociedad

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Autor entrada: Carlos Alberto

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