Las críticas condiciones laborales de los trabajadores del Transantiago: un conflicto abierto desde 2007 al 2020

Por José Manuel Vega*

Desde el comienzo del actual sistema de transporte público en Santiago, las malas condiciones laborales han sido pan de cada día. La ausencia de baños en los cabeceras, salarios reales cada día más bajos, horarios abusivos y falta de seguridad son las demandas que se mantienen ya por 13 años. Ahora, con la pandemia, la situación es más cruda, teniendo que enfrentar las extensas jornadas de trabajo sin las medidas sanitarias adecuadas, arriesgándose mayores de tercera edad y enfermos crónicos. Pero esta no es una realidad aislada, sino que se repite en todas las empresas y patios de buses. Conversamos con dos dirigentes sindicales, de Subus y Redbus, para conocer más de cerca la situación crítica que viven hoy las y los trabajadores del Transantiago.   

El diagnóstico es prácticamente el mismo: las condiciones laborales y contractuales de los trabajadores del Transantiago** son deplorables, y no han mejorado prácticamente en nada desde 2007. No se salva ninguna empresa, y afecta por igual a conductores y reguladores de los distintos recorridos. Tanto Andrés Bustamante, presidente del Sindicato Interempresa N°1 Subus Chile, como Patricio Ponce, actual director y expresidente del Sindicato Nacional N° 2 de Empresas Redbus, coinciden en que los dueños de las empresas y sus representantes tienen en pésimas condiciones laborales a todo el personal, en que las divisiones de Recursos Humanos no están al servicio real de los trabajadores, dada la sobreburocratización, no correspondiéndose con el nombre de “recursos humanos”, y que, a pesar de las huelgas de los años 2014 y 2018, el avance ha sido bajo, por el carácter de las Sociedades Anónimas, en la creación de sus propios sindicatos proempresa -bautizados como “sindicatos amarillos”- y la captación exclusiva de nuevos socios o trabajadores.

Andrés Bustamante, presidente del Sindicato Interempresa N°1 Subus Chile

Las empresas y los “sindicatos amarillos”

Hoy en día son seis las empresas que tienen licitaciones vigentes con el Ministerio de Transportes: Redbus Urbano, Vule, Metbus, STP, Subus y Express de Santiago Uno. Todas ellas se organizan como sociedades anónimas, y se reparten entre capitales franceses, chilenos y colombianos. Todas ellas, al ingresar al rubro, optaron por la política de generar sus propios sindicatos, con trabajadores cercanos a la empresa, o fácilmente manipulables, para manejar a gusto las condiciones de trabajo, sin respetar el código laboral, comenta Patricio. Así, prácticamente se obliga al nuevo trabajador a ingresar a estos sindicatos proempresa al firmar contrato, logrando captar a la fecha cerca de 70% de sus trabajadores. Si un trabajador se desafilia del “sindicato amarillo”, no lo pasan a contrato indefinido. Por desinformación, falta de educación laboral, o simplemente miedo, los conductores terminan manteniéndose allí, agrega Andrés.

Luego de algunos años, ciertos trabajadores se fueron descolgando y agrupando en nuevos sindicatos, debido al descontento por las políticas empresariales avalados por los dirigentes. La nueva clase de sindicatos que se forman sí responden a una democracia real y a los intereses de los trabajadores. Aquel, por ejemplo, es el caso de los Sindicatos de Trabajadores Unidos de Subus (S. T. U.) o el Sindicato San José N°2, que trabajan estrechamente en sus luchas, nos indica Andrés.

Y el entramado no es menor, pues, además, se levantó la Central de Trabajadores de Transantiago (C.T.T.), espacio de coordinación en las que encontramos agrupaciones de trabajadores de las empresas Subus, Vule, Redbus, Asacia y Express, formando una coordinación importante que aspira a grandes triunfos.

Pero, lamentablemente, las agrupaciones de lucha honesta, en defensa de la clase trabajadora, no logran cargar la balanza a su favor, dado que “los sindicatos amarillos” negocian rápidamente mediante convenios colectivos pequeños ajustes económicos, que terminan dejando al resto de manos atadas. Así, los sindicatos de lucha se movilizan según calendarios estipulados previamente, según los plazos de los contratos colectivos. Aunque se han logrado algunos beneficios, estos son hasta cierto punto, ya que los convenios firmados con anterioridad por los proempresa le quita fuerza de las movilizaciones que se levanten por los trabajadores de contrato colectivo reglado.

Ejemplo de ello son las grandes huelgas del 2014 y 2018, que fueron bajadas debido al temprano acuerdo con aquellos dirigentes proempresa, quienes lograron rápidos y miserables acuerdos con los grupos negociadores empresariales. Al poco andar, la empresa mantiene las mismas jornadas y condiciones, tal como en 2007.

Patricio Ponce, actual director y expresidente del Sindicato Nacional N° 2 de Empresas Redbus

En pésimas condiciones

Con las lluvias que cayeron durante el mes pasado, continúa Andrés, las pésimas condiciones de trabajo son más patentes. En varias cabeceras -puntos de inicio/término de recorrido- no existen las condiciones mínimas de descanso, sin baños e incluso sin una caseta de descanso, obligando a los conductores, reguladores y reguladoras, a esperar de pie, bajo el sol, la lluvia o el frío del invierno. Esto impacta en condiciones sanitarias de los trabajadores, dado que aquellos se ven obligados a orinar en la calle, un árbol, un neumático e inclusive dentro de la misma máquina vacía.

Otra cosa que no ha cambiado desde el 2007 a la fecha son los horarios, los sueldos y las vacaciones. Previo al inicio del actual sistema, se prometieron jornadas que compatibilizaran la vida familiar con sus labores. Pero la realidad está lejos de eso, con extensos horarios de 7.5 a 10 horas, sin los descansos estipulados en la lay, con turnos rotativos que les cambian bruscamente, incidiendo negativamente en los ciclos biológicos y de sueño, mermando la salud de los conductores, que de por sí, ya tienen que lidiar con una profesión catalogada como trabajo pesado. Las cargas horarias separan a las familias, haciendo imposible tener un fin de semana libre. Además, las vacaciones las recortan de quince a diez días, sin previa consulta -o común acuerdo, como lo establece la ley-, teniendo como única salida la denuncia en la Inspección del Trabajo. A esto se suman, por otro lado, los sueldos reales, que siguen bajando. Andrés nos cuenta que el 2007 comenzó trabajando con un sueldo de $320.000 + bonos, y hoy, en 2020, el nuevo trabajador parte ganando los mismo $320.000 pesos + bonos y $288.000 part time. Es decir, en 13 años no han existido aumentos de salario.

Por último, es importante recalcar el nivel de violencia al que están expuestos los conductores, que siempre ha sido altísimo. Dos casos, según nos comentan, impactan de sobremanera. Primero el de Gabriel Calderón, quien recibió un impacto de bala en su rostro, luego el de José Cotrina, quien fuera apuñalado, en 2016, 26 veces mientras manejaba su máquina. De forma miserable e inhumana, los dueños solamente accedieron a colocar 50 casetas de resguardo para el conductor, y el resto de las máquinas continuaron desprotegidas, bajo el aval del conjunto de sindicatos proempresa.

Esto, además de que la Mutual de Seguridad y el IST se niegan, comúnmente, a atender a los conductores que llegan con problemas, aduciendo “enfermedades preexistentes” e incapacidad de realizar procedimientos, comentan Patricio y Andrés, indignados por la desfachatez de las falsedades argüidas. Ambos comentan que, muy probablemente, las empresas mantienen acuerdos de palabra con las mutuales, con el fin de abaratar costos, so pena de la salud de los trabajadores.

COVID-19, Información de número de trabajadores contagiados.

Durante la crisis sanitaria

Por último, pareciera no existir la crisis sanitaria para los trabajadores del transporte público, teniendo que mantener los turnos, las jornadas, con condiciones sanitarias mínimas, pese a estar tremendamente expuestos en cada turno. Andrés nos cuenta que él mismo estuvo contagiado, con licencia, entre el 14 de mayo y el 10 de junio. Al término de la licencia, tuvo que pedir vacaciones una semana, porque seguía en malas condiciones físicas, y jamás la empresa presentó la menor atención por su caso ni por el de otros trabajadores. Como muestra, los casos informados de infectados en la empresa Subus hasta el 3 de julio fue de 373 positivos, contando 5 fallecidos, número no menor, pensando que, además, el ministerio de salud ha bajado el número de muestras en los últimos días.

Los adultos mayores que siguen trabajando en la empresa deben continuar sus funciones, al igual que los enfermos crónicos y de riesgo. Ya la primera semana de la pandemia hubo despidos en Subus por más de 30 trabajadores que se negaron a trabajar sin condiciones sanitarias mínimas, siendo despedidos por el artículo 160 del código del trabajo, además de practicar varios recortes de personal, echando mano al artículo 161 del mismo código. A la fecha, más de un centenar de trabajadores han sido desvinculados, en un solo patio, para calcular la magnitud del asunto.  

Recién el 26 de mayo el Poder Judicial acogió un recurso de protección que interpusieron los sindicatos de lucha de Subus, Express y Redbus Urbano, apelando al artículo 492 del Código del Trabajo, consiguiendo mejores medidas de sanitización y resguardo para los trabajadores mayores y enfermos crónicos. Pero, aun así, todavía siguen las objeciones y negaciones a muchos enfermos de base, continuando su exposición. Pocos sindicatos se han acogido al recurso de protección, dado que varios dirigentes proempresa mantienen moviendo a sus trabajadores por orden de los superiores.

Para finalizar, Patricio nos comparte una reflexión, que es la necesidad de generar nuevos sindicatos que no respondan a los empresarios sino que se deban a sus trabajadores, con dirigentes honestos y leales con su gente, para levantar una nueva forma de organizarse, que recupere la dignidad de todos y sea capaz de luchar contra el neoliberalismo que lleva tantas décadas destruyendo a los trabajadores.

*Militante de Convergencia 2 de Abril

**Desde este 2020 el sistema de transporte Transantiago fue rebautizado como Red Metropolitana de Movilidad, para intentar limpiar la mala imagen de tantos años.

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Autor entrada: Convergencia Medios

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