Con o sin el 10% de las AFP, ¡La rebelión social va!

Nada ni nadie podrá detener la fuerza imparable de un pueblo que se alza en aras de su libertad, el pan, la justicia y la dignidad. ¡LA REBELIÓN SOCIAL VA!

En política, como en todo orden de cosas, abunda un fenómeno sicosocial que raya con la estupidez: desconocer y negar la realidad objetiva. A ese fenómeno negacionista, le sigue una actitud de actuar en consecuencia como si la realidad fuera inmodificable y que nada puede ocurrir. Es decir, esa mentalidad también desconoce los fenómenos subjetivos, los estados de ánimo.

En ese segmento se podría clasificar a quienes pretenden ignorar que se viene otro gran estallido social en Chile, pero ahora con mucha más fuerza.

Las razones de una Rebelión

La acumulación histórica de injusticias, abusos y crímenes de la dictadura, exacerbada por la Concertación con su plan de privatizar todo lo que estuvo a su mano, más la corrupción sin control de esos infames gobiernos continuadores de la dictadura de los empresarios, se acrecentó mucho más ahora por el desplome creciente de la institucionalidad, la explosión de la pobreza y la desigualdad, que han convertido a nuestro país en una bomba social cuya espoleta es la desesperación.

En Chile este fenómeno se inicia el 18 de octubre del año pasado: una Rebelión popular que desafió al poder, sin una dirección política reconocida, un rechazo furioso al orden capitalista impuesto por la fuerza del golpe empresarial-militar de 1973.

Una de las máximas expresiones de esa Rebelión -que se prolongó hasta marzo de 2020- fue la “Marcha Más Grande de Chile” el 25 de octubre, que convocó a un millón doscientas mil personas en Santiago y otras 500 mil en provincias.

En el “barrio alto” de Santiago se produjeron manifestaciones, incluso se registraron protestas frente a la Escuela Militar, muchos eran parientes de oficiales de las FF.AA. e hijos de padres burgueses y medianos empresarios.

Se fractura el movimiento con la trampa de la Convención.

Pero la masividad social de la protesta se fracturó. Un sector se volcó a defenderse de la brutal represión ejercida por un gobierno sin otra respuesta que el desatar una guerra contra el pueblo, llegando a extremos que ni siquiera la dictadura ejerció.

El otro sector, atemorizado ante la respuesta popular, buscó el alero de las viejas y desprestigiadas estructuras políticas. Así, bajo amenaza de estado de sitio, nació el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución del 15 de noviembre que generó la convocatoria a plebiscito para una Convención Constituyente, hoy diferida para el 25 de octubre.

Pero debemos recordar que ese plan, plebiscito y Convención Constituyente incluida, es el plan diseñado por Piñera y no por los sectores que dieron vida a la Rebelión. Allí se juntaron los creadores del modelo y los administradores del mismo durante 30 años, siendo su claro objetivo con ese acuerdo, detener por un tiempo la Rebelión.

Si el plebiscito se efectuara de acuerdo a la correlación de fuerzas sociales, las clases asalariadas -que alcanzamos a casi 8 millones- nos impondríamos por amplia mayoría. El eje, que es la clase obrera, abarca casi a 4 millones de hombres y mujeres.

No obstante, se trata solo de cifras. Un mundo social mayoritario, pero que en la vida real carecemos de articulación y de una alternativa política que interprete las demandas de justicia social y libertad.

 La solución que no fue y la trampa de la burguesía

El plebiscito por una auténtica Asamblea Constituyente, que pudo ser la solución pacífica y democrática al conflicto, se ha convertido en una tranca más que intenta contener mediante el engaño, la Rebelión del Pueblo de Chile

A estas alturas es evidente que la Convención es una mamarrachada y un caza-bobos sin parentesco con la Asamblea Constituyente soberana y democrática que reclamaba el pueblo.

Se postulan ellos, ellos tienen la plata para la campaña, se eligen ellos. Si por alguna razón se logra colar alguien desde las bases, necesita un quórum calificado, tal como cuando se hacía imposible modificar algo por los senadores designados, ya que nunca se podía alcanzar ese número requerido para intentar algo. Una trampa mortal que pretende devolver la iniciativa a los mismos políticos que han administrado esta podrida dictadura empresarial-represiva.

La misión imposible

En los tres meses bajo cuarentena sanitaria que distan del plebiscito, es imposible que las dispersas fuerzas que apuestan por un cambio real alcancen el grado de coherencia y unidad orgánica que permitan reconvertir una Convención jibarizada en una Asamblea Constituyente soberana.

Casi 15 millones de ciudadanos podrán votar en el plebiscito. Para convertir la Convención en Asamblea Constituyente, se requerirían dos tercios de los 155 convencionales. 102 hombres y mujeres, demócratas de verdad, para echar abajo las barreras del quórum y todas las trampas del reglamento fraguadas por la oligarquía política.

Una “misión imposible” en las condiciones que vivimos en Chile. Lograr la movilización de millones de conciencias para volcarse en el plebiscito y convertir una sórdida trampa de la élite en una victoria popular, sería una epopeya de relieve histórico. Sobre todo, en un país con una abstención electoral del 60% y la ausencia de una alternativa de Izquierda real.

La ausencia de la izquierda

Los grupos que han pretendido usar el ropaje popular, pero que terminan apoyando una seguidilla de leyes represivas como el Frente Amplio y que, interesada y hábilmente la prensa burguesa y la derecha llaman de “izquierda”, solo buscan un rinconcito en los altares del poder usando la demagogia y el populismo.

El otrora “Partido de la clase obrera”el PC, también busca afanosamente, no pisar la línea roja que le marcó el sistema para tolerarlo dentro y es un freno para que organismos sociales como la CUT, cumplan con su deber de defender efectivamente a la clase obrera y al pueblo y se mantienen en auto confinamiento sacando de vez en cuando una declaración que no moleste mucho al poder.

El protagonista es el hambre y el hambre es subversiva.

El hambre es hoy el indiscutido protagonista social y político. El hambre aglutina y ordena los demás factores de la subversión:

– El desempleo (un millón de personas según cifras oficiales, mucho más si se suma el trabajo informal obstaculizado por las cuarentenas)

– La pandemia (10 mil muertos) y su horrible segmentación social.

– El endeudamiento (que devora el 74,5% de los ingresos familiares).

– El hacinamiento de más de 100 mil familias en 802 campamentos sin agua potable ni alcantarillado y otros miles apretujados en cubículos y departamentos por los que pagan alquileres abusivos.

– Salarios de miseria.

– Educación que condena a los pobres a la eternidad de la ignorancia.

– La salud de clínicas de lujo para pocos y de hospitales colapsados para la mayoría.

– La carga emocional de cinco meses de cuarentenas, cordones y aduanas sanitarias, y todo tipo de limitaciones a la libertad de movimiento.

– La juventud sin esperanzas. En Chile aproximadamente 650 mil jóvenes, entre 18 y 25 años, no estudian ni trabajan; altas tasas de enfermedades mentales y suicidios entre ellos.

– Miles de ancianos solos, abandonados, de los que nadie se preocupa, con tasas de suicidio cada vez mayores.

– Maestras que se jubilan con 160 mil pesos después de 40 años de trabajo.

– El pueblo mapuche masacrado, encarcelado, torturado y robadas sus tierras por empresas y señores diputados y senadores.

– El tráfico de drogas que se apodera de las poblaciones protegidos desde el poder y las policías y que trasforma a la juventud en cadáveres vivientes.

– Cárceles llenas de gente que se atrevió a reclamar sus derechos.

– La censura para los medios populares y farándula política en los medios de desinformación formales.

– El agua en poder de los políticos empresarios y la sequía para nuestra gente.

Y podríamos seguir en forma interminable la lista de los factores que alientan la subversión de lo establecido. Como conclusión de todo lo anterior, podemos decir que la violencia estructural de la sociedad capitalista en Chile es la verdadera pandemia y es el verdadero aliento de la subversión que crece cada día.

La resistencia crece, aunque traten de ocultarla.

Los días 2 y 3 de julio, convocadas por redes sociales, estallaron protestas en diversas ciudades. Un inmigrante haitiano muerto y decenas de detenidos, ataques a comisarías, incendios de vehículos, en pleno toque de queda, fueron el resultado de escaramuzas poblacionales que presagian lo que se avecina.

En territorio wallmapu, entretanto, continúa infatigable la lucha del pueblo mapuche. Cada noche arden en fogatas los camiones y maquinarias de las empresas forestales, los presos políticos están en huelga de hambre, el movimiento indígena clandestino desafía la inteligencia y la fuerza del ejército y las policías en un conflicto que los medios cubren de silencio.

El gobierno y la clase burguesa, sin duda, no son idiotas. Saben que se aproxima una tormenta social. Sin embargo, parecen estar confiados en que las FF.AA. y policiales -como siempre- se harán cargo de liquidar a sangre y fuego la Rebelión social.

Es por este motivo, que el gobierno ha utilizado la pandemia para tratar de aprobar decenas de leyes represivas en una unión descarada con la “oposición” que confía recuperar el poder y contar con todos esos instrumentos represivos, para seguir defiendo la dictadura de los empresarios y de la burguesía.

Por el mismo motivo de parar la rebelión que se avecina, han aprobado en el Congreso el retiro del 10% del ahorro de las AFP y en esa votación han contado con varios votos de la derecha. Según las palabras de Desbordes, presidente de Renovación Nacional: “¿Estamos esperando que la gente salga a protestar y haya un estallido social 2.0?”

Al respecto, debemos decir con claridad que, aunque los dineros depositados en las AFP son de las y los trabajadores, el poder acceder al 10 % no resuelve ningún problema. Solo le pone un paño tibio a la situación. Debemos terminar con las AFP, columna vertebral de todo el sistema de explotación y miseria que sufre Chile.

Las tareas del movimiento popular

Todas las organizaciones populares sean políticas o sociales, tienen el deber de analizar la situación que está por venir y plantearse claramente si están con los mismos que han administrado este criminal sistema por 30 años o están con el pueblo que resiste y lucha en todos los rincones del país.

Quizás no habrá decisión más importante que tomar en el transcurso de nuestras vidas y debemos tomar la correcta.

Por nuestra parte, como pequeña fuerza en desarrollo, planteamos para su pronta discusión por todas y todos, nuestra visión crudamente.

Las fuerzas del pueblo estamos obligadas a hacer un enorme esfuerzo por organizarnos, dotar de conducción al movimiento, recuperar la movilización social, solidificar las Asambleas Territoriales y otros organismos de participación popular.

En ese mismo sentido, debemos romper con una dirigencia sindical que no representa a lxs trabajadorxs, desarrollar la creatividad y la solidaridad en todos los territorios, hermanar más que nunca con el heroico pueblo Mapuche nuestra lucha, rechazar la presencia de los partidos políticos corruptos.

Debemos dotarnos de una dirección colectiva político-social unitaria, compartida, diversa y complementaria. Y con ella, seguir acumulando fuerzas y llegado el momento, hacer estallar toda la rebeldía y el hambre que nos azota para quebrar definitivamente, la columna vertebral de un sistema capitalista que nos condena a la muerte en vida, o a la muerte sencillamente.

¡LA REBELIÓN SOCIAL VA!

¡ARRIBA LXS QUE LUCHAN!

 Javiera González vocera

 Primera Línea Revoluciona

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Autor entrada: Convergencia Medios

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