Teletrabajo y salud mental en el contexto de Pandemia: sufrir en lo remoto

Por José Matamala Pizarro*

Si se realiza una búsqueda de los conceptos “Teletrabajo” o “Telework/Telecommuting” (por sus nombres en inglés) en la sección de Google images, los resultados que aparecen se sintetizan, a primera vista, en una representación dominante: ¡El teletrabajo es provechoso para quien lo ejecuta! Hombres y mujeres, con sus respectivos laptops, rebosantes de éxito y juventud, atiborrados de entusiasmo y felicidad; aparecen representando jubilosos/as la satisfacción de realizar un trabajo de forma remota. No se les ve cansados/as, ni preocupados/as ni temorosos/as frente al cumplimiento de su tarea. Al parecer, el trabajo a distancia les sienta bien.

No obstante, al ejecutar una nueva búsqueda de los conceptos antes señalados en el mismo motor de búsqueda, pero agregándole la palabra “meme“, se tiene como consecuencia la otra cara de la moneda.  ¡Nos reímos del teletrabajo porque hay algo en él que nos molesta! Así, un Homero Simpson controlando su computadora con una escoba, un esqueleto sentado frente al mismo dispositivo electrónico o la foto de un antiguo ordenador sobre un excusado son la evidencia gráfica de aquello. En apariencia, el trabajo a distancia no sienta tan bien. Después de todo, en el chiste se puede observar algo de ese orden.

A propósito del chiste, en 1905 Sigmund Freud publicó su obra “El Chiste y su relación con lo inconsciente”. Allí, destacó que los chistes tendenciosos economizan un gasto de inhibición o sofocación del afecto. Aquellos facilitan que el ser humano venza su propio obstáculo personal para canalizar o, mejor dicho, tramitar algún afecto penoso (e.g. impotencia, cólera, angustia, etc). Por esta razón, los chistes tendenciosos buscan impedir que se instalen censuras posteriores. Esto quiere decir que el chiste tiene por propósito no poner en acción a la represión. Para tener eficacia, el chiste debe realizarse socialmente, lo que significa que solo funciona cuando un(a) sujeto encuentra concordancia psíquica con otro(a). Es en esta correspondencia que el chiste se realiza y en, palabras de Freud, encuentra su propia audiencia.

Han pasado cerca de 115 años desde que el maestro publicó dicha obra. Y frente a una de las caras de la representación icónica del teletrabajo en la web, es decir, la contracara “meme”, es posible identificar que el chiste opera allí tendenciosamente para encauzar algo que no aparece en la primera búsqueda realizada (la que excluyó la palabra meme y que solo mostró gente feliz teletrabajando). Y ese algo es el pathos de la vivencia del sufrimiento.

El teletrabajo es una forma de realizar el trabajo que consiste en la ejecución de funciones en un lugar distinto a las dependencias de la empresa. Véliz, Valenzuela y Paravic, en un trabajo publicado en el año 2013 [Atypical Jobs in Chile: a challenge for occupational health and work nursing] comentaron que el teletrabajo se caracteriza por 4 elementos: 1) espacialidad: que consiste en la realización de una actividad a distancia de las dependencias de la empresa 2) Uso de TIC’s: uso de medios informáticos y de telecomunicaciones para realizar las tareas y mantener contacto con la empresa 3) Habitualidad: el trabajo remoto se realiza casi siempre de la misma forma (i.e. utilizar los mismos software y plataformas de contacto virtual) 4) Organización: el trabajo se organiza de una forma diferente al trabajo no-remoto, destacándose flexibilidad horaria, aislamiento físico del trabajador/a y dificultades para su asociación sindical.

En el contexto de pandemia por COVID-19, el teletrabajo se ha instalado como una práctica cotidiana de amplio abarcamiento en un segmento activo laboralmente del país, por ejemplo, en aquellos/as profesionales que se emplean principalmente en los sectores de la administración pública y las políticas sociales (educación, infancia, mujer, etc.) y en algunas ramas privadas, como el comercio, venta de servicios, comunicaciones, etc. Algunos/as de ellos/as ya venían realizando experiencias de teletrabajo (ya sea permanentes o semi-permanentes), mientras que otros/as fueron reconvertidos/as -sin mediar siquiera una capacitación ad hoc – en teletrabajadores/as por la situación excepcional que involucra la crisis sanitaria. Aquel proceso de reconversión se dio en un escenario de presión a la voluntad de los/as empleadores/as, por un lado y de los/as trabajadores/as, por el otro, para involucrarlos/as en el teletrabajo (considerando las medidas sanitarias como las cuarentenas), algo que puede ser catalogado como una reconversión obligatoria. En ese sentido, se entiende que la emergencia sanitaria obligó mutuamente a las partes a aceptar el trabajo por esta vía.

Tavares en su revisión narrativa de literatura realizada el año 2017 sobre la relación entre el teletrabajo y la salud laboral [Telework and health effects review], mencionó que la literatura especializada en el tema ha resaltado que la modalidad presenta pros y contra. En cuanto a los primeros, los estudios revisados puntualizaron que el teletrabajo favorece el balance trabajo-familia, incrementa el control sobre el tiempo de trabajo efectivo, elimina los desplazamientos y los tiempos de viaje a la empresa, incrementa la productividad, mayor satisfacción en el trabajo y evita las políticas de oficina. En cuanto a los segundos, destacaron que el teletrabajo borra los límites entre el tiempo de trabajo y tiempo de familia o incide en exceso de trabajo, el presentismo, el aislamiento social, falta de apoyo social y el uso de equipos inadecuados para cumplir correctamente con las tareas. Además, dificulta el desarrollo de carrera profesional y aumenta el resentimiento entre colegas, es decir, propende a la larga a potenciar la competencia.

En relación con lo anterior, La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó el año 2019 el informe “Trabajar en cualquier momento y en cualquier lugar: consecuencias en el ámbito laboral”, destacando algunos aspectos de la correspondencia entre el teletrabajo y la salud ocupacional. Algunos de los resultados que allí se comentaron fueron que en el teletrabajo:

1) se tienden a extender las horas de trabajo y distribuirlas sobre una agenda irregular flexible 2) Los hombres tienden a evidenciar mayor presentismo cuando trabajan desde la casa e inclusive superan a sus pares mujeres trabajando 48+ horas.

3) Las mujeres que realizan teletrabajo desde casa tienen menos posibilidades de ajustar sus horarios laborales a sus necesidades, respecto que sus pares varones

4) se puede conciliar el trabajo-familia, pero aceptando un aumento en el tiempo de trabajo y en su carga

5) se puede tomar un tiempo de descanso más prolongado, pero se debe compensar posteriormente aumentando la exigencia de trabajo

6) se pueden tener vivencias de aislamiento y distrés – estrés crónico.

7) pueden aumentarse los trastornos del sueño

8) se refiere afectación de la salud general del trabajador/a

Tomando en cuenta lo enunciado, se deriva que el teletrabajo, desde antes del contexto de la pandemia, presentaba ciertos problemas y riesgos para la salud y en particular, la salud mental de los/as trabajadores/as. En el escenario actual, que suma un aumento en la carga de trabajo para responder adecuadamente a la contingencia, que exacerba la desvinculación física entre colegas, que impone nuevas demandas que deben ser resueltas con urgencia, que transforma los domicilios en lugares de trabajo, que obstaculiza la gestión sindical y donde la gestión por resultados se acompaña por un mayor monitoreo y control del cumplimiento de metas, es comprensible que aparezcan mayores tensiones y dificultades en la realización del teletrabajo.

Algunas de las personas que me han contactado en mi redes sociales o que han difundido el informativo que construimos en el Grupo Clínica del Trabajo de Valparaíso (ver informativo aquí), han referido que en su teletrabajo -en el escenario de pandemia- sienten que están trabajando más horas, que se sienten más fatigados de lo común, que se sienten más desgastados emocional y mentalmente, que no logran compatibilizar sus responsabilidades familiares con sus responsabilidades domésticas y de cuidado. En general, han señalado que les preocupa su salud mental y que el teletrabajo les ha puesto por delante un desafío importante sobre el cual no han podido profundizar lo suficiente, puesto que también están muy atentos/as de la situación sanitaria que afecta a la humanidad a nivel mundial.

Así, una reconversión obligatoria sin mayor elaboración psíquica y un contexto de emergencia sanitaria que los/as mantiene en sus domicilios, dispuestos en todo horario para realizar sus tareas, han sido dos aspectos contributivos en sus vivencias de sufrimiento relacionadas con su trabajo. Hasta acá, ningún relato ni ninguna descripción realizada por quienes me han consultado o escrito me hace argüir que el teletrabajo esté siendo muy satisfactorio en el Chile de la Pandemia. A lo más, he notado un dejo de satisfacción cuando los/as trabajadores/as lograr realizar un trabajo bien hecho a pesar de las dificultades que lo acompañan. Es decir, esa satisfacción del trabajo bien hecho está siendo a costa de su propio sufrimiento.

Para ir finalizando esta columna, es preciso retomar la obra de Freud antes citada. En ella, el maestro señaló que existen tres tipos de chistes tendenciosos: 1) el chiste cínico, donde éste puede suplantar un reclamo por la aceptación de una situación que aqueja 2) el chiste hostil, que moviliza afectos hostiles y agresivos de dos personas en un(a) tercero(a) 3) el chiste escéptico, pues ataca la certeza de un conocimiento que se posee. En el caso de lo visualizado en la búsqueda del teletrabajo y “meme” en Google images, es posible identificar en aquellos, a través del análisis de su humor, algo que no aparece en las imágenes que se buscaron en un primer momento (Las que reivindicaban el teletrabajo como un provecho).

En concordancia con eso, a modo de ejemplo, el meme de Homero Simpson utiliza el cinismo para reflejar la molestia de muchos/as teletrabajadores/as por el uso de las computadoras, pero no lo muestra negándose a aquello, sino que deja al descubierto que debe usar un instrumento para lograrlo, que en su caso es una escoba. Quizás en sus casas los/as teletrabajadoras no usan escobas para escribir en el teclado, pero sí se tienen que aderezar con algún objeto que les ayude a tolerar el teletrabajo. Precisamente es por la vía de la identificación con lo que expone el meme que los/as trabajadores/as pueden reír con él. De seguro que, si se reitera en mostrar la cara linda del teletrabajo en Google images, como contracara el chiste va a insistir con poner su cuota de verdad a través del meme: hay una vivencia penosa, de sufrimiento colectivo, que molesta y que emerge por el chiste. Esta encuentra su audiencia en un contexto de pandemia y proliferación del teletrabajo, aunque los buscadores muestren en primera instancia caras felices.

*Psicólogo – Magíster en Psicología, mención comunitaria. Investigador en materia de salud mental en el trabajo. Docente agregado de la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). Participa del Grupo de Investigación e intervención “Clínica del Trabajo” de Valparaíso y “TRASAS PUCV” de Viña del Mar.

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Autor entrada: Convergencia Medios

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