Protocolos y “normalidad” en tiempos de pandemia: la violencia hacia las personas en situación de calle

 

Por Carolina Llanos*

La reciente publicación por parte del gobierno sobre el protocolo para el manejo y prevención de covid-19 en el sector del comercio, que empezó por materializarse en la reapertura de centros del tipo Mall, nos deja una amarga sensación respecto del valor que hoy asignamos a lo vital y a quienes resultan más excluidos en nuestra sociedad, así como también, de las prioridades del actual gobierno. 

Ante esta crisis sanitaria, que nos obliga a mirar de frente las múltiples crisis que conforman nuestra organización política desde sus fundamentos, han surgido como medida de acción, la generación y difusión de diversos protocolos y ahí es donde surge la sencilla pregunta ¿por qué un protocolo? Dos cuestiones me parecen relevantes de considerar para responder a ello. En primer lugar, el origen de los protocolos, puesto que no puede equipararse el hecho de generar un protocolo para dirigir el actuar de las personas en situaciones nuevas, con aquellos protocolos que surgen porque el sentido común se ha agotado y por ello se ha cometido falta hacia los derechos de las personas, como lo es el caso de la violencia hacia las personas en situación de calle en contextos de toque de queda. Una cosa es pedir higiene, otra bien distinta pedir que no se les golpee.

En segundo lugar, me parece relevante mirar el “impacto” que un protocolo tiene en su implementación y el tema que se pretende protocolizar. De igual forma, no hay la misma voluntad política tras la generación de un protocolo para la apertura de los centros comerciales, que para regular las conductas de las personas en situación de calle dentro de albergues, hospederías o centros de referencia.  Una cosa es resguardo de la economía, la otra, administración de la vida, lo que hace visible cómo las prioridades se han invertido y los conceptos parecen haberse asociado mal, porque lo que debe resguardarse es la vida y lo que debe administrarse es la economía.

Tras la diferencia de origen en los protocolos, subyace una violencia y abuso de poder. Tras la diferencia de promoción para la apertura de centros comerciales y de la gestión de la “vida” de las personas en situación de calle, se deja ver cómo en nuestra sociedad hay personas de segunda  categoría, quienes encarnan la más cruda vulneración de sus derechos, el más cruel descuido de la sociedad y del aparato gubernamental. Porque digámoslo claramente, está bien que existan protocolos dirigidos hacia las personas en situación de calle, pero nuevamente estos protocolos segregan  y diferencian entre aquellos que están inscritos como usuarios de los programas levantados desde el gobierno y que por ello tienen redes que pueden acompañarlos, y aquellos que no.

En este contexto, pregunto entonces, ¿qué sucede con quienes continúan pasando la noche en las calles? ¿Con quienes no tienen ningún tipo de red, ni personal ni institucional? Ellos son los radicalmente excluidos y quienes necesitan protocolos y medidas urgentes ¿ha existido la preocupación de informarles que tienen derecho a atención médica, por ejemplo? ¿Qué pasa si uno de ellos muere en calle? ¿Hay un protocolo de acción para las muertes en situación de calle?  Se entiende que no se puede protocolizar todo, pero sí se puede al menos dirigir la atención a este grupo de personas, no desde una perspectiva estigmatizadora ni higienista que tenga por finalidad prevenir para el resto de las personas, sino desde su consideración humanitaria, del valor de la vida.

El problema es que se ha normalizado tanto que existan personas en la calle, que hasta en estas situaciones se construyen como invisibles. Punto para los protocolos: ayudan a ver. Punto contra los protocolos: no garantizan el cuidado de la salud de las personas en situación de calle. Sin duda es un avance que hoy existan protocolos que los consideren, no obstante, la invitación es a mirar aún más allá y a complementar con medias pertinentes, excepcionales y transitorias, mientras se avanza en una política pública consistente para la erradicación de la situación de calle: hoy faltan los albergues.

*Magíster en Filosofía, Profesional en Fundación Gente de la Calle

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Autor entrada: Convergencia Medios

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[…] Columna publicada originalmente en: Convergencia Medios 08/05/20.* […]