La perpetración de la violencia política sexual en Chile: complicidad y negacionismo en el Ministerio de la Mujer

Por Dante Hernández y Aracely Moyano
Militantes de ContraCorriente, frente
estudiantil de la Convergencia 2 de Abril

La reciente designación de Macarena Santelices a la cartera de la Mujer y Equidad de Género provocó una serie de controversias a nivel nacional e internacional. En el plano nacional, la crítica vino desde las trincheras feministas, quienes desde Octubre a la fecha, no sólo asumieron una férrea posición de denuncia frente la precarización de la vida, sino también insistiendo en visibilizar las innumerables situaciones de violencia política-sexual cometidas a manos de agentes del Estado. Por otro lado, los medios internacionales también destacaron la designación, haciendo ver el parentesco de Santelices con el Dictador Augusto Pinochet.

Sin embargo, la crítica suscitada por la designación de la personera de la UDI, Macarena Santelices, en el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, no es sólo su parentesco familiar con Pinochet, sino su posición negacionista ante un régimen que asesinó, desapareció y torturó a cientos de personas durante 17 años. Así declaró en ‘El Mercurio’ de Valparaíso en 2016, asegurando que “no se puede desconocer lo bueno del régimen militar”. A todas luces, la posición de Santelices, reafirma el perfil más grosero de la Derecha, relativizando los crímenes de lesa humanidad cometidos por la Dictadura cívico-militar, ante los “milagros neoliberales” del régimen. Crímenes fundados bajo la premisa del “exterminio del cáncer marxista” y opositores a la contrarrevolución neoliberal, el Estado brindó la infraestructura necesaria para la imperiosa tarea “salvar a Chile del Comunismo”.

En este sentido, el Informe Valech (2004) establece que:

se torturó en forma sistemática para obtener información y gobernar por el miedo, inculcando el temor profunda y duraderamente en las víctimas inmediatas y, a través de ellas, en todos quienes tomaban conocimiento directo o indirecto del uso de la tortura.

En el caso de las mujeres, durante la dictadura, la violencia que estas sufrieron fue de connotación sexual. El mismo informe Valech asegura que “las mujeres fueron detenidas por sus ideas, sus acciones y participación política, no por su condición de tales. Sin embargo, la violencia ejercida sobre ellas utiliza su condición sexual, agravando el impacto sobre su integridad moral y psicológica” (2004). La violencia política-sexual fue sufrida tanto por mujeres como hombres, siendo las primeras las más afectadas. En este sentido, según un informe elaborado por la OMS en conjunto a la OPS (2003), “la violación de mujeres y hombres se usa como un arma de guerra, como una forma de ataque al enemigo que simboliza la conquista y la degradación de las mujeres o de los combatientes varones capturados”.

El Informe Valech (2004), establece que la violencia sexual ejercida contra las mujeres detenidas fue una cuestión sistemática, indicando que:

Esta Comisión recibió el testimonio de 3.399 mujeres, correspondiendo al 12,5 % de los declarantes. Más de la mitad de ellas estuvieron detenidas durante 1973. Casi todas las mujeres dijeron haber sido objeto de violencia sexual sin distinción de edades y 316 dijeron haber sido violadas. No obstante, se estima que la cantidad de mujeres violadas es muy superior a los casos en que ellas relataron haberlo sido, por las consideraciones anteriores y porque existen numerosos testimonios de detenidos que señalan haber presenciado violaciones, cometidas en una gran cantidad de recintos de detención.

En este marco, la designación de Santelices y su valoración frente al régimen, nuevamente golpea la memoria y dignidad de las mujeres que fueron víctimas de la violencia político sexual durante la dictadura. Pues, la implementación del modelo neoliberal que tanto valora, solo fue posible mediante el Terrorismo de Estado, y que para el caso de las mujeres que se resistieron a él, significó la vulneración de sus Derechos Humanos y una violencia específica de connotación sexual. 

El perfil de Santelices puee ser observado no sólo por sus opiniones relativas a la Dictadura, sino también en su expreso rechazo a las movilizaciones de Octubre, y la insistencia en la defensa del modelo neoliberal maduro chileno. El proceso destituyente que la revuelta propició, nos mostró la fragilidad del modelo político-económico heredado de la Dictadura, dejando en manifiesto no sólo las desigualdades propias entre las clases sociales en Chile, sino también a quiénes a toda costa no están dispuestos a ceder en su transformación.

En ese sentido, frente a la declaración de Estado de Emergencia a nivel nacional, la algidez de la protesta social, y el retorno de los militares a las calles, el accionar del Estado nos recordó los momentos más duro de la Dictadura. Sin embargo, esta vez se hace más explícito el componente cívico-militar de la represión, la criminalización de la protesta social y militarización del espacio público, desde la institucionalidad del Estado a manos de los partidos que adscriben al régimen neoliberal (partidos de orden).

De esta forma, la historia volvía a repetirse. Desde el 18 de octubre hasta el 12 de noviembre, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) confirmaba que 93 personas habían sido víctimas de violencia sexual tras ser detenid@s en alguna manifestación, de ellas 40 eran mujeres, 16 niñas, 7 niños y 30 hombres -este listado no especifica la orientación sexual o expresión de género de las personas.

Mientras el escenario represivo iba en aumento debido a las protestas del movimiento popular, la pinochestista Santelices aseguraba la ausencia de mano dura en el Gobierno para controlar las movilizaciones. Evidentemente, esta ‘mano dura’ significaba mayor represión y mayor impunidad para los agentes del Estado que se vieran involucrados en crímenes de lesa humanidad.

Cabe recordar que el ministerio de la Mujer, encabezado entonces por Isabel Plá, había sido objeto de fuertes críticas durante la revuelta de Octubre por el silencio cómplice ante el centenar de denuncias de tocaciones, desnudos, agresiones sexuales y apremios ilegítimos a mujeres y disidencias sexuales durante las movilizaciones, y su absoluto respaldo a las Carabineras, relativizando así la violencia ejercida por las mismas. Estos hechos constitutivos de violación sistemática a los Derechos Humanos, motivaron una serie de manifestaciones desde el campo popular hasta una acusación constitucional fallida en el plano institucional.

Y si bien es cierto que, poco podemos esperar de un Gobierno Criminal, y particularmente de la derecha golpista, que no ha escatimado en medios para sostener un modelo que precariza la vida, la designación de Santelices como Ministra de la Mujer y Equidad de Género, reafirma el camino trazado por el Gobierno desde la Revuelta a la fecha, es decir, el garrote para quienes se movilizan frente el abuso sistemático, y una total impunidad para sus culpables. El negacionismo de Santelices, no sólo pareciera ser una de las tantas provocaciones del Gobierno hacia los sectores movilizados, en este caso particular al movimiento feminista y disidencias sexuales, sino más bien, pareciera ser una advertencia al movimiento social: designar en el Ministerio de la Mujer a quien acusó la falta de mano dura del Gobierno durante la Revuelta, no puede ser más que una amenaza dirigida desde el Estado a las mujeres y disidencias sexuales. La perpetración de la violencia político-sexual se yergue como parte constitutiva de la violencia estatal.

 

Bibliografía
Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. (2004). Informe de la Comisión sobre Prisión Política y Tortura. Santiago.
Organización Panamericana de la Salud, Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud. (2003). Informe mundial sobre la violencia y la salud. Washington, D.C.

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Autor entrada: Convergencia Medios

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