La Clase Trabajadora frente a la crisis: Manos Construyendo en este 1° de Mayo

Por Manos Construyendo

La crisis del Covid-19 y su escenario

Asistimos a una crisis sanitaria a nivel mundial. El carácter de esta (su magnitud) se encuentra determinada por fenómenos propios del contenido mundial del sistema capitalista (los que sin duda han potenciado los efectos del COVID-19) como el desarrollo de los medios de transporte (de personas y mercancías), la extrema interdependencia económica de circuitos mundiales y regionales de producción, comercio, distribución y consumo; las modificaciones medioambientales debido a la reproducción automática y no planificada del capital, entre muchos otros fenómenos generales que se cruzan con la aparición del brote del virus. A su vez, “las mayores o menores” consecuencias en materia de pérdidas y daño hacia la salud humana se han visto fundamentalmente determinadas por la forma en que el sistema capitalista se reproduce en diferentes “estados-nación” y en donde encontramos fenómenos asociados a la capacidad, desarrollo e infraestructura de los sistemas de salud pública, las leyes y medidas de los estados en materia de seguridad social y protección del trabajo, las características demográficas de tal o cual país y por supuesto: las políticas inmediatas de los gobiernos para hacer frente a la crisis sanitaria (entre otros factores particulares). Estos fenómenos particulares de cada país han ido configurando distintos escenarios de impacto, y en donde la población trabajadora más precarizada ha sido la más azotada. Destacan los casos de Estados Unidos y Brasil como representantes directos de políticas “directamente genocidas” y que dejan a la deriva sanitaria y económica a millones de familias trabajadoras. Como telón de fondo presenciamos la agudización de una crisis económica producto de la superproducción general de mercancías a nivel mundial, la que sin duda dejará consecuencias políticas a escalas nacionales e internacionales durante y luego de la emergencia del Covid-19 durante 2020.

Crisis en Chile.

Como parte del sur de América, Chile comparte con gran parte de los países del subcontinente el hecho de que su economía aparece en el mercado mundial principalmente como un proveedor de materias primas (sobresaliendo la renta minera del cobre). El “condicionamiento natural” que ofrece la venta de cobre desde Chile hacia el exterior hace posible la apropiación de una plusvalía extraordinaria contenida bajo lo que se conoce como “renta de la tierra” minera, convirtiendo a este enorme flujo de capitales en “objeto de disputa social de diversos sujetos”, lo que determina el escenario general de la conflictividad entre clases sociales en Chile (al igual que el continente). Dicha apropiación de renta ha venido en contracción desde la crisis económica mundial del 2009, la cual bajó los precios mundiales de las materias primas. Esto último, ha fijado el escenario para la acción política de los últimos 10 años y ha configurado un escenario en donde distintas franjas de la clase trabajadora han personificado políticamente sus intereses inmediatos, los que representan de forma más general la forma en la cual la clase trabajadora lucha por la reproducción de su propia fuerza de trabajo frente a los ascendentes ajustes económicos que han personificado los gobiernos de Piñera y Bachelet.

Bajo lo anterior, la revuelta de octubre y su acción política centrada en la huelga de masas a nivel nacional manifiesta: el acumulado político en donde distintas franjas de la clase trabajadora, diferenciada productivamente y fragmentada políticamente, se expresan en la lucha por la defensa de mejores condiciones de vida (defensa del salario y de sus condiciones de reproducción social inmediata) frente a las condiciones económicas producidas por la contracción de la renta y la disputa de esta que desarrolla la clase capitalista a través de las políticas de los últimos gobiernos. Como aparente hilo conductor, la revuelta señala como direccionalidad política la disputa de un proceso constituyente concedido por los partidos políticos (que representan el orden social de la transición) que tendría la posibilidad de dar resolución a varias reivindicaciones inmediatas de la clase trabajadora a través del cambio constitucional, sosteniéndose por parte de varios voceros populares que el objetivo central del proceso constituyente sería el “acabar con el Estado Subsidiario y poner fin al neoliberalismo”.

Con todo lo anterior, se llegó a marzo con una masiva huelga general feminista en todo Chile, lo que podía ser la antesala de la reactivación masiva de la revuelta. Pero dicho escenario se vio interrumpido abruptamente por la crisis sanitaria, lo que ha permitido la contraofensiva del gobierno empresarial a través de varios mecanismos como las iniciativas legales que han puesto sobre las espaldas de la clase trabajadora los costos de la crisis sanitaria (sobresaliendo la ley de protección del empleo), la militarización del control político de la crisis en los territorios y la construcción de un relato discursivo que apela a la unidad nacional intentando aislar políticamente a los sectores que seguimos defendiendo un discurso que expone el conflicto de clases en medio de la crisis. Dicha contraofensiva política sumada a la incapacidad de la clase trabajadora por centralizar su fuerza organizativa, programática y discursiva en un mismo canal dejan un incierto escenario al desarrollo político de la crisis económica que se tiende a acentuar con la emergencia del covid-19.

Acción política de la clase trabajadora

Es evidente que la revuelta de octubre muestra dos de los límites de la clase trabajadora en su acción política: el esclarecimiento de su programa y su forma de organización, elementos que terminan mermando su capacidad para articular una estrategia general para enfrentar la crisis de forma unitaria.

La cuestión programática se asume en primera instancia como un pliego de demandas antineoliberales que transformarían el carácter subsidiario del Estado y otorgarían a este el control sobre ciertas esferas de la reproducción social (salud, educación, seguridad social, vivienda, etc.), pero al presentarse (y exponerse por parte de la izquierda) de aquella manera se pierde el vínculo con el carácter de la crisis misma (su determinación), es decir, “el vínculo existente entre la lucha política de clases y la disputa por la apropiación de la renta y su agudización en periodos de contracción”. Frente a aquello, es decisorio que los segmentos organizados de la clase trabajadora comiencen a debatir acerca de ¿qué hacer con la renta de la tierra en Chile? y cómo vincular esta máxima con un diseño programático que ponga el foco en discutir los mecanismos que deberá tener el Estado para apropiar y redireccionar los capitales apropiados de dicha renta (qué elementos deben ser los centrales para gasto social, como desarrollar las fuerzas productivas desde el Estado, etc.).

Por otro lado, la cuestión organizativa es expresión del desarrollo del elemento anterior, pues el programa deviene en organización que pueda defender y organizar dicha propuesta política. Para aquel tópico es tarea inmediata organizar a todas las franjas de la clase trabajadora que pudieran adherir materialmente a un programa que centralice el capital de la renta de la tierra en el Estado, las que se concentrarían mayormente en aquellos segmentos sobrantes para el capital que se han presentado políticamente bajo la forma de conflictos sociales por “derechos básicos” y que requieren ingresos de parte del Estado para poder optar a “condiciones de vida normales”, les trabajadores del Estado que directamente dependen de este, les estudiantes que directamente requieren de beneficios para optar al derecho de calificación de su fuerza de trabajo, y por supuesto, los sindicatos de la minería y los puertos que producen y transportan dicha mercancía hacia el mercado mundial.

Es evidente que dichos axiomas generales dependen de tareas más específicas de parte de la clase trabajadora más organizada como lo son los niveles de inserción, la capacidad de profundidad en la discusión programática que se instale al interior de dichos segmentos y también, la capacidad para ir centralizando políticamente estas posiciones bajo estructuras políticas permanentes.

Rol fundamental adquiere en dicha capacidad de articulación programática y organizativa el movimiento feminista, el que sin duda posee los mayores niveles de cohesión política y diversificación de segmentos distintos de la clase trabajadora como expresión particular pero a la vez masiva de esta misma.

Coyuntura inmediata

Al no contar con el desarrollo de los dos elementos para su acción política señalados anteriormente (programa y organización política general) la clase trabajadora ha personificado múltiples relatos distintos en una misma coyuntura (y muchas veces incluso contradictorios entre sí) debido a su diferenciación productiva. Por un lado, un segmento importante reproduce el discurso de la centralidad de la sobrevivencia económica inmediata, otro segmento asume la centralidad de la salud general de la población como prioridad política del momento (incluso pese a la desprotección económica de amplios sectores de la clase trabajadora a cambio de resguardar la salud general) y otra se ve forzada a asistir a sus puestos de trabajo encontrándose en medio de la defensa de su salario v/s la defensa de su salud.

Dicho sea esto, y bajo el manto de los postulados anteriores proponemos tres ejes de acción política para las organizaciones de la clase trabajadora en esta coyuntura:

  • Defensa de las condiciones de vida inmediatas de la clase trabajadora: las que ponen por delante el articular tareas políticas como la organización de la protesta social frente a las medidas gubernamentales, legislativas empresariales y represivas, el articular redes de solidaridad para organizar el abastecimiento y consumo de las franjas más precarizadas por la crisis y el organizar redes a distintas escalas que puedan hacer frente al aumento de la violencia machista en el contexto de las cuarentenas.
  • Defensa y profundización del avance político de la clase trabajadora: La defensa de la apertura del proceso de disputa constituyente (defender la realización en primera instancia del plebiscito) sin caer en su simplificación, es decir, sin renunciar a seguir sosteniendo una crítica a los mecanismos políticos que hacen que la clase trabajadora “entre perdiendo a la convención constituyente” (como por ej. los “⅔”); la necesidad de debate y profundización programática, y su vínculo con el debate acerca del carácter del Estado, como elemento que debe buscar sobreponerse a las posiciones “etapistas” que señalan que en materia de la discusión constituyente actual “la única tarea es centrarse en cómo ganar el plebiscito”; la construcción de espacios de unidad y referencialidad amplios que articulen y profundicen la disputa constituyente manteniendo la independencia de la clase trabajadora con respecto a los partidos del orden (derecha/concertación/una parte del Frente Amplio) y que puedan además representar políticamente a las fuerzas sociales de la revuelta en cada comuna.
  • Convergencia política de las franjas de la clase trabajadora que adhieran a la necesidad de superar “un programa político de izquierda populista”: Es fundamental la convergencia política y organizacional de todas las franjas de la clase trabajadora que busquen superar la mera formalidad de “un programa de derechos sociales”, es decir, la superación política del populismo de izquierda a través del debate programático que parta del reconocimiento material de la crisis, para así poder desarrollar un programa que se haga cargo de la unidad de las esferas de la producción y la reproducción social como un requisito indispensable para construir organización y propuestas frente a la crisis y en perspectiva de un gobierno y Estado para la clase trabajadora.

Creemos que sosteniendo y haciéndonos cargo de los elementos anteriormente señalados, diversas organizaciones o proto-organizaciones pueden ir perfilándose como alternativa permanente para la clase trabajadora en tiempos de crisis, y con ello ganando capacidad de inserción y poder político a una posible (hoy lejana) escala nacional .

 

Autor entrada: Convergencia Medios

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