Encuesta muestra que al 37% de los estadounidenses cesantes se les acabó la comida el mes pasado.

Tammy Weber y Hannah Fingerhut, Associated Press

Publicado el 27 de mayo de 2020 en The Detroit News
Traducción para Convergencia Medios por Esteban Spencer

Oak Park – kate Maehr nunca había visto algo parecido: filas de gente, muchas veces con hijos/as, que se extendían por cuadras para alcanzar cajas de comida, esperando alcancen hasta la siguiente entrega, el siguiente pago de su salario, o hasta que puedan obtener algún tipo de ayuda del gobierno.

La cantidad de personas buscando ayuda de su organización y de otros almacenes asociados ha aumentado un 60% desde el inicio de la pandemia del coronavirus, la que ha paralizado la economía nacional y lanzado a millones de personas a la cesantía. A lo largo del país, las preocupaciones sobre tener lo suficiente para comer se suman a la ansiedad de millones de personas, de acuerdo a una encuesta que encontró que el 37% de los estadounidenses sin trabajo se quedaron sin comida en el mes pasado, y un 46% señaló que estaban preocupados del agotamiento de sus reservas.

Incluso quienes trabajan están pasando por un mal momento. Dos de cada diez adultos con trabajo dijeron que, en los últimos 30 días, se habían quedado sin comida antes de que pudieran ganar suficiente dinero para comprar más. Un cuarto está preocupado de que eso les pueda pasar.

Los resultados provienen de la segunda edición de la Encuesta de Impacto COVID, conducida por el NORC en la Universidad de Chicago para la fundación Data. La encuesta apunta a entregar asesoría continua sobre la estado mental, físico y financiera del país durante la pandemia.

No hay paralelo en la historia de EEUU para esta rápida profundidad del colapso económico, la que ha costado más de 36 millones de trabajos desde que el virus atacó. La tasa nacional de desempleo ha aumentado un 14.7% en abril, la más alta desde la Gran Depresión. Mientras que muchos estadounidenses creen que seguirán trabajando en los próximos meses, los cesantes – quienes son más proclives a informar falta de alimentación – no son tan optimistas.

En general, quienes continúan trabajando están bastante confiados que tendrán trabajo en uno y tres meses más, con más de 8 de 10 respondiendo que es bastante probable. Pero entre quienes no están trabajando porque están temporalmente suspendidos, dedicándose al cuidado durante la pandemia, o actualmente buscando trabajo, sólo un 28% dicen que es altamente probable que sean empleados en 30 días, y un 46% responde que es altamente probable que estén trabajando en 90 días.

La posibilidad del desempleo en personas que están volviendo al trabajo depende principalmente en la capacidad de los Estados de reiniciar sus economías sin causar nuevos brotes infecciosos de COVID – 19, señaló Gabriel Ehrlich, un analista económico en la Universidad de Michigan. Dijo que la mayoría de los despidos se espera que sean temporales. Sin embargo, se preocupa que muchos de los pequeños negocios se pierdan mientras otros pocos toman sus lugares, y que los gobiernos estatales y locales no tengan ayuda Federal para prevenir la cesantía.

“El elemento más determinante para lo que ocurra con la economía es el curso de la enfermedad. ¿La gente se siente segura? ¿Está segura?” dijo Ehrlich. “Esperamos que hayamos visto lo peor”.

Kim Scanland, del suburbio Lincoln Park, en Ditroit, dice que ella y su marido están arreglándoselas para obtener una asistencia de cesantía por ahora. Scanland, de 49 años, fue despedida a mediados de marzo de su trabajo de evaluación de vista y audición a estudiantes en el Condado de Wayne, y no está segura si podrá volver. Su marido, de 50 años, perdió su trabajo en una planta de acero cuando cerró definitivamente el mes pasado. Eso podría hacer más difícil la búsqueda de trabajo, dijo, “porque hay un montón de gente que estará buscando trabajo”.

Su iglesia les preguntó si su familia necesitaba ayuda con comida, “pero no queremos quitársela a otros”, dijo Scanland. “Sabemos como estirar las monedas cuando es necesario”.

Cassandra Humphrey de Chicago dijo que empezó a ir a la distribución de comida para ayudar a su familia luego de que recientemente tuviera que renunciar a su trabajo en una farmacia porque ella no veía que la administración estuviera tomando las precauciones necesarias contra el virus. Ella temía contagiarse y esparcir el virus a otros.

“No había mascarillas y la gente llegaba al trabajo enferma” dijo Humphrey, mientras conducía a través del sitio de distribución de alimentos el jueves, en el lado Oeste de la ciudad. “Mi madre tiene 80 años y lo único que buscaba era asegurarme de que ella estuviera bien”.

Quizá lo más problemático de la actual crisis son las crecientes necesidades entre la gente de color, y la emergencia del hambre en la población infantil, dice Stacy Dean, vicepresidenta de política de asistencia alimentaria en el Centro de Presupuestos y Prioridades Políticas.

La Encuesta de Impacto COVID encontró que un tercio de los americanos de negra e hispana señaló que era frecuente que, en los últimos 30 días, la comida que compraron no alcanzaba y no había suficiente dinero para comprar más, comparado con 1 en 10 estadounidenses de raza blanca. Los negros e hispanoamericanos también aparecen casi el doble de propensos que los americanos blancos a informar que estaban preocupados por el agotamiento de su suministro de alimentos.

Casi un 40% de los estadounidenses en hogares cuyo ingreso es menor a los USD50.000[1] anuales, dijeron que al menos a veces les preocupaba quedarse sin comida y el 33% dijo que eso sucedió a menudo o a veces en los últimos 30 días.

Los estadounidenses en hogares con niños eran especialmente propensos a informar que se les acababa la comida

(31%) y sintiéndose preocupado porque eso suceda (36%). «Las desigualdades actuales y las que existían antes han empeorado con toda esta experiencia», dijo Dean. «Es profundamente preocupante que tantos… estén en crisis absoluta».


[1]  En pesos chilenos, $41.020.000 anuales.

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Autor entrada: Convergencia Medios

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