¿Qué pasa si? Covid-19, Trump y lucha de clases en EEUU

Por Todd Chretien, No Borders New

El número de muertes por Covid 19 llegó a más de 10.000 casos hoy, aunque las víctimas fatales se están acumulando tan rápido que ese número parecerá imposiblemente antiguo en un día o dos. Más de 390.000 casos están confirmados, pero el total es probablemente diez veces más grande, en vista de que los exámenes están restringidos de forma criminal por falta de insumos. Casi la mitad de esos casos están en el radio de 50 millas (80 km) de Manhattan, y no se avizora el final de esto.

Los reclamos de desempleo alcanzaron los 3 millones esta semana, un récord cinco veces más grande que el último, establecido en 1982 en la cima de la recesión de Reagan. Además, ese número subestima significativamente aquellos que han perdido sus trabajos, porque el sistema simplemente no puede procesar todos los reclamos, millones no saben que son candidatos elegibles para optar a beneficios, y millones más están simplemente cruzando los dedos para que las cosas puedan “volver a la normalidad” en un par de semanas. Encima, casi todos los trabajadores de colegios públicos, privados y Universidades están siendo pagados, incluso después de que cada colegio en el país fuera cerrado. Realmente, casi el veinte por cierto de la clase trabajadora estadounidense perdió su trabajo la semana pasada, quizá unos 15 o 20 millones de personas. Nada como esto ha ocurrido, ni remotamente. Y así como el socialista brasileño Valerio Arcary lo señaló, “Nada volverá a ser igual”.

Trump, el auto-atribuido “genio estable”, no lo vio venir. “Va a desaparecer. Un día será como un milagro, desaparecerá, … quizá se vaya. Veremos si eso ocurre. Nadie realmente lo sabe”

Sin embargo, los trabajadores de la salud de primera línea saben que estamos todos patinando en hielo delgado. “Trabajo en una emergencia pediátrica”, explica la enfermera de Nueva York Sean Petty. “Cuando nuestra dotación de personal comenzó a sufrir recortes, reclamamos… Nos dijeron explícitamente desde la adminstración de que no podíamos tener al personal basados en un escenario de supuestos. Bueno, ciertamente una sala de emergencia es un gigantesco escenario de supuestos en tiempos normales, pero ¿qué pasa si llega una pandemia?

No hay nada accidental en el hecho de que el sistema de salud de Estados Unidos esté especialmente mal preparado para enfrentar el contagio de coronavirus. Como explica Mike Davis, autor de “El Monstruo en la Puerta”, “De acuerdo a la Asociación de Hospitales de EEUU, el número de camas de hospitalización cayó en un extraordinario 39% entre los años 1981 y 1999. El propósito era aumentar los ingresos… pero el objetivo de la administración de un 90% de ocupación significó que los hospitales perdieron la capacidad de absorber la llegada de pacientes durante las epidemias y emergencias médicas”. Covid – 19 causa las muertes, pero dos generaciones de austeridad neoliberal nos llevaron a la Puerta del matadero.

Sistema de Salud en EEUU

Obviamente, el coronavirus ha demostrado el engaño del sistema de salud de EEUU. Como el candidato presidencial socialista Bernie Sanders dijo en cada discurso: “30,000 estadounidenses mueren cada año esperando en el sistema de salud, debido al costo de éste”. Mientras tanto, grandes compañías farmacéuticas y compañías privadas de seguros de salud cosecharon cien billones de dólares en ganancias, literalmente extrayéndoles la vida a los trabajadores estadounidenses. Durante todo este tiempo, los republicanos venían diciendo que el sistema de salud de EEUU era el “mejor del mundo”, mientras demócratas como el abanderado presidencial Joe Biden señalaba que el sistema necesitaba  ajustes menores, para “expandir Obamacare ([1])”

Somos capitalistas

Ronald Reagan justificó sus ataques a los estándares de vida de la clase trabajadora diciendo que las ganancias irían a chorrear desde la cima hacia abajo. Desde entonces, si los liderazgos de Demócratas y Republicanos han acordado en algo, ello ha sido en la unión detrás del estandarte “Única Alternativa Posible”, de Margaret Tatcher, jurando obediencia al libre Mercado y al 1%. Como indicó la Vocera de los Demócratas en la Cámara de representantes, Nancy Pelosi, “somos capitalistas, así es como funciona”. La senadora progresista Elizabeth Warren es aún más insistente, diciendo que ella es “capitalista hasta los huesos”.

¿Los resultados? El neoliberalismo ha destrozado la vida de la clase trabajadora en EEUU. Los salaries reales son los mismos hoy que en 1970, los que serán conducidos a la baja significativamente en la recesión emergente. El estudiante universitario se gradúa, en promedio, con una deuda de USD$30.000([2]). 2,3 millones de personas están en prisión hoy en día, de quienes el 40% son afroamericanos. Las mujeres ganan solo 82 centavos de dólar comparado con los hombres, en trabajos similares, y 17 veteranos de guerra cometen suicidio cada día. 41% de las personas transgénero, y 54% de las personas transgénero de color, reportan intentos de suicidio. Casi 12 millones de trabajadores no tienen documentos y millones de trabajadores inmigrantes han sido enjaulados y deportados por Obama y Trump, como en toda la última década. Los colegios públicos están radicalmente subfinanciados, al ajuste de casi 2 billones por año. Además, el ingreso mínimo federal se ha mantenido atascado en $7.25 dólares por hora ([3]) por más de una década, aproximadamente 50% menos de lo que significaba en dólares reales en 1970.

Por sobre todo esto, hoy en día la juventud vive aterrorizada por los tiroteos en colegios, el cambio climático y las perspectivas de deterioro económico. Si los adolescentes y veinteañeros de hoy son los nietos del neoliberalismo, entonces son también los hijos de la Gran Recesión …. Y lo saben.

El centro se mantiene, por ahora

Políticamente, Trump rompió el esquema. El ha restablecido la superioridad blanca en las políticas oficiales de los republicanos, cortó en pedazos el régimen de comercio internacional estadounidense, terminó con las “normas” de los EEUU (la real motivación detrás de la destitución fallida de Pelosi), y adoptó una perspectiva de ultra derecha, aislacionista.  

Sin embargo de esto, Republicanos y Demócratas en el Congreso, junto con el mismo Trump, pusieron de lado su Guerra fría para unirse detrás del más grande rescate de la historia, en menos de una semana. Es cierto que se pelearon en algunos márgenes, pero cuando el coronavirus significó una amenaza a los grandes negocios de Wall Street, nunca hubo ninguna duda de que llegarían a un consenso, cuyas bases fueron puestas el 2009, en el rescate de Obama, el que incluyó el programa de $700 billones de Alivio a Activos Problemáticos.

Aunque cuatro veces más grande, el rescate de Trump está construido sobre el mismo centro que el rescate de Obama: $500 billones para el Alivio corporativo, con poca o mínima supervisión. El líder y Senador Republicano Mitch McConnel, sostuvo que la crisis exigía un “nivel inversión en la nación como en tiempos de Guerra”, lo que es bastante cierto, en la medida en que McConnel ve la “nación” como un club de toby de los CEO’s. Mientras tanto, la Reserva Federal ha solicitado proveer a Wall Street y los grandes bancos virtualmente créditos gratis ilimitados, para proteger sus planillas de balances.

Junto al caudal de ayuda a las grandes empresas, el trato dirige USD$100 billones hacia ayuda de emergencia a hospitales y $350 billones a pequeñas empresas, extiende los beneficios para desempleados y aumenta los pagos hasta USD$600 por trabajador – gracias a que Sanders luchó por ello – y se enviará un único cheque de USD$1200 a la mayoría de los trabajadores, con un adicional de USD$500 por cada hijo/a. Sin duda, las medidas de emergencia serán populares en un corto plazo (Trump está apostado su reelección en la generosidad federal), pero como Laia Facet predice respecto a España, “Si el gobierno continua estas políticas de elevado gasto público sin tomar ninguna medida extraordinaria para aumentar los impuestos a las grandes empresas con el objetivo de recaudar dinero, entonces la deuda pública aumentará, y, tal como ocurrió el 2008, volverán a la austeridad para cubrirlo”.

Recuerden, lo que siguió el rescate de Obama no fue un retorno a la prosperidad y un aumento en las condiciones de vida, si no más bien un recorte sin remordimientos a la calidad de vida y la emergencia de Occupy Wall Street. “Los bancos fueron resctados. ¡Nosotros fuimos vendidos!” decía el grito. El uno por ciento está preparándose para repetir el truco nuevamente, pero el 99 por ciento hoy está más enojado, pobre y mejor organizado que entre los años 2009 a 2011, y el sistema de la Única Alternativa posible parece más hueco que nunca.

Socialismo, ayuda mutua y lucha a muerte

Durante la Gran Depresión, el Partido Comunista popularizó el slogan “Lucha o muere de hambre”. Hoy, en todo el mundo, el coronavirus está obligando a los trabajadores a luchar o morir. Las acciones de huelga han proliferado producto de que los trabajadores que no fueron despedidos, fueron obligados a trabajar en condiciones de peligro cada vez más grandes. Los trabajadores han respondido al deseo de tener el país “abierto para Pascua” haciendo viral el #Dontdieforthedow ([4]) y, más importante, yéndose a huelga para demandar que las empresas no esenciales cierren, o que entreguen equipamiento medico de protección necesario para seguir trabajando.  

Muchos jefes corporativos ni siquiera están dispuestos a esperar tanto como Trump. El conductor de envío de encomiendas de UPS, Nick Perry, escribe que “mi empleador ni siquiera está preocupado de la exposición. De hecho, están entusiasmados por todas las oportunidades de negocio que esto traerá… yo interactúo con 75 – 100 personas diariamente; 300 – 500 encomiendas se mueven a diario por mis manos todos los días. Abro quién sabe cuántas manillas de puertas todos los días y toco aún más pasamanos. Dos mil personas se mueven a través de un puesto de guardia en el trabajo, contra el cual tienes que apoyar tu cuerpo, y todo eso está hecho sin ningún cuidado de mi empleador por sanitizar NADA”. Este tipo de imprudencia empresarial ha desatada una ola de huelgas espontáneas en la industria automotriz, agricultura, Amazon, comida rápida (incluyendo Starbucks), transporte público, astilleros navales, extendiendo las lecciones aprendidas de las huelgas de profesoras, enfermeras y trabajadores universitarios de los últimos dos años.

En el mismo tiempo, decenas de millones de gente común y corriente se están estableciendo en grupos de ayuda mutual para asistir a sus vecinos, incluso si están sometidos a cuarentenas u órdenes de “refugio en el lugar”. Con los colegios cerrados, los educadores están trabajando para “robustecer las redes de colaboración y acción colectiva con padres y estudiantes”, continuando con clases online, manteniendo relaciones con sus estudiantes para contrarrestar el aislamiento y el estrés, trabajando de forma conjunta con trabajadores de provisión alimenticia de colegios para repartir decenas de millones de alimentos gratis a estudiantes y sus familias todos los días. En medio de esta emergencia de solidaridad de clase, el crecimiento de las ideas socialistas y la organización solo acelerará.  

¿Puede Bernie vencer las probabilidades?

Todo esto parece ir en contra de la seguidilla de derrotas de Sanders frente a Joe Biden en las primarias del Partido Demócrata a inicios de marzo, pero esto se puede explicar fácilmente.

Mientras que la insistencia de Sanders por Medicare For All (un sistema de pago único), el llamado a cobrar impuestos a los ricos, el fortalecimiento de los sindicatos, el aumento de los salarios y el inicio de un Nuevo Trato Ecológico – todo bajo las banderas del socialismo democrático – han despertado una enorme simpatía, no se han Ganado un activo apoyo mayoría de los marchitos y débiles sectores de centro y derecha. Como se indicaba más arriba, ni siquiera la muy liberal Elizabeth Warren está dispuesta a apoyar a Sanders luego de que se retiró de la Carrera. Entonces, mientras el centro se encuentra dividido entre sí mismo, Sanders logró ganar importantes victorias basado en su popularidad en Iowa, Nuevo Hampshire y Nevada. Sin embargo, una vez que el liderazgo demócrata sacrificó al rebaño y se unió detrás de Biden, Sanders  pasó a ser minoría.

Paradójicamente, los votantes afroamericanos – la médula de las victorias de Biden desde Carolina del Sur en Adelante – han sufrido desproporcionadamente en las manos del Partido demócrata en los últimos treinta años. Sin perjuicio de que la Victoria de Obama simbolizó un golpe contra el racismo, los afroamericanos fueron los últimos en beneficiarse de las políticas neoliberales. Y si Biden por sí mismo inspira poco entusiasmo entre los votantes afroamericanos, haber servido como vicepresidente de Obama aún tiene peso.  Sin embargo, como Keeanga-Yamahtta Taylor explica, el éxito de Biden entre los votantes negros es complejo.

“Para muchos de esos votantes marginalizados, la noción de revolución política [uno de los eslóganes principales de Sanders] es una abstracción cuando ellos aún no han visto ningún movimiento social con reformas significativas. Las luchas de hoy aún son defensivas … recuerda cuando los profesores se fueron a huelga a nivel nacional, ellos lo hicieron principalmente para prevenir mayores ajustes, privatizaciones y ataques en sus condiciones de vida. Black Lives Matter (las Vidas Negras importan) apareció para luchar contra el abuso policial y la violencia, pero fue incapaz de terminar con ella. No importa si esos esfuerzos fueron en vano, pero demuestra la escala de los desafíos para cambiar, sin siquiera preguntarse por transformar, el estátus quo. 

Taylor concluye que “No es que los temas de Bernie sean impopulares – particularmente entre los votantes afroamericanos más jóvenes – pero en este momento pueden parecer irrealizables”.

Entonces, si antes del coronavirus, las políticas de Bernie habían ganado la simpatía de las mayorías, pero no su apoyo activo, ¿qué hacer? La expansión de Biden del Obamacare parece ridícula cuando decenas de millones de personas pierden su Seguro de Salud dependiente del empleo. Y no está ayudando a su causa el desaparecer durante la crisis. La afirmación de Pelosi “somos capitalistas, así es como funciona”, hace aún menos sentido cuando tu jefe está ordenándote que te expongas a la infección para entregar basura de Amazon sin equipo de protección. Además, el llamado de Trump de “abrir para Pascua” pronto será enterrado en la crisis. En contraste, las propuestas de Bernie ahora parecen profecías, y no hay duda que sus constantes prédicas sobre Cuidado de Salud para Todos, Nuevo Trato Ecológico y Revolución Política están ganando millones de nuevos discípulos. Pero ¿será suficiente para dar vuelta la elección?

Es imposible saber qué pasará en las próximas semanas, menos aún los próximos dos o cuatro meses. En una mano, está el problema sobre cómo mantener una campaña durante una pandemia. Más allá, como Biden lleva una estrecha delantera por ahora, el Partido demócrata intentará congelar, o al menos restringir, las restantes elecciones primarias, haciendo que una remontada sea prácticamente imposible. Sin mencionar que la crisis y el rescate (y su naturaleza bipartidista) llevará a la élite del Partido Demócrata a ordenarse detrás de sus empresarios fundadores y líderes de centro. De hecho, si Biden no puede encontrar una camino para presentarse a sí mismo como una alternativa competente, uno ya puede escuchar rumores de una campaña para presentar al Gobernador del Estado de Nueva York Andrew Cuomo para tomar su lugar como candidato del Partido (junto a un río de dinero del millonario Michael Bloomberg). Esto sería más fácil decirlo que hacerlo, y arriesgaría una revuelta por el ejército de adherentes de Sanders.  

Miedo y solidaridad

Quizá un mayor obstáculo para Sanders es la naturaleza misma de la crisis. Millones están enrabiados, pero están también en cuarentena, aislados, y prontamente serán cesantes. No nos Podemos movilizar, ni marchar, ni siquiera Podemos tocar las puertas o ir a los locales de votación. Aún peor, junto a la creciente rabia, está un miedo real (y racional). Y cuando está enfrentado al desastre, el miedo en una escala de masas a veces ensombrece la solidaridad. Esto no quiere decir que esta crisis no producirá una mayor, más organizada, más enraizada izquierda anti capitalista. Ciertamente lo hará. Pero las cuestiones de escala y tiempo importan cuando las políticas socialistas se mueven más allá de los principios y programas, y buscan entrar al campo del poder. Además, cuando cuando prueben ser correctas, puede que no tengamos tiempo para fortalecernos lo suficiente para inspirar una emergencia de la clase trabajadora lo suficientemente potente como para empujar a Bernie al círculo de ganadores. Alguna vez, Trotsky describió de forma bastante útil las dinámicas de la derrota y la confusión bajo distintas circunstancias, “El hecho de que la predicción se haya probado correcta puede atraer a mil, cinco mil o incluso diez mil adherentes a nosotros. Pero para los millones, lo significativo no es el pronostico, sino el hecho de vencer la revolución China” de 1925-27.

Si Trump consigue ganar la reelección en noviembre, deberá su victoria a esta dinámica. De hecho, la apuesta de Trump es que puede regar dinero el sistema de crédito para prevenir que se congele, mientras pide un poco más de crédito para las sobras a repartir entre la población, en tiempo justo para vencer al mediocre Biden (Dormilón Joe, como se burla Trump) en otoño. No es una apuesta imposible, pero no hay garantía hoy de que el paquete de un trillón de dólares calme la marea y las cosas se salgan de control.

Socialistas en el EEUU del Covid – 19

Todo lo que podemos decir con certeza es que no hay vuelta atrás. Los siguientes cinco o diez años determinarán si la rabia que hierve entre millones de trabajadores – especialmente entre una generación a quienes no solo se les está robando el futuro, sino su propia juventud – puede transformar esa emoción en acción, en organización, y en un Partido político que ponga la necesidad humana por sobre la codicia empresarial.

En ese contexto, la emergencia de Socialistas Demócratas de América se avecina enorme. La gran mayoría de los 55.000 miembros de la DSA se unieron en los últimos tres años y la organización tiene todas las dificultades que uno podría esperar de ese explosivo crecimiento. Pero tiene cientos de locales y ramas y grupos de trabajo en los 50 estados. Es abierta y democrática y sus miembros han tomado fuerza de cómo Sander y su selecto grupo de oficiales – incluyendo a Alexandria Ocasio–Cortez, Rashida Tlaib y Ilhan Omar – se han comportando durante esta crisis. DSA crecerá durante esta crisis, no solo como un vehículo vacío en el cual miles buscarán una alternativa que seguir, sino porque miles de miembros se han arrojado a la solidaridad social en campañas de ayuda mutual, están colaborando con trabajadores a tomar acción en el trabajo, y no tienen en ellos el seguir los pasos de Biden o Cuomo o cualquier otro. Ellos seguirán lugando por Sanders, pero como el título del nuevo libro de Meagan Day y Micah Uetrich dice, esto es “más grande que Bernie”.

Durante las próximas semanas e incluso meses, la repuesta al contagio de coronavirus será conducida a escala nacional nacional por los poderes que existan. Nuestro lado sufrirá golpe tras golpe y será difícil encontrar apoyo, incluso donde sea que estemos luchando. Pero mientras luchamos, el movimiento socialista y de clase trabajadora también debe pensar y diseñar un plan sobre cómo unirse detrás de un conjunto de demandas concentradas que nos permitan maximizar nuestra fuerza: ¿Cómo ganamos Cuidado de Salud para Todos en lugar de subsidios para los exámenes de Covid-19 y subsidios para las compañías de seguros médicos? ¿Cómo ganamos un programa de creación de empleos masivo bajo el paraguas de un Nuevo Trato Ecológico en lugar del único cheque de USD$1200? ¿Cómo introducimos solidaridad internacional en nuestra solidaridad social para que el presupuesto del Pentágono sea transferido, sin condiciones, hacia una inversión universal de salud?

El socialismo emergerá de esta crisis como una ponderosa fuerza moral. La diferencia entre la vida y la muerte está en el aprendizaje sobre cómo transformar esa Buena voluntad en victorias concretas, grandes y pequeñas. Esta es la diferencia entre conformarse con un movimiento socialista de disidentes y construir un movimiento socialista con suficientes fuerzas sociales tras él para vencer.

Traducción para Convergencia Medios por Esteban Spencer.

[1]  (N. del T.) Obamacare es el término simplificado para la Ley de Protección de Pacientes y Cuidado Accesible, impulsada por el presidente Obama para expander el acceso y cobertura del sistema de salud estadounidense.

[2] (N. del T.) Con el dólar a 835 pesos chilenos, para el 4 de abril del 2020, USD30.000 equivalen a $25.965.000 pesos chilenos.

[3] (N. del T.) $6.274 pesos chilenos, según los mismos cálculos.

[4] (N. del T.) “No mueras por el Dow”, haciendo referencia al indicador bursátil Dow Jones.

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Autor entrada: Convergencia Medios

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