Entre la peste del capitalismo y las alternativas que emergen desde los movimientos sociales 6 Abril 2020

Por Nicolás Quiroz Sandivari *

La crisis sanitaria del coronavirus (COVID-19) deja en evidencia que históricamente el modelo capitalista presenta contradicciones y profundas desigualdades sociales en la relación capita- trabajo y naturaleza. La humanidad ha estado en crisis en innumerables ocasiones, lo que se ha evidenciado en cómo pueblos enteros se han visto afectados por situaciones de propagación de enfermedades, lógicas de sometimiento desde los imperios y procesos de colonización; generándose en todas estas, una sensación de apocalipsis.

En la actualidad, el capitalismo está evidenciando una vez más sus problemas estructurales, los procesos de acumulación de carácter extractivista están cruzando el límite de capacidad que tiene la naturaleza para regenerarse a sí misma, para la reproducción de la vida, negando la posibilidad de que la humanidad o toda forma de vida pueda seguir su curso. Al respecto de esto, Murray Bookchin un relevante militante de la ecología social nos señala:

“Vivimos bajo la constante amenaza de que el mundo de la vida será irrevocablemente socavado por una sociedad enloquecida en su necesidad de crecer, reemplazando lo orgánico por lo inorgánico, el suelo por el cemento, los bosques por la tierra baldía, y la diversidad de las formas de vida por los ecosistemas simplificados; en resumen, un retroceso en el reloj evolutivo a un mundo anterior, más inorgánico, mineralizado, incapaz de sustentar formas de vida complejas de cualquier tipo, incluyendo la especie humana”[1]

En este sentido, no solo se necesita tener una visión anticapitalista para generar una crítica al modelo basado en el crecimiento económico, sino que las visiones desde el mismo sistema han puesto en alerta el camino sin retorno que está tomando la humanidad con está dinámica de hiper consumo social.

Los informes del Panel Intergubenamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) son lapidarios; bajo la actual forma de producción y consumo, las emisiones de gases de efectos invernadero han provocado que las temperaturas promedio a nivel global cada vez sean más altas. Así mismo, el estudio del IPCC señala que si se llega a superar los 2.0 grados celcius promedio a nivel planetario, habrán ecosistemas que estarían sin ninguna capacidad de poder reproducirse[2]. Por lo tanto, las formas de vida complejas que habitan esos ecosistemas no podrán continuar viviendo, incluyendo entre estos a les seres humanos.

Ahora, ¿Qué evidencia el COVID-19 en está crisis estructural que estamos viviendo? Primero, evidencia una crisis sanitaria, demostrando que la inversión en tecnologías y avances científicos no ha estado orientada hacia el bienestar social, ni ha sido en pos de la vida, sino más bien ha privilegiado los intereses del mercado -entre oferta y demanda- en torno a la salud.

Segundo, la crisis que provoca el COVID-19 es un efecto de ecosistemas que han perdido los equilibrios entre las comunidades que habitan los territorios y la misma naturaleza. Las enfermedades, virus, bacterias, entre otros, se transforman en pandemias por la incapacidad que tiene el modelo Capitalista de generar ecosistemas saludables en torno a la biodiversidad de cultivos, flora, fauna y buen vivir de la población, simplificando a los ecosistemas que no logran contener enfermedades biológicas y/o sociales.

El panorama actual es desolador, la incertidumbre que genera la salida de esta crisis no solo tiene que ver con el aspecto sanitario, sino que también con factores sociales y económicos. Muchas y muchos autores del ámbito académico levantan grandes análisis para poder entender el actual periodo y vaticinar los cambios sociales, económicos, políticos y culturales que se manifestarán después de esta coyuntura. Algunas/os plantean que el coronavirus puede generar las condiciones para una reprogramación del capitalismo a escala planetaria, las crisis actual de este modelo puede ser perfectamente un reseteo de la economía mundial, reestructurando y comenzando nuevos procesos de acumulación. Algunos/as autores plantean que este período se caracteriza por el comienzo de la 4º revolución industrial donde “La convergencia de los conocimientos científicos y tecnológicos de última generación (genoma humano, nanotecnología, conexión 5G, inteligencia artificial, big data, robótica, neuronas digitales, biología digital) abrieron paso a la construcción de un curso hacia la cuarta revolución industrial”.[3]

En definitiva, el modelo económico imperante hace algunas décadas (a través de la globalización y mundialización) está instalando nuevos patrones culturales en las sociedades, donde el contacto físico y social no es necesario para el consumo y el crecimiento económico. Sin duda, que esto derivará al desarrollo de nuevos mecanismos de coerción y dominación, lógicas que el Capitalismo por esencia lleva en su ADN.

Si bien la incertidumbre acecha, la certeza que sí tenemos, es que hay una guerra comercial de magnitud planetaria, como en el anterior período imperialista y colonialista de fines del siglo XIX que desembocó en la inauguración del siglo de “las catástrofes” a partir de la “Primera Guerra Mundial”. En la actual guerra comercial Estados Unidos necesita a toda costa neutralizar el liderazgo de China en cuatro áreas: la fabricación de teléfonos móviles, las telecomunicaciones de quinta generación (inteligencia artificial), los automóviles eléctricos y las energías renovables[4].

A partir de los indicadores que nos arroja el actual período, nos encontramos ante dos caminos posibles en esta crisis mundial, que ha dejado a las economías prácticamente en el suelo. Primero, puede que el Capitalismo se reestructure y que comiencen nuevas formas de dominación y de acumulación de Capital como se mencionó anteriormente. Y segundo, que las alternativas a esto comiencen a emerger desde los movimientos sociales, siendo estas organizaciones y actorías quienes tengan la posibilidad de generar un cambio de paradigma en las formas de relacionarnos entre las sociedades y la naturaleza, conduciendo a la humanidad hacia un proceso de democratización en todos los aspectos de la vida. En este sentido, tenemos que ver cuáles son las posibilidades reales que tienen los movimientos sociales de instalar nuevos paradigmas y nuevas formas de producción y reproducción de la vida.

Las alternativas: Ahora más necesarias que nunca

Bajo esta crisis actual, la sociedad se ha modificado en cosas de semanas. El modelo capitalista ha mostrado lo peor de sí, ha evidenciado la inseguridad y el pánico que  se puede generar a escala global. La idea de ciertas formas de consumo se comienzan a derrumbar para algunos sectores sociales, al no tener éstos accesos a los grandes espacios de los Mall o Centros Comerciales (esos “no lugares”, como diría Marc Augé) y ese consumo que estaba basado en la interacción humana se traslada a la compra online desde el hogar. Nos vemos también ante el descubrimiento que lo esencial para la vida son los artículos básicos que nos permiten satisfacer nuestras necesidades fisiológicas. Ahora vemos que el mundo entero se da cuenta que es más necesario tener un refrigerador lleno de alimentos para afrontar una cuarentena a artículos que responden a necesidades creadas por el mercado.

Por lo tanto, la alimentación y los bienes que provienen del sector primario toman mayor relevancia para un mundo que puso artículos y servicios de menor necesidad basado en el plástico y en las grandes emisiones de CO2 que producen hacia el planeta. Estas formas de producción y de consumo han sido la crítica permanente que han visibilizado los movimientos sociales ante un modelo que tiene un carácter extractivista, patriarcal, financiero y neoliberal.

Los movimientos sociales y su importancia para el devenir del mundo juegan hoy un rol clave. El historiador Mario Garcés nos señala que los movimientos “se movilizan y hacen visible no solo su malestar con relación a la desigualdad social y la institucionalidad en su conjunto, sino que expresan su voluntad y su deseo de generar nuevas relaciones de poder, desde el ejercicio directo de la soberanía popular, horizontal y democrática”[5]. En este sentido, en las últimas décadas la lucha de muchos movimientos sociales se ha enfocado en la recuperación de los derechos sociales fundamentales que han sido usurpados por el modelo neoliberal, así como también la construcción de nuevas alternativas al modelo ya existente, que incluyan dentro de sí procesos de recuperación de bienes comunes y estrategias para contrarrestar o eliminar las estructuras patriarcales.

El extractivismo y la crisis climática han llevado a los movimientos (sobre todo desde el área socioambiental y de agroecologica) a plantear alternativas que permitan superar esta barbarie humanitaria. La Vía Campesina nos señala “Si cambiamos el modelo juntas/os podemos enfriar el planeta y restaurar los ciclos del ecosistema”[6].

Una parte importante de los movimientos sociales han planteado alternativas concretas de modos de producción que son sostenibles con la naturaleza y las sociedades. Es por esto, que en estas últimas décadas movimientos y organizaciones sociales que se dedican o trabajan en temas como la agroecología, soberanía alimentaria o permacultura cada vez han tenido mayor visibilidad. Éstos no sólo plantean una nueva forma de producción en equilibrio con el medio ambiente, sino que también proponen nuevas relaciones de poder al interior de las comunidades. Ejemplos de movimientos que trabajan estos temas hay muchos, pero tomando un solo ejemplo como la CLOC-La Vía Campesina ha logrado articular una red de experiencias entre organizaciones campesinas y productivas del mundo que proponen temas más allá de lo productivo, y plantean una forma de repensar los modos de organización de las sociedades, desde una fuerte base democrática y procesos de partipación social directa.

Con respecto a esto, La Vía Campesina que ha sido un movimiento que lleva décadas trabajando y articulando a organizaciones del campo, es clara en sus objetivos estrategicos los cuales se orientan a alcanzar una reforma Agraria Integral y Popular. Para La Vía Campesina la lucha por la tierra no se reduce exclusivamente al derecho de las personas a la tenencia de la misma sino que plantea una proyecto integral anteponiendo lo derechos humanos y la liberación de imposiciones colonialistas, capitalistas y patriarcales en las familias de campesinas/os, obrera/os y pueblos originarios[7].

Esta reforma Agraria Integral y Popular consiste principalmente en democratizar la tierra garantizando el derecho de las/os trabajadoras/es para acceder a la tierra, para vivir y producir en ella, facilitando los mecanismos de acceso a la tierra para todas las familias y garantizar el reconocimiento y restitución de territorios de los pueblos indígenas. ¿Cómo desarrollar este proceso? Expropiando todas las tierras que no cumplen su función social, así como las tierras de las corporaciones para el asentamiento de las familias sin tierra, estableciendo una nueva organización de la producción agrícola con el objetivo de construir soberanía alimentaria, promoviendo la agroecología como principio y forma de vida. En este sentido el rol que debe tener el Estado es garantizar y promover políticas que regulen los mercados y favorezcan el trabajo comunitario, cooperativo y asociativo para hacer frente a los grandes monopolios y corporaciones agroalimentarias, prohibiendo toda forma de propiedad intelectual, control de semillas y bienes comunes.

Por lo tanto, estos movimientos y organizaciones que han desarrollado un trabajo productivo-político durante todos estos años en los territorios, han profundizado procesos de transición agroecológica como alternativa ante la desventaja que genera el monopolio de la agroindustria y agronegocios. La recuperación de los bienes comunes, el rescate de la semilla nativa y el diseño de biodiversidad de cultivos han sido las principales apuestas para producir alimentos sanos en ecosistemas equilibrados.

En este sentido, la agroecología como experiencia Latinoamericana y de los pueblos originarios pasa a jugar un rol clave en la restauración de los ecosistemas, ya que la agroecología contiene “un enfoque de la agricultura más ligado al medio ambiente y más sensible socialmente; centrada no sólo en la producción sino también en la sostenibilidad ecológica del sistema de producción. A esto podría llamarse el uso «normativo» o «prescriptivo» del término agroecología, porque implica un número de características sobre la sociedad y la producción que van mucho más allá de los límites del predio agrícola”[8].

Los proyectos de transición agroecológica se conciben como un nuevo modo de producción en equilibrio con el medio ambiente, pero también como una apuesta política en el actual escenario extractivista, que en países como Chile pueden promover la construcción de una estrategia para recuperar los bienes comunes y restaurar los ecosistemas, ante este modo de producción capitalista que ha provocado la crisis climática que ya conocemos y la perdida de la biodiversidad.

Organizaciones como la Escuela de Agroecología Germinar de la provincia de Petorca o la Confederación Nacional de Asociaciones Gremiales y Organizaciones de Pequeños Productores Campesinos de Chile, CONAPROCH, plantean como objetivos principales comenzar procesos de transición productiva, que proponen iniciar una reconversión de las prácticas agrícolas de los pequeños y pequeñas campesinas, quienes en la actualidad se ven atrapados por las trampas de las políticas públicas, que promueven los monocultivos.

Estas apuestas políticas se refieren a instalar un nuevo poder popular que está emergiendo en este periodo político, tanto a nivel nacional, como también latinoamericano y mundial. Tendrán mucho que aportar los instrumentos propios del pueblo como lo han sido los comités agrícolas, cooperativas agrícolas, asociaciones gremiales, federaciones y confederaciones a nivel rural, mientras que en las ciudades tendrán mayor importancia las cooperativas de consumo, el “comprando juntos”, las huertas urbanas, las redes de abastecimiento solidario. Todos estos instrumentos son necesarios para articular una alternativa para el campo y la ciudad en el contexto actual.

Lo más probable es que estas experiencias vayan acompañadas de procesos que ya hace años se estaban desarrollando, como por ejemplo la busqueda de nuevas formas de comercialización para enfrentar el modelo exportador, buscando circuitos cortos de comercialización que implementen una producción y consumo que baje la huella de carbono acabando con la especulación del mercado y los intermediarios, donde el productor y el consumidor puedan tener un contacto estrecho y un conocimiento acabado de como se produce, valorando el trabajo realizado y obteniendo alimentos libres de agrótoxicos y fertilizantes sintéticos. Este proceso va de la mano con nuevas formas de concepción de la producción y el consumo que tienen que pasar a la administración directa de las comunidades, alcanzando experiencias profundamente democráticas en los espacios deliberativos que existen en las diferentes organizaciones que se vinculan con estos proyectos.

Estas experiencias y el poder popular que pueda llegar a emerger, tendrán un largo camino que recorrer, pero se condice con los cambios que el mundo necesita para conservar la vida y alcanzar un buen vivir para las comunidades y la naturaleza. Necesitamos como movimiento social generar alternativas al capitalismo que sean reales, y desde un trabajo territorial basado en la formación y en la articulación de organizaciones con un fuerte componente reivindicativo, que nos llevé finalmente a la construcción de una sociedad más justa e igualitaria. La superación de este sistema sistema que actualmente ha demostrado su obsolencia e insanidad, sólo será posible desde un cambio de paradigma que esté en concordancia con los equilibrios de la naturaleza y su relación ármonica con la humanidad.

Camila Zaráte vocera del Movimiento por el Agua y los Territorios MAT de Chile ha señalado que como movimiento hemos planteado un cambio al modelo, ya que sabemos que es insostenible. Es una aberración que los ríos estén siendo rematados. Necesitamos que se derogue el Código del Aguas. Vamos a instalar una nueva ley de suelos y una nueva ley de aguas, para poder establecer la importancia de los ciclos del agua, y se reconozcan otras formas de gestionar el agua, tal como es la gestión comunitaria”[9]Continuando con esta línea Francisca Fernandez también integrante del MAT nos señala que  Como MAT nos posicionamos como anticapitalistas, anti-extractivistas, siendo necesario denunciar el capitalismo verde, señalando que la alternativa al extractivismo es posible, desde las economías locales, territoriales y solidarias[10]

Esta lucha de recuperación de los bienes comunes y de instalar las alternativas en una sociedad en crisis, hace al movimiento social con sus diversas demandas como los encargados y responsables de poder fecundar una sociedad nueva. El actual modelo capitalista ha demostrado que no tiene en sí alternativas ante la barbarie que estamos viviendo. Boaventura de Souza nos señala que “La idea conservadora de que no hay alternativa al modo de vida impuesto por el hipercapitalismo en el que vivimos se desmorona. Se hace evidente que no hay alternativas porque el sistema político democrático se vio obligado a dejar de discutir las alternativas”[11].

El actual modelo capitalista, que es de carácter monoproductor, agroexportador, extractivista, neoliberal y todas sus denominaciones posibles, lleva en sí  mismo una maquinaria de muerte que se demuestra ante la actual crisis sanitaria, pero también ante las innumerables guerras desarrollarradas en los últimos 100 años, ante la constante extinsión de formas de vida ancestrales, de hambrunas en diferentes partes del mundo, del agotamiento de los bienes comunes, la proliferación de enfermedades de todo tipo, el hacinamiento y pobreza urbana en los contextos de las ciudades; el estrés, ansiedad y depresión como sintomas recurrentes de los seres humanos que viven en condiciones que el sistema económico y político a impuesto.

De cara a los planteamientos desarrollados anteriormente ¿Por qué hablar de alternativas y nombrar a la agroecología y soberanía alimentaria como ejes de cambio social? Porque efectivamente ante la crisis planetaria actual se nos demuestra la necesidad que tenemos como especie humana de volver a conectarnos con la tierra, de recuperar la vida para las comunidades y la naturaleza.

Es fundamental construir una nueva sociedad con base económica democrática y justa, donde se prioricen las necesidades básicas que tenemos como personas para poder vivir bien, enfatizando la recuperación de los derechos sobre los intereses de mercado. Esta recuperación de los derechos y los bienes comunes generan lazos identitarios y afectivos que cohesionan a las comunidades, alcanzando así procesos educativos que promueven el desarrollo y la creatividad del ser humano, promoviendo la ciencia y la técnología al servicio de la vida. Bookchin nos plantea que “nuevos programas y una nueva política deben estructurarse en torno al ambiente inmediato del individuo -sus condiciones habitacionales, problemas barriales, medios de transporte, condiciones económicas, asuntos de contaminación y condiciones laborales-. El poder debe ser desplazado persistentemente a los barrios y las municipalidades en los forma de centros comunitarios, cooperativas, centros ocupacionales y, en última instancia, asambleas ciudadanas”[12].

Si los movimientos sociales no dan un salto cualitativo en la disputa del poder y no avanzan hacia una profundización de sus practicas (que han desarrollado por décadas, pero en la esfera de la micropolítica), la humanidad entera sucumbirá ante la barbarie capitalista, donde las películas de ciencia ficción (y su distopías) estarían convirtiendose en realidad a la vuelta de la esquina.

[1] Murray Bookchin, “Rehacer la sociedad, senderos hacia un futuro verde”, LOM ediciones, 2012 pág 30.

[2] https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/sites/2/2019/09/IPCC-Special-Report-1.5-SPM_es.pdf

[3] Luis Bonilla-MolinaEn casa y sin tocar a los otros: coronavirus o reingeniería social a escala planetariahttps://luisbonillamolina.wordpress.com/2020/03/16/en-casa-y-sin-tocar-a-los-otros-coronavirus-o-reingenieria-social-a-escala-planetaria/

[4] Boaventura de Sousa SantosCoronavirus: todo lo sólido se desvanece en el aire

https://www.pagina12.com.ar/253465-coronavirus-todo-lo-solido-se-desvanece-en-el-aire

[5] Mario Gárces, Crónica de una revuelta anunciada, 5 de marzo 2020. http://www.ongeco.cl/cronica-de-una-revuelta-anunciada/

[6] Ver campaña Vía Campesina “Juntos podemos enfriar el planeta” https://www.youtube.com/watch?v=5m1_WaYG6Ws

[7] Cartilla Congreso CLOC Chile, “Desde el Territorio, Unidad, Lucha y Resistencia por el Socialismo y la Soberanía de los Pueblos”, 2 al 4 mayo 2019, pág 30 y 31.

[8] Miguel Altieri, Agroecología: Bases científicas para una agricultura sustentable, Editorial Nordan– Comunidad, Montevideo, 1999, pág 17.

[9] Camila Zárate, vocera del MAT Zonal Centro: “La nueva Constitución debe garantizar el agua como derecho humano y de la Naturaleza”, 21 enero 2020. http://olca.cl/articulo/nota.php?id=107738 .

[10] Francisca Fernández, Integrante del MAT y de la Coordinadora Feminista 8M, “Movimiento por el Agua y los Territorios ante el proceso constituyente en Chile” https://www.mapuexpress.org/2019/12/06/movimiento-por-el-agua-y-los-territorios-ante-el-proceso-constituyente-en-chile/

[11] Boaventura de Sousa Santos, Coronavirus: todo lo sólido se desvanece en el aire

https://www.pagina12.com.ar/253465-coronavirus-todo-lo-solido-se-desvanece-en-el-aire

[12] Murray Bookchin, “Rehacer la sociedad, senderos hacia un futuro verde”, LOM ediciones, 2012 pág 190.

* Licenciado en Historia y Ciencias Sociales; Miembro Escuela de Agroecología Germinar, Provincia de Petorca; Integrante Movimiento por el Agua y los Territorios (MAT).

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Autor entrada: Convergencia Medios

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