1º de mayo en Chile: entre la pandemia y el momento constituyente

Alberto Ormeño, encargado político Convergencia 2 de abril

8 horas de trabajo, 8 horas de esparcimiento y 8 horas de descanso, fue la demanda que costó la vida de los mártires de Chicago, y que hoy en plena pandemia, trabajando mucho más de 8 horas mediante teletrabajo, con la angustia de tener el contrato de trabajo suspendido o de arriesgarse a salir para “hacer el día”, sigue teniendo vigencia.  En el Chile actual, la jornada de trabajo excede con creces las 8 horas, ya que sin horas extraordinarias -cuando se pagan- los sueldos no alcanzan; ésta es solo una razón más, de la larga lista de injusticias, que se acumularon durante 30 años de neoliberalismo impune y que terminaron dando lugar -post 18 de octubre- a un verdadero momento destituyente que hoy nos tiene ante una coyuntura constituyente abierta.

En ese orden, hace tan solo unos días debía realizarse el plebiscito por el cual se decidía si queríamos una nueva Constitución Política y el mecanismo para debatir su contenido, todo ello a la medida del traje impuesto por el partido del orden en el Acuerdo de Paz y Nueva Constitución. Tal concesión, se otorgaba luego de las históricas jornadas de protesta popular inauguradas el 18 de octubre pasado y que con el correr de los días cuestionaron -como nunca en las últimas décadas- el modelo del cual el empresariado chileno y sus representantes políticos se ufanaron por años. La revuelta popular chilena no es una mera manifestación por una demanda específica, sino que el cuestionamiento total del modelo, del Estado subsidiario y de la clase social que los sustenta. Las clases subalternas hacían Historia y el espejismo del oasis chileno se acababa súbitamente.

A mediados de marzo, con la llegada del Covid-19 la protesta se ralentiza, y si bien la revuelta social a esas alturas se había transformado más bien en episodios específicos y puntuales de protesta, el Pueblo y las fuerzas de izquierda se preparaban para continuar la lucha por una Asamblea Constituyente libre, soberana, plurinacional y feminista, rebalsado así los estrechos márgenes del Acuerdo de Paz y Nueva Constitución. Varias organizaciones postulamos que el plebiscito suspendido debía plantearse de esa manera, tan solo como un paso más para la continuidad de la lucha, y mantener así la coyuntura constituyente abierta.

Todo lo anterior se mantiene en suspenso, en una tensa calma; con todo, ya se ven distintas manifestaciones a lo largo y ancho del país, que muestran el ánimo de continuar con lo que la pandemia truncó. 

En este contexto nos corresponde conmemorar un nuevo 1º de mayo, día de celebración para la clase trabajadora, y que este año cobra especial relevancia en nuestro país dado que estamos frente a la oportunidad de transformar las relaciones laborales heredadas del Plan Laboral y que se consagran igualmente en la Constitución Política del 80’.

Ahora, ¿con qué fuerzas enfrentamos la coyuntura constituyente? A octubre de 2019, había un 21,7% de trabajadores y trabajadoras sindicalizadas del sector privado.[1] Si bien el porcentaje ha aumentado luego de la Reforma Laboral vigente desde 2017, estos números deben contrastarse con la realidad de las organizaciones sindicales del país: baja afiliación, disminuido poder de negociación y obligadas por la legislación a representar a sus socios y socias tan solo en el marco de la unidad empresarial, prohibiendo la negociación colectiva ramal o por grupo de empresas. Esto se expresa en que al 2014 (fecha de la última Encuesta Laboral-ENCLA) la cantidad de empresas con instrumento colectivo era apenas un 5,8%.[2] Sumado a lo anterior, es necesario recalcar que la tasa de ocupación informal llega casi a un tercio (28,6%)[3] de la fuerza laboral; es decir, aquella que carece de contrato de trabajo y de acceso a la seguridad social, y que menos aún puede organizarse bajo las formas sindicales tradicionales. Situación relevante en el diagnóstico es la de las mujeres trabajadoras, que en el contexto actual deben asumir en su inmensa mayoría no solo las labores de trabajo remuneradas, sino también las de trabajo doméstico y de cuidado, intensificadas en el contexto de pandemia, viéndose obligadas a desarrollar hasta 3 labores distintas. Este aspecto debe ser considerado de manera central en la elaboración programática y de plataformas de lucha.[4]

Lo anterior entonces, marca la realidad con la cual la clase trabajadora enfrenta la coyuntura constituyente y, por si fuera poco, la ofensiva del empresariado y su gobierno durante la pandemia, a través de dictámenes de la Dirección del Trabajo y de una serie de leyes que delegan el peso de la crisis en los hombros de quienes viven de su trabajo. Por su parte, la burocracia sindical que fue cómplice en gran parte de esta realidad, con dirigentes funcionales al periodo político transicional y cuyo papel fue en muchas ocasiones conciliar con el bloque en el poder, hoy se encuentra caduca política y socialmente. De ello resulta urgente la transformación y superación de las organizaciones sindicales y de representación de trabajadores/as en general, que den paso a nuevas vocerías sindicales y de los trabajadores/as para afrontar el nuevo período político constituyente abierto el 18-O. No es casualidad en este orden de ideas, que en la revuelta popular la presencia de las organizaciones sindicales fuera mínima, salvo honrosas excepciones. Ello debe ser revertido prontamente, la participación de las organizaciones sindicales, especialmente de las organizaciones de trabajadores/as de las áreas estratégicas de la producción, es vital para lograr las transformaciones sociales que hoy están en juego.

            El foco por tanto en este 1º de mayo debiese estar por un lado, en la denuncia a la política criminal del gobierno de Piñera, cuyo objetivo central en la emergencia sanitaria ha sido resguardar las utilidades del empresariado garantizando la continuidad de la producción y el consumo, a costa de la salud e integridad de los trabajadores/as; y por otro, el desafío de las organizaciones de trabajadores y trabajadoras ante la coyuntura constituyente,  que impone una tarea gigante: la construcción de espacios de encuentro y debate que permitan la elaboración programática para pensar las nuevas relaciones laborales que queremos y superen la realidad actual, además de dotarnos de nuevas representaciones sindicales, honestas y luchadoras para el nuevo periodo político. Esta tarea es de largo aliento, pero debe iniciarse prontamente para que el traje mezquino hecho a la medida del partido del orden –Acuerdo de Paz y nueva Constitución- termine siendo un traje popular para las amplias mayorías -Asamblea Constituyente soberana, plurinacional y feminista-, que agilice y facilite el seguir caminando hacia la conquista del poder de los y las trabajadoras.  

 

[1] Revista de Coyuntura Laboral, Nº 5, diciembre 2019. Dirección del Trabajo.  https://www.dt.gob.cl/portal/1629/articles-117923_archivo_01.pdf. Cabe destacar que desde 2016 el indicador para las trabajadoras ha crecido sostenidamente, llegando a 22%, superando la afiliación sindical de hombres (19,8%).

[2] Encuesta Laboral-ENCLA. Dirección del Trabajo. https://www.dt.gob.cl/portal/1629/articles-108317_recurso_1.pdf

[3] Estadísticas de informalidad laboral (EFM 2019). INE. https://www.ine.cl/docs/default-source/informalidad-y-condiciones-laborales/publicaciones-y-anuarios/publicaciones/estad%C3%ADsticas-de-informalidad-laboral-2019.pdf?sfvrsn=749dd8f4_3

[4] “Las mujeres ocupadas trabajan, en promedio, 41 horas a la semana en tareas de trabajo no remunerado. Es decir, una jornada laboral más por semana, en comparación a las 19,9 horas de los hombres. Las mujeres desocupadas e inactivas trabajan 49,8  y  43,6  horas, respectivamente,  en  comparación  con  las  24,4  y  17,8  horas  que  usan  los  hombres.  Esto comprueba una doble jornada femenina y una marcada división sexual del trabajo en un área productiva y reproductiva plenamente invisibilizada”. No es amor, es trabajo no pagado. Un análisis del trabajo de las mujeres en Chile actual. Fundación Sol. Marzo 2020. http://www.fundacionsol.cl/wp-content/uploads/2020/03/No-es-amor-es-trabajo-no-pagado-2020.pdf

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Autor entrada: Convergencia Medios

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