Piñera y el mal Gobierno

Por Pablo Cossio*

«y el mal gobierno grita soberbia y tapa con cañones sus oídos.

y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos.

y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos».

Declaración el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), subcomandante Marcos.

Los Zapatistas usan el término mal gobierno para referirse a la desidia de los gobernantes, si bien no esperan nada de ellos, saben que tienen obligaciones hacia el conjunto del pueblo, son los que ocupan el poder y que venden el país al mejor postor, saben que contra ellos hay que ir.

Piñera desde sus primeros años como gobernante de Chile, allá por el 2010, ya vestía los trapos de un mal gobierno. Un presidente de familia adinerada, educado en EEUU y con vínculos carnales con la dictadura cívico-militar-eclesiástica que golpeó al país en 1973. Piñera y su familia (hijos y creadores del modelo neoliberal Chileno), siempre tuvo la etiqueta para ser llamado un mal gobierno. Sin embargo, gran parte de la población tardó años, y décadas, en darse cuenta. Por suerte, desde el 18 de octubre del 2019 salió a la luz la verdad de este nefasto, inepto y criminal, mal gobierno.

A esta altura del partido, no se pueden usar términos blandos ni formales para referirse al gobierno de Sebastián Piñera. En medio de una crisis pandémica global, las medidas de su gobierno frente al Covid-19 son extremadamente preocupantes y demuestran una falta de amor y responsabilidad hacia el pueblo chileno. Volviendo atrás, porque debemos tener memoria, a la fecha van 5 meses desde el estallido social, Piñera y sus ministros -y ex-ministros como Chadwick- se han encargado de declarar Estados de Emergencia con fines políticos, detener a más de 2500 personas por protestar, mutilar los ojos a más de 400 personas y quitar la vida a cerca de 40. Estas cifras trágicas son consecuencia de una sola razón: la defensa política del modelo neoliberal y la constitución de Pinochet.

El Covid-19 hizo sonar nuevamente las campanas del lenguaje militar: el gobierno civil de Piñera declaró toque de queda para enfrentar la crisis sanitaria y social que azota al país. Mediante la convocatoria a un Estado de catástrofe dio poder a los militares para controlar las zonas catalogadas como estratégicas. Vale preguntarse, ¿por qué llamar a un toque de queda si gran parte de los países afectados por la pandemia han convocado a cuarentenas obligatorias a nivel nacional, paralización de los puestos de trabajo, del transporte y de los principales centros de aglomeración?. ¿Por qué? Porque el gobierno chileno, por un lado, viene atravesando una crisis de institucionalidad política muy severa que en dos oportunidades estuvo a punto de tumbar al gobierno: en noviembre cuando se firmó el acuerdo por la paz y a comienzos de marzo cuando se acrecentaban las protestas. El Covid-19 fue un salvavidas para Piñera, pero también puede ser su nuevo talón de aquiles. Las medidas adoptadas, y acá va otro punto que explica las políticas implementadas, carecen de orientación sanitaria, no tienen vocación de salud pública, al contrario.

Veamos, hay crisis sanitaria y se declara toque de queda, usan políticas exclusivamente militares para enfrentar una cuestión de salud pública. ¿Por qué? nuevamente tiene una explicación política, Piñera y el gobierno entienden que deben cesar las protestas y la aglomeración de gente para cuidar y salvar a su gobierno. En ningún caso entiende la urgencia de la situación, y peor aún priorizan no seguir perdiendo puntos del PBI antes que paralizar al país. El transporte sigue, la vida sigue, y el pueblo se sigue moviendo para conseguir el pan necesario de cada día. El pueblo se sigue movilizando y se sigue contaminando. Las políticas sanitarias siguen siendo clasistas, ya que defienden los intereses de los afortunados del modelo neoliberal chileno. Pero el pueblo sufrirá nuevamente las consecuencias de un mal gobierno, de varios malos gobiernos, los cuales se encargaron de privatizar la vida y la salud pública. Esta es la nueva bisagra que se abre para los pueblos de Chile: la salud como derecho humano, la disputa por la salud pública y comunitaria. 

Hay que echar al mal gobierno, de lo contrario, enfermará aún más a nuestro pueblo. Piñera es, en términos coloquiales, un mono con navajas.

*Sociólogo Chileno residente en Argentina. Integrante de la asamblea de chilenxs en BsAs y del Bloque de Trabajadorxs Migrantes

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Autor entrada: Convergencia Medios

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