La pandemia y la crisis en desarrollo: Lecturas y proyecciones en torno a la coyuntura del Covid-19

Por Convergencia 2 de Abril
Marzo de 2020

I. Análisis internacional
Pocas veces un análisis de coyuntura está marcado transversalmente por un tema, salvo, en tiempos de crisis como es el que estamos viviendo en este momento.

Contexto global. La pandemia del COVID-19 ha marcado la pauta este mes y no se avizora una pronta solución, los mercados ya acusaron el golpe, y el fantasma de la recesión nuevamente aparece a nivel global. Europa ha sido especialmente golpeada en este sentido: Francia y Alemania registran caídas sin precedentes en su actividad privada e Inglaterra se está contrayendo a un ritmo récord, más rápido que durante la crisis financiera de 2008-09(1). Sin embargo, lo más terrible en costos humanos es la crisis sanitaria que vive Italia y España, que devela la urgencia de tomar medidas de prevención a tiempo so pena de desencadenar efectos desastrosos; lo que ha llevado al menos en el sur de Italia a revueltas de la población angustiada por bienes de primera necesidad, y al jefe de gobierno español, Pedro Sánchez, clamar por un nuevo “Plan Marshall” para enfrentar la crisis económica que se avecina. En este contexto, Inglaterra, Alemania e Italia están considerando rastrear el movimiento de infectados de COVID-19 vía celulares para detener la epidemia; medida polémica, invasiva y atentatoria de los DDHH, que ya ha sido utilizada en China, Taiwán Hong Kong, Corea del Sur y Singapur.
Por su parte, en Asia, China anuncia que levantará la cuarentena en Wuhan el próximo 8 de abril, noticia que momentáneamente generó un repunte en las bolsas mundiales, pero dada la fragilidad de la economía actual esto no marca ninguna tendencia. Es más, el costo para China de superar la pandemia será histórico. Las predicciones para el crecimiento del PIB en el primer trimestre del año apuntan a que la economía china sufrirá un retroceso histórico. Si se cumplen los augurios, el resultado será negativo por primera vez en casi medio siglo.(2) Esto es del todo importante para Latinoamérica y especialmente Chile, por constituir el gigante asiático el principal comprador de cobre. Es más, el precio del cobre ya ha retrocedido en medio de esta crisis, proyectándose a US$ 2 la libra en los próximos meses.
En América el avance de la pandemia ya es preocupante. EEUU ya es el país con más contagiados, concentrándose estos especialmente en Nueva York. Trump, ante el temor de la recesión ya ha llamado a suavizar las medidas de prevención, incluso cuestionando la efectividad del distanciamiento social. Todo esto es muestra del mal manejo de la crisis de la administración Trump, quien hace solo días caricaturizaba la situación llamando a la emergencia como el “virus chino” -situación similar sucede en Brasil, donde Bolsonaro se refiere a la pandemia como “un simple resfriado”-. Por ahora, el senado estadounidense aprobó un plan de estímulos de 2,2 billones de dólares, para amortiguar los efectos del coronavirus, que viene a ser el mayor plan de rescate económico en la historia del país, el plan incluye ayudas directas a familias, ampliación de coberturas al desempleo, préstamos blandos a empresas e inyección de fondos a ciudades para la compra de infraestructura para enfrentar la pandemia; plan distinto al original, modificado por la presión de la oposición que acusó al gobierno gringo de privilegiar el salvataje de empresas antes que enfrentar la crisis sanitaria, historia que Chile también conoce.

Contexto latinoamericano. En Latinoamérica, la urgencia arribó develando la seria crisis de la salud pública en el subcontinente. Los distintos países han intentado dar respuesta para evitar el muy posible colapso de la red de salud pública; exceptuando por un lado a Cuba, que logró enfrentar de mejor manera la llegada del virus, incluso brindando brigadas de médicos a los países más afectados, y por otro, en el otro extremo, a Brasil, cuyo gobierno asumió una posición negacionista de la emergencia sanitaria, lo que ha generado una creciente desaprobación a la gestión de Bolsonaro, la que ya venía en curso, pero se agudiza con la pandemia.
El neoliberalismo muestra en todo su esplendor las dramáticas diferencias de clases y el débil carácter de los Estados en la América morena. De lo anterior, resultará que el control de las medidas adoptadas, especialmente de confinamiento, se delegará en gran medida a las Fuerzas Armadas. Ante la ausencia de redes de salud públicas robustas y democracias participativas, la contención y confinamiento será encargada a los militares. Tal cual ya viene sucediendo en distintos países. A eso, debe agregarse que en muchos casos los países Latinoamericanos presentan verdaderos Estados fallidos, donde existen organizaciones de crimen organizado -especialmente narcotráfico- que hacen difícil desarrollar políticas de salubridad pública. Los perjudicados serán los de siempre: la clase trabajadora y los sectores más empobrecidos del subcontinente. Ante aquello, y como consecuencia de la crisis, necesariamente debe levantarse plataformas de lucha que superen el estado actual de las cosas y que permitan privilegiar el bienestar común antes que el funcionamiento de los mercados.
Sumado a lo anterior, desde hace mes y medio se viene registrando la mayor fuga de capitales de los países emergentes. Siendo la salida neta de capitales en lo que va del año la suma de US$ 6.760 millones. En la zona, los más afectados han sido Brasil -por su dependencia a China- y México. Esto tiene su causa principal en el temor ante la expansión de la epidemia, lo que sumado a la guerra por el precio del petróleo, que tiene a Rusia y Arabia Saudita como protagonistas, y que no avizora pronta resolución, dado que uno de sus principales compradores -la industria aeronáutica comercial- es la más afectada por la pandemia, hace concluir que el precio del petróleo seguirá bajando, y el fantasma de la recesión va tomando forma concreta.
Por su parte, Venezuela que en el último tiempo venía experimentando la dolarización de su economía y cuyo gobierno había llegado a una tregua con un sector de empresarios con el fin de reactivar la producción de Petróleo, principal recurso de dicho país hoy enfrenta una nueva ofensiva gringa por la que se acusa a Nicolás Maduro de “narcoterrorista” ofreciendo una multimillonaria suma de dinero por información que permita su captura. Dicha orden de detención también lo es contra otros altos cargos funcionarios de Venezuela, lo que prueba nuevamente que los intereses económicos de Estados Unidos en la zona están sobre la urgencia humanitaria que estamos viviendo.

Proyecciones y apuestas en la crisis sanitaria. De todo lo anterior, distintos actores vienen planteando la necesidad de realizar modificaciones en cuanto al rol del Estado en la sociedad actual. No hay luces aun de modificaciones al patrón de acumulación neoliberal, pero de agudizarse la crisis, no es algo impensable. Por una parte, la viralizada declaración de Macron defendiendo la red de salud pública francesa, a la sorprendente respuesta china en la construcción de hospitales públicos, y por otra, la clara y patente debilidad del Estado en la mayoría de los países latinoamericanos, que siquiera es capaz -en el caso chileno- de controlar precios de productos básicos oportunamente, y el desmantelamiento de la Salud Pública donde la fase neoliberal del capital arrasó, hace pensar que el ciclo de luchas populares que ha sacudido el continente la última década se orientará hacia estas peticiones. ¿Enfrentaremos una superación de la fase neoliberal del capital? Aún está por verse, hay que remar en ese sentido, como toda transformación social se trata de un proceso de largos años, pero quizás la emergencia sanitaria sea la gota que rebalse el vaso y haga despertar a los pueblos otorgando claridad programática. Sin embargo, tampoco podemos pecar de ingenuos ante la capacidad del capitalismo de reinventarse; no será extraño que con fondos públicos se salve a empresas o sectores productivos en quiebra, eso ya lo vimos en la crisis subprime.
Desde los pueblos de Latinoamérica, se puede recalcar distintas iniciativas ante la crisis pandémica. El movimiento feminista tiene mucho que decir, atendido los grandes avances de articulación internacionalista y de elaboración programática. De igual forma, las demandas inmediatas se han ido reiterando en los distintos países, desde el congelamiento de cobros de gastos básicos y de créditos a el fortalecimiento de la inversión en salud pública. De toda crisis surge alternativa, y esta es más que nunca necesaria; las proyecciones son que la crisis pandémica hará crecer el desempleo en un 10% en todo el subcontinente. De un total de 620 millones de habitantes en América Latina, el número de pobres subiría de 185 a 220 millones, aumentando la extrema pobreza de 67.4 a 90 millones. (3) La construcción de una sociedad distinta, que supere el neoliberalismo es entonces una tarea que cobra cada día más relevancia. Exigencias como condonación de la deuda externa, para invertir dichos fondos en salud pública, tecnología y estudios, son algunas de las demandas mínimas a levantar. Otra pandemia de estas características en un corto o mediano plazo sería aún más dramática, los pueblos del mundo no pueden darse ese lujo, es hoy entonces cuando debe exigirse las trasformaciones radicales necesarias en pos del bienestar común.

II. Análisis Nacional:
No podemos revisar la coyuntura local actual sin recordar que el ingreso de la pandemia a nuestro país se inscribe en un proceso de revuelta popular abierto desde el 18 de octubre del año pasado.
Contexto previo. Así, la coyuntura del Coronavirus (COVID-19) se abre justo cuando la discusión en torno a la forma de organización social, política y económica de nuestro país estaba en pleno desarrollo, cortando el proceso constituyente que se iniciaba con el plebiscito y obligando a que el calendario del proceso completo se modificara en concordancia, quedando el plebiscito para octubre del presente año y las votaciones para constituyentes para abril de 2021.
Cabe recordar que previa a la crisis sanitaria, la coyuntura actual venía pujando un escenario de conflictividad social desde la Huelga General Feminista del 8 y 9M, en la que se expresó una movilización muy masiva y que presentaba la potencia de reactivar la revuelta popular bajo nuevas formas, marcadas principalmente por hitos de protesta en fechas determinadas. Si bien aquello queda en suspenso, es tarea de las organizaciones populares darle continuidad a la revuelta ante este nuevo escenario.
Con todo, el coronavirus viene a evidenciar de forma aún más cruda las fisuras que dieron paso a la crisis de hegemonía abierta el 18 de octubre. Como leímos en ese momento, el cambio de periodo se debió principalmente a la impugnación generalizada al consenso transicional y neoliberal que sostiene un pueblo que vuelve a aparecer como sujeto político, lo que obligó al bloque en el poder a plantear una salida a través del acuerdo de paz y nueva constitución para hacer frente al momento destituyente. Así, dos puntos centrales que aparecen como grandes cuestionamientos en ese proceso abierto son el sistema de salud y el sistema laboral y de seguridad social. Ambas dimensiones dicen relación con la incapacidad de la clase trabajadora de reproducir su vida en un sistema precarizante instaurado en dictadura y perfeccionado en los últimos 30 años. La pandemia viene precisamente a dejar en evidencia con fuerza estas dos dimensiones como centrales en la impugnación sostenida, toda vez que son precisamente piezas claves del modelo neoliberal maduro chileno, y que hoy alcanza nivel mundial. En especial, la amenaza de la crisis sanitaria y el desborde completo del sistema de salud en nuestro país muestra cómo efectivamente la privatización completa de la dimensión de la reproducción social encuentra su límite en la incapacidad de reproducir la vida de clase trabajadora, hoy de la forma más literal imaginable.

Medidas del gobierno. Ello tuvo como principal razón las medidas tardías tomadas por el gobierno, que decide recién la semana del 16 de marzo adoptar medidas restrictivas, principalmente ligadas a aglomeraciones. El 18 de marzo se decreta Estado de Catástrofe -decidiendo poner la seguridad y salud en manos de FFAA y del orden, ya fuertemente cuestionada por las graves violaciones a DDHH en el proceso de la revuelta, antes que adoptar medidas que habían probado ser más efectivas-, y se toman medidas ligadas al cierre de centros comerciales y espacios de aglomeración. El 20 de marzo se adopta las 12 medidas, incluidas el toque de queda y aduanas o cordones sanitarios a ciertas Regiones. Finalmente, el 26 de marzo decreta la cuarentena total solo en 7 comunas de la capital. Lo anterior, después de que varias comunas ya hubiesen adoptado medidas de confinamiento ante la lentitud del gobierno.
Dichas medidas sanitarias han probado ser tardías, ya que muchas de las proyecciones indican que la curva de contagios se continuará elevando. A pesar de que el ministro anunció hace unos días que nos habíamos separado de la curva de España, diversos analistas sostienen que ello tiene su base en un preocupante escaso testeo y en la lentitud en el procesamiento de dichos análisis. Además, el costo del test y la dificultad en el acceso generan una agudización de esta situación crítica. Así, si es que no se toman medidas drásticas que aseguren un freno en el contagio –medidas que ya llegan tarde-, se proyecta una situación crítica en el futuro cercano, con un posible colapso del sistema de salud y con aumento en las muertes por causa de COVID-19. Esto es aún más preocupante cuando los últimos estudios indican un aplazamiento del punto más alto de la pandemia en nuestro país, adelantando un tiempo más largo de aislamiento.
En el plano económico, el 19 de marzo se lanza el plan de emergencia económica, que además de centrarse en la protección de las empresas, estableció un subsidio de $50.000 a las familias para sobrellevar la crisis y una medida de protección al trabajo que propone un proyecto de ley que suspende el pago de la remuneración, estableciendo que podrán mantener la relación laboral sacando mensualmente un 25% del Fondo de Cesantía.
En dicho plan económico la única medida adoptada para apoyar a la población en este momento crítico es el bono mencionado -que alcanzará, según estudios, a lo más a un 15% de los trabajador-s más precarizad-s y que se pagará tan solo una vez-, que no alcanza en medida alguna a cubrir las necesidades más básicas. No se congela el pago de cuentas, no se congela el cobro de créditos, no se subvenciona el costo de la vida en un momento de crisis. Se deja a la clase trabajadora en completo desamparo, obligándola a seguir saliendo a la calle a buscar medios de subsistencia, con el riesgo de exposición que ello significa.
Sumado a eso, la Dirección del Trabajo tomó bando por el empresariado, emitiendo una serie de dictámenes que protegen las ganancias de los empresarios y dejan en la más absoluta desprotección a l-s trabajador-s. El último de ellos, ya en franca ilegalidad y excediendo sus funciones, señala que los empleadores podrán suspender el pago de las remuneraciones de los trabajadores que no puedan trabajar en cuarentena, por tratarse de un caso de fuerza mayor. Esta interpretación, alejada de todo el sentido protector de la legislación laboral –que ya es escaso- deja en evidencia la estrategia del ejecutivo de presionar para que salgan los dos proyectos de ley que se encuentran hoy ingresados y con suma urgencia en el parlamento –ley covid y ley de suspensión del contrato de trabajo-, generando así las condiciones para que ellas se aprueben y se deje en una situación de completa indefensión a gran parte de la clase trabajadora. Ese proyecto ha estado siendo votado estos días en el Parlamento, pasando el viernes 27 de marzo, a comisión mixta.
El mismo día, el gobierno lanzó un plan solidario, que suspende el corte de suministro de luz, permitiendo que las deudas se repacten sin intereses; subvenciona internet para el 40% más vulnerable; y subvenciona el acceso a agua para ese mismo sector y para otros sectores vulnerables. Esto permite contener el malestar sin asegurar ingreso mínimo, estabilidad laboral ni congelamiento o condonación de cuentas.
A pesar de esta respuesta tardía e insuficiente del gobierno a la crisis sanitaria, la aprobación de Piñera ha subido en este proceso(4), y se proyecta que por lo pronto esa tendencia se mantenga. Por lo tanto, el desafío será sostener y profundizar la impugnación que se había sostenido contra este gobierno, impulsando iniciativas que evidencien su incapacidad para dar respuesta a la crisis sanitaria con posibilidades de sobrevivencia y dignidad para la clase trabajadora.

Respuesta del empresariado. El empresariado, por su parte, ya siente la crisis económica que se avecina, y para proteger sus ganancias ha presionado para que se apruebe el plan económico, de forma de tener la menor pérdida posible. Además, ciertas empresas que amenazan con quebrar -como es el caso de Latam- han insistido en solicitar un salvataje del Estado -pese a lograr que sus trabajadores rebajaran sus remuneraciones en un 50%-. En este contexto, la CPC y la SOFOFA han comenzado a presentar líneas sutilmente divergentes, insistiendo el presidente de la primera -Juan Sutil- con la imposibilidad de paralizar la producción, amenazando que aquello nos llevaría nuevamente a ser el país más pobre de la región, y presionando a la vez al Estado para que aporte al sector privado. Mientras que el presidente de la SOFOFA – Bernardo Larraín Matte- ha señalado que es necesario abrirse al debate de la nacionalización de ciertas empresas en términos “pragmáticos y no ideológicos”(5).
Como medida inmediata, han anunciado un “Fondo Privado de emergencia para la salud de Chile” por 50 mil millones de pesos, lo que refleja nuevamente la precariedad de la red de salud pública para enfrentar situaciones como esta. Entendemos que un país no puede depender de la caridad privada para enfrentar problemas colectivos y públicos, la verdadera solución es que el Estado sea quien controle la totalidad de los servicios esenciales para la vida de la clase trabajadora.

Respuesta del campo popular. En este contexto, el campo popular se encuentra en una tensa calma, apareciendo con fuerza desde grandes gremios y desde ciertas organizaciones sociales y políticas la demanda por la Cuarentena Total o Nacional con el posicionamiento de ciertas demandas de emergencia que permitan hacer frente a la crisis sanitaria. Además, han aparecido nuevamente expresiones populares de violencia callejera, específicamente cortes de ruta, principalmente ligadas a la restricción de ingreso a ciertas ciudades, exigiendo la cuarentena total. Esto, sin embargo, aún no tiene una traducción programática que permita posicionar ciertas demandas más generales. Ello es complejo cuando, en un contexto constituyente aún abierto, no se aprovecha el espacio para avanzar en tensar el panorama hacia la estatización y a la limitación del mercado, cuestión que ya está en abierta discusión en otros países, incluso por sectores abiertamente liberales. Esto evidencia que aún no hay una conducción clara del proceso abierto en nuestro país que sea capaz de portar un relato general que sea apropiado por la generalidad de la clase trabajadora.

Proyecciones y apuestas ante la pandemia. En este panorama nacional, donde todas las proyecciones vaticinan una crisis económica que golpeará fuertemente a Latinoamérica, y particularmente a nuestro país por encontrarse con una economía muy debilitada(6); y en el que la clase trabajadora se está viendo aún más precarizada, con dificultades de acceder a su salario, con escasas e insuficientes medidas para apoyar económicamente su subsistencia, con despidos masivos y con una crisis sanitaria ad portas de explotar, el desafío para la izquierda revolucionaria estará en presentar una alternativa de unidad, que sea capaz de presentar elementos programáticos que den proyección al proceso destituyente que estaba en curso, que corra los límites del cerrado proceso constituyente que se había abierto en el ámbito institucional. Debemos ser capaces de profundizar, en este contexto, la crisis de hegemonía en el sentido común neoliberal que se abrió el 18 de octubre, evidenciando la precariedad del sistema que organiza nuestra vida actualmente, sus límites, y la potencia de una clase trabajadora organizada para correr el cerco de lo posible. La coyuntura de esta pandemia no puede ser un paréntesis en el proceso abierto de revuelta popular en Chile, sino que debe ser una continuidad y profundización del mismo, agudizando la impugnación sostenida por el pueblo como sujeto político al discurso transicional y neoliberal instalado desde la dictadura en adelante.
En esa línea, es central avanzar de las medidas concretas para enfrentar la crisis sanitaria, a las propuestas programáticas que den proyección al conflicto. Así, la apuesta por la concentración mediante estatización se hace, hoy en día, una urgencia, y es más posible que nunca instalarla por amplios sectores y que ella sea apropiada por las masas. Esa apuesta general tendrá como elementos centrales: avanzar hacia la estatización y control público de los medios de reproducción (especialmente salud y educación) y de producción estratégicos y básicos (nacionalización de recursos naturales, cadena de abastecimiento y de servicios básicos); además del desarrollo de un Sistema Plurinacional de Cuidados que incluya un sistema de salud público y digno, y la reconfiguración de un sistema laboral y de seguridad social que comprenda todas las formas de trabajo y que permita a la clase trabajadora reproducir su vida. Es ello el contenido transversal que sostiene la demanda general por una Asamblea Constituyente, soberana, plurinacional y feminista.
A lo anterior, debe sumarse necesariamente el control y administración que el Pueblo deberá tener sobre sus conquistas. Desde ya la organización popular debe continuar su robustecimiento, profundizar la elaboración programática, y para ello la Asamblea Popular Constituyente, entendida como un ente de y para la clase, es fundamental para dichos fines.
Además de lo anterior, serán centrales las redes de solidaridad que se puedan tejer en este contexto de crisis sanitaria, toda vez que el golpe de la crisis económica lo recibirá principalmente la clase trabajadora, por lo que se requerirán espacios de contención y organización que permitan a amplios sectores del pueblo sobrevivir a esta crisis. La consigna “Solo el pueblo ayuda al pueblo” cobra más vigencia que nunca.
Este es un momento de crisis, donde se avizora una reconfiguración en el pacto de dominación y donde se gesta una ofensiva precarizante sobre el trabajo, la unidad de la clase trabajadora y de la izquierda se hace más necesario más que nunca. Debemos continuar construyendo en unidad, este es el imperativo para los y las revolucionarias ante la crisis en desarrollo.

¡Nuestras vidas están sobre sus ganancias!
¡Que la crisis la paguen los ricos!

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Autor entrada: Convergencia Medios

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