Hacia una racionalización completa de la economía para combatir el COVID-19

Por Luis Felipe Zúñiga* y José Ledesma**

El punto de partida: La pandemia

El SARS-CoV-2 pertenece a la familia de los coronavirus capaces de causar diversas manifestación en su huésped, desde resfriado común hasta neumonía, síndrome respiratorio agudo severo o incluso la muerte, aumentando la probabilidad de una sintomatología grave en aquellos casos en que el paciente tenga alguna enfermedad o condición subyacente, como diabetes o hipertensión, la enfermedad causada por este particular virus es llamada Covid-19.

A partir de la información entregada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Johns Hopkins Coronavirus Resource Center, sabemos que la pandemia de Covid-19 a trasladado su foco crítico desde China (81.102 casos confirmados) hacia Europa y algunos Estados de oriente medio como Irán, donde la cifra de personas fallecidas aumentó a una tasa mucho mayor que los números mostrados en el inicio de la crisis en la provincia de Hubei[1]. El veloz desplazamiento de la pandemia hizo que muchos países europeos no tomaran medidas inmediatas para enfrentar la propagación del virus, lo que provocó un colapso de sus sistemas sanitarios que, sumado a la características demográficas y geográficas de dichas naciones, elevó el índice de mortalidad del patógeno a niveles más allá del promedio registrado en China (+-2%) incluso tornándose cercano al 10% en regiones del norte de Italia como Lombardía[2].

Por otro lado, el director general de la OMS, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha sostenido que el eje de la política de contención para el Covid-19[3] es la ruptura de la cadena de contagios mediante el testeo masivo de pacientes sospechosos, es decir, aquellos que, aún no teniendo síntomas visibles, es posible su contagio, ya sea por contacto con personas sintomáticas o por exposiciones imprudentes. Lo anterior se justifica en la experiencia que adquirieron países como China y Corea, basada en la necesidad de trazar y aislar la mayor cantidad de casos posibles con la finalidad de aplanar la curva de contagios, algo que los últimos países anteriormente citados han logrado con el correr de los días.

El sistema de salud chileno para enfrentar la crisis

Chile cuenta con un sistema mixto de prestación de servicios de salud. Existe un fondo de salud universal (FONASA) y los seguros médicos privados (ISAPRES). El primero opera con un sistema de reparto, donde todos los beneficiarios cotizantes aportan el 7% de sus ingresos imponibles y acceden a un Plan Único de Salud, independiente del aporte y condiciones de salud de los cotizantes. Este sistema de seguro solidario está organizado sobre la base de un aporte obligatorio proporcional a los ingresos realizado por los trabajadores en actividad, con el que se forma un fondo, donde prima la solidaridad en la distribución, de acuerdo a las necesidades. Los afiliados son catalogados en tramos (A-B-C-D) según su nivel de ingreso y les corresponde un copago diferencial al momento de su uso.

Las ISAPRES por otro lado operan como seguros de salud privados, cuyo acceso es más restringido a la población y que cuentan -en principio- con mejores prestaciones para sus usuarios. Operan en base a un contrato individual de seguro de salud donde puede cotizar el 7% o más (voluntario) no excediendo las 4,2 UF mensuales. Existen más de 12 mil planes comercializados por 12 ISAPRES. Lo anterior tiene por consecuencia una diferenciación progresiva del acceso a la salud. FONASA, está asociada fundamentalmente a hospitales públicos[4] y sus correspondientes redes asistenciales. ISAPRE, opera sus propios centros de salud, además de convenios con clínicas privadas, lo que se traduce en que más de 13 millones de personas (entre beneficiarios y cargas) utilicen el sistema público, mientras que unas 3,5 millones hagan uso del sistema de salud privado.

En esta línea, según un informe de la CChC[5], Chile cuenta con 2.902 centros de salud tanto privados como públicos. No se cuentan, los Hospitales de alta complejidad en Construcción en el programa de fortalecimiento de la Salud Pública, que sumarían un total de 24 hasta el 2018.[6] Adicionalmente, se estima que actualmente Chile tiene 42.500 camas hospitalarias, de las cuales alrededor de 11.500 corresponden a las aproximadamente 150 clínicas privadas del país, concentradas principalmente en Santiago. La mayor parte de las camas hospitalarias del país pertenecen al SNSS (70.9%), un décimo pertenece a otros hospitales públicos (9.6%) y una de cada cinco corresponde al sector privado (19.5%).[7]

Si comparamos nuestra cantidad de camas, con el promedio OCDE, Chile sólo alcanza el 2,2 cada 1.000 habitantes. El promedio OCDE es de 4,4 cada 1.000 habitantes. Si lo comparamos con países que sufren crisis en torno a la enfermedad, nos encontramos con datos más alarmantes: Italia, tiene un promedio de 3,6 camas cada 1.000 habitantes. España 3 camas por cada mil habitantes[8]. Esto sin perjuicio de las nuevas adquisiciones y modernizaciones que se hicieron en torno a hospitales licitados, durante el periodo 2014-2018 y que fueron entregados correspondientemente.

Así, es posible dar cuenta de una situación crítica en cuanto a la infraestructura sanitaria, pues el principal problema que genera el Covid-19 en las naciones afectadas, es el shock en el que entran los sistemas de salud por la gran cantidad de casos que requieren hospitalización en camas de cuidados críticos o intensivos, si a eso le sumamos, para el caso particular de Chile, un acceso desigual a los servicios sanitarios, males crónicos de abastecimientos de insumos médicos y falta de especialistas, resulta evidente que una situación igual de grave como la que actualmente acontece en europa central, determinaría una pérdida de vidas humanas con clara diferenciación de clase. Se requieren por tanto avanzar sobre medidas que permitan contener la situación, dando flexibilidad a la autoridad sanitaria de manera tal de velar por la salud de la mayoría de la población.

Propuestas para enfrentar la crisis

La formulación clásica de la respuesta típica a la crisis a nivel mundial ha sido la declaración de cuarentena, entendiendo por esta última el confinamiento de la población civil en sus residencias o domicilios, pudiendo salir solo por causa justificada. Sin embargo, si bien es cierto que la esencia de la medida es el resguardo de la población civil, es necesario clarificar una serie de medidas conexas que permiten la eficacia de la primera.

Respecto a medidas que permitan contener directamente la pandemia, están la aplicación de tests de manera masiva para detectar a los enfermos y la cuarentena (medidas de alejamiento social) total. La primera es indispensable. El Estado al corto plazo debe, realizar tests a la población, en sus hogares y de manera sistemática.

La segunda es la cuarentena nacional, que en términos estrictos es una forma de racionalización máxima de la economía. El único que puede lograr aquello es el Estado. Para estos efectos, se requiere que solo trabaje aquel sector económico que es esencial para mantener la cadena de suministros, además del ingreso de dólares para la importación de cosas indispensables que aquí no se producen.

Esta racionalización de la economía debe implicar varias cosas: a) La búsqueda de alimentos e insumos básicos debe ser entregada con costos rebajados o con costos de producción; b) La entrega de dichos alimentos debe realizarse de manera ordenada, concurriendo a compras en lo ideal, una vez por semana; c) La compra en las farmacias debe cumplir con los mismos requisitos anteriores; d) Las personas sin trabajo, además de entregarles una caja básica de alimentos que asegure una alimentación sana, deben recibir un ingreso básico garantizado con cargo al Estado, además de la suspensión del pago de todo tipo de crédito, cuentas de servicios básicos y arriendos hasta el mes de septiembre, estas últimas dos e incluso tres medidas podrían extenderse a toda la población; e) Sobre aquellos salarios públicos que excedan 4 sueldos vitales, se debe realizar su rebaja para asegurar caja al Estado; f) se debe centralizar el control sobre el sistema de salud privado; g) El presupuesto de defensa se debe reducir a la mitad, para pagar salarios y disponer de los recursos en aras de fortalecer la red de salud, considerando bonos al personal sanitario y auxiliar por su incansable despliegue; h) Se debe controlar la caja de divisas y en general toda importación de manera tal, de priorizar y utilizar lo requerido para afrontar la emergencia; i) Constitución de comités de salubridad pública que apoyen y organicen las labores; j) Inclusión de los gremios de trabajadores de salud, en la decisión y planificación de las necesidades básicas para afrontar la crisis.

Lo que hoy está en juego es la supervivencia misma de la clase obrera más precarizada del país, junto a los sectores medios que serán arrastrados por los efectos de la eventual crisis económica que se avecina. Así, es imperativo ver el escenario actual no como un obstáculo a lo iniciado el 18/O en nuestro país, sino como una oportunidad para hacer carne el anhelo de dignidad que ha manifestado nuestro pueblo y por el que ya hemos puesto tantos muert-s, herid-s, torturad-s y encarcelad-s. No podemos tolerar una nueva masacre, esta vez mediada por las insuficiencias del aparato público y por el oportunismo empresarial que manifiesta de forma clara la incapacidad de los capitales privados para enfrentar crisis sociales generales. La centralización y concentración de capitales es condición necesaria para enfrentar los desafíos que esta crisis nos pone por delante y da cuenta de que el único lugar posible para realizar dicha tarea en el contexto actual, es el Estado.

* Egresado de Ciencias Jurídicas y Sociales de la U. de Chile

** Lic. en Ciencias Jurídicas y Sociales de la U. de Chile.

[1] Johns Hopkins Coronavirus Resource Center https://coronavirus.jhu.edu/map.html?fbclid=IwAR0mb3qSQICjzWGaO81KGiKTz2wxITKvSqqnA8TCowhBT4XDruk3JnDlX-4

[2] Idem

[3] Alocución de apertura del Director General de la OMS en rueda de prensa celebrada el 16 de marzo de 2020. https://www.who.int/es/dg/speeches/detail/who-director-general-s-opening-remarks-at-the-media-briefing-on-covid-19—16-march-2020

[4] Esto sin perjuicio de los subsidios y dineros que entrega FONASA a clínicas privadas por no poder absorber la demanda de usuarios.

[5] https://www.cchc.cl/uploads/landing/ICDResumen2018.pdf

[6] Según datos del gobierno, por efecto de la emergencia, se adelantaron las obras de otros cuatro hospitales, que se habilitaron para tratar la misma.

[7] http://www.ochisap.cl/images/ene20/Sistema_Salud_Chile_Gattini_2018.pdf

[8] Los datos fueron obtenidos de OECD Health Statistics 2015. (*) Último dato disponible en 2009.

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Autor entrada: Convergencia Medios

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