Entrevista a Ana Becerra Arce, defensora de los Derechos Humanos

Por Esteban Spencer, Corporación 4 de agosto por los Derechos de los Pueblos

Uno de los pilares sobre los cuales se levanta el Tercer Encuentro de  Jóvenes, Derechos Humanos y Memoria es Ana Becerra Arce, quien, junto a sus compañeras y compañeros de la Fundación por la Memoria San Antonio, organiza y colabora en todas las tareas que sean necesarias para el cuidado de los más de treinta jóvenes que participan de la actividad.

Ana sobrevivió a la política de genocidio desarrollada por el Estado durante la dictadura cívico – militar, fue enviada al exilio y retornó a nuestro país para convertirse en defensora de Derechos Humanos en la misma localidad donde fue apresada y torturada. A través de la Fundación, se encarga de la protección y promoción del Sitio de Memoria Ex Balnearios Populares Rocas de Santo Domingo, así como de la observación del respeto a los DDHH en las marchas y protestas en San Antonio. 

Su historia de resistencia comienza en el colegio, cuando ya tenía una orden de fusilamiento en su contra. Fue llevada al Campo de Prisioneros de Tejas Verdes, pasó por el centro de torturas ubicado en el subterráneo del Casino de la Escuela de oficiales, por el balneario Rocas de Santo Domingo, luego trasladada a Villa Grimaldi y posteriormente al centro de aislamiento y torturas de Tres y Cuatro Álamos.

El encuentro sirve de puente donde se conectan las experiencias de lucha y resistencia en tiempos de dictadura, y las vivencias propias de los y las jóvenes que hoy en día están participando de la movilización social a lo largo de todo el país.

¿Cómo se observa la relación entre el pasado y el presente de la violencia política en nuestro país?

La violencia política no aparece ahora. En el encuentro del año pasado ya habían relatos de formas de represión, persecución y seguimiento, que te dejan muy impresionada al escucharlas, porque vas conociendo y reconociendo las viejas experiencias. Ahora se acrecentó, y se hizo masivo, pero son situaciones que con los estudiantes ya existían, nosotros tenemos esos relatos del encuentro pasado. Estas situaciones no son nuevas para nosotros. Se han masificado, pero de todas maneras han existido por un largo tiempo en Chile, han existido siempre. La represión y la tortura no se acabó con la vuelta a la democracia, igual siguió, en forma más sesgada, dirigida a ciertos grupos, pero siempre siguió.

Tengo un ejemplo personal: para cualquier tipo de manifestación, de pingüinos, portuarios, pescadores, afuera de mi casa había una patrulla. Toda la vida. Para mí la patrulla es parte del paisaje cuando hay revuelta. Si tu sigues activo siempre vas a tener un cuidado policial. Incluso he llegado a ser contactada por carabineros para preguntarme cosas del estilo ¿Cuándo tienen un evento? Me han contactado en la calle, con nombre y apellido. Este tipo de seguimiento y persecución no ha terminado nunca, en esos tiempos (de la dictadura) se acrecentó de forma más cruel, pero luego nunca terminó. 

Uno de los puntos fundamentales de la justicia de la transición fue la obligación del Estado de generar las condiciones en las cuales las violaciones a los derechos humanos no volvieran a ocurrir nunca, la obligación de no repetición. 

¿El nunca más? Esa obligación quedó en el papel, ha sido un eslogan, no existe en realidad. Los perseguimientos, las escuchas telefónicas están, siempre han estado.

En la repetición de los crímenes y actos de persecución, la impunidad juega un rol importante. Si no hay castigo para los perpetradores, se generan las condiciones para que vuelvan a ocurrir. ¿Cómo ha operado la impunidad en San Antonio?

Acá en San Antonio la impunidad es muy notable, castigo no ha habido. Tenemos la figura de los torturadores célebres[1], a quienes cada vez les agregan más años en sus condenas, para decir “estamos castigando”, pero nosotros hemos denunciado el dino que no era de alto rango, y que todavía se pasea por San Antonio. Tu caminas por la ciudad y te puedes encontrar con los torturadores. Ha llegado a tanto, que incluso un profesor del liceo de San Antonio, que está educando jóvenes, es un torturador, con nombre y apellido denunciado. Ahí está. Hay una justicia en ciertas personas, para justificar que están haciendo algo, pero no es suficiente. No se han llevado a cabo las investigaciones, ni hay personal, ni jueces, ni nada que entregue alguna seguridad de que va a haber un castigo. Los tipos no están castigados, están libres, y son las mismas personas que se están organizando con la gente y están rayando los murales, vandalizando los sitios de memora… el memorial lo hemos limpiado tres veces de rayados. Han amenazado a compañeros más jóvenes. Son ellos, están libres, y lo hacen porque saben que no les va a pasar nada, porque nunca les ha pasado nada.

Incluso sabiendo las identidades y los crímenes que cometieron ciertas personas, no ha habido justicia. Pero queda aún mucha historia desconocida, que ha sido rescatada por las organizaciones de la sociedad civil que aún buscan la verdad…

Los aparatos públicos frenan los hallazgos que hace la civilidad, no sólo acá sino en todo el país. Si no son ellos los que hacen los trámites, si no son ellos los que están metidos, no pasa nada.

También obstaculizan, frenan la búsqueda de las evidencias. Tenemos un ejemplo en Rocas de Santo Domingo. Talaron un bosque dentro del Sitio de Memoria, y nadie escuchó la motosierra que derribó los árboles. Existe una caseta de guardias cuidando el humedal, que estaba 24 horas del día, y no escuchó jamás las motosierras. En Santo Domingo no hay ruido, no hay bulla, no hay autos, no hay nada. Una motosierra funcionando se escucha, no hay duda, pero cuando talaron el bosque nadie notó nada. Lo denunciamos a Monumentos Nacionales y a la justicia. La justicia no lo investigó nunca. Ahora los árboles no están… ¿Sabes por qué? Porque hay una declaración judicial donde dice que, donde está el bosquecito, hay enterrados cuerpos. Esa es la razón.

Tenemos otro ejemplo. Nosotros tuvimos contacto con un buzo ilegal que encontró trece rieles en el mar[2]. La subsecretaría de Derechos Humanos recibió la declaración del buzo, y no hizo nada al respecto. El buzó sintió que creían que él estaba mintiendo, así que sacó un riel y me lo entregó a mí. Fue algo muy fuerte tener en mis manos ese riel. Lo tuve varios meses en mi casa, no quería entregárselo a la justicia, y al final me convencieron de entregarlo a la Policía de Investigaciones. Se los entregué y no he escuchado nada más, esto fue hace años. Luego, supe por ( conversaciones de pasillo)los procesos penales, que la policía dijo que ese riel no había estado jamás en el mar. Absurdo, absolutamente absurdo. Sabemos que hay más, y podríamos sacarlos, pero no lo hemos hecho, porque ¿qué hacemos con él? No tenemos las condiciones para mantenerlo, la temperatura adecuada para conservarlo. El buzo está dispuesto a sacarlo, pero como se sumergió en condiciones ilegales, puede quedar detenido por la Armada, entonces no tiene sentido.

Tengo dos datos más, de lugares donde hay otros rieles sumergidos. No los he querido investigar, ni he preguntado nada más, porque no me quiero quedar con la angustia de saber que están, pero que nunca será investigado por la justicia. Yo sé que no será investigado. Según mis propias conclusiones, tenemos 119 rieles, porque según la investigación del juez Crisóstomo, la operación Colombo salió de Santo Domingo a tirarlos a mar[3]. Es pesado para una, que vivió todo eso, saber que los compañeros están ahí, y que no hay ninguna voluntad política ni civil ni de nada, por rescatar los rieles, y no sé… por último sepúltalos, hazles una tumba. Ni siquiera eso podemos hacer. Es duro, no podría vivir con eso.

Otra de las herramientas que fueron pensadas para asegurar la no repetición fue la educación, no solamente hacia la población civil, sino también hacia las Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad. ¿Cómo observa el desarrollo de esa política?

No hay educación. Primero, en el colegio, no hay. Para los más chicos, en los textos escolares, no hay nada. La educación en esto la dan los profesores, que les tocan a los chicos, si tienen algo de conciencia social y les explican que hubo un Golpe de Estado, mientras que los textos dicen “Pronunciamiento Militar”. En las universidades menos, porque cada uno estudia lo que tiene que estudiar. ¿Con las Fuerzas Armadas? La ausencia se ve hoy en día. Si alguna vez alguien abrió la boca y les dijo algo, les entró por un oído y les salió por el otro. Ahora, claramente, te das cuenta de que esa educación no existió, y si existió fue ínfima. Al contrario, se siguen perfeccionando en represión, siguen asistiendo a la Escuela de las Américas, no hay nada que haya cambiado en eso. Los tipos se sienten con la prepotencia de golpear, torturar, reprimir y cada día es más salvaje. En estos momentos estamos sacando más leyes que van en contra de las violaciones a los Derechos Humanos. Las últimas, anti-saqueo, anti – todo, son horribles.

Parte del ocultamiento sobre lo que ocurrió tiene que ver con la continuidad de ciertos lugares y edificios, cuyo funcionamiento debería ser interrumpido o suspendido para hacer notar la historia que poseen.

El Casino de Tejas Verdes sigue ahí, es un lugar de recreación, incluso. Puedes arrendarlo para eventos y celebraciones de todo tipo, y ahí está. Sobre la historia no hay absolutamente nada, ni una plaquita que pueda decir algo al respecto. El campo de prisioneros lo están usando nuevamente para su uso normal, de almacenamiento de materiales. Tampoco hay nada. El sitio de Santo Domingo está en muy mal estado. Como sitio de memorias no existe. El día del patrimonio, cuando estamos ahí y hacemos visitas, ni siquiera figuramos en el folleto de sitios patrimoniales que entrega la comuna, para ellos no existimos. Rocas de Santo Domingo es un sitio eriazo para la comuna de Santo Domingo y su alcalde.

Hay algunos elementos particulares de los Sitios de Santo Domingo, que resulta interesante y necesario revisar. La primera de esas características fue su función de experimentación y aprendizaje para los agentes de la DINA respecto del tormento y los límites de la resistencia humana.

Como prisionera de Tejas Verdes, puedo decir que te dabas cuenta de que era la escuela de la DINA. Algo pasaba, no sabías de que era una escuela de torturadores ni nada de eso, pero lo presentías en tu cuerpo. La tortura era desmesurada para tu importancia. Cada vez que entrabas a las salas de tortura, había algo nuevo. Además, habían torturadores que no eran chilenos. Tu te dabas cuenta de que eras un conejillo de indias, un sentimiento común si hablas con muchos prisioneros de Tejas Verdes. Sin saber lo que estaba pasando al otro lado del río, te sentías así. ¿Qué tan importante puede haber sido una niña de 15 años para violarla seis, siete veces sin ningún motivo, hasta que se desmaye? ¿Torturarla, ponerle corriente? Iban probando qué es lo que más te dolía. La tortura sexual fue … si bien se conoce Venda Sexy como lugar de tortura sexual, se aprendió aquí, en Tejas Verdes. A ti te tiraban en la camilla y llegaba un médico, que era Orvieto[4] -que tampoco fue nunca juzgado- y empezaban las instrucciones para abrirte la vagina con espéculos. Fuera de estar amarrada de pies y manos, te abrían entera. ¿Qué necesidad había? Si te querían poner corriente, podrían haberlo hecho sin ese paso. Te iban quebrando psíquicamente también. El hecho de que lo primero que te digan cuando entras a la sala sea “desvístase” … la primera vez es súper duro, después se hace una rutina. La primera vez que llegas vendada, sin saber qué está ahí, y que está lleno de hombres. Para una mujer, es muy duro. Finalmente se ponían chistosos, y de decían: “déjate los calcetines para que no te de frío”. De ahí van probando, qué es lo que podían y no podían hacer. No sólo fue con las mujeres, con los hombres también. A los hombres los violaban, les metían palos por el ano y todas las demás cosas, no es que haya sido cosa sólo de mujeres. Te puedo hablar de la parte de las mujeres, porque yo estaba en la cabaña para mujeres y ahí te dabas cuenta de cómo estaban las compañeras, de cómo venían, de qué les habían hecho.

Los relatos de desnudamientos en comisarías, de introducción de lumas y palos por distintos orificios de personas detenidas han aparecido durante estos últimos meses, demostrando la persistencia de esas prácticas, que habla de sadismo y placer en la tortura.

Persiste, no se ha esfumado. Por eso es tan duro venir a estos encuentros con jóvenes, y escuchas esos relatos de los cabros, actuales. Es duro porque sucede y dices “eso yo lo pasé, pero ahora vuelven a hacerlo contra estos pequeños”. Es lo único que me hace llorar. A estas alturas ya soy dura de cuero, pero cuando escucho los relatos de cómo estos pequeños los torturan, cómo los apalean, cómo las manosean… es angustiante, es horrible. Estos tipos no han terminado, y no es nuevo. Con los pingüinos hicieron lo mismo, con las cabras chicas. No hubo tanta información, pero hicieron exactamente lo mismo con las chicas, es lo que más me duele.  Esto no es nuevo, pero la gente no se ha dado cuenta, creían que vivíamos en una burbuja, pero no es verdad. Nosotros, que llevamos años trabajando con Memoria, sabemos que esto no es nada nuevo.

Otro de los elementos particulares de Tejas Verdes que es necesario rescatar fue la población de menores de edad que transitó por sus dependencias. Del total de, aproximadamente, 1500 personas que fueron procesadas en los tres sitios, había un gran número de niños, niñas y adolescentes, todos escolares.

Éramos jóvenes escolares, con sueños, buscábamos un mundo mejor, para todos. Yo creo que el objetivo de los militares en esa época era amedrentar a los jóvenes. Fuera de que en esa época, la mayoría pertenecía a un movimiento o un partido político, o estaban involucrados en los movimientos sociales o en el gobierno, estaban involucrados en la alfabetización. Por otra parte, como estaban en todos estos procesos, había que amedrentar al resto para no siguieran en ellos, por eso los toman. También eran un segmento que había que castigar, en San Antonio se usó la ejemplarización para infundir el terror, entonces Manuel Contreras operaba abiertamente, durante el día, haciendo las detenciones masivas en sindicatos, estibadores, poblaciones. Acá, por lo general, esas cosas se hacían en el día, si bien también sucedían en la noche, se hacían durante el día para que el resto de la gente viera y supiera qué es lo que iba a pasar si se levantaban o hacían alguna protesta. La población estudiantil también tenía que saberlo, qué les pasaría si se levantaban y protestaban.

Las detenciones, entonces, eran también puestas en escena para infundir miedo en la población. En el caso de los estudiantes ¿en qué consistía esta teatralidad, este montaje de los militares?    

Iban a los liceos, sacaban a los estudiantes en medio de las clases para que todo el mundo escolar, y además las personas que iban pasando por ahí. San Antonio tiene una calle principal, y ahí estaba el liceo, porque en esa época la mayoría de los estudiantes estaba en dos liceos, que eran los más públicos, el Comercial y el Liceo Fiscal, que estaban ubicados en la parte central de la ciudad. Era un ejemplo para la gente que iba pasando, el ver que iban sacando a los estudiantes, en sus uniformes, y los subían a patadas a los camiones y esas cosas. Entonces consiste en ejemplarizar.

Los estudiantes que eran detenidos ¿eran militantes de organizaciones, políticas, dirigentes en sus escuelas, simples adherentes?

La mayoría eran estudiantes que tenían alguna filiación política o algún postulante a centro de alumnos, pero también existieron estudiantes que no lo fueron. Nosotros tuvimos con nosotros a la hija de un pastor evangélico que andaba enamorada de un dirigente estudiantil del MIR, y como ella andaba siempre con el cabro, cayó. Las detenciones iban, más bien, dirigidas a todo el estudiantado que estaba metido en los movimientos populares.

¿Cómo reaccionaban las autoridades de los establecimientos? Directores, profesores…

Nada. Se los entregaban a los cabros, no hubo ninguno que hubiese defendido a sus estudiantes. Además, también se dio la represión a los más pequeños. Iban a los establecimientos y apretaban a los de primaria. Ahí si hubieron directores que trataron de salvar a los hijos de los ex – presos y cosas así, a quienes iban a interrogar los milicos dentro de los colegios, para sacarles información sobre sus padres.

Aprovechando el Encuentro entre jóvenes movilizados, si tuviera quedarle algún consejo, recomendación o aprendizaje ¿Cuál sería?

Bueno, yo no soy nadie para aconsejarlos. Ellos tienen su propia dinámica y sus propias formas de luchar, sus ideales, sus sueños, que no son tan lejanos a los nuestros: Un mundo mejor, construir una patria justa. Yo lo único que les pediría, es que se cuiden. Esa sería mi única petición, cuídense cabros. Traten de que no los agarren, de no pasar por cana. Organícense, pero también en el autocuidado, estén preocupados de ellos, del otro, del compañero que está al lado, si llegó no llegó. Hagan las denuncias cuando alguno cae. Protéjanse entre ustedes, pero más que nada, cuídense de jamás llegar a las manos de los pacos, porque la represión de hoy día no es muy lejana a la que era antes. Puede que hoy no hayan oficialmente centros de tortura, porque igual han tenido centros donde bajan a los cabros, ha estado el Metro y otros lugares… en Valparaíso estuvo la Intendencia… Pero cuídense, traten de no llegar a esos lugares, y si llegan a caer, y todo eso, les deseo mucha fuerza.

En estos meses se ha puesto en debate la transformación de nuestra sociedad, y ese debate se traduce en la oportunidad de crear una nueva Constitución. Cuando se discute sobre las nuevas formas de la sociedad, y en relación a la Vedad, la Memoria y los Derechos Humanos. ¿Qué perspectiva le interesaría que esté presente en esos acuerdos?

Lo más importante es el respeto a los Derechos Humanos, que no ha existido desde la dictadura militar en adelante. Después de ahí, un resguardo a la memoria y la importancia histórica que tiene, y la transmisión que hay que hacerles a los chicos para la no repetición. Necesitamos una ley de Sitios, que aporte financiamiento para lo que hay, necesitamos que el Estado se haga cargo y entregue los Sitios restantes, para que sean lo que deben ser: un lugar de reflexión, donde se pueda mostrar lo que pasó. Hay muchas cosas que se podrían pedir, pero lo principal es que se respeten los Derechos Humanos para que se haga realidad el nunca más.

¿Cómo enseñamos a las Fuerzas Armadas y a Carabineros? Ese es un gran problema ¿Cómo llegamos a que ellos respeten los Derechos Humanos? Ahí habría que hacer un cambio total, eliminar las Fuerzas que existen hoy día, hacer un cambio de enfoque nuevo, basado en los Derechos Humanos. Por otra parte, creo que no es necesario tener Fuerzas Armadas, tenemos países en Europa y América Latina que no tienen Ejército, sus hijos no necesitan ser militares. Ese sería un sueño, que mis bisnietos no tuvieran que hacer un servicio militar. No los quiero cuadrándolos y maltratándolos dentro de un servicio en la marina, la aviación, lo que les toque. Debería eliminarse completamente. Para mí, el Ejército no sirve. La policía debería refundarse. A nuestros costados no tenemos enemigos, tenemos pueblos hermanos, con ellos tendríamos que conversar, no necesitamos armas. La plata que se gasta en armas en este país ¿Cuántos colegios u hospitales tendríamos? ¿Por qué tenemos que mantener un ejército que no ha hecho nada? Nunca ha ido a la guerra. Fuera de la Guerra del Pacífico, donde se llevaron a todos los presos que encontraron en el camino. Desde entonces los mantenemos, les damos millones y millones para que se compren armas, tanques, buques, aviones y ¿para qué? ¿de quién no están resguardando?

¿Cómo enfrentamos las posiciones que niegan los crímenes de la dictadura, de los perpetradores, de los agentes civiles que concertaron eso?

Yo creo que siempre idiotas van a haber en el mundo. Uno no puede negar lo innegable, lo que está demostrado jurídicamente, lo que sabe un país. La memoria de un país no se puede negar. ¿Qué otra cosa puedo decir? Son idiotas. Puedo estar muy en contra de una cosa, pero si yo sé que existe, puedo argumentar para decir algo al respecto, pero no lo puedo negar. Existió, fue. Si no pueden aceptar eso, son idiotas.

[1] Entre los torturadores de renombre que operaron en el Triunvirato de la Muerte se encuentran Manuel “Mamo” Contreras; el ex alcalde de Providencia, Cristián Labbé; Miguel Krassnoff; Osvaldo Romo; Ingrid Olderock.   

[2] Los rieles son trozos de línea ferroviaria, cortados de 1,2 metros aproximadamente, que fueron utilizados para impedir que los cuerpos las personas asesinadas volvieran a la superficie, luego de su lanzamiento al mar.

[3] La operación Colombo se refiere al montaje más grande y complejo montado por la dictadura de Pinochet para ocultar el asesinato de disidentes políticos. Ahí murieron 119 personas, la mayoría militantes del MIR, cuyo paradero aún está desaparecido.

[4] Vittorio Orvieto Teplizky, oftalmólogo del Ejército, integrante de la Brigada de Salubridad de la DINA como Director de la Clínica Santa Lucía.

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Autor entrada: Convergencia Medios

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