¡Libertad para Licanantai! El clamor del desierto de Atacama

“Nunca pensamos que iba a pasar algo así en San Pedro, pero pasó y fue a mi hijo. Ha sido muy fuerte todo”, cuenta con angustia Teresa Pérez, madre de Licanantai Yupanqui Corrales Pérez, joven atacameño de 20 años, detenido el día 6 de diciembre por un supuesto atentado contra la comisaría de la localidad nortina; acusación sin pruebas, con declaraciones contradictorias, y con un único testigo, un Carabinero.

Por Gabriela Bustos P.

“Mi hijo estaba siempre participando del movimiento, por la situación país, y por las demandas que tenemos como pueblos originarios. Como comuneros queremos que se nacionalicen nuestras riquezas, pero vemos que las leyes siempre son a favor de otros, y no del pueblo que les dio el voto. Por eso acá se ha vivido el movimiento como en todo Chile, con marchas casi todos los días”, explica la mujer, que al igual que su familia y ancestros, pertenece al ayllú de Larache.

En San Pedro de Atacama, Lican, como lo llaman sus cercanos, tiene una cabaña y se dedica al turismo astronómico. Tal vez por esa pasión y costumbre de observar a diario las estrellas, los primeros días de encierro fueron tan duros. “Al principio estaba muy mal. Nunca había estado en una situación así, al contrario, él acá vive en un bosque, tiene muchos animales, mira el cielo todas las noches. Ahora en cambio, está detenido en una pieza de 2×3, donde a veces hay hasta 18 personas”, relata muy afectada. “Mi hijo es bueno y no ha hecho nada, pero está encerrado en esas condiciones, mientras a otra gente que es delincuente, la castigan con clases de ética. ¿Cómo va a ser justo eso? También me he acordado harto de la alarma que generaban las condiciones precarias de las cárceles en que estaban los chicos en Malasia. ¿Y en qué condiciones están acá? Para mí fue muy fuerte conocer esto, y eso que Lican está en una parte que se supone es más piola. Me imagino cómo serán las otras. Las primeras visitas yo le preguntaba cómo podían dormir ahí, pero siempre me respondía para tranquilizarme ‘mamá, no se preocupe, yo estoy bien’”, cuenta Teresa, describiendo la realidad en una de las cárceles más hacinadas del país.

¿Atentado o montaje?

Pero si de indignación se trata, nada genera más malestar en la familia que la incertidumbre del proceso judicial, y es que a pesar de haber transcurrido 26 días desde la detención, aún no tienen acceso a las carpetas investigativas del caso. En tanto, Licanantai permanece detenido en las condiciones ya descritas, siendo para su madre un tormento inexplicable. “Mi hijo es súper tranquilo, no le gusta discutir, siempre escucha a la gente y trata de ayudar a quien puede. Por eso es que esto es tan duro. Desde que empezó el estallido el 18 de octubre, creo que estuve sin dormir una semana por toda la represión que veía, y ahora que nos tocó a nosotros como familia, es imposible. Sobre todo al comienzo, fue terrible”.

Durante aquel viernes en la tarde, Teresa recuerda que sus dos hijos le avisaron que saldrían a juntarse con amigos, y por ende, no hubo nada extraño en aquella despedida. Pasadas algunas horas regresó Tupac (hermano), y le contó que Lican se había quedado para ir a encontrar a otro compañero que vivía un poco más lejos. Fue en ese momento, según lo que les relató posteriormente, cuando se encontró con un tumulto de gente gritando y corriendo en dirección opuesta. “Con todo esto que está pasando, yo les digo siempre que ante algo así, lo que deben hacer es correr no más. Lamentablemente está claro que al reprimir no escuchan razones, eso ya lo hemos visto todos, así que no queda de otra”, explica Teresa.

La diferencia para el joven atacameño, fue que sin explicación alguna, un grupo de personas empezó a gritar que lo detuvieran. “Él no andaba con nada, pero lo detuvieron igual unos civiles, que lo fueron a entregar a Carabineros, acusándolo de haber tratado de quemar la comisaría, siendo que no estaba ni cerca. Ni siquiera había indicios de fuego ni nada. Ninguna prueba para sospechar, salvo la declaración de un Carabinero, que la misma gente que estaba ahí en la plaza en ese momento, dice que nunca lo vieron afuera mirando, como dice él”, relata la madre del joven, que además denuncia una serie de irregularidades en el proceso, siendo las más graves la ausencia de notificación ante la detención, y la negación a constatar lesiones, que solo se llevó a cabo por su propia insistencia.

Tras ese momento, comenzó el calvario para la familia Corrales Pérez, pues lo trasladaron a Calama y lo mantuvieron aislado durante cinco días, en los que no tuvieron noticias de él. “Teníamos miedo de que lo tiraran por ahí, y no verlo nunca más”, confiesa Teresa, en un testimonio tan desgarrador como factible, y es que según señalan voluntarios de la Agrupación por la Defensa de los Derechos Humanos de Calama, que ha apoyado a la familia desde el primer día, son a lo menos tres los jóvenes de la zona que declaran haber sido detenidos por civiles armados, golpeados, amenazados, y subidos a autos con vidrios polarizados, para posteriormente ser botados en distintos puntos del desierto, estando entre ellos la salida hacia San Pedro de Atacama, y el sector cerro la cruz.

“La represión ha sido desmedida desde un comienzo. Las primeras semanas fueron muy intensas y violentas. Hubo muchas detenciones, mucha falta a los protocolos por parte de Carabineros. Lo notamos por ejemplo en el uso excesivo de lacrimógenas en marchas pacíficas, en el no respeto a las normativas en hospitales para la constatación de lesiones de los heridos, y en una serie de hechos más, muchos de ellos bastante graves”, cuenta Alejandro Muñoz, voluntario de dicha organización, que apenas tomó conocimiento del caso de Licanantai, ha acompañado a la familia en el Tribunal de Garantía, y en la cárcel para el enrolamiento de las visitas. Además del apoyo prestado, la agrupación que surge tras la contingencia en la comuna de Calama, ha ofrecido acompañamiento psicosocial a los afectados y a sus núcleos, entendiendo lo fuerte que es enfrentarse a situaciones que escapan por completo a la normalidad.

En línea con lo anterior, el relato de Teresa da cuenta de la realidad que viven hoy en día las familias de los más de 3 mil detenidos que están en prisión preventiva, entre el 18 de octubre y el 11 de diciembre del presente año a nivel nacional, según cifras de la Defensoría Penal Pública. “Lo de Lican fue algo que a todos nos puede pasar. Cruzó en un mal momento no más. Me duele mucho porque es mi hijo, pero a la vez, porque sé que son muchas las familias que están sufriendo a causa de la represión. Si no te pasa, tal vez no le tomas el peso al asunto, pero la realidad es que hay gente a la que le han quitado sus ojos, a la que han violado sexualmente, que han golpeado, que han atacado con bombas lacrimógenas, con ácido, y tantas cosas más, muy difíciles de entender”, sostiene, afirmando que justo en la respuesta a esa brutalidad, radica la fuerza que los mantiene en pie.

 

Justicia en Chile: la eterna espera

En relación con el proceso judicial, no pierden las esperanzas, pese a la poca claridad a la que han debido enfrentarse, y a los altibajos sorteados. “Hemos pasado por muchas cosas. Por ejemplo el día del primer juicio, se suponía que lo iban a enviar a la casa, mientras se investigaba todo, el juez dio esa opción, pero la abogada fiscal de Carabineros apeló por tres días, apuntando a que la causa se fuera a la Corte de Antofagasta. Fue difícil porque pasaron esos días, llegó el lunes, y pensábamos que iba a salir. Él estaba súper contento, lo fuimos a buscar, y después de esperar harto rato, los gendarmes nos dicen que no, que quedó detenido”, cuenta la mujer, relatando el momento en que se enteraron de que se habían establecido 80 días de investigación, durante los cuales su hijo permanecería en prisión preventiva en la cárcel penitenciaria de Calama, por imputársele los cargos de lanzamiento de artefacto explosivo (bomba molotov), e intento de quema de una comisaría.

Producto de lo anterior, a lo que apunta su defensa tras no recibir aún la carpeta investigativa, es a solicitar medidas cautelares inmediatas, para que el arresto sea domiciliario. “Esa es por ahora nuestra única esperanza, porque el caso no avanza nada, y mientras tanto mi hijo sigue ahí. Incluso supimos que el fiscal está de vacaciones, y quien está de subrogante no tomará el tema. Los días han sido eternos”, manifiesta Teresa.

Pese a lo crudo que ha sido para Licanantai enfrentarse por primera vez a la reclusión, sus cercanos asumen verlo tranquilo, y consciente de que para bien o para mal, en estos momentos no tiene mucho más que hacer. Para su familia en cambio, que debe conformarse con visitas de dos horas, solo tres días a la semana, la espera ha sido tortuosa.

¡No más presos por luchar!

“Hacemos un llamado a todos y todas las habitantes del territorio, comunidades indígenas, organizaciones sociales, vecinales y políticas, trabajadores y pobladores, inmigrantes y disidentes a solidarizar con nuestro hermano encarcelado, ya que ha quedado demostrado en los últimos 50 días, que la criminalización y la persecución puede caer sobre cualquiera que levante la voz y actúe por la defensa de la justicia y las transformaciones necesarias para que nunca más los pueblos sean pisoteados y volvamos a vivir en armonía con nuestra Patta Hoiri (Madre Tierra)”, señala una declaración pública de la Agrupación de Familiares y Amigos por la Libertad de Licanantai Corrales Pérez, expuesta hace alrededor de dos semanas, y leída el pasado viernes 20 de diciembre tras una marcha en San Pedro de Atacama.

El territorio indígena en el que vive el joven, que honra con su nombre a su pueblo atacameño “Lican Antay”, es habitado también por representantes de la etnia mapuche, diaguita, quechua y aymara. Asimismo, viven en la localidad quienes sin pertenecer solidarizan con sus causas, y se adhieren a las demandas transversales que afectan a Chile en su totalidad. “Se nos ha acercado mucha gente, amigos, compañeros de trabajo, nos han apoyado bastante. La agrupación de Derechos Humanos de Calama, ha sido fundamental desde el principio. En general hemos tenido harto apoyo, aunque extrañamos el respaldo de los representantes de nuestras comunidades”, cuenta Teresa, aludiendo al Consejo de Pueblos Atacameños.

Dicha organización, que representa a las 18 comunidades presentes en la zona, no ha prestado al día de hoy un apoyo concreto, salvo un tibio comunicado en sus redes sociales el pasado jueves 26 de diciembre. “Apenas mi hijo cayó detenido llamamos a los dos abogados del consejo y nada. Mi otro hijo llamó al presidente Sergio Cubillos, pero justo estaban asistiendo a la COP25, así que tampoco hubo respaldo. Luego intentamos con nuestra comunidad acá y nada nuevamente. Incluso fui personalmente a manifestarme en una reunión, señalándoles que nosotros no estamos pidiendo apoyo económico, pero tampoco pasó nada”, sostiene Teresa.

Tal como señala la mujer, desde el primer día lo que han hecho es solicitar ayuda en la difusión del caso. “Queremos que esto se dé a conocer. A esta comuna vienen personas de todo el mundo, entonces tenemos la oportunidad de mostrarles lo que realmente pasa en Chile. Desde el primer día lo que pedimos es eso, que nos acompañen en las marchas y manifestaciones, sentir que no estamos solos”, expresa.

En ese contexto, al momento se han llevado a cabo tres marchas específicas de apoyo a Licanantai en la comuna de San Pedro, en las que consignas como “amigo, turista, Piñera es terrorista”, se han tomado las calles por habitantes de la localidad, y por quienes además de replicar la causa en Calama, se han trasladado hasta allá, motivados por la familia y amigos del joven, que en su afán por dar visibilidad y masividad a la protesta, han ofrecido hospedaje a quienes participen.

Adicionalmente, toda la zona se ha volcado en una campaña de recolección de firmas, que a la fecha ya cuenta con más de 2 mil adherentes. “Queremos demostrarle al Estado que mi hijo no es un criminal, como dijo ese día la fiscal. Ella dijo que mi hijo era un peligro para la sociedad, pero no sé de qué sociedad estaría hablando. Quizás se refería a la que conforma el Gobierno que nos quiere callados. Lican es indígena, vive en comunidad, y no le hace daño a nadie, pero hoy está encerrado. No es justo”, manifiesta la mujer, que además de lidiar con el presidio y la incertidumbre en torno al caso de su hijo, ha debido enfrentar junto a su familia una persecución posterior por parte de efectivos policiales de civil, que incluso han ingresado en automóviles particulares (con patente perteneciente a Carabineros) a dependencias de su comunidad, para tomar fotografías mientras ellos se encontraban visitando a Licanantai en Calama. “Nos sentimos inseguros, pero no hemos hecho nada al respecto, para enfocarnos en lo de mi hijo, y sobre todo, para no preocuparlo a él. Tenemos que ser muy fuertes porque nos necesita así”, cuenta en un suspiro.

Por su parte, el joven ha mostrado una fuerza y templanza admirables, que quedan en evidencia en una carta reciente que pudo entregar a su familia tras una visita, y en la que entre otras cosas realiza un llamado a toda la población. “Le pido al pueblo de Chile, que siga en resistencia y en pie de revolución. NO bajemos los brazos y no paremos de manifestarnos para obtener la dignidad que merecemos como seres humanos. Son, y serán días muy duros, por esa razón debemos apoyarnos mutuamente, para lograr este gran objetivo. NO olvidemos por lo que el pueblo de Chile lucha actualmente, pedimos un gobierno plurinacional, donde se reconozcan las culturas de los pueblos indígenas. Un servicio de Salud público digno y de calidad, educación pública gratuita de calidad, pedimos pensiones justas para nuestros abuelos, pedimos la nacionalización de nuestras materias primas. Y exigimos una Asamblea Constituyente”, manifiesta.

En la misiva también agradece el apoyo incondicional de su familia, amigos, y de todos quienes se movilizan; y pese a reconocer la injusticia, se declara esperanzado en que “las detenciones, los desaparecidos, los torturados y muertos, no serán en vano”. Su familia en tanto, se mantiene en la lucha activa, anhelando en la previa a su liberación, un arresto domiciliario que les permita estar juntos el 1 de enero, pues mientras gran parte del país celebre la llegada del 2020, a ellos los congregaría el gozo de compartir en casa, con Licanantai Yupanqui Corrales Pérez, su cumpleaños número 21.

 

¿Cómo apoyar?

Cabe mencionar que al día de hoy, la familia ha asumido todos los costes judiciales del caso de manera autónoma, debido a la falta de respuesta de las entidades correspondientes a las que acudieron. Sin embargo, y dado lo extenso y complejo del proceso, se ha iniciado una campaña en su apoyo, cuyos fondos se destinarán en totalidad al pago de honorarios de su defensa.

Quienes deseen colaborar, pueden hacerlo mediante depósito o transferencia a la siguiente cuenta bancaria de la hermana del joven atacameño: Cuenta RUT, Nº 17.655.468-1, Tania Corrales Pérez, libertadlicanantai@gmail.com

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Autor entrada: Convergencia Medios

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