Diez meses después, ¿dónde está el hirak y hacia dónde va?

Hocine Belalloufi

(Extraído de Viento Sur)

Después de diez meses de protestas populares a gran escala, la situación política argelina está marcada por dos hechos contradictorios importantes. El primero es la convocatoria electoral del 12 de diciembre de 2019, con la elección de Abdelmayid Tebún como Presidente de la República. El segundo es el mantenimiento y fortalecimiento del movimiento de contestación popular al régimen, el hirak. Estos dos hechos confirman la situación de equilibrio relativo entre las dos fuerzas que se han enfrentado desde el 22 de febrero de 2019.

Pero, ¿cuál es la realidad del equilibrio de poder entre estos dos protagonistas? ¿Cómo puede evolucionar? ¿Qué camino debe tomar el hirak para hacer exitosa su lucha por el establecimiento de un régimen que finalmente sea producto de la libre expresión de la soberanía popular? Para responder a estas preguntas, es imprescindible comenzar analizando los diez meses de protesta popular. La retrospectiva que tenemos hoy nos permite secuenciar políticamente esta protesta.

Fase 1: el hirak en la ofensiva

Esta primera secuencia se extiende del 22 de febrero al 4 de julio de 2019. Está marcada por la irrupción repentina y masiva de las masas populares en la escena política como actor principal. En adelante, la vida política argelina ya no tiene lugar solo o incluso principalmente entre facciones del poder, sino entre este último y el hirak, que se encuentra en una posición de ofensiva estratégica. En efecto, el hirak no se contenta con oponerse a la perspectiva de un quinto mandato para Bouteflika sino que desafía más ampliamente a todo el régimen y se pronuncia cada vez más claramente por una transición democrática. Desconcertado, el poder se encuentra a la defensiva. Lucha por la supervivencia de un régimen que no tiene un proyecto atractivo que ofrecer a su pueblo.

Esta primera secuencia se divide a su vez en dos actos. El primero va del 22 de febrero al 2 de abril, fecha de la renuncia del presidente Abdelaziz Buteflika. El hirak ganó entonces una serie de victorias tácticas. Bajo la presión constante de las y los manifestantes, Buteflika renunció a presentarse a las elecciones presidenciales del 18 de abril, que terminó cancelando por completo. Destituye a Ahmed Ouyahia, el primer ministro odiado por la población, y su gobierno. Su intento de abrir una transición controlada mediante la convocatoria de una conferencia nacional de diálogo inclusivo no tuvo más éxito. Este movimiento de salida del marco constitucional empuja al Alto Mando del Ejército Popular Nacional (ANP) dirigido por el Jefe de Estado Mayor y Viceministro de Defensa, General del Cuerpo Ahmed Gaïd Salah, a obligar a dimitir al presidente de la República que, según un escenario bien establecido, «renuncia por iniciativa propia» …

El segundo acto tendrá lugar del 3 de abril al 4 de julio. El poder real, el del Alto Mando del ejército, debe luchar en dos frentes. Concentra la mayor parte de sus fuerzas en desmantelar los componentes de la Casa Buteflika, a saber, el personal político (líderes de la burocracia estatal y de los partidos de la coalición presidencial), de seguridad (figuras principales de los servicios de seguridad militares y policiales) y financiero (principales oligarcas del país). La máquina judicial es puesta en marcha para inculpar y enviar a todo ese mundillo a prisión.

Al mismo tiempo el poder real se enfrenta a hirak y trata de imponerle una salida “constitucional” de la crisis que preserve el régimen. El artículo 102 de la Ley Fundamental es invocado para permitir que el jefe de estado interino, el Presidente del Consejo de la Nación (senado), Abdelkader Bensalah, prepare unas nuevas elecciones presidenciales el 4 de julio. La oposición activa del hirak y la negativa de los magistrados y presidentes de APC [Asambleas Populares Municipales, el equivalente de los alcaldes] a hacerse cargo de la preparación de estas elecciones obligó al poder a cancelar las elecciones.

El segundo acto termina con esta nueva victoria táctica para el hirak, que demanda nada menos, a nivel estratégico, que un cambio de régimen.

Fase 2: el hirak estratégicamente a la ofensiva pero tácticamente a la defensiva

Esta segunda secuencia se extiende del 5 de julio al 12 de diciembre de 2019 y está marcada por la ofensiva de poder contra el hirak. Este último continúa en una situación de ofensiva estratégica en el sentido de que mantiene su demanda de transición con vistas a un cambio de régimen y de que las autoridades aún no pueden reprimirlo o siquiera reducirlo sustancialmente dividiéndolo. Pero el hirak pierde la iniciativa y se encuentra tácticamente en una posición defensiva debido a una cierta disminución en su movilización y a una dificultad para establecer nuevos objetivos tácticos acordes con ella. Ya no avanza hacia la realización de su propio proyecto, sino que debe tratar de evitar que el poder de facto imponga su nueva agenda presidencial. Este es el asunto principal en esta segunda secuencia, que también se divide en dos actos.

El primero se extiende desde el 5 de julio, e incluso un poco antes, hasta el 31 de octubre. El Alto Mando del ENP (Armée Nationale Populaire ANP/Ejército Popular Nacional) concentra la mayoría de sus fuerzas políticas (pero no militares) en contrarrestar al hirak. En general, ha puesto ya a la facción Bouteflika fuera de combate. Pero a partir del 9 de julio, se encuentra de facto fuera del marco de su propia constitución, tan importante para él. Ahora expuesto ante los ojos de la ciudadanía, se enfrenta directamente al pueblo y debe reconstruir rápidamente la fachada democrática que oculta su verdadero poder a ojos de los más crédulos. Aprovechando el retroceso veraniego de la movilización popular y la ausencia de una fuerza hegemónica dentro del hirak, siguiendo sus costumbres, impone una falsa concertación, a través del establecimiento de una Instancia Nacional para el Diálogo y la Mediación ( INDM) que es en gran parte boicoteada. Al comienzo del nuevo año escolar en septiembre, las elecciones presidenciales son programadas para el 12 de diciembre y, en el proceso, la ley relativa al régimen electoral y la orgánica relativa a la Autoridad Nacional Independiente encargada de las Elecciones (ANIE) son votadas a paso de carga por las dos cámaras de la Asamblea.

Paralelamente, y desde finales de junio, la represión se abate sobre el hirak. Todos los viernes las fuerzas policiales cercan la capital para evitar que accedan manifestantes de otros lugares. Mucha gente activista conocida y figuras políticas o asociativas, así como manifestantes, en particular quienes portaban el emblema amazigh (bereber), ha sido arrestada, juzgada y condenada. Con los principales medios públicos y privados controlados, el hirak desaparece de las noticias que vienen de arriba. Se prohíben múltiples reuniones de fuerzas organizadas y los lugares de reunión están cerrados para la población.

El hirak se ve así obstaculizado en su acción y en su organización. También debe enfrentar la disminución de la movilización estudiantil, lo que empuja al gobierno a reprimir su marcha semanal del martes 8 de octubre. Del lado sindical, el movimiento de reapropiación de UGTA desaparece por completo después del congreso extraordinario de la UGTA celebrado en junio. La Confederación de Sindicatos Autónomos (CSA) encuentra extremadamente difícil participar en una acción política unida mientras lidera la lucha económica y socialmente. La Confederación General Autónoma de Trabajadores de Argelia (CGATA) adopta posiciones políticas más claras, pero permanece aislada y no puede reunir a todos los sectores de las y los trabajadores. Esta debilidad del movimiento sindical pesará mucho en el momento de la huelga general. Finalmente, la reanudación masiva de la harraga (emigrantes ilegales) confirma simbólicamente que el hirak está tácticamente a la defensiva.

El segundo acto se extiende del 1 de noviembre al 12 de diciembre. Las manifestaciones semanales son cada vez más masivas e igualan a las de marzo y abril. En algunas ciudades se vuelven diarias. Los movimientos de secundaria y universitarios se organizan y actúan cada vez más juntos. La campaña electoral es ampliamente disputada, los candidatos no pueden celebrar sus reuniones sin ser interrumpidos ni pegar sus carteles.

Pero el regreso del hirak resulta demasiado tardío para impedir los movimientos de fuerza del poder. Éste ganó varias victorias tácticas. A principios de noviembre, logró romper la huelga general de los magistrados que habían contribuido al fracaso del escrutinio del 4 de julio al negarse a supervisarlo. Esta vez, el cuerpo de la magistratura no se implica contra las elecciones presidenciales del 12 de diciembre. Fuera de Kabilia, los presidentes de las APC no declaran su negativa a hacerse cargo de la organización del escrutinio, a diferencia del 4 de julio. Algunas organizaciones de la «familia revolucionaria» que se habían desmarcado del poder (Organización Nacional de Mujahidin-ONM, Organización de los hijos e hijas de Couahada (mártires de la guerra de liberación)-ONEC…) permanecen en silencio. El gobierno se las arregla para jugar con el miedo de ciertas categorías sociales (comerciantes, artesanos…) preocupadas por el estancamiento político y el vacío y asustadas por el lema del boicot a las elecciones blandido por un hirak que realmente no tiene los medios para llevar a cabo un gran trabajo de persuasión en su dirección. Del mismo modo, se beneficia de los límites de los sindicatos autónomos que impiden que el hirak ponga en práctica la consigna de una huelga general.

Finalmente, la transmisión en directo por televisiones privadas del juicio de ex primeros ministros (Ouyahia y Sellal), ex ministros y empresarios de la Casa Bouteflika (Youssefi, Haddad, etc.) tiene como objetivo demostrar la determinación del poder para combatir la corrupción

Todas estas victorias tácticas finalmente le permiten al gobierno ir imponiendo sus planteamientos y ​​ganar su apuesta. El 12 de diciembre, la votación presidencial tiene éxito y su candidato, Abdelmadjid Tebbún, es elegido en la primera vuelta, sin ninguna disputa por parte de sus competidores. Organizado por un régimen ilegítimo e ilegal, no es creíble porque no se cumplen las condiciones mínimas de equidad y la abstención es ampliamente mayoritaria: más del 60% si nos atenemos a las cifras oficiales … mucho más según la oposición. Una cosa resulta cierta, sin embargo, la votación, aunque impugnada, denunciada y rechazada, tiene lugar, el hirak no puede evitarlo.

Fase 3: ¿Qué táctica adoptar?

Las y los actores de hirak deben ser conscientes de esto. La operación del régimen de imposición de su hoja de ruta fue exitosa. No tiene sentido negarse a ver la realidad. Por el contrario, es necesario extraer objetiva y lúcidamente las lecciones de la última secuencia para permitir que el hirak continúe su lucha a favor de la emancipación política y social del pueblo argelino y la ruptura con la política económica nacional llevada a cabo desde hace ya cuatro décadas.

El 12 de diciembre, el gobierno colocó la primera piedra de la nueva fachada democrática de un régimen autoritario concentrado en manos del Alto Mando de la ANP, que aún impide que las y los argelinos obtengan el rango de titulares exclusivos del soberanía popular. Y la población es sistemáticamente fichada, monitoreada y reprimida por las diversas fuerzas policiales del régimen así como privada de cualquier recurso legal o de otro tipo.

Pero el poder aún permanece en una situación de defensiva estratégica. Ganó una batalla, pero no tiene planes y no acabó con un hirak que demostró, justo después de las elecciones, una notable vitalidad y poder. Lo más difícil queda por hacer para el poder autoritario que ya no puede gobernar como antes e inevitablemente se verá obligado a maniobrar, a menos que establezca un régimen de dictadura abierta. Porque la gente movilizada en el hirak no se rinde y se niega más que nunca a respaldar su fachada «democrática».

Por lo tanto, estamos más que nunca en una situación de relativo equilibrio de poder. Hasta la fecha, el hirak no ha tenido la fuerza suficiente como para derrocar al régimen y este último no puede, hasta la fecha, acabar con la movilización popular. Todo dependerá en el futuro de la lucha política que se emprende durante la tercera secuencia iniciada el viernes 13 de diciembre por gigantescas manifestaciones en Argel y en otras ciudades del país.

El hirak debe definir una táctica adaptada a la situación y dotarse de los medios para aplicarla y lograr que tenga éxito. Para hacer esto, debe resolver la contradicción entre la naturaleza revolucionaria de sus demandas («derrocamiento del régimen») y su naturaleza como un movimiento de reforma radical. Repetimos desde el 22 de febrero que Argelia no se encuentra en una situación revolucionaria. El hirak no está objetivamente en una dinámica de derrocamiento del poder. Si hubiera sido así, el boicot, es decir impedir la celebración de las elecciones, no habría tenido lugar solo en unas pocas wilayas, sino en todo el país y, en primer lugar, en la capital . Lo mismo ocurre con la huelga general que habría paralizado a todos los sectores de la vida económica y social. El problema de la autoorganización se habría resuelto con la aparición de una dinámica de doble poder durante la cual, como en Kabylia en 2001, habrían surgido comités populares para reemplazar a las APC. Habría surgido un gobierno revolucionario provisional, se habrían producido escenas de confraternización o, al menos, de neutralidad activa de las fuerzas policiales desplegadas … Sin embargo, no ha sucedido nada similar. Por el contrario, la represión ha resultado ser masiva en Orán y otras ciudades en el oeste del país. Por lo tanto, debemos volver a una apreciación objetiva de los límites y contradicciones del hirak si realmente tenemos la intención de fortalecerlo.

Esta afirmación del carácter no revolucionario de la situación no significa que no se produzca una situación revolucionaria en los próximos meses. La crisis argelina en ciertos momentos ha tomado la forma de una crisis prerrevolucionaria. Podría por tanto convertirse en una crisis de ese tipo. Pero una táctica revolucionaria solo se define en una situación revolucionaria y no en una situación prerrevolucionaria o no revolucionaria. Quienes pretenden actuar de manera útil no deben guiarse por sus sentimientos. La lucidez es necesaria para hacer avanzar al hirak, para hacerle salir de esta crisis aún más poderoso y en una posición victoriosa, y no debilitado, desmoralizado y derrotado.

Por todas estas razones, es necesario definir una táctica teniendo en cuenta lo que realmente puede asumir y lograr. Comprendiendo que no puede ignorar al hirak y menos aún atacarlo de frente, Abdelmadjid Tebbún dice que quiere construir una nueva Argelia, lejos de las prácticas del pasado. El hirak debe exigirle cumplir su palabra, sin ninguna ilusión. Tebbún quiere dialogar, por qué no … pero solo después de la aceptación de ciertos requisitos previos que incluyen:

– la liberación incondicional de presos de conciencia políticos y la cancelación de las condenas y las multas impuestas …

– la apertura de los medios importantes a la ciudadanía y las fuerzas políticas, sindicales y asociativas … y el cese inmediato del hostigamiento a las y los trabajadores de la prensa,

– el fin del cerco a la capital en los días de manifestación y la consiguiente reducción del actual sistema policial que es una provocación frente a un movimiento pacífico,

– el reconocimiento inmediato y efectivo en la práctica del derecho de reunión obstaculizado desde 1992 para permitir al hirak y a las y los ciudadanos celebrar reuniones y estructurarse si lo consideran necesario y favorecer el desarrollo o la creación de nuevos partidos, sindicatos, asociaciones, comités …

– el fin inmediato de los obstáculos al derecho de huelga y las libertades sindicales,

– la defensa de la soberanía nacional amenazada por la política económica llevada a cabo hasta la fecha en beneficio de las multinacionales, bancos y compañías de seguros extranjeras y de oligarcas…

– el fin de los ataques contra el poder adquisitivo y las conquistas de las y los trabajadores y las capas populares.

Que Tebún satisfaga estas condiciones y entonces será posible negociar una salida a la crisis, incluida la redacción de una nueva Constitución y la apertura de una transición real a un régimen civil. Mientras tanto, es por tales requisitos previos por lo que el hirak debe luchar en las próximas semanas para lograr nuevas conquistas y fortalecerse. Porque necesita objetivos tácticos concretos que alcanzar para no quedarse sin aliento y agotarse.

Al mismo tiempo, debe ser consciente de algunos de sus errores y corregirlos. Desde el principio, el hirak siempre se ha preocupado por distinguir al ejército de la jerarquía militar superior. Debe hacer lo mismo con la policía en lugar de denunciar e insultar a toda la policía sin distinción. Del mismo modo, las exigencias a la ciudadanía de no ir a votar o las órdenes a los comercios para que cerraran han demostrado ser contraproducentes. El hirak debe seguir siendo un movimiento que propone a la gente y no que se impone a ella. Debe ser unificador para construir una alternativa poderosa.

También debe ser consciente de sus debilidades y límites para poder superarlos mejor. La cuestión sindical sigue siendo el núcleo de los desafíos que aún tiene que superar para que este movimiento de trabajadoras y trabajadores organizados en todas las regiones del país y todos los sectores de la vida social pueda convertirse en su columna vertebral. El hirak también debe brindar un apoyo inquebrantable a las y los abogados y magistrados honestos y conscientes que luchan por la independencia del poder judicial y a las y los trabajadores de la prensa pública y privada que luchan por la libertad de prensa y los derechos sociales y sindicales.

Primeras conclusiones y perspectivas

Casi diez meses después de su aparición, el hirak permanece en una posición ofensiva estratégica. A través de una transición, todavía tiene la intención de cambiar el régimen, no solo el presidente. El poder, por su parte, logró imponer el 12 de diciembre y, por lo tanto, obtuvo una victoria táctica. Pero permanece en una posición defensiva a nivel estratégico, buscando ganar tiempo para preservar el régimen actual.

Por lo tanto, el hirak debe continuar su lucha mostrando tanta determinación y movilización como inteligencia e inventiva políticas. En particular, debe establecer consignas y objetivos intermedios porque aún será larga la lucha para hacer que triunfen sus objetivos. En la secuencia iniciada el día después de las elecciones, debe obtener nuevas victorias, parciales por supuesto, pero indispensables para consolidarse. Y si en algún momento tiene que negociar con el gobierno, debe hacerlo. La negociación no debe ser demonizada como tal. Todo depende de los resultados obtenidos.

Las y los partidarios de un proyecto de defensa de la soberanía nacional contra el imperialismo, la justicia social contra las fuerzas liberales y ultraliberales y la democracia contra las corrientes autoritarias deben converger para luchar conjuntamente en esta lucha, respetando sus diferencias y divergencias.

Finalmente, las y los activistas que se reclaman de la lucha de las y los trabajadores y el socialismo deben debatir y actuar conjuntamente para construir, con las y los trabajadores conscientes, un partido que finalmente permita al proletariado de Argelia arrancar su independencia de clase.

*Hocine Belalloufi es periodista y activista de izquierda con sede en Argel. Ex coordinador editorial de Argel Républicain de 2003 a 2008, también es autor de dos libros: La démocratie en Algérie. Réforme ou révolution ? (Democracia en Argelia. ¿Reforma o revolución?) (Apic y Lazhari-Labter, Argel, 2012) y Grand Moyen Orient : guerres ou paix ? (Gran Medio Oriente: ¿guerras o paz? ) (Lazhari-Labter, Argel, 2008). La editorial Le Croquant publicará próximamente su libro, titulado Algérie 2019-2020: Le peuple insurgé. Entre réforme et révolution. (Argelia 2019-2010: el pueblo insurrecto. Entre reforma y revolución).

Argel, 16/12/2019

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Autor entrada: Convergencia Medios

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