Del poder constituido y del poder por constituir: reflexiones en torno a la coyntura

Por Alberto

Un acuerdo hecho a la medida:

El acuerdo por la “paz y nueva constitución” con el correr de los días solo ha sumado detractores. Este acuerdo elaborado por la mayoría de los partidos políticos con presencia en el Congreso y cuyo objetivo fue el de otorgar una salida pactada a las protestas populares de las últimas semanas, viene en determinar a grandes rasgos el funcionamiento de una futura instancia constituyente -convención mixta constitucional o convención constitucional-, delegando en una pretendida comisión técnica “que se abocará a la determinación de todos los aspectos indispensables” el deber de materializar lo indicado en el acuerdo.

El rechazo al acuerdo emana principalmente, y con justa razón, de que este fue el resultado de una “cocina” a espaldas del Pueblo para intentar frenar la rebeldía popular que se expresa ya hace un mes.

Si bien la revuelta cuenta con demandas específicas y que pueden ser resueltas bajo el actual texto constitucional, a los pocos días de iniciada, se instaló la exigencia de una Asamblea Constituyente que pusiera fin a la Constitución dictatorial. Esta demanda que ciertos sectores de izquierda han enarbolado por años, en tan solo días se convirtió en una aspiración del pueblo en lucha, obligando al bloque en el poder ofrecer  una salida, la que finalmente terminó siendo -otra vez- a su justa medida.

El Poder Constituido intenta perpetuarse:

Por poder constituido para efectos de esta nota, lo entenderemos como aquél impuesto bajo el contexto de terrorismo de Estado desatado luego del golpe de cívico militar de 1973 y que se consagra o constituye en la Constitución Política de 1980.

Por tanto, el poder constituido, como todo poder, es esencialmente de clase, siendo el consagrado en la Carta de 1980 no más que la voluntad de la clase dominante en ese entonces erigida en ley superior.

La Constitución del 80’, reflejó el carácter refundacional del capitalismo que tuvo el Golpe de Estado, el que inauguró la fase o patrón neoliberal de acumulación capitalista en el país. Expresó también el carácter o rol que cumpliría el Estado, modificando radicalmente el papel que éste jugó en la fase previa en la historia de Chile. Esto es del todo relevante, ya que la fase neoliberal del capital en Chile y el Estado subsidiario no “nace” de un texto jurídico, éste solo lo consagra; la determinación del carácter del orden social es una cuestión que emana de la lucha de clases y en definitiva de la clase social que logra imponerse.

Como bien es sabido, los gobiernos civiles de la Concertación y posteriores no han hecho más que perfeccionar dicho modelo que precarizó y endeudó a la clase trabajadora, devastó el medio ambiente, mercantilizó todas las aristas de la vida, bajo el discurso de la superación de la pobreza y del desarrollo. [1]

El acuerdo de paz y nueva constitución entonces no otorga los elementos necesarios para que el Pueblo soberano sea quien piense y determine el marco general sobre el cual la sociedad deba convivir. Por el contrario, establece mecanismos y formas de funcionamiento que harán muy difícil sino imposible que la voluntad del pueblo realmente se manifieste en el nuevo texto constitucional.

En la academia se distingue entre Poder Constituyente originario o derivado. El originario se manifiesta en el primer texto constitucional de un Estado, o el que ve la luz luego de una crisis política (como lo sería una revolución o un proceso independentista). El derivado, está reconocido en la Constitución vigente y da lugar más bien a reformas constitucionales y no a nueva Carta. En este caso, pese a publicitarse que se trabajará sobre una “hoja en blanco”, estamos frente a un poder Constituyente derivado y no originario, pese a ser éste último el requerido en esta coyuntura. En dicho sentido, hoy lo que se cuestiona es el patrón de acumulación neoliberal y la Constitución que lo consagra; asistimos por ende a una crisis de hegemonía neoliberal, el cual ya no logra generar consenso en la población (ni por la fuerza ni por la diplomacia).

Las posibilidades abiertas con la revuelta son de alcances aun inciertos. Como nunca en los últimos 30 años la clase trabajadora y el Pueblo en general han asumido una posición transformadora del status quo. Y aquello lo sabe el bloque en el poder, dentro del cual, si bien hay diferencias, logró imponerse aquel sector que quiere negociar una salida. No es casual entonces que sectores del empresariado salgan a felicitar el acuerdo logrado[2], o que Von Rysselberghe la titule como la “Constitución de Piñera”. En el mismo sentido van las declaraciones de Allamand. Saben que el acuerdo limita la libertad constituyente a su favor.

La Asamblea Constituyente y el cierre del periodo político:

El rechazo al acuerdo de paz y nueva constitución, más allá del debate sobre su articulado en particular, es por negar una Asamblea Constituyente con plenos poderes, realmente representativa y que esté por sobre el Poder Constituido. En otras palabras, la Convención Constitucional no es más que una falsa Asamblea Constituyente, no siendo una mera cuestión semántica lo que las diferencia, sino que, la ausencia de facultades para funcionar de acuerdo con sus propias normas.

De lo anterior, resulta que la consigna y demanda de una Asamblea Constituyente es pertinente y necesaria para lograr avances sustanciales a favor del pueblo trabajador. Si bien una instancia como esta no está exenta de las contradicciones entre clases, sí puede ser el espacio que limite el derecho de propiedad en pos de bien común, el que modifique el carácter del Estado, etc. Pudiendo incluso, dependiendo del alcance del nuevo texto, desencadenar una modificación en el patrón de acumulación.  

Con lo recién dicho, no estamos sosteniendo que con una Asamblea constituyente, atendido los niveles de organización de la clase trabajadora y el monopolio de la fuerza por parte del bloque en el poder se logre la superación del capitalismo. Para la superación del modo de producción se requiere aun madurar muchos aspectos, ya que si bien en un par de semanas hubo un salto cualitativo a niveles que por años no se habían logrado en la organización y lucha popular, esta circunstancia plantea -a quienes defendemos un proyecto emancipatorio- un montón de tareas y desafíos a llevar adelante junto con nuestra clase, como cuestiones previas a la transformación radical de la sociedad.

Por tanto, y pese a que la Asamblea significará la superación del capitalismo en Chile, sí es la instancia que, por una parte, si se logra revertir el acuerdo pactado por el partido del orden, abrirá el camino para poner fin al periodo político e iniciar uno nuevo con la clase trabajadora como protagonista (avanzando posiciones mucho más rápido de lo que lo hizo en las últimas décadas); y por otra, podría permitir conquistar y consagrar una serie de demandas que han nacido en los últimos años de movilizaciones sociales. Estas conquistas deben materializarse, puesto que de esta manera se prueba que la lucha da, que solo con organización se avanza.

Hoy entonces, en esta coyuntura, el acuerdo del partido del orden debe denunciarse por negar la posibilidad de una verdadera Asamblea Constituyente con plenos poderes, que tenga la facultad de modificar materias esenciales y estructurales del fracasado consenso neoliberal, sin riesgos de vetos, ni de reglas impuestas por el poder constituido. En ello la protesta popular y herramientas como la huelga general están al orden del día, las cuales debemos desarrollar pronto, para no dar espacio al reacomodo de la clase dominante.

El proceso popular constituyente ya avanza:

En un plano distinto a lo anteriormente señalado, afirmamos que el proceso popular constituyente ya comenzó. Cientos, sino miles de asambleas y cabildos populares en poblaciones, centros de estudios, sindicatos, etc. han reunido a la población a discutir, dialogar y deliberar sobre la sociedad que queremos, del nuevo país que de a poco se construye. Las asambleas populares por ende son de carácter estratégico, puesto que desde estos espacios es donde la clase se constituye así misma, son su propia escuela; labor de la militancia popular será fortalecerlas y multiplicarlas, y por sobre todo ayudar a darles permanencia en el tiempo en los momentos de repliegue.

En 1925, el proceso constituyente también contó con su propia constituyente popular: La Asamblea de Obreros e Intelectuales, donde convivieron organizaciones de trabajadores, feministas, de estudiantes, etc. A nuestro juicio, para dotar de permanencia a las asambleas, se debe pensar en encuentros mayores, regionales y nacionales, tal como lo han planteado muchos compañeros y compañeras. Desde ahí nacerá la organización del Pueblo que afrontará los avatares que se nos vienen y que no serán pocos. Estratégicamente esta tarea es central.

Lo relevante entonces, es diferenciar los distintos planos que se abren con esta coyuntura. Habrá tareas tácticas de disputa directa al poder constituido, como lo es una Asamblea Constituyente, y otras estratégicas de constitución de Pueblo por medio de las formas organizacionales que la clase se dota para sí misma.

Por último, y en el plano de la disputa al poder constituido, es tarea también tomarse los espacios reconocidos por la institucionalidad vigente, como sindicatos, juntas de vecinos, federaciones estudiantiles, entre otros. Cuando la izquierda rebelde ha disputado estas instancias, las ha ganado, y ello no es casual, puesto que el Pueblo reconoce a quienes construyen honestamente, sin esperar prebendas a cambio. La importancia de estos espacios está en su capacidad de organizar y de dirigir. Son espacios de los que se debe expulsar a los operadores del poder constituido. En un primer momento estas organizaciones reconocidas por la institucionalidad serán necesarias para afianzar las conquistas populares, por lo mismo no pueden omitirse en un plan de acción. No disputarlas, es cederlas al partido del orden, quien no dudará en utilizarlas para eliminar cualquier forma de organización autónoma de la clase y en aliarse con quienes son enemigos del pueblo.

Vivimos un momento histórico y la militancia del pueblo debemos estar a la altura. Hoy más que nunca en las últimas décadas la unidad de la izquierda con pretensiones revolucionarias se plantea como necesidad imperiosa. Seguramente este proceso contará con varias etapas y expresiones, pero debe iniciarse ya. La Historia así lo exige.

[1] https://www.latercera.com/pulso/noticia/chile-uno-los-paises-la-region-donde-mas-cayo-la-pobreza-2012-2017/485579/

[2] https://www.elmostrador.cl/mercados/2019/11/15/ministro-briones-luksic-y-gremios-empresariales-celebran-acuerdo-por-nueva-constitucion/

 

Compártelo en:

Autor entrada: Convergencia Medios

Comentarios

  Suscribete  
Notifíicame de