Martín Ogando: «Un gobierno popular solo es posible con pueblo en la calle, movilizado, reclamando lo suyo y no sólo esperando que un gobierno le otorgue algunas concesiones»

Por Simón Fuentes

Siguiendo con las entrevistas por la situación que vive hoy la Argentina, conversamos con Martín Ogando, militante y miembro de la Dirección política del Frente Patria Grande, el cual hace parte del Frente de Todos, la coalición que lleva adelante la candidatura de la dupla Fernández-Fernández. 

¿Cómo explican desde el Frente Patria Grande la derrota sufrida por el gobierno de Macri en las PASO?

En una primera evaluación, hay que decir que la realidad le ganó a la posverdad, que la economía le ganó a las fake news. Más allá de muchas especulaciones y operaciones, el resultado electoral penalizó la desastrosa gestión económica de Cambiemos y sus efectos dañinos sobre la inmensa mayoría de la población trabajadora. Es una buena enseñanza para los que sobreestiman el lugar del marketing político, la big data y el blindaje mediático. Estos elementos por supuesto que operan, pero lo hacen sobre la base de fenómenos y tendencias de la realidad. Por eso en 2015 se impusieron y en este contexto sufrieron, por ahora, un rotundo fracaso. La verdad es que la gran diferencia que alcanzó la fórmula del Frente de Todos sorprendió por las encuestas que se venían difundiendo y la sensación de paridad que lograron generar algunos medios de comunicación, pero si caminabas un poco la calle te dabas cuenta de la tremenda bronca que había con el gobierno. No encontrabas a los votantes de Macri, estaban escondidos debajo de las baldosas.

Ahora bien, la amplitud del resultado electoral no se explica sólo por el voto anti-Macri. El Frente de Todos logró convertirse en un canal eficaz para canalizar esa bronca. Y lo logró por la gran unidad y pluralidad que expresa. Cristina es la dirigenta opositora más importante del país, y aportó una base electoral muy potente. Alberto Fernández mostró ser un candidato muy inteligente, con sus tonos moderados y negociadores, pero también con capacidad de liderazgo. El entramado peronista, en sus diversas y muy heterogéneas versiones, aporta el grueso de la estructura y la presencia territorial. Pero además, hay un aporte importante de organizaciones populares, sindicales, sectores provenientes de la izquierda y el progresismo, que en mi opinión le dieron al Frente una amplitud decisiva y muy necesaria. Se logró instalar la idea de que el Frente de Todos apunta a una nueva experiencia política, no meramente a la vuelta del kirchnerismo, más allá de que este sea un componente fundamental. En esto tuvieron mucho que ver referencias que veníamos de otros lugares, como Matías Lammens, el candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Victoria Donda y Pino Solanas, una feminista y académica prestigiosa como Dora Barrancos o la emergencia de una candidatura joven y disruptiva como la de nuestra compañera Ofelia Fernández.

Quiero señalar un último motivo para la derrota de Macri, que en realidad es en importancia y temporalmente el primero: la enorme movilización social que tuvimos durante estos años. En estos años sufrimos muchos retrocesos, pero la situación hubiera sido mucho peor sin la capacidad de movilización, de lucha, que mantiene nuestro pueblo. Esa movilización hizo fracasar las políticas más agresivas del gobierno, hizo imposible por ejemplo siquiera discutir seriamente la reforma laboral que quieren los empresarios y el FMI, y también desgastó políticamente a Macri. Digamos que la lucha social abonó el camino, generó las condiciones para la derrota de Cambiemos, y el Frente de Todos se constituyó como el instrumento político eficaz para culminar acertadamente ese trabajo.

Desde esa fecha hasta ahora, se han producido movilizaciones que han continuado presionando el gobierno, ¿cómo las analizan ustedes? ¿Cómo ven su potencial?

Después del resultado de las PASO la crisis económica y social se profundizó y dentro de la oposición hay vacilaciones sobre qué hacer. Un sector de la dirigencia opositora piensa que no hay que hacer olas, que hay que ser muy cuidadosos porque como la situación social es muy delicada pueden producirse desbordes o incidentes que favorezcan a las manipulaciones de la derecha. Ven incluso cierta fragilidad institucional, y quieren evitar una caída anticipada del actual gobierno, que complicaría el panorama. En ese sentido algunos sectores han desalentado un poco la movilización social.

Nosotres, por el contrario, entendemos que hay que sostener la movilización y poner en primer plano las demandas de la clase trabajadora y los movimientos sociales frente a la crisis que estamos viviendo. Justamente porque la situación es muy crítica no hay margen para sentarse a esperar a que en diciembre asuma un nuevo gobierno y las cosas mejoren. Es hoy que tenemos que defender el salario, es hoy que tenemos que garantizar un plato de comida y es hoy que tenemos que defender los hospitales y las escuelas de nuestro pueblo. Así lo han entendido una serie de organizaciones como la CTEP, Barrios de Pie, la CCC y decenas más que vienen desarrollando un plan de lucha muy intenso reclamando la aprobación de la Emergencia Alimentaria en el Congreso Nacional. Además de lo desesperante de la coyuntura, en nuestra concepción, un gobierno popular solo es posible con pueblo en la calle, movilizado, reclamando lo suyo y no sólo esperando que un gobierno le otorgue algunas concesiones. Por lo tanto eso es algo que vemos como continuidad si llegamos al gobierno el 10 de diciembre: nuestros compañeros y compañeras seguirán en la calle. Por supuesto que con otro vínculo con el gobierno, pero en la calle. 

De todas maneras hay que registrar un descenso de la conflictividad que en realidad es previo al resultado de las PASO. Desde finales del 2018, producto de la crisis y el desgaste del gobierno se empieza a ver que es posible un triunfo de la oposición en estas elecciones. Y eso objetivamente empieza canalizar expectativas crecientes de la gente, de las organizaciones, de les dirigentes de esas organizaciones, hacia el terreno electoral. No fue que se dijo “dejemos de lucha y ahora vamos a votar”, pero la líbido se empezó a correr hacia otro lado. No lo digo como algo negativo en sí mismo, simplemente como una realidad. Los esfuerzos empezaron a concentrarse en ese plano, en gestar la unidad electoral, que finalmente se logró de muy buena manera, y la lucha de calle tendió a descender, sin desaparecer por completo. El punto de inflexión fue la cumbre del G-20 en Buenos Aires, que transcurrió sin ningún incidente.  

Dentro de la alianza, que sostiene la dupla Fernández-Fernández, están también distintas expresiones del peronismo, incluso Alberto Fernández viene de un sector crítico de Cristina. ¿Cómo se convive con esos sectores?

Nuestro frente es muy amplio, muy heterogéneo, todo lo amplio y heterogéneo que se necesitaba para ganar. Creo que hubo una gran maduración en muchos sectores que llegamos a la conclusión de que no nos podíamos permitir cuatro años más del neoliberalismo de Cambiemos. Que se tenían que ir sí o sí, y que para eso había con construir una herramienta defensiva lo más amplia posible.

Esa amplitud es tal que supone niveles de contradicción, obviamente. En el frente hay sectores que sostuvieron (y seguramente volverán a sostener) posiciones muy conservadoras en múltiples aspectos. Gente con la que nos pusimos de acuerdo para sacar a Macri, pero con la que probablemente no nos pongamos de acuerdo fácilmente en un proyecto de país. ¿Cómo se convive? Primero y principal siendo consciente de la realidad, de qué cosas nos unieron en el Frente, que son suficientemente importantes y urgentes. Se convive porque nos une un gran objetivo y se convive porque los sectores más conservadores, que están, no hegemonizar por completo. Cristina tiene un papel importante en eso, y aún la voz de Alberto, componedora como es, hace el esfuerzo de contener también las necesidades e inquietudes de los movimientos populares. Y así es que tenemos un frente inédito que va desde Sergio Massa y sectores muy moderadores y conservadores del PJ hasta la más amplia participación de movimientos populares, progresistas y de izquierda que haya habido desde 1983 a esta parte. Obviamente esa unidad, que siempre es trabajosa, es más fácil para ganar elecciones que para gobernar. Ahí estará el desafío.     

Dentro de eso mismo, ¿cuáles son las apuestas políticas en lo inmediato para las elecciones, pero también las apuestas que tienen frente a la posibilidad de una victoria electoral?

La primera apuesta política es muy elemental y defensiva: darle un respiro a nuestro pueblo de la pesadilla neoliberal que fueron estos casi cuatro años. Parece un objetivo muy de mínima, tal vez no tenga una gran “épica revolucionaria”, pero es de vida o muerte. Esta gente vino a transformar la sociedad argentina de manera definitiva, a lograr un disciplinamiento social de largo plazo, y estamos muy cerca de impedirlo. Yo me doy por recontra satisfecho con eso. Después empieza otra pelea.

En el Frente Patria Grande tenemos perfectamente en claro que el gobierno de Alberto Fernández no va a expresar cabalmente nuestro proyecto de país, nuestra perspectiva política en un sentido estratégico. Les que sostenemos ideas más de izquierda, feministas, ni que decir anticapitalistas, somos una minoría dentro de la coalición opositora y no nos engañamos al respecto. Daremos los debates, construiremos consensos y sostendremos las críticas que tengamos que sostener. Vamos a aportar en la institucionalidad desde donde nos toque pero nuestra ancla estratégica está siempre en la calle, en la construcción de poder popular. Y desde ahí somos optimistas en poder convencer al conjunto de la coalición sobre la necesidad de tomar una serie de medidas claves para nuestro pueblo. La integración urbana de los barrios populares, el acceso a la tierra para los pequeños productores, el reconocimiento de los derechos de trabajadores y trabajadoras de la economía popular, un límite al agronegocio y el saqueo de nuestros recursos, la aprobación del aborto legal,  la necesidad de retomar la agenda unidad latinoamericana, son cosas que nosotres vamos a empujar.

Lo primero que vamos a hacer es intentar forjar un bloque de organizaciones populares, donde el Frente Patria Grande es una parte, pero hay una enorme cantidad más de fuerzas políticas, sociales y sindicales, con el objetivo de empujar una agenda de este tipo.  

Si bien es cierto que la única posibilidad de ganarle a Cambiemos es con la dupla Fernández- Fernández, ¿cómo se relacionan con otros sectores que están fuera de esa dupla? ¿Y cómo se proyectan con esos sectores en un futuro gobierno?

Creo que es necesario acá separar lo organizado de lo no organizado. Hay una gran parte de nuestro pueblo a la que no hemos logrado todavía interpelar desde las organizaciones populares y ni siquiera desde el Frente de Todos, aún con lo amplio que es. Desconfían, están frustrados por experiencias pasadas, son presa de discursos de odio y de miedo, que tan eficaces son para el control social. A esos compañeros y compañeras hay que abrazarlos, hay que ir a buscarlos para ofrecerles el sueño de una Argentina más igualitaria, más justa, más soberana y unida a la Patria Grande. Macri sacó casi 8 millones de votos, esos no son oligarcas o capitalistas, hay que ir a buscarlos.

En relación a las fuerzas políticas o espacios sociales de izquierda o progresistas que han quedado por fuera del Frente de Todos hay que decir que son muy minoritarios y que han mostrado, a mi modo de ver, una gran ceguera frente a la coyuntura dramática que se juega en estas elecciones. Electoralmente lo más visible es el Frente de Izquierda, que a pesar de su retroceso mantiene un caudal meritorio. Son compañeros y compañeras muy valiosos, con los que compartimos muchas luchas y reivindicaciones, pero que mantienen una perspectiva política muy sectaria y dogmática en mi opinión. Hay otros sectores, sobre todo del campo intelectual, que han mantenido una distancia crítica respecto del Frente de Todos, pero sin el sectarismo del FIT. Nuestra vocación va a ser siempre tender puentes y generar líneas de trabajo que nos puedan generar momentos de unidad. Por ahora parece difícil. 

Uno de los temas que ha salido bastante en la campaña y de lo que van a tener que asumir, es la deuda con el FMI, ¿cuál es su propuesta? ¿Qué creen que debe hacerse?

Te decía que nuestras propuestas no expresan necesariamente las de Alberto, Cristina o las hegemónicas en el Frente de Todos. No tenemos problema en reconocerlo y en lidiar con eso. Nosotres pensamos que hay que investigar la deuda, llevar a cabo una auditoría integral como se propuso en su momento en Ecuador, y definir qué parte de la deuda corresponde pagar y cuál no. Mientras esa investigación se hace es necesario suspender los pagos provisoriamente para proteger el patrimonio nacional. Una cosa es honrar los compromisos, y otra muy distinta es pagar con el hambre del pueblo los negociados de un grupo de bancos, financistas y familias amigas del poder. La primera deuda que tenemos es con el pueblo, con el resto hay que sentarse a renegociar desde una posición de fuerzas. 

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Autor entrada: Convergencia Medios

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