Sobre el TPP-11 y los vendepatria

Este miércoles 17 de abril la Cámara de Diputados con 77 votos a favor aprobó el Tratado Integral y Progresista del Transpacífico (TPP11) impulsado por los Gobiernos de Michelle Bachelet y de Sebastián Piñera. La votación del TPP11 dejó en evidencia a los vendepatrias de siempre: Chile Vamos, Democracia Cristiana y Partido Radical. Los diputados del PPD y el PS – con la excepción de Jaime Tohá – esta vez agacharon la cabeza y cedieron a la presión popular, rechazando el Tratado impulsado por la ex Presidenta Michelle Bachelet y su Ministro de Exterior, Heraldo Muñoz, actual timonel del PPD.

Este tratado consolida la entrega de la soberanía del país a manos de las empresas transnacionales, las cuales podrán recurrir a tribunales arbitrales internacionales incluso cuando consideren que algunas medidas regulatorias interfieren con las “expectativas razonables de inversión”. ¿Qué significa esto? Sólo el lobby de las empresas lo determinará. No importa que no existan estudios que prueben los beneficios que traería la aprobación del TPP11, ni que se haya demostrado que no era necesario este tratado toda vez que ya existían tratados internacionales con todos los países que participan de este acto. Ni que este tratado significa una limitación al proteccionismo.

Esta votación deja en evidencia el falso patriotismo de la derecha chilena. Cuando se trata de votaciones como la del Estatuto de Roma, el cual permitía juzgar por la Corte Penal Internacional crímenes de lesa humanidad cometidos durante la Dictadura, se acordaron de la soberanía nacional y de la importancia de que Tratados Internacionales no restringieran las facultades de los tribunales nacionales. Sin embargo, cuando se trata de aprobar Tratados Internacionales que entregan poder a las transnacionales para mantener sus ganancias aun cuando se legisle en contra de ellos, no se acuerdan de la soberanía nacional, sino que se rinden a los pies de los empresarios.

Pero esta actitud no sólo es de la derecha que se llama así misma como derecha, sino que también contaron con la complicidad de la Democracia Cristiana y del Partido Radical, partidos que insisten en llamarse de oposición, aunque han votado todos los proyectos de ley en conjunto a la derecha. Nuevamente, se muestra la inexistencia de una oposición en el Congreso y que los anhelos de la unidad desde la Democracia Cristiana al Frente Amplio es sólo una justificación electoral, pero no programática ni política real.

La acción parlamentaria ha demostrado ser estéril para todos los proyectos del Gobierno, pues a pesar de la verborrea y los anuncios de coordinación entre los partidos de la oposición, los proyectos se terminan aprobando igual. La solución no pasa por el Congreso, sino por el pueblo organizado. De lo contrario, el lobby parlamentario sólo permitirá – en el mejor de los casos – extender la agonía, pero no tener triunfos para la clase trabajadora.

No hay nada que construir ni se puede tener unidad con aquellos que han gobernado durante más de 25 años el país y que responden a los intereses de los empresarios, porque pertenecen a esa casta. El “todos contra la derecha” implica también estar en contra de aquella derecha que se denomina centro-izquierda o centro-centro. Las mayorías se construyen con acción propia, no tensionando a los viejos partidos del Congreso. Esto deja en evidencia que la oposición vendrá de los sectores populares o no será. Y eso deja en evidencia también, que aún hay mucho trabajo pendiente.

 

Autor entrada: Convergencia Medios

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