Hablar de descolonización, un proceso necesario

Por Kanillu

Nosotros siempre pensamos en nuestros hermanos chilenos. Yo no estoy hablando del empresariado, sino del hermano chileno pobre que vive las consecuencias del capitalismo. Quiero ser muy franco en decir que, si algún día logramos nuestra propia autodeterminación, nuestro propio Gobierno, si la gente chilena piensa que nosotros queremos echar a las personas que viven en los pueblos están muy equivocadas, nunca hemos hablado de eso ni lo vamos a hacer

Mijael Carbone Queipul, werkén ATM

Ha pasado más de un mes de otro fallecimiento, de otro “indiecito”, de otro “nadie”. Pero, esta vez, sí hubo respuesta. Sí se escuchó en todos los territorios: “El Estado mató a Camilo”. Aun así, el colonialismo sigue conspirando, a pesar, que la herida nuevamente se abre para un pueblo que no ha dejado de luchar, a pesar, de toda la movilización y reacción de diferentes sectores de la sociedad chilena y mapuche, pero se siente que no ha cambiado nada, que las relaciones entre pueblos siguen igual que hace 200 años, que el latifundio, forestales, mineras, hidroeléctricas,  golpean, ya no armados, sino que deja a merced del Estado la violencia. Estos sentimientos avivan las preguntas ¿qué somos? ¿chilenos? ¿mapuches? ¿mestizos?

Si bien, desde la sociedad chilena mestiza se ha comprendido en el último tiempo que el denominado “conflicto en la Araucanía”, se desprende de demandas históricas, este pensamiento aún tiene un trasfondo de civilización o barbarie. En este sentido, todavía se realiza la asociación del “ser” mapuche a quemar camiones o la consigna “volver a la tierra” se asocia a concepciones pachamámicas. Estos ejemplos, no solo demuestran que el colonialismo se ve desde el Estado, sino que también están en la construcción de la sociedad chilena. Este es el punto central a abordar para pretender entender las situaciones no solo del pueblo mapuche, sino que de los pueblos en Latinoamérica y en el mundo.

Hablar de racismo en la sociedad chilena en contra de los pueblos originarios, no es tan evidente hace 20 años atrás. Hablar de racismo al interior de organizaciones políticas no era evidente hace 10 años atrás, aunque hablar de racismo por parte del Estado, es a todas luces una característica marcada desde el nacimiento de este.

El problema se encuentra que no solo la dominación colonial que se aprecia desde el Estado y el capital, sino que también al interior de las sociedades, es decir, a lo que Fanon, atribuye que “existen cómplices entre las y los oprimidos”, cuestión que insisto, en la sociedad chilena es mucho menos evidente. Para hacerme entender, se agregan características predefinidas (tanto biológicas como subjetivas) solo por el hecho de identificarse con otro pueblo diferente a la sociedad dominante, en otras palabras, en una racialización del otro (construcción de un perfil prefigurado). Los mejores ejemplos para ilustrar lo afirmado son los zoológicos humanos, que a finales del siglo XIX en Europa seguían tan vigentes, tanto como el genocidio en las pampas argentina y en el sur de Chile. Asimismo, el proceso de cambios de apellidos que transcurrieron durante todo el siglo XX con gran parte de la gente de diferentes pueblos que migraron hacia las ciudades.

Se dirá que solo estos ejemplos tienen un alcance en un nivel social y nada tiene que ver con lo que transcurre en el presente y de que simplemente debemos de observar un futuro incierto y lleno de posibles tensiones y conflictos en términos políticos, pero no es tan simple, ya que, esos ejemplos que ahora se ven como una característica antigua de una supuesta sociedad que ha cambiado paulatinamente. Lamentablemente, el racismo vomita en el presente, y obviamente también, en términos políticos.

Es fácil tender a solidarizar en un plano táctico; hacer causa común contra la burguesía, contra el latifundio, contra el extractivismo, finalmente contra el capitalismo, sin embargo, hay resquemores al haber organizaciones propias, que existan posturas que proclaman la liberación de los pueblos que no necesariamente colocan la centralidad en sujetos históricos ya descritos por tantos autores occidentales. Que más aún, exista oportunismo político en el fallecimiento de un antes reconocido como “nadie” y ahora ensanchan las lenguas de los discursos de las dirigencias de organizaciones políticas de izquierda en torno a la situación mapuche, que antes ni si quieran tenían palabras para los procesos que se llevaban los pueblos, más específicamente en Wallmapu.

Esto claramente, se expresa en realidad a través de la utilización de parámetros de reconocimiento de gente de “otros” pueblos, por ejemplo, el “mapuchometro”, que neutraliza el potencial político del sujeto mapuche o el no reconocimiento de autoridades tradicionales u los tipos de organización en los territorios u en las formas de llevar a cabo procesos de movilización. Podría seguir enumerando como es que, en términos políticos, se sigue encasillando a nuestra gente, y no necesariamente por sus capacidades de organización u discursos políticos, sino que, por su vestimenta, como habla, como es (el ser), finalmente, se nos humilla y somete, a seguir líneas que ni siquiera hemos de decidir.

Entonces, en la pregunta ¿qué somos? Somos humanos, personas, conscientes de las condiciones objetivas por las cuales, pasan los pueblos, que, tenemos diferencias (subjetivas: identidad – cultural – cosmovisión, etc.), pero que, en ningún minuto, constituyen una situación de inferioridad o subordinación. No somos menos humanos como nos dice occidente desde hace más de 500 años, que no somos cuerpos de exhibición de un antiguo pasado, más bien, usamos políticamente esa posición para dar cuenta de todo el atropello histórico, pero no de forma de víctimas, esta vez resistiendo y avanzando en los procesos de recuperación y reconstrucción de los pueblos.

Por ende, ¿por qué hablar de descolonización? ¿por qué es necesario? Históricamente ya esta más que justificado la necesidad de poder no solo hacer dibujos en el aire de buenas relaciones. Dicho proceso debe hacerse carne en realidad, en respetar y solidarizar de forma decidida en estos tiempos. Por lo tanto, la alianza entre los pueblos, no puede ser solo una consigna vacía, la alianza debe de conformar una nueva forma comprendernos (no solo de manera política), en una posición de igualdad (sin prejuicios), dejando atrás las sombras del colonialismo (dominación racial). Lo que significaría un avance significativo en la lucha de los pueblos; la aniquilación de las formas de racismo no solo abre un nuevo flanco de entendimiento, sino que, es uno de los primeros pasos para dar cuenta de la libertad, por sobre la opresión que se ha ejercido por siglos, de esa libertad que se proclama en el sabotaje, en la libertad de la recuperación de territorio, en la libertad sobre los cuerpos, en la libertad que brota en la dignidad de los pueblos que se levantan.

Tal como lúcidamente declara Malcom X, “los blancos sinceros no nos ayudan en nada cuando se introducen en las organizaciones negras y las transforman en organizaciones integradas. Deberían organizarse entre los blancos y encontrar una estrategia que les permita hacer desaparecer el prejuicio existente en el seno de las comunidades blancas (y mestizas). Así, en el interior de la propia comunidad blanca, pueden realizar la acción más inteligente y eficaz; y, sin embargo, es lo que nunca han hecho”. El hecho de reflexionar sobre la descolonización no va a ayudar en nada, sino desaparecen los prejuicios raciales sobre los pueblos, en este caso, sobre los pueblos originarios. Los pueblos no van a avasallar a otros para hacer entender al conjunto de la sociedad mestiza cuales son las razones sobre su levantamiento, no van a forzar al igual que la historia del colonialismo que asola a Latinoamérica por siglos.

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Autor entrada: Convergencia Medios

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