La doctrina del shock y la crisis brasileña

Publicado originalmente en RevistaRebeldias 

El siguiente articulo realizado por Eduardo Cunha, un compañero de la región brasileña, contextualiza el ascenso de la ultraderecha, haciendo un contexto general de las movilizaciones en ese país desde el año 2013 hasta las recientes elecciones presidenciales.

El análisis, desde una mirada anarquista, explica como la socialdemocracia y el Partido de los Trabajadores criaron a un cuervo que prontamente les arrancará los ojos.

Este texto aparecerá en el próximo número de la Revista Rebeldías. Fue escrito en junio del 2018.  Puedes revisar su versión original en Medium

En la primera quincena de junio de 2013, grandes protestas tomaron las calles de las principales ciudades brasileñas. Inspirado por la oleada de movimientos internacionales como Occupy, Primavera Árabe y 15M, ellas han aportado novedades para el repertorio de los movimientos sociales del país. Fueron las primeras manifestaciones masivas movilizadas a través de las redes sociales, con carácter apartidista centradas en sus demandas, a saber, la revocación del aumento en las tarifas del transporte público. La conquista de la reivindicación sirvió de comprobación del éxito de la estrategia, alimentando las esperanzas de la convergencia del nuevo ciclo de luchas sociales en un polo autónomo de la esfera de influencia lulista.

Después de cinco años de las manifestaciones del 2013, poco se resta de aquél pronóstico optimista. El giro de los eventos está sintetizado en tres episodios ocurridos entre fines del año pasado y los primeros meses de 2018: en noviembre de 2017, la invasión de la sede de la FAG (“Federação Anarquista Gaúcha”) [1], con la incautación de libros de la biblioteca como evidencias criminales; la ejecución de la concejal de Río de Janeiro, Marielle Franco, después de denunciar las acciones de fuerzas paramilitares en la ciudad, en marzo de 2018; y, en abril, la prisión del expresidente Lula da Silva, en un procedimiento judicial acelerado y con pruebas frágiles. A pesar de las claras diferencias ideológicas entre los agentes, los tres episodios, ocurridos en un corto intervalo de seis meses, demuestran la persecución política a todo el campo de la izquierda, desde el anarquismo hasta la social democracia. Si en 2013 hubo la posibilidad de la renovación de las luchas sociales, en 2018 estamos delante un evidente contexto de criminalización, anclada en una opinión pública cada vez más conservadora impulsada por la radicalización de la derecha. Para comprehender ese cuadro, es preciso mirar otra vez para lo que pasó en los últimos cinco años.

Los efectos de una gran derrota

En primer lugar, volvemos a las Jornadas de Junio de 2013. Afirmar que las manifestaciones alentaron los sectores de la izquierda autónoma con la esperanza de un nuevo camino para las luchas sociales es una verdad a medias. Mientras los primeros días hubo un claro contenido político de izquierda con una pauta que cuestionaba los intereses de las empresas en la conducción de las políticas publicas de transporte, también hubo un segundo ciclo, en la última quincena del mes. Las protestas crecieron de manera exponencial, con más de 1.000.000 de personas en las calles, pero sus motivaciones iniciales se perdieron. Entre la multitud las reivindicaciones se han convertido en reclamos difusos y ya había la presencia de grupos de derecha, con una agenda de combate a la corrupción.

En consecuencia, es posible mirar “dos junios”:

  1. Basado por las protestas que confluyeron alrededor de la expansión de los derechos sociales, promovido por un movimiento social autónomo de cualquier vinculación partidista, organizado a partir de un modelo federativo utilizándose de tácticas de acción directa;
  2. El “segundo junio” se caracterizó por manifestaciones multitudinarias por todo el país, con pautas muy amplias y difusas y sin un contenido ideológico definido.

Los “dos junios” inspiraron nuevos movimientos en todo el espectro político desde entonces. Dentro de la izquierda, el contenido político del “primero junio” influenció importantes luchas. En 2014, se organizó el “Comitê Popular da Copa”, responsable por movilizar grandes protestas contra la realización del mega evento de la FIFA en São Paulo, y la huelga de los barrenderos en Rio de Janeiro, en la cual los trabajadores se organizaron contra la posición de la burocracia sindical y lograron éxitos. Es de destacar, también, el movimiento de ocupación de escuelas, empezado en 2015 en São Paulo y difundido a 20 de las 27 provincias de Brasil en 2016, con la toma de 1.022 escuelas y 84 universidades. Por último, es notable el crecimiento de colectivos políticos involucrados a la lucha por los derechos de la población negra y LGBT en los últimos cinco años. A pesar de cada lucha tener su especificidad, todas, en general, utilizaron de repertorios colocados en evidencia en el 2013, como las tácticas de acción directa y la organización federativa. Así, abrirse una perspectiva para la formación de un polo de luchas sociales autónomo de la esfera lulista. Sin embargo, hube una fragmentación de los movimientos sociales y, por consecuencia, la ausencia de acumulo organizativo. El potencial de renovación se perdió.

Algo que no ocurrió en el otro lado del espectro político. Movimientos de la derecha, patrocinados por las asociaciones de empresarios y por bancos, utilizaron las novedades aportadas por 2013 para su restructuración. Con nuevo ropaje apartidista, movilización en las redes sociales y una pauta anticorrupción, los nuevos movimientos de derecha alcanzaron a organizar grandes manifestaciones para pedir la destitución de Dilma Rousseff (PT). Incluso las jergas y los nombres de los movimientos originales fueron reciclados: en 2013, el MPL (“Movimento do Passe Livre”), grupo responsable de las convocatorias y por el debate acerca del transporte público, fue plagiado por el MBL (Movimiento Brasil Livre), grupo reaccionario antilulista, para citar un ejemplo.

La inspiración del “segundo junio” demostró tener más aliento en comparación con el “primero”. Con un nuevo aire, la derecha consiguió articular las manifestaciones de calle con las maniobras palaciegas, deponiendo la presidenta Dilma con un golpe parlamentario en 2016. El golpe indicó que, para sus artífices, la política de conciliación de clases de los gobiernos lulistas dejó de ser interesante. Pero el lulismo no está eximido en el proceso de su propia derrocada.

Cría cuervos y te sacarán los ojos

Hay que recordar que el camino trillado por la burguesía y por las fuerzas políticas que promovieron el golpe fue abierto por el lulismo. Comenzando por las alianzas electorales con los partidos reaccionarios, principalmente con el PMDB (Movimiento Democrático Brasileño), del actual presidente Michel Temer, que fue vicepresidente de Dilma en dos elecciones presidenciales (2010 y 2014). Además de ese longevo vinculo, hay que destacar las alianzas con políticos neopentecostales, promotores de la agenda política del conservadurismo moral.

Temer; Dilma; Lula

Es necesario recordar también el papel desempeñado por Partido de los Trabajadores (PT) en el ascenso de la militarización en la sociedad brasileña. Si el ejército está hoy en el comando de la seguridad publica en Rio de Janeiro desde inicio de 2018, el primer paso fue dado cuando Dilma convocó los militares para controlar regiones especificas de la capital de la provincia. Aún más, la expresidenta promulgó la Ley Antiterrorista, que abre margen para la persecución de movimientos sociales como terroristas.

En la esfera económica, el presupuesto destinado hacia las elogiables políticas de transferencia de renta, cuya consecuencia fue la salida de más de 40 millones de brasileños de la situación de extrema pobreza, fueron pequeños cuando comparamos a la suma de dinero publico reservado para el mercado financiero, por medio de la emisión de títulos de la deuda pública. No en vano los principales bancos brasileños alcanzaron beneficios récord en los años de Lula y Dilma. La esencia del lulismo, es decir, la promoción simultanea del aumento de las ganancias de la burguesía y de políticas sociales inéditas de ampliación del acceso de las capas sociales más bajas a los servicios públicos, por medio de la tentativa de construir un sub-imperialismo basado en el apaciguamiento de la lucha de clases, dejó de ser practicable en un escenario de profundización de la crisis económica. Luego, los sectores golpistas se dieron cuenta que “el momento en que los empresarios más ganaron dinero, los trabajadores ganaron más aumento de salario, que nosotros más generamos empleos, que hube menos ocupaciones en el campo, menos ocupación en la ciudad había pasado” [2]. Ahora, si quisiesen mantener sus tasas de ganancias, era necesario empezar un nuevo estadio en la exploración de la fuerza de trabajo.

Incubando el huevo de la serpiente

Malatesta, viviendo en los años de Mussolini, enfatizaba que la crítica anarquista direccionada tanto a la dictadura como a la democracia no impide de reconocer que la peor de las democracias es siempre preferible a cualquier dictadura [3]. Su posicionamiento apunta hacia la necesidad que el proyecto político ácrata esté acompañado de la lectura de las formas institucionales en las cuales el Estado instituyese en la sociedad. Sin embargo, con el creciente estado de excepción que marca ese inicio del siglo XXI, intentar comprehender los actuales regímenes políticos es una tarea desafiadora. Cada vez más distinguir democracia de dictadura es difícil, pues las líneas que las definen se mezclan en una zona gris. Tal es el caso de la actual situación brasileña [4].

Después del golpe de 2016, Temer empezó una “doctrina del shock” para implementar medidas de austeridad, justificadas como políticas de recuperación de un país en crisis. En el ámbito externo, hay el fin del proyecto de un “Brasil Potencia”, representado por el desmonte de la compañía constructora Odebrecht, la punta de la lanza del capital brasileño en la América Latina y África, con una serie de procesos de corrupción. La alianza entre las autoridades públicas de los EEUU y del Brasil en las investigaciones de combate a la corrupción, estableciendo el intercambio de manera informal de pruebas entre los fiscales de los dos países, al margen de los “procedimientos oficiales”, (en las palabras del vice-fiscal general adjunto del Departamento de Justicia de los EEUU) indica los intereses del imperialismo estadounidense en reafirmar su dominio en la América del Sur [5]. No en vano que, más allá de la Odebrecht, la otra empresa involucrada en las operaciones de combate a la corrupción fue la Petrobras, antes una de las principales empresas petrolíferas del mundo.

Internamente, el gobierno de Temer, con una frágil legitimidad, se sustentó por la promoción de las reformas ultraliberales. Tales medidas agravan la concentración de renta en el país, una de las más grandes del mundoLa manutención de ese cuadro sólo es posible a partir de la militarización, camino indicado por el gobierno al registrar el año pasado la mayor inversión en gastos militares en la última década.

La naturaleza del gobierno Temer empieza a ser notada por el pueblo, alimentando su desapego a la democracia. El sentimiento contrario al sistema político no representa un aspecto positivo, pues ha sido capitaneado por las fuerzas de extrema derecha, sobre todo por Jair Bolsonaro. Basado en el neoconservadurismo de oleada Trump con fuerte discurso militarista, Bolsonaro tiene todos los elementos para ser un Duterte -dictador filipino- de los trópicos. El “Mercado Financiero”, entidad sobrenatural que exige inmensos sacrificios de los de abajo, inició un flirteo con su candidatura al darse cuenta de que la supresión de la democracia liberal quizás posibilite un altar lleno de ofrendas. Un empresario latifundista, justificando su apoyo a Bolsonaro, dice: “Estamos con el país en coma y quieren tratar al enfermo con homeopatía. Nosotros necesitamos de antibiótico. No es algo para toda la vida, es sólo un período.” No es difícil de pensar contra quien ese “antibiótico” está destinado. Quizás la ejecución de Marielle ayude a responder.

Notas

[1]  Para saber más sobre las redadas y la posterior cancelación de la Feria del Libro Anarquista de Porto Alegre, ver comunicado de lxs compañerxs, y nota de la prensa burguesa. Respuesta de la FAG (VER)

[2] Entrevista de Lula da Silva a periódico Folha de São Paulo, después de su condena y antes de su prisión. 01/03/2018:
https://www1.folha.uol.com.br/poder/2018/03/nao-vou-mematar-nem-fugir-do-brasil-vou-brigar-ate-o-fim-diz-lula.shtml

[3] Errico Malatesta, “Democrazia e anarchia”, 15/03/1924.

[4] Respecto de la zona gris vivida en Brasil, recomiendo la lectura del texto “Que horas Lula e Marielle voltam?”, de Leo Vinicius: http://passapalavra.info/2018/04/119630

[5] Conferencia de Kenneth Blanco se puede consultar en: https:// http://www.youtube.com/watch?v=tbPLM5onjLk

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Autor entrada: Convergencia Medios

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