Victoria centralista y derrota local en La Haya: cuestionantes para diálogo futuro

Por Sergio González Pizarro
Militante Convergencia 2 de Abril
Doctorando Estudios Americanos USACH

Luego de 1 hora y 17 minutos de relato del juez de la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ), que desestimó la demanda boliviana contra el Estado de Chile que pretendía obligar a éste último a negociar un acceso soberano al Océano Pacífico para Bolivia: ha comenzado un nuevo periodo de las relaciones chileno-bolivianas y de las políticas exteriores de ambos países.

Se ha generado un hito que ha desencadenado una avalancha de declaraciones por parte de políticos, analistas internacionales y periodistas chilenos, en función de la necesidad de celebración ante un fallo claramente favorable para la defensa de la elite chilena que, sin duda, era respaldada por la mayoría de la población nacional, pero que se puede interpretar como una derrota para varios actores chilenos no oficiales, fundamentalmente transfronterizos y periféricos. Y si bien, de antemano se consensuaba el poder bisagra que provocaría este hecho internacional, ni el más optimista defensor de la versión realista del derecho y la defensa jurídica chilena, pronosticaba una resolución tan positiva para los intereses oficialistas chilenos, pero negativos para los chilenos que se benefician con las buenas relaciones entre Chile-Bolivia.

La CIJ en primera instancia, da cuenta de una breve revisión histórica de las relaciones entre ambos países desde sus inicios republicanos, pasando por la Guerra del Pacífico, sus acercamientos en el siglo XX, y desembocando en la demanda ante la misma CIJ, en donde los argumentos bolivianos apuntaban a diversos hitos que constituirían la obligatoriedad chilena de negociar con Bolivia un acceso soberano al mar. No obstante, ni las negociaciones bilaterales entre Chile-Bolivia en el siglo XX, ni las declaraciones y documentos chilenos, ni las notas diplomáticas, como tampoco, la figura de derechos expectaticios, las cartas de la ONU y la OEA, el antecedente de las resoluciones de éste último organismo, y el acumulativo comportamiento negociador de Chile hacia Bolivia, fueron suficientes argumentos para los 15 jueces de la CIJ: solo tres votaron a favor de estos fundamentos bolivianos.

Al parecer, el derecho internacional de corte tradicional, más apegado a citas jurídicas de macro-tratados como el citado Tratado de Viena, y a criterios estrictos del derecho que apelan a evidencias e instrumentos objetivados y vinculantes, se impusieron ante visiones innovadoras que integran con mayor protagonismo la concepción de justicia ante el clásico legalismo jurídico. Como explicaba en un anterior artículo, los desarrollos epistemológicos y ontológicos de las Relaciones Internacionales y del Derecho Internacional, han ido hacia una dirección que amplía las dimensiones de análisis de lo que se puede comprender en la historia respecto a las relaciones entre naciones, Estados, y específicamente grupos humanos socializantes. Esto significa integrar las facetas ideacionales de las relaciones sociales, es decir, las identidades, las percepciones, las ideas, las expectativas y las emociones compartidas en un contexto histórico determinado, pero materia en que claramente la CIJ en esta ocasión, no consideró innovar.

Pero ya en este escenario, en que la clave idiomática se asemeja más a la celebración de una victoria deportiva, es menester poder hacer un análisis retrospectivo y de perspectiva futura en base a preguntas que estimulen la problematización de este tema. En primer lugar, una de las principales cuestionantes que se deben plantear es, precisamente, respecto a las nociones ideacionales que tienen los pueblos de ambas naciones respecto al otro, por supuesto que las teorías de la otredad podrían entregar un gran aporte a esta discusión, pero es evidente el sesgo relacional manifiesto en el comportamiento de la élite nacional sobre su concepción del otro boliviano.

La construcción histórica de superioridad civilizadora de la identidad nacional chilena, en contraposición de la comprensión del otro boliviano, relacionado al mundo bárbaro, indígena, atrasado e inferior, es una característica del desconocimiento de un vecino que es claramente diferente y que órbita en una clave lingüística y cultural distinta, pero no debería significar para los chilenos una valorización negativa per se, sin embargo, históricamente lo ha sido. Desde esa asimetría relacional desde los centros políticos: ¿es posible perspectivar un futuro diálogo acorde a los apelados discursos de integración del siglo XXI? Esto en el caso chileno, no solo denota un desconocimiento de su vecino, sino que también de sus propias identidades locales y regionales transfronterizas.

En efecto, una segunda cuestionante para vislumbrar el futuro de esta relación bilateral, es si necesariamente pretende seguir anclado a concepciones canónicas y realistas estato-céntricas, o interioriza a los actores subalternos en las relaciones internacionales y la política exterior del país, para buscar nuevas vías de entendimiento. Esto quiere decir, resignificar las estructuras de poder del Estado, entregar protagonismo a actores que efectivamente crean constante relación cotidiana con el pueblo boliviano, sea a través del cruce fronterizo, el comercio, la interacción cultural, el turismo o las ancestrales prácticas de las comunidades quechuas o aymaras en el norte de Chile.

Esto no significa integrar lo local a lo central para asimilar culturalmente, sino que significa integrar al centro a formas de las periferias, es decir, invitar a reconstrucciones de la concepción de identidad nacional, de la percepción del otro en la cooperación, y la transformación de las formas de enfrentar el pasado, el presente y el futuro, mediante una estrategia descentralizada y en virtud a las necesidades locales, regionales y de subalternidad.

Este proceso de cambio, invitaría también a desfetichizar el territorio como una entelequia intocable, dado, ahistórico y reificado irracionalmente en base al nacionalismo chovinista, como también a concientizarse a los verdaderos intereses macro-económicos de las élites nacionales sobre el territorio y los recursos naturales estratégicos para el modelo productivo extractivista de la burguesía nacional y transnacional.

En ese sentido: ¿es posible abordar el conflicto chileno-boliviano desde una perspectiva de justicia moral y no jurídica-tradicional? Planteo esta última cuestionante para dejar en evidencia que no necesariamente el denominado triunfo de la élite chilena, significa verdad o razón, significa legalidad, lo que la ubica al interior de una estructura racional que no siempre se apega a lo que es moralmente justo. Los intereses dichos anteriormente por las élites dominantes desestiman esta ética, predominando la cohesión de clase, atrincherándose en una denominada política de Estado unitaria defendiendo el supuesto interés nacional. ¿Es el territorio donde uno nace lo que determina el bien y el mal?

Dicho eso, ¿es posible seguir sosteniendo el discurso democrático y liberal, cuando al mismo tiempo, se validan tratados internacionales que fueron consecuencia de guerras sangrientas? El obsesivo y recursivo argumento del Tratado de 1904, era un incentivo constante a la naturalización de la guerra como proceso justo y legítimo para adquisición de territorio, al mejor estilo de las leyes geopolíticas nazis de Ratzel sobre expansión territorial, como una virtud de las naciones. Sin embargo, el argumento de defensa recurre que estos casos bélicos son eventos del pasado antiguo, y que en el caso que fueran cuestionados los límites geográficos producidos por estos enfrentamientos, se desencadenaría un cambio global de las fronteras.

Pero, en caso: ¿por qué no? ¿El anhelo de statu quo, por qué debe ser un valor trascendental? Definitivamente, estas formas, nociones, identidades y legitimidades deben ser resignificadas para probablemente tener posibilidades de transformaciones en las relaciones entre pueblos, especialmente entre sus clases subalternas.

Ese contexto, claramente hoy se encuentra lejano, pero que dependerá principalmente de los cambios ideológicos, sociales y económico-políticos que actualmente atraviesa la nación chilena, más que el pueblo boliviano que, seguramente por este fallo tendrá secuelas en su política interna, pero su concepción ideológica e identitaria estructural, que ha sido reconstruida de mejor forma que en el caso nuestro, permitiendo tener una Constitución realmente representativa, no verá cambios significativos posterior a esta fecha. Y a pesar del pensamiento de varios que creen que la iniciativa a futuro está en Bolivia: las percepciones, los intereses y los diálogos mutuos, están principalmente en manos del futuro chileno y el desarrollo de sus contradicciones internas entre élites dominantes y subalternidades emergentes.

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Autor entrada: Convergencia Medios

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[…] [3] Un ejemplo ilustrativo de este tipo de análisis que proliferan en el sector es del doctorando Sergio González. Después de un pormenorizado comentario de los “desarrollos epistemológicos y ontológicos de las Relaciones Internacionales y del Derecho Internacional”, el futuro doctor en Estudios Latinoamericanos se pregunta: «En definitiva, el pueblo chileno, y más en específico, la izquierda y la clase obrera chilena ¿qué debe hacer, pensar y socializar respecto a este conflicto?» Y aquí empiezan a aparecer los: «seguramente es la pregunta más compleja de responder», «el abordaje debe ser con base histórica, perspectiva de futuro…», «en base al… Leer más »

[…] [3] Un ejemplo ilustrativo de este tipo de análisis que proliferan en el sector es del doctorando Sergio González. Después de un pormenorizado comentario de los “desarrollos epistemológicos y ontológicos de las Relaciones Internacionales y del Derecho Internacional”, el futuro doctor en Estudios Latinoamericanos se pregunta: «En definitiva, el pueblo chileno, y más en específico, la izquierda y la clase obrera chilena ¿qué debe hacer, pensar y socializar respecto a este conflicto?» Y aquí empiezan a aparecer los: «seguramente es la pregunta más compleja de responder», «el abordaje debe ser con base histórica, perspectiva de futuro…», «en base al… Leer más »

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