Venezuela: Buscando la paja en el ojo ajeno

Por Javier Pineda

No hay día en que no salga propaganda en contra de Venezuela, sea en los canales de televisión o en la prensa escrita. Así lo decidió la Sociedad Interamericana de Prensa, la cual reúne a los principales oligopolios de comunicación de América Latina y que cuenta con el beneplácito de los Estados Unidos. En esta institución uno de los miembros insignes de nuestro país era Agustín Edwards, quien contaba con preparación preferencial por la CIA para derrocar gobiernos democráticos, como lo hizo en la época de Salvador Allende en nuestro país.

Como el gobierno venezolano ha dado luces de avanzar; en estabilizarse económicamente mediante el Plan de Bolívar Soberano, a pesar del Boicot; y, en las últimas elecciones, el chavismo ha tenido resultados triunfantes y contundentes revirtiendo la situación de las elecciones para elegir los miembros de la Asamblea General en 2015, en las cuales triunfó la oposición: el blanco de los medios de prensa en este fin de semana largo ha sido una cena de Nicolás Maduro en Turquía.

Lo que comen o no comen los Presidentes de cualquier país del mundo resulta irrelevante. Lo que gastan en banquetes todos los días para altas autoridades también. Sin embargo, un banquete de Maduro en el restaurante del chef Salt Bea en Turquía fue pasada en todos los noticiarios nacionales durante este 18 y 19 de septiembre. Inclusive mostraban a los supuestos manifestantes, que no superaban a 5 personas con letreros en inglés quejándose de la cena de Maduro. Ni siquiera saben, ni les interesa, si los costos fueron asumidos por el gobierno de Venezuela o por las autoridades turcas que lo invitaron. Este tratamiento mediático resulta indignante. La prensa nacional nunca ha cuestionado los banquetes de la Presidencia de la República, ni de otros presidentes de la región, quienes tienen tasas de pobreza y de hambruna mayor a las que presenta Venezuela. Está claro que un gobierno revolucionario no puede vivir vidas de lujo, pero en este caso la crítica que se realiza es oportunista y deshonesta.

El mismo “ojo crítico” se aplica en materia de “Democracia”. Nicolás Maduro fue electo con un 67.8%, que representa un 31.7% del total de personas habilitadas para votar. Mauricio Macri obtuvo un 51.2% de los votos, que representa el 26.8% de las personas habilitadas para votar. Sebastián Piñera obtuvo un 54.6% de los votos, que representa el 26.5% de todas las personas habilitadas para votar. Por su parte Donald Trump fue electo presidente de los Estados Unidos con un 46% de los votos, que representan un 27.3% de las personas habilitadas para votar. No obstante estas cifras, quien es cuestionado por las elecciones es Maduro e incluso por los mismos presidentes que obtuvieron votaciones que son menores a las obtenidas por éste en Venezuela.

Otro caballito de batalla de la prensa ha sido el procesamiento de dos personas por delitos de incitación al odio por haberse burlado de Nicolás Maduro en un video que resultó ser viral. Esta misma prensa que se escandaliza ha guardado silencio cómplice en el enjuiciamiento de diversas personas en España que han sido CONDENADAS – no solamente procesadas – por insultar al Rey. Ejemplo de ello es la sentencia condenatoria en contra del rapero Valtonyc, quien fue condenado a 3 años de cárcel por injuriar al rey y amenazarlo de muerte en una canción. Ninguno de estos medios acusaba a España de atentar contra la libertad de expresión, y sólo mencionaban el hecho como una “polémica”. Sin ir más lejos, Cécilia Pérez se querelló en contra de un estudiante que bromeaba en Twitter, desplegando todo el aparato de persecución para sancionarlo penalmente.

Semanas atrás, la prensa cuestionaba la decisión del Gobierno Venezolano de subir el combustible. En Chile tenemos las mayores alzas de combustibles en los últimos años y el argumento para ello es la guerra comercial y el aumento del precio del dólar. Sin embargo, el déspota es Maduro, a quien se le acusa encarecer el costo de vida de los venezolanos, pero omiten toda la información que dice relación con el contrabando de petróleo a Colombia y a las islas caribeñas de Curacao, Aruba y Trinidad y Tobago, como también que el precio de un litro de petróleo en Venezuela cuesta menos que un litro de agua.

El mismo doble estándar se da en materia de Derechos Humanos. No es novedad que la derecha utilice a Cuba, Venezuela y cuánto país de izquierda aparezca para llenarse la boca hablando de derechos humanos pero defendiendo las atrocidades del capitalismo y de los gobiernos que apoyan. El gran problema se da en los supuestos políticos o partidos de “izquierda”, que se reconocen en la tradición socialista –sea democrática, libertaria o el apellido que le quieran poner–. Y esto es lo que sucede en Chile: con Giorgio Jackson alabando las guarimbas en Venezuela y en Nicaragua, como adalides de la libertad; mientras que para estudiantes chilenos menores de edad pretende poner controles biométricos para determinar su identidad y así condenarlos. O con Gabriel Boric: quien compara las atrocidades que comete el Estado de Israel con las violaciones a Derechos Humanos en Venezuela. Todo Estado comete vulneraciones a los derechos humanos. Venezuela reconoció que agentes policiales se excedieron en el uso de la fuerza e inició investigaciones en su contra en algunos casos. Ahora sostener que el Gobierno de Maduro es autoritario por el uso de la fuerza pública para contener manifestaciones es otra cosa. Y eso no lo han acreditado ni Boric ni la derecha, quienes no han mostrado antecedentes que permitan sostener que en Venezuela existe una vulneración sistemática de los derechos humanos y que el Estado nada hace para evitar aquello. Si aplicáramos el mismo estándar aplicado para Venezuela en definir que es un Gobierno “autoritario” no habría país en América Latina y en gran parte del mundo que pudiera ser calificado de no autoritario o de plenamente democrático.

Lo mismo pasa con la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia que suspendió el funcionamiento de la Asamblea Nacional por funcionar con un diputado cuyo proceso electoral fue calificado de fraudulento y se exigía que se repitieran las elecciones sólo en dicho Estado. Si esto hubiese pasado en cualquier otro país, habría un cumplimiento del Estado de Derecho y de la Constitución. Sin embargo, como se trataba de Venezuela, se cuestionó la independencia de los magistrados y que todo ello respondería a una decisión de Nicolás Maduro. En Perú, Vizcarra amenazó a los congresistas de disolver el Parlamento y convocar a nuevas elecciones en caso de que no aprobaran sus reformas. Ningún medio lo acusó de golpista ni de atentar contra la separación de poderes. Lo único que hicieron fue tratar de explicar que la Constitución de Perú contemplaba dicho mecanismo. Asimismo, se acusa de que en Venezuela no existiría separación de poderes, toda vez que el Poder Ejecutivo participa en el nombramiento de los jueces, tal como pasa en Chile, donde los jueces de los Tribunales Superiores son nombrados por la Presidencia de la República, y en el caso de la Corte Suprema, se exige la ratificación del Senado. La misma derecha que en Chile designa como Ministro del Tribunal Constitucional a Cristián Letelier, quien con suerte no califica como analfabeto funcional y ha sido un operador de la UDI en toda su historia, cuestiona la independencia de poderes de otro país.

Cuando se pregunta por qué el pueblo venezolano sigue eligiendo a los candidatos chavistas y se mantienen estos en el Gobierno, la respuesta fácil es que cuentan con el apoyo de las Fuerzas Armadas, las cuales serían corruptas. Esa respuesta es mucho más fácil que indagar en la historia de las Fuerzas Armadas venezolanas y en el rol de Hugo Chávez en éstas en los últimos 30 años. Y contrasta con la valoración que se tiene respecto a las Fuerzas Armadas en otros países. Sin ir más lejos, en Chile, las Fuerzas Armadas son consideradas un baluarte de disciplina y profesionalismo, aún cuando se han robado miles de millones de dólares y que la contabilidad de la Ley Reservada del Cobre la tienen registrada en un Excel, sin saber en qué se han gastado esos recursos al momento de las fiscalizaciones de Contraloría. Es más, en las últimas investigaciones sobre el uso de recursos se ha determinado que a lo menos 1.200 personas del Ejército han estado involucrados en irregularidades respecto al uso de pasajes aéreos, con los cuales viajaban hasta las mascotas de los Generales. Ejemplo de honestidad y profesionalismo.

Asimismo, es común que la gente ridiculice a Nicolás Maduro por “hablar con un pajarito”. Ni siquiera evalúan si puede haberse tratado de una metáfora utilizada, sino que lo asumen como una verdad inmutable y de que Maduro cree en que los pájaros hablan. Esta caricatura contrasta con el tratamiento que han tenido con Pablo Longueira, quien es definido como un “estadista” de la derecha, que incluso fue candidato presidencial y nadie se reía de él cuando contaba que tenía sueños con Jaime Guzmán.

Más aún, las noticias de estos días debiesen ser dos: las filtraciones del Gobierno de Estados Unidos en las cuales queda en evidencia los planes de una intervención militar que no se pudo llevar a cabo, pero que según las fuentes venezolanas se estaría planificando un golpe de Estado para octubre. O bien, las declaraciones de Luis Almagro, Secretario General del Ministerio de Colonias de Estados Unidos – conocida como OEA – quien levanta la intervención militar como una posibilidad para resolver la “crisis” en Venezuela. Pero para la prensa hegemónica, más importante que la Guerra Civil o una intervención militar en un país de América Latina, es preocuparse de qué cena Maduro o de los videos virales que lo ridiculizan.

Los supuestos defensores de la paz una vez más muestran que no les importa el pueblo venezolano. Lo que les importa es terminar con el Gobierno Bolivariano para apropiarse de su petróleo y repetir el mismo repertorio que hicieron en Irak y en Libia, donde se preocupaban de la “crisis humanitaria” de dichos países sólo hasta el momento en que privatizaban el petróleo. Luego de ello, pueden pasar al olvido.

Sin lugar a dudas, el pueblo venezolano no la está pasando bien. Pero esto se debe al hostigamiento y boicot económico que asedia a Venezuela día a día. El contrabando de productos, las cosechas arruinadas, la destrucción de alimentos, acciones que son pan de cada día, como lo eran en el Gobierno de la Unidad Popular en Chile. No obstante ello, esto pareciera ser la paranoia de la “izquierda”, a pesar de que los mismos gringos, están haciendo “aullar la economía” venezolana y reconoce haber planificado una intervención militar. Parece que necesitamos que el proceso bolivariano fracase totalmente, y luego de que la CIA desclasifique todos sus archivos, podamos afirmar que Estados Unidos estaba detrás de esto.

Si queremos dar un debate sobre la situación en Venezuela éste debe ser honesto y no armando monos de paja en torno a lo que construyen los medios de comunicación hegemónicos, al servicio de los poderosos que, de tanto replicar las mismas noticias, nos las hacen creer hasta nosotros mismos. Si queremos discutir sobre el contexto político en Venezuela podríamos ver que se está discutiendo en la Asamblea Nacional Constituyente. Preguntarnos por qué la diversificación de la matriz productiva no se ha concretado. Debatir sobre si la dependencia económica de China es la única solución o encubre una nueva forma de imperialismo para la región. Preguntarnos y preguntarles si la explotación del Orinoco es la única vía para aumentar los recursos y de cómo se imaginan una transición ecosocialista, sin producir hambre en el presente ni condenar a la hambruna en el futuro. Aprender del proceso de las comunas y conversar sobre cuáles son sus potencialidades y limitaciones en su configuración como órganos de Poder Popular, a partir de la experiencia de los comuneros mismos y no de lo que los medios hegemónicos dicen de ellos.

El pensamiento crítico y la crítica permanente es un deber de todas las revolucionarias y revolucionarios. Pero también lo es tomar posición en la lucha de clases, en la cual no se puede tener medias tintas, porque los “neutrales” siempre terminan en la trinchera de los poderosos.

Autor entrada: Convergencia Medios

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