Si la economía checa está sensacional ¿Por qué somos tan pobres?

Por Saša Uhlová, publicado originalmente en The Guardian (Traducido por Esteban Spencer)

Yo estaba de pie junto a Marta. Ambas estábamos levantando pesada ropa de cama y cargando la lavadora. Vi el dolor que le producía cada movimiento – la ropa era pesada, y sabía que ella estaba enferma: uno de sus discos vertebrales estaba inflamado. La semana pasada, luego de que ella había visitado a su médico, nuestro jefe le comunicó que no podría tener más ausencias por enfermedad, puesto que no había suficientes trabajadores.

“¿Duele mucho?”, le pregunté preocupada. “Estoy pensando en qué cocinaré esta noche”, dijo ella. A pesar del dolor, su principal preocupación era alimentar a su hijo. Marta trabaja en la sala de lavandería de un gran hospital checo, recibiendo el sueldo mínimo (11.000 coronas checas, algo así como 385 euros1) Mientras paga deudas acumuladas tiempo atrás, su ingreso neto mensual es de 9.000 CZK. Ella paga 20.000 CKZ de arriendo. El Estado le provee una pensión de viudez, una anualidad por la orfandad de su hijo y un subsidio de vivienda. Todo esto cubre justo la renta. A pesar del duro trabajo de Marta – que a veces asciende a 11 horas al día – ella sigue cayendo aún más en deudas.

Cansancio, pesado esfuerzo físico, desesperación. Así describiría lo que vi cuando trabajé, durante seis meses como reportera encubierta, en cinco distintos trabajos manuales con bajos salarios en la República Checa. Mi objetivo era descubrir las condiciones bajo las cuales trabaja la gente de mi país en posiciones no calificadas y con bajos salarios. Así como en la lavandería, también probé suerte en una planta procesadora de aves de corral, una caja de supermercado, una industria de ensamblaje, y finalmente, separando basura para reciclaje. Mi proyecto periodístico se tituló “Héroes del trabajo capitalista”. Esta era gente viviendo en el límite.

La mayoría estaba temerosa de hablar por miedo a perder el trabajo. En la planta procesadora de aves, los trabajadores usualmente trabajaban varias horas de tiempo extra a una temperatura de 8°C. En ocasiones, ellos pasaban más de seis horas sin que les permitieran beber, comer o descansar. Karel, un compañero mío, solía trabajar como una contratista para trabajos en tejados, como trabajador independiente. El cayó en deuda, en parte porque no entendió completamente la dimensión administrativa de su trabajo. Con todas las horas extra y turnos de noche, él logró hacer cerca 15.000 CZK mensual en la planta. Luego de pagar su deuda, el guardó en su bolsillo algo así como 8.000 CZK. El nunca se quejó – al contrario, estaba agradecido, y repetía siempre: “al menos pagan por mi salud y seguridad social”. Justo cuando nos reunimos, su casa había sido embargada. Desesperado por un lugar donde ir, el consideró el suicidio.

“Al menos tenemos trabajo”, escuchaba una y otra vez apenas comenzábamos a hablar sobre las condiciones de trabajo entre los colegas. No era extraño que algunas personas a mi alrededor trabajaran 12 horas diarias regularmente – algunas veces incluso 17. Así es como es esto – se supone que debería estar agradecido que incluso tienes la oportunidad de trabajar.

Sin embargo, una fuerte desconfianza de la política era perceptible. Casi ninguno de mis colegas votó – sólo ocasionalmente podía hablar con alguien que apoyaba al partido Comunista. La transformación de la economía luego de 1989 estuvo basada en trabajo barato e incentivos a la inversión extranjera directa. Ha existido una falta de voluntad de hacerse cargo del creciente número de problemas que esto genera. En los medios, leemos repetidamente que la gente debe cuidarse por sí misma, nunca que alguien debería ayudarles.

La transformación checa del Estado socialista hacia el capitalismo es usualmente considerada un éxito, y hoy en día todos los indicadores económicos sugieren que el país está sensacional. Pero las experiencias subjetivas cuentan una historia diferente. Las narrativas individuales de quienes están necesitados no son presentadas como problemas sistemáticos de una sociedad completa. Los logros del Estado de bienestar son a veces vistos como intercambiables por el comunismo, y los sindicatos fueron denostados como reliquias al viejo régimen. Por años, la negociación colectiva fue prácticamente un insulto. Así que se convirtió en algo común que los bajos salarios estuvieran acompañados por flagrantes violaciones al código del trabajo, los cuales son resistidos por los trabajadores por miedo a levantar la voz. Mediante las interminables repeticiones de “cada uno vela por sí mismo”, la sociedad checa renunció a la solidaridad.

En los últimos años las elites liberales comenzaron a decir a la gente que deberían mostrar solidaridad hacia los refugiados. Esto creó un problema. Los checos no entendieron por qué ellos deberían sntirse solidarios con gente de algún lugar de África, dado que nadie puso atención a sus propios problemas.

Por largo tiempo, la “cortina de salarios” no les interesó a los políticos de Europa occidental tampoco – pero todo checo sabe que un asistente de tienda en Alemania o Austria ganará tres veces más que uno en República Checa. Vivienda y comida, sin embargo, no son tremendamente baratas comparadas con el oeste. Los trabajadores pobres, quienes usualmente no pueden arreglárselas con sus salarios, se encuentran consumidos por un profundo sentimiento de injusticia. Ellos sienten que han sido dejados atrás.

En la mayoría de las regiones a lo largo de la República Checa no es difícil encontrar trabajo. El problema es que mucha gente no puede mantener su vida a partir de ese trabajo. Las viviendas sociales son prácticamente inexistentes, y el Estado contribuye sólo un poco con el costo de la vivienda. En el presente, hay 750.000 personas en deudas de largo plazo, y los alguaciles –personajes privados con una licencia para cobrar deudas- toman tanto de sus ganancias mensuales que no les alcanza el dinero para la renta.

Esto también tiene un efecto en sus familias. De acuerdo a Social Watch, el cobro de deudas afecta a 2.5 millones de personas, casi un cuarto de la población del país. El Estado no compensa por ninguna pérdida de salario, así como tampoco paga las deudas. Las rentas por arrendamiento crecen rápidamente. El principal factor de estrés es el miedo de perder el hogar. Para quienes tienen hijos, esto también significa el miedo de que el Estado los vaya quitar, dada la situación de los padres. Mucha gente pobre vive en alojamientos temporales poco higénicos.

Y mientras yo esperaba darme unas vacaciones de recompensa con mi esposo e hijos durante mi experimento de seis meses, uno de mis colegas de la lavandería que vivía en un alojamiento temporal sólo soñaba con ahorrar lo suficiente para un ticket de metro subterráneo para ir a la ciudad a comer un trozo de pastel. “Lo pude hacer una vez, antes”, me dijo emocionado, “me tomé una foto con el pastel, para tener un recuerdo de la buena vida”

Saša Uhlová es una reportera checa.


1 Poco más de 300.000 pesos chilenos.

Autor entrada: Convergencia Medios

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