“El MCR lideró la movilización rural en el gobierno de Allende”

“El Movimiento Campesino Revolucionario no se podía fundar en torno a una reivindicación muy puntual, sino que debía articularse la demanda por la restitución de tierras a un proyecto socialista más amplio, que aglutinara a todos los sectores populares”

A 48 años de la fundación del Movimiento Campesino Revolucionario compartimos la primera parte de la entrevista que hicimos a Jaime Navarrete Vergara, autor del libro N° 19 de la Colección América de Ediciones Escaparate. Magíster en Historia, Universidad de Chile. Director de la Fundación Miguel Enríquez.

Por Carlos Alberto

Carlos: ¿Por qué nace la investigación sobre el Movimiento Campesino Revolucionario (MCR) y qué es lo nuevo que entrega para la historiografía?

Jaime: Fue parte de una investigación para optar al grado de Magíster en Historia en la Universidad de Chile. Tuvo el propósito de analizar la relación entre masas populares y organizaciones partidarias, en particular el vínculo entre dirigentes sociales y partidos marxistas, en la “larga” década del 60’ (1958-1973). El caso del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) ilustraba muy bien ese fenómeno. Siendo un partido de cuadros y semi-clandestino, a medida que se desarrollaba un auge de las luchas social-populares, especialmente entre 1967-1970, el MIR diseñó un “plan” de inserción social que fue capital para “territorializar” su política de masas.

El caso del Movimiento Campesino Revolucionario (MCR) era ilustrativo de dicho fenómeno. El MIR apuesta a la formación de algunos “frente de masas” o “frentes intermedios”, que conectarían ciertas reivindicaciones sociales al proyecto político de la izquierda revolucionaria. Estos frentes sociales eran espacios abiertos para incorporar a distintos sectores populares marginados por las políticas del llamado “Estado de compromiso”. Además, el Partido Comunista y el Partido Socialista, sectores hegemónicos dentro de la izquierda chilena, habían construido una base social en torno al sindicalismo industrial, razón por la cual el MIR tenía que disputar la representatividad de masas en otros sectores sociales. Los pobladores sin casa y los campesinos pobres aparecieron como actores claves para la acumulación de fuerza social con perspectiva revolucionaria, dada las luchas que sostenían a fines de los sesenta con el gobierno de Eduardo Frei Montalva. En tal sentido, los trabajadores sin tierras y el campesinado mapuche comienzan a establecer una relación con la militancia urbana del MIR.

La formación y desarrollo del Movimiento Campesino Revolucionario (MCR) en la zona de Cautín ilustra muy bien el fenómeno. Se trata de dirigentes mapuches, quienes provienen de comunidades reduccionales, y presentaban demandas por restitución de tierras usurpadas. Estos dirigentes provienen de Lautaro, Nueva Imperial, Carahue, entre otras comunas, y van estableciendo una relación paulatina con la militancia regional del MIR, que les llevó a formar varios “comités de tierras” para analizar la situación por la cual atravesaban los afectados.

Por otra parte, en los archivos de la Fundación Miguel Enríquez se encontraba un documento inédito del MIR: la ‘tesis’ política y militar de 1967. La estrategia insurreccional había sido aprobada durante el III Congreso Nacional de la organización (diciembre de 1967) y allí se detallaba el “plan” de inserción territorial que habría de poner en práctica toda la militancia de la organización. En dicha ‘tesis’, las zonas rurales tenían una especial importancia, pues era en el campo donde se habría de desenvolver estratégicamente la guerra de guerrillas. En ese momento las revoluciones triunfantes en el mundo, en el marco de la Guerra Fría, son revoluciones campesinas: Vietnam, Cuba, China, entre otras, lo cual lleva a que este partido tenga una política militar enfocada en el campo.

Carlos: ¿Cuáles los elementos que consideras más importantes o centrales del Movimiento Campesino Revolucionario? Y ¿Cuál es su concepción del sujeto campesino y mapuche?

Jaime: Uno de los elementos más importantes del Movimiento Campesino Revolucionario, en la zona particular de Cautín, fue la articulación entre la demanda territorial impulsada por el movimiento mapuche y la política de clase defendida por la izquierda radical chilena. La movilización rural que lideró el Movimiento Campesino Revolucionario durante el gobierno de la Unidad Popular fue la última alianza efectiva que establecieron campesinos mapuches y trabajadores agrícolas en la Araucanía. Me interesaba analizar las tensiones que se generaron entre demandas del campesinado mapuche y de otros trabajadores sin tierras (inquilinos, afuerinos, medieros) porque la reivindicación central del movimiento mapuche fue la promulgación de una Ley Indígena y la restitución de tierras usurpadas por terratenientes (pero que legalmente estaban contenidas dentro de los títulos de merced, que eran los títulos de dominio que tenían los longkos), mientras que la mayoría del campesinado en Chile peleaba por el “acceso a tierras”, que trabajaban a sus patrones. La consigna que lo ejemplificaba era conocida: “¡La tierra para el que la trabaja!”. La tarea era socializar y redistribuir la tierra de los grandes latifundios.

Sin embargo, el movimiento mapuche, tal como te he dicho, tenía una demanda particular. Reivindicaban una legislación para la propiedad comunitaria de la tierra. La ocupación de la Araucanía, y el posterior proceso de Radicación, que fue un despojo arbitrario de tierras por parte del Estado, crearon las llamadas “reservas de tierras” o comunidades reduccionales. Las primeras organizaciones mapuches que luchan por restitución de tierras son desde 1920, y vienen peleando por tierras al mismo tiempo que se las estaban quitando. Los conflictos territoriales están documentados en los archivos judiciales, en particular en los Juzgados de Indios, en los cuales los comuneros exigen la restitución de las tierras en consideración a los títulos de merced, ya que los grandes propietarios agrícolas, como por ejemplo la familia Luchsinger, estaban corriendo cercos y apropiándose cada vez más de sus tierras, generando una situación verdaderamente dramática. De tal manera, a diferencia de provincias del Valle Central como Curicó, Linares o Talca, la lucha del Movimiento Campesino Revolucionario en la zona de Cautín tuvo un matiz especial.

En la década de 1960, la reforma agraria abrió la posibilidad para que los campesinos mapuche enarbolaran esas demandas por restitución de tierra con mayor fuerza. Allí es donde aparece el MIR, organización que logra amplificar el eco de esas reivindicaciones. Pero el MIR no comprende a cabalidad las demandas territoriales, y eso era interesante resaltar en la investigación, pues hay una tensión histórica que padece toda la izquierda revolucionaria de América Latina: la relación entre el mal llamado “problema indígena” y el proyecto revolucionario de la izquierda continental. El MIR, al igual que otras organizaciones revolucionarias, fundó su política marxista estrictamente a partir de la categoría de clase, y entendió la demanda mapuche con un mero acceso a tierras robadas por agricultores inescrupulosos. Sin embargo, la demanda del movimiento mapuche era más compleja, apelaba a la restitución de un “patrimonio territorial” expoliado por el Estado desde fines del siglo XIX y principios del XX. Desgraciadamente, las reivindicaciones campesinas aplastaron la densidad de las demandas históricas, territoriales y culturales del movimiento mapuche. Así y todo, el Movimiento Campesino Revolucionario va a liderar la movilización rural durante el gobierno de Allende.

Carlos: Considerando estos problemas que presentas en el libro, ¿Cómo pudieron trabajar desde el MCR esta demanda mapuche y campesina, cómo las aunaron?

Jaime: Es una pregunta interesante. El congreso de fundación del Movimiento Campesino Revolucionario, el cual se realizó el día 12 de septiembre de 1970, en la Iglesia Metodista de Temuco, duró entre dos a tres días. Se dieron discusiones intensas. En distintos libros testimoniales se plantea que los convocados discutieron a fondo la proyección de este frente campesino en el recién electo gobierno de Salvador Allende Gossens. Todos coincidieron en que el movimiento que se fundara en esa instancia no podía sólo abocarse a la demanda puntual de la restitución de tierras usurpadas, sino que tenía que ir más allá, apuntar a una demanda que aglutinara a todos los “pobres del campo”: inquilinos, afuerinos, mapuches, medieros, entre otros.

El congreso se realiza una semana después del triunfo de Allende. La pregunta fue cómo va a participar el MIR en un gobierno democrático y popular. En tal contexto, los campesinos discuten que hay que llamar a todos los campesinos a formar parte de esta nueva plataforma organizacional y que no deben ser sólo los sectores mapuche, sino que deben participar todos los trabajadores rurales, en especial los “pobres del campo”, porque la revolución debía ser obrero-campesina. Entienden muy rápidamente que el movimiento no se puede fundar en torno a una reivindicación muy puntual sino que debía articularse esa demanda a un proyecto socialista más amplio que aglutinara a todos los sectores populares. Y así fue: los dirigentes mapuches, que lideran la constitución de este frente rural de masas, apostaron a la formación de un “polo clasista” que fuera la base de un amplio movimiento campesino que luchara por su incorporación democrática a la reforma agraria allendista.

Compártelo en:

Autor entrada: Convergencia Medios

Comentarios

  Suscribete  
Notifíicame de