A 45 años del golpe: ¡Convocamos a luchar y crear Poder Popular!

Por Convergencia 2 de Abril

En un año marcado por la fuerte arremetida del gobierno de Chile Vamos, que ha buscado implementar una serie de reformas que refuerzan una sociedad al servicio del mercado, en desmedro de las condiciones de vida de las amplias mayorías populares. En un año que además ha sido escenario de duros golpes a la memoria popular, por parte de un sistema de justicia que se vale de cuestionables argumentos para perpetuar la impunidad de violadores de derechos humanos en nuestro país, hoy no podemos sino reafirmar nuestro compromiso con los pueblos explotados y oprimidos, reiterando nuestra voluntad de lucha contra la alianza político-empresarial-militar que impera en Chile y que tanto daño ha causado en nuestro pueblo.

Recordamos el 11 de septiembre como el hito de la contrarrevolución neoliberal hacia el proyecto socialista en Chile y a nivel mundial, como punto de partida de la arremetida neoliberal y la implementación de una política del terror por parte del Estado chileno, cuyos pilares hasta el día de hoy se mantienen fuertes y robustos, siendo potenciados por la complicidad de los gobiernos de la transición, tanto de Chile Vamos como la Concertación/Nueva Mayoría: Un sistema de AFP enfocado en la acumulación de riquezas de las empresas administradoras y no en garantizar el bienestar de las personas mayores; un plan laboral enfocado en destruir toda capacidad de negociación efectiva de parte de la clase trabajadora; un modelo extractivista cimentado en la devastación del hábitat, cuya cara más triste son la gran cantidad de zonas de sacrificio que existen a lo largo del territorio chileno y Wallmapu; un sistema que entiende necesidades básicas del pueblo como bienes de consumo y no como exigencias mínimas que deben ser satisfechas para la vida digna de las personas; un sistema que perpetúa y se beneficia de las discriminaciones de género y el desmedro a la figura femenina, para no reconocer la centralidad que han tenido las mujeres en la sociedad; construido sobre la ocupación de sus territorios, violencia y racismo en contra de pueblos originarios; y también, un sistema que ha destruido las instancias de socialización que se dio la clase popular durante décadas, recluyéndonos cada vez más a una vida aislada e individualista.

Frente a ello, reivindicamos el proyecto socialista que impulsó la clase popular y que llevó a miles de personas a romper poco a poco sus cadenas e imaginar formas distintas de relacionarnos, no mediadas por la explotación ni la dominación. Levantamos estas banderas no sólo como una reminiscencia al pasado, sino también como un proyecto interrumpido más no extinto, que sobrevive entre quienes hoy ven en la organización, solidaridad y lucha, la manera de resistir los embates de un violento neoliberalismo y también como el camino para trazar un nuevo futuro.

Desde hace ya algunos años, hemos atestiguado y también hemos sido partícipes de un rearme en el campo popular, levantado a pulso por quienes han ido evidenciando mayores niveles de agotamiento frente a un sistema que fracasa en entregar condiciones de vida digna para el pueblo. Las diversas movilizaciones han ido agrietando la política de los consensos desde el inicio de la “transición pactada”, desarrollando masivas movilizaciones estudiantiles (2001, 2006, 2011); contundentes protestas regionales en Aysén y Freirina (2012), Chiloé y Atacama (2016); masivas movilizaciones contra el sistema previsional (2016); sucesivos conflictos laborales liderados por trabajadores subcontratados de los sectores forestales y mineros (2007), salmoneros (2008) y portuarios (2012), por trabajadores del sector público, principalmente del registro civil y profesores (2015), pescadores artesanales (2016) y la histórica huelga en la minería privada (Escondida, 2017) que finalmente este año le dobló la mano al empresariado; y la trascendental movilización y fuerza mostrada por el movimiento feminista (2018). Así, se observa un avance en los niveles de conciencia, lucha y organización, lo cual ha alterado parcialmente la dominación y subordinación política de las clases trabajadoras chilenas, aunque sin capacidad aún de convertir la movilización en fuerza efectiva, y menos aún de constituir una alternativa independiente y políticamente gravitante.

Entendemos que hoy las diversas movilizaciones no se han traducido en una fuerza que sea capaz de dar golpes efectivos a la estructura del modelo político, económico y social del país, por lo que actualmente sigue siendo prioridad construir esa fuerza, mediante un trabajo político que conecte con las necesidades más sentidas de la población explotada y oprimida, que desde ahí genere articulaciones que permitan ser espacios de apoyo y síntesis de los distintos sectores del pueblo, avanzando en la construcción de un programa común, que se conjugue con el fortalecimiento de  la infraestructura popular y de la organización política, lo cual nos permita como pueblo trazar nuestro propio camino. A estas tareas entonces orientamos nuestros esfuerzos, entendiéndolas como una necesidad del período político y que cobran sentido en un escenario marcado por ajustes del modelo para “reinventarse”.

Los ajustes al modelo hoy se valen de formas más sutiles de control, como la concesión de ciertas demandas que se han levantado desde la movilización popular, hasta la utilización de mecanismos brutales de represión, que se sienten con mayor fuerza en las zonas militarizadas de Wallmapu, para lo cual se conjugan los roles de Chile Vamos y la Nueva Mayoría como continuadores del proyecto neoliberal. El fascismo de la burguesía representado en Kast, el fortalecimiento de Punta Peuco y la liberación de cinco criminales de lesa humanidad, la creación del Comando Jungla, del Consejo Asesor de Inteligencia y del Museo de la democracia, son síntomas que expresan que los bastiones del terror siguen vigentes, los cuales deben ser repudiados tajantemente y no concederles ni un metro de cancha, y no olvidando que Chile Vamos representa la expresión directa de la imposición del neoliberalismo mediante la dictadura militar en Chile. Pero también recordando el rol de la Concertación, hoy modernizada como Nueva Mayoría, a propósito de su defensa al Museo de la Memoria, museo que se ha apropiado de la memoria en torno a los Derechos Humanos en Chile, invisibilizando hechos oscuros como el rol de La Oficina, la Operación Paciencia y Operación Huracán, los asesinatos en democracia de luchadores políticos y sociales del pueblo chileno y mapuche, lo que en definitiva devela su rol en la promoción de la impunidad y el terror en Chile todo estos años.

Por eso este nuevo 11 de septiembre no olvidamos, recordando el ejemplo de los combatientes a la dictadura militar, el ejemplo de Alex Lemún y Matías Catrileo, de Macarena Valdés, Rodrigo Cisternas, Juan Pablo Jiménez y Nelson Quichillao, en definitiva, con el ejemplo de quienes se atreven a soñar con un mundo mejor, incluso a costa de sufrir la persecución por asediar los intereses mezquinos de una clase dominante corrupta y decadente. Hoy reafirmamos nuestro compromiso, porque somos quienes tomaron la posta en esta lucha, porque seguimos creyendo en la autoderminación de los pueblos y en la vigencia del proyecto socialista.

¡Contra la precarización de la vida,
A organizar la dignidad del pueblo!

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Autor entrada: Convergencia Medios

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