De la discusión sobre el salario mínimo a la lucha por el salario digno

» Ya pueden prepararse usted y sus amigos para la tormenta. Porque cuando llegue, todos van a preguntarse cómo pudieron creer que podían vivir con tanto y dejar tan poco para los demás.»

Selina Kyle a Bruce Wayne en Batman El Caballero de la Noche de Chistopher Nolan.

Por Axel Gottshalk, Defensoría Popular de las y los Trabajadores

‘’La Constitución debe procurar que, si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría, porque – valga la metáfora – el margen de alternativas que la cancha imponga de hecho a quienes juegan en ella sea lo suficientemente reducido para ser extremadamente difícil lo contrario’’.1

La frase es de Jaime Guzmán, ideólogo de la dictadura, y muestra en buenas cuentas la visión política de los arquitectos del modelo instaurado en Chile mediante la fuerza y que rige, sin mayores contrapesos, hasta el día de hoy. La discusión de las últimas décadas en torno al salario mínimo es una clara muestra del éxito de dicha lógica.

Así, la discusión sobre el salario mínimo ha sido asumida siempre desde una lógica cuantitativa a partir de fórmulas matemáticas que tienen como gran factor al IPC y con el desempleo como gran amenaza de los gremios empresariales frente a cualquier propuesta de alza relevante a los salarios. Dicha forma de abordar la discusión del salario mínimo, que denominaremos neoliberal, ha predominado sin contrapeso en los últimos años. Las izquierdas y el movimiento sindical no han sido capaces de romper con dicho libreto que les fue impuesto, y su rol se ha limitado a pelear por porcentajes más, porcentajes menos, sin siquiera tener éxito en ello: la determinación final de los montos ha sido definida siempre de manera casi unilateral por el Ministro de Hacienda de turno.

¿Cuáles son los resultados de esta política neoliberal de fijación del salario mínimo?

El salario mínimo actual, fijado en $276.000, alcanza para que un trabajador o trabajadora pague las leyes sociales, un kilo de pan diario, la movilización para ir y volver a su trabajo y un arriendo básico, como insistentemente ha planteado Fundación Sol.2

Peor aún, de acuerdo con los datos publicados recientemente por el INE en la Encuesta Suplementaria de Ingresos 20173, la mitad de los trabajadores gana menos de $379.673 lo que está por debajo de los $282.720, monto que fija la línea de la pobreza extrema y muy por debajo de los $424.080, monto que fija la línea de pobreza para un hogar promedio de cuatro personas en nuestro país, de acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Social4. De hecho, al 2015 el porcentaje de personas pobres que trabajaban era de un 63,4%5. Suena contradictorio, pero es así: en Chile hay personas que salen a trabajar todos los días y son pobres.

Ello sin mencionar la brecha salarial entre hombres y mujeres, que, de acuerdo con las cifras del INE, es de cerca de un 30%. A esto, se debe agregar la brecha que significa todo el trabajo reproductivo no reconocido ni remunerado realizado por las mujeres en sus hogares y que es relevante para la reproducción de la fuerza de trabajo.

Dichas cifras no son normales si se revisa el panorama comparado. Como muestra el estudio de Fundación Sol llamado “Mini Salario Mínimo6, Chile registra un monto de salario mínimo bastante bajo si se compara con países que tienen un PIB similar o si se compara con países de la OCDE cuando estos tenían el mismo PIB que tiene Chile actualmente, momento en que estos exhibían sueldos mínimos que en todos los casos revisados eran más altos a los que presenta nuestro país.

¿Qué muestran estas cifras?

La estructura de bajo salarios no es algo causal, sino que da cuenta de la estructura del capitalismo en Chile, para la cual, los bajos salarios son una pieza central. Las cifras revisadas, por tanto, no son una situación indeseada, sino que una consecuencia absolutamente querida y planificada por los creadores del modelo neoliberal chileno.

Esto tiene que ver con el cambio de tendencia del capital a partir de la restauración neoliberal post 1973, que entre los muchos cambios del modelo, incluyó un cambio desde una apropiación de plusvalía centrada más bien en la plusvalía relativa a un modelo centrado en lo que teóricamente se ha denominado superexplotación.

Como señala Marini, “la superexplotación se define más bien por la mayor explotación de la fuerza física del trabajador, en contraposición a la explotación resultante del aumento de su productividad, y tiende normalmente a expresarse en el hecho de que la fuerza de trabajo se remunere por debajo de su valor real’’.7

Ello se realiza mediante ‘’la conversión de parte del fondo de salario en fondo de acumulación de capital’’8, lo que implica una disminución del valor de la fuerza de trabajo considerada como mercancía. A esto se suma un aumento de la intensidad del trabajo mediante incrementos forzosos del ritmo de trabajo y/o mediante una prolongación de la jornada de trabajo, aumentando la acumulación de capital respecto del trabajo socialmente necesario para producir los bienes necesarios para la subsistencia del trabajador y su familia, como del trabajo excedente, aquel que está por sobre el trabajo necesario. Con ello, se acumula a partir de la plusvalía absoluta y de la relativa, teniendo un mayor énfasis de acumulación en la primera.

En términos más simples, si un trabajador tiene la jornada normal de 8 horas, dentro de las cuales tarda 4 horas en producir los bienes que paguen su salario y 4 horas en que trabaja solo para engrosar en el bolsillo de su empleador, el empleador reducirá el salario acumulando capital sobre ambos tiempos de trabajo, mediante mayores exigencias para el trabajador respecto de la intensidad con la que debe trabajar o mediante extensiones de la jornada laboral sin aumentos del salario, además de formas directas o indirectas de reducir su salario y apropiarlo para sí.

Este modelo marca una clara diferencia con el siglo XX, en el cual gracias a la fortaleza que cobraron las organizaciones de los trabajadores tanto en el plano sindical como político, se frenó la arremetida del capital respecto del valor de la fuerza de trabajo, defendiendo los salarios e inclusive, en el mejor de los casos, tendiendo a proceso de alza de estos.

Ello obligó a que los capitalistas chilenos no pudieran enfatizar su forma de acumulación en los salarios de los trabajadores y que debieran desplazar el foco de la acumulación en disminuir el tiempo de producción en búsqueda de procesos más eficientes.

El golpe de estado generó las condiciones para construir una economía basada en la acumulación de capital mediante la superexplotación, ósea, en base a disminuir el valor de la fuerza de trabajo al tiempo que se intensifica el trabajo realizado y/o se extienden las jornadas. Desde aquel entonces y hasta el día de hoy, la existencia de bajos salarios, altas jornadas y malas condiciones de trabajo es unos de los pilares estructurales de la economía chilena. Con ello, se realiza lo dicho por Marini en orden a que la producción capitalista, al desarrollar la fuerza productiva del trabajo, no suprime, sino que acentúa la mayor explotación del trabajador’’.9

Ello explica, además, una gran diferencia respecto del sueño keynesiano del pleno empleo que rigió los estados de compromiso del siglo XX, en tanto las tendencias descritas se expresan en la reducción relativa o absoluta de la fuerza de trabajo empleada y en la expansión del ejercito industrial de reserva’’. 10

Un segundo pilar de la economía neoliberal chilena, estrechamente vinculado a este, es la limitación absoluta de la organización sindical y los derechos colectivos de las y los trabajadores mediante el plan laboral de José Piñera11, que se ha mantenido intacto y que inclusive se ha perfeccionado en ciertos aspectos con los gobiernos democráticos venideros. Sindicatos atomizados y paralelismo sindical, negociación encerrada a la empresa y una huelga de papel. Dicha estructura normativa buscar hacer estéril y dificultar la acción sindical con lo que se evita que estos cumplan el rol que tuvieron durante el siglo XX: defender el valor del trabajo.

Bajos salarios y restricción de los derechos colectivos permiten el panorama adecuado para la instalación de un tercer pilar de acumulación cual es el endeudamiento.

Durante el siglo XX, las teorías económicas keynesianas fueron hegemónicas en varios países de occidente. En el marco de dichas economías, existía el consenso económico de que un alto grado de empleo, aspirando al pleno empleo, con salarios estables, permitía que los trabajadores tuvieran el poder adquisitivo suficiente para consumir productos en el mercado haciendo crecer la demanda, la producción y con ello la economía.

Los economistas neoliberales, en cambio, encontraron la forma de lograr mantener estable la demanda de productos sin la necesidad de mantener un nivel aceptable de salarios: el crédito. Los trabajadores podrían pagar los bienes que necesitaran con trabajo futuro aun teniendo bajos salarios. Inclusive, se podría romper la máxima que había descrito Marx acerca de que los salarios debían al menos cubrir lo necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo, lo indispensable para comer y volver a trabajar al día siguiente. Gracias al crédito, los salarios podían estar por debajo de ese mínimo y el trabajador estaría obligado a adquirir lo que necesita para vivir mediante el crédito. Esto no es otra cosa que la superexplotación, en tanto forma que asume la explotación capitalista, que implica violación del valor de la fuerza de trabajo, se expande por todos los rincones del sistema mundial capitalista’’.12

Si a eso se le suma la privatización y mercantilización de una serie de áreas de la vida que antes eran provistas de manera gratuita por el Estado, y que ahora obligan a las personas a endeudarse, tenemos un negocio perfecto. Hablamos del caso de la salud, la educación, la cultura, etc.

Las cifras son claras en este sentido: ya en el 2014 la OCDE mediante su informe Society at a Glance13 advertía que en Chile a casi un tercio de la población no le alcanzaba para comer, debiendo endeudarse para comer. 14

Y el problema solo se ha agravado. El Banco Central público en base a los datos del tercer trimestre del 2017, su informe de Cuentas Nacionales por Sectores Institucional15, señalando que de cada $100.000 de los hogares chilenos, $70.000 iban para pagar deudas. Así, los últimos años, la tendencia ha sido hacia un aumento del endeudamiento de la población chilena. El XXI Informe de deuda Morosa del Segundo Trimestre del 201816 da cuenta de que en Chile existen 4.482.547 de personas con deuda morsa, deudas que se reparten en un 40% en retail y un 29% en banca, además de otras áreas. A fines del 2017 el Fondo Monterario Internacional ubicó a Chile como el país donde los hogares están más endeudados en Latinoamérica, en tanto la deuda de los hogares representa un 42% del PIB. 17

El panorama se vuelve más oscuro si le sumamos a este panorama, el pilar de acumulación en torno al negocio de las AFP’s y la previsión. En definitiva, el modelo permite que los mismos holdings que pagan bajos salarios a sus trabajadores y que restringen el ejercicio de sus derechos colectivos, luego obliguen mediante la ley a que esos mismos trabajadores se endeuden en sus cadenas de retails o en sus bancos. Es una de las formas indirectas de convertir los fondos de salario en fondos de acumulación, como tendencia de la superexplotación. Lo más oscuro de todo, es que con los ahorros previsionales de esos mismos trabajadores endeudados administrados por las AFP’s, el empresario inyecta mediante inversiones dineros a los bancos de su propiedad o a sus tiendas de retail, para luego prestarle el mismo dinero inyectado de los ahorros de los trabajadores a esos mismos trabajadores, pero a tasas usureras. Es el sistema de fichas de las pulperías usado en las salitreras en Chile a fines del siglo XIX, pero ahora en escala nacional.

¿Qué hacer frente a ello?

Es relevante comprender que tanto los bajos salarios como la restricción de derechos colectivos son pilares que es necesario derribar para terminar con el escenario que favorece el endeudamiento.

En ese sentido, parecen preocupantes los planteamientos que se han escuchado desde la izquierda en orden dejar en un segundo plano la lucha por el salario mínimo para enfocarse en la negociación colectiva como mecanismo de distribución. Si bien dicho planteamiento denota una buena intención en orden a favorecer el desarrollo de la autonomía colectiva y el poder de las organizaciones sindical, peca de ingenuo frente a la realidad chilena. Cualquier desregulación legal hoy día, en que aún no existen actores sindicales potentes, puede ser aprovechada por los sectores conversadores para profundizar aún más la precariedad. La estructura normativa y el desarrollo sindical chileno deja desprotegidos a muchos trabajadores que hoy, aun cuando quisieran, no pueden formar sindicatos. Frente a aquello, y en la ausencia de organizaciones nacionales que los protejan, la ley es la única protección posible.

Por lo demás, en la última discusión del salario mínimo, la CUT apostó por resignar la disputa por el salario mínimo a cambio de la reforma laboral, la que supuestamente fortalecería a los sindicatos, a la negociación colectiva y a la huelga, terminando con el plan laboral de la dictadura. El balance de dicha experiencia debe ser negativo, sobre todo a la luz de los últimos dictámenes de la Dirección del Trabajo respecto a grupos negociadores y extensión de beneficio históricas, que terminan por barrer los pocos y tibios avances que significaba la reforma, sin contar la serie de retrocesos que implica este cuerpo normativo.

La lucha por el salario mínimo es relevante. Y una cuestión misma es comenzar exigiéndole al sistema lo que el mismo prometió: que existiría una correlación entre la productividad y los salarios. Así lo decía Jose Piñera en su libro la revolución laboral en que repasa los fundamentos de su plan laboral:

El objetivo del proceso de negociación colectiva es asegurar, por consiguiente, el logro de una equivalencia entre remuneraciones y productividad. (…) El ideal es que nadie salga perdiendo, que la remuneración de los trabajadores no esté por debajo de la productividad que ellos tienen como equipo en la empresa y que, a su vez, el costo de la mano de obra no termine siendo encarecido artificialmente para el empleador’’.18

Sin embargo, y como bien señaló la Fundación Sol en el marco de la discusión por salario mínimo el 2012, la productividad en las dos primeras décadas de la vuelta a la democracia había crecido en un 90% mientras los salarios lo habían hecho apenas en un 20%,19 generando una enorme brecha20 en contra de los trabajadores. Y aquello se ha mantenido. Sin ir más lejos, el 2016 la empresa IANSA cerraba el año señalando que aquel había sido el año de mayor rendimiento a nivel mundial en remolacha azucarera y en la historia de la empresa21. Un año y medio después, la empresa cierra la planta de Linares dejando a cerca de 4.000 trabajadores en la calle.

Hoy existe una verdadera deuda con los trabajadores y trabajadoras de Chile que debe comenzar a ser saldada en la discusión del salario mínimo. Ello implica plantear no solamente un salario mínimo que permita que cualquier trabajador que labore supere inmediatamente la línea de la pobreza, cuestión que ha planteado hasta la Iglesia y que es un mínimo insuficiente. Hoy corresponde que el salario mínimo permite que el aumento de la productividad de las últimas décadas y que ha traído tanta beneficio para unos pocos, sea compartidos por todos.

De la mano con ello, y como dos cuestiones indivisibles, es necesario apuntar a eliminar las restricciones a los derechos colectivos de los trabajadores, avanzando hacía un nuevo Código del Trabajo que permita el desarrollo efectivo de la libertad sindical, con sindicatos representativos, con negociación colectiva por rama y por holding, y con huelga efectiva. Así, la ley solamente será un piso desde el cual los trabajadores podrán negociar hacía arriba, estableciendo y fijando el valor de su aporte al proceso productivo.

Hoy asistimos a condiciones sociales que dan cuenta de una serie de problemáticas que constituyen en sí mismas una nueva cuestión social del siglo XXI. La cuestión social del siglo XX solo fue afrontada a partir de la movilización y la lucha de los trabajadores, en particular del movimiento huelguístico que aun en contra de la ilegalidad, la persecución e incluso la muerte, logro avances históricos para el movimiento de trabajadores.

La situación actual presenta varias similitudes con los conflictos de aquella época pero en clave actual, y el proceso de discusión del salario mínimo del 2012 nos dejó como claras lecciones que el lobby y la parlamentarización de los conflictos de los trabajadores no fueron un derrotero de victorias, sino de bancarrota.

La historia de los trabajadores pareciera decir que, solo en la movilización y en la lucha, con grados mínimos de unidad respecto a una agenda común que impulsar, los trabajadores han encontrado victorias y los capítulos más luminosos de su historia.

El gobierno de Piñera, en corto plazo, ha ejercido una fuerte ofensiva contra el trabajo, precarizando y profundizando un modelo que ya era bastante extremo. La discusión por el salario mínimo permite salir de la cancha dibujada por la dictadura y mantenida en los gobiernos democráticos, y plantear una agenda de lucha que cuestione el modelo de acumulación imperante que afecta a miles de chilenos y chilenas.

El monto de $286.000 propuesto por el gobierno y aprobado por la Cámara de Diputados perpetua la lógica neoliberal de la discusión del salario mínimo y reproduce la estructura actual de superexplotación del trabajo en Chile, aumentado el salario en apenas $52 pesos porahora22.

La propuesta del Gobierno ya fue aprobada por el Senado. Al Movimiento de Trabajadores/as solo resta comenzar a romper la cancha dibujada por la dictadura y comenzar a jugar en nuestra cancha, la de la dignidad en el trabajo.


1 Jaime Guzmán, “El camino político”, en revista Realidad, 1, 1979, pág. 33-44. Véase: Renato Cristi y Carlos Ruiz, EL PENSAMIENTO CONSERVADOR EN CHILE, Santiago, Editorial Universitaria, 1992, pág. 123. 

2 Infografía de la Fundación Sol disponible en https://pbs.twimg.com/media/DkWo84OXgAM0FJC.jpg

3 Disponible en http://www.ine.cl/docs/default-source/ingresos-y-gastos/esi/ingreso-de-hogares-y-personas/resultados/2017/sintesis_esi_2017_nacional.pdf?sfvrsn=6

4 Disponible en http://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/layout/doc/ipc/Valor%20CBA%20y%20LPs%2018.07.pdf

5 Fundación Libertad y Desarrollo, ‘’Temas Públicos’’, N°1273-1, 23 de septiembre de 2016, cuadro 2, p.3, disponible en https://lyd.org/wp-content/uploads/2016/09/TP1273CASEN2015.pdf/

6 Fundación Sol, ‘’Mini Salario Mínimo. El salario mínimo en Chile en perspectiva comparada’’, en Ideas para el buen vivir, N°12, 2018, Disponible en https://docs.google.com/viewerng/viewer?url=http://www.fundacionsol.cl/wp-content/uploads/2018/07/IBV12MW_3107-1.pdf

7 Ruy Mauro Marini, Dialéctica de la dependencia, México, Ediciones Era, 11a. reimpresión, 1991, pp. 92-93.

8 Ruy Mauro Marini, Dialéctica de la dependencia, p.92

9 Ruy Mauro Marini, Dialéctica de la dependencia, p.93

10 Ruy Mauro Marini, Dialéctica de la dependencia, p.96

11 CFR Jose Piñera, La revolución laboral en Chile, (Santiago: Editorial Zig-Zag, 1990), disponible en http://www.josepinera.org/zrespaldo/revolucion_laboral.pdf

12 Jaime Osorio, Fundamentos de la superexplotación, en Dossier: Debate sobre la superexplotación, Revista Razón y Revolución N°25, Disponible en https://marxismocritico.files.wordpress.com/2014/02/fundamentos-de-la-superexplotacic3b3n.pdf

14 Recomendamos en este sentido el artículo publicado por The Clinic, titulado ‘’Historias: El drama de los chilenos encalillados para comer’’, disponible en http://www.theclinic.cl/2015/04/05/historias-el-drama-de-los-chilenos-encalillados-para-comer/

17 Información publicada y disponible en http://www.elmostrador.cl/media/2017/10/chile_endeudados.jpg

18 Jose Piñera, La revolución laboral en Chile, p.49

21 Información disponible en su página, http://www.iansa.cl/wp/empresa/iansa/historia/

Autor entrada: Convergencia Medios

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