Ponencia de Convergencia 2 de Abril en la mesa “Marx y la Izquierda Contemporánea”

Fernando Quintana *

Nosotros sostenemos que reivindicar el pensamiento de Marx se traduce, en términos generales, en dos ideas fundamentales: La necesidad de concebir la acción política como praxis revolucionaria, y la necesidad de pensar un programa socialista como contenido de esa acción política. Para explicar esas dos ideas, y darles contenido, tenemos que darnos un pequeño rodeo por algunos aspectos de nuestra historia como izquierda, y algunos aspectos del pensamiento de Marx.

I

Pareciera que no es fácil reivindicar a Marx hoy en día. Desde finales del siglo pasado, el marxismo ha sido sistemáticamente expulsado de prácticamente todos los espacios de desarrollo del pensamiento y de la cultura. Además de este verdadero genocidio intelectual, muchas organizaciones de izquierda parecen haber renunciado a pensar el mundo desde las herramientas y categorías que nos da el marxismo. Nociones centrales como la contradicción capital-trabajo, la centralidad política de la clase trabajadora o una sociedad comunista como el norte de la revolución social parecen haber sido renunciadas por la izquierda.

Pareciera que se hace difícil hacerle sentido a las mayorías con conceptos tan “duros”, así que se opta por pensar la política desde conceptos más genéricos como el de ciudadanía o clase política. Si quieren un ejemplo, basta con ver los posicionamientos de los sectores que conducen el Frente Amplio respecto a Venezuela: incluso la izquierda ha terminado por aceptar que todo régimen político que no calce en los moldes de la democracia liberal debe ser condenado por ser una dictadura. Sobre este punto, no se trata de no ser críticos con el proceso venezolano. Todo lo contrario. El punto es que esa crítica debe hacerse desde la perspectiva de cómo profundizar (y en ciertos aspectos corregir) el rumbo del proceso revolucionario, no tomando prestados los conceptos de la democracia burguesa.

El problema de todo esto es que el abandono del marxismo como herramienta de pensamiento por parte de la izquierda revela un abandono del horizonte comunista. Pareciera que la mayoría de los proyectos políticos progresistas en Chile y en el mundo no tienen una perspectiva de ruptura con el capitalismo. Y pareciera que aquellos proyectos políticos que reivindicamos un horizonte de ruptura con el capitalismo no tenemos idea de cómo hacerlo. Para qué estamos con cosas… en el escenario actual tenemos una posición sumamente marginal.

Este desolador panorama para la izquierda a nivel mundial no debería ser motivo de sorpresa. El siglo XX terminó con una victoria absoluta del bloque capitalista por sobre el proyecto comunista. Chile es el ejemplo paradigmático de esa derrota. El reflujo del movimiento obrero generó, a su vez, un reflujo del pensamiento revolucionario. Este reflujo, combinado con una serie de transformaciones del sistema capitalista a nivel mundial, que alteraron profundamente la fisonomía clásica de la clase trabajadora, han dejado a la izquierda revolucionaria en un estado de importante confusión. La realidad ya no calza con lo que dicen los textos clásicos, y pareciera que nos cuesta salir de esos textos.

Sin embargo, en los últimos años hemos visto que la conflictividad social propia del capitalismo sigue latente. El campo popular ha comenzado a reorganizarse, y a rearmarse teóricamente. Las nuevas generaciones de luchadores sociales se reagrupan, y de la mano de este reagrupamiento resurge el interés por el estudio del marxismo. La Convergencia 2 de Abril, cuya expresión estudiantil es ContraCorriente es uno de estos procesos de reagrupamiento. Pero tenemos claro que aún nos falta mucho para constituirnos como una alternativa real de conducción para el movimiento popular.

II

Como Convergencia 2 de Abril sostenemos que el resurgir del proyecto socialista sólo va a ser posible de la mano del marxismo como herramienta de lucha. Para nosotros el marxismo tiene plena vigencia en el mundo contemporáneo. El punto central es que el marxismo no es un conjunto de verdades ni una estrategia pre-definida. El marxismo es un método de análisis e intervención en la realidad, cuya aplicación debe ser siempre creativa y crítica por parte de los revolucionarios.

Hay quienes dicen que las derrotas del siglo XX implicaron la derrota del marxismo, y que por consiguiente debiéramos descartarlo o, en el mejor de los casos, revisarlo profundamente. Quienes sostienen esto identifican el marxismo con el proyecto estalinista. Nosotros sostenemos que el marxismo se mantiene vigente, pues distintas experiencias de lucha a nivel mundial, y sobre todo en Nuestra América, nos muestran que es posible pensar un marxismo crítico, capaz de aprender de los errores de la historia de la izquierda. En otras palabras, creemos que es posible formular un proyecto socialista para el siglo XXI, libre de todo dogmatismo.

Pese a que sostenemos que el marxismo sigue plenamente vigente para analizar nuestro mundo contemporáneo, debemos reconocer que hay ciertos aspectos de la vida social a los cuales la tradición marxista le ha puesto poca atención. Hablamos en particular del problema de la división sexual del trabajo y de la opresión patriarcal, pues es la omisión más grave de la historia de la izquierda. Al respecto, como organización sostenemos que en el pensamiento de Marx están los gérmenes para el desarrollo de una crítica radical del patriarcado, pero que estos gérmenes han encontrado poco desarrollo en la tradición marxista a causa del machismo imperante a lo largo de nuestra historia. El problema de la falta de perspectiva feminista en la izquierda es un problema que debemos achacarle más a la tradición marxista (y a la izquierda en general) que a Marx mismo.

Nosotros como organización nos posicionamos desde la teoría unitaria, para cuyo desarrollo autoras como Cinzia Aruzza o Silvia Federici han sido un gran aporte. Así, entendemos que capitalismo y patriarcado son dos conceptos que se refieren a distintos aspectos de un mismo sistema que, de conjunto, conforma una unidad histórica. En esta unidad histórica, la división sexual del trabajo fue (y sigue siendo) la condición de posibilidad para la reproducción del capital. Sin la enorme cantidad de trabajo poco remunerado (o abiertamente no remunerado) que corresponde a las labores del trabajo reproductivo, las tasas de ganancia del capital serían insostenibles. Hay que reconocer que ha sido el empuje del movimiento feminista el que ha forzado a la izquierda marxista a ampliar sus análisis.

III

A riesgo de ser repetitivo, diremos una vez más que el marxismo no es un conjunto de verdades pre-definidas sino un método que nos permite conocer la realidad social. La tarea de un marxista consecuente debiese ser aplicar ese método a la realidad que queremos transformar.

Por razones de espacio, no nos podemos alargar mucho en esta idea del marxismo como método, pero podemos decir tres cosas para que esta idea no quede en el aire:

  1. El marxismo es un método dialéctico, lo cual implica dos cosas:

    1. no concibe al pensamiento como mera actividad teórica aislada, sino como una actividad crítica-práctica unida indisolublemente al objeto de su conocimiento y transformación o, en palabras más simples, como unidad entre teoría y práctica;

    2. concibe al objeto de su conocimiento (la realidad social) como una totalidad, en la cual cada uno de los fenómenos que la componen solo pueden comprenderse si se los analiza en su interacción recíproca como expresiones de esa totalidad o, en palabras más simples, desde el punto de vista de la totalidad.

  2. El marxismo es un método materialista, es decir, que analiza la realidad social a partir de sus causas reales y concretas, es decir, por las relaciones materiales de producción y reproducción de la vida. Por consiguiente, reconoce la centralidad del trabajo en el desarrollo de la realidad social y, como consecuencia de lo anterior, la centralidad de la contradicción capital – trabajo en el desarrollo de la realidad social en su forma capitalista.

  3. El marxismo es un método historicista, es decir, que concibe la realidad social como una realidad histórica, que está en constante transformación y movimiento. Así, lo que otros métodos de análisis, como las ciencias burguesas, podrían entender como fenómenos naturales o necesarios, en el sentido de que siempre han sido así o necesariamente deban ser así, para el marxismo son productos de una determinada historia y, por ende, transformables.

IV

¿Y qué nos dice una aplicación del método marxista para nuestra acción política?

La tarea de un marxista debe ser siempre el análisis concreto de la situación concreta, para comprender las tendencias del movimiento del capital, las potencialidades que esas tendencias encierran, y también sus límites. Sobre la base de este análisis, una organización debe construir su programa y su estrategia.

Hay muchos análisis que no podemos reproducir aquí, pero que pueden encontrar en www.auroraroja.cl. Para ser sintéticos, las principales determinaciones del movimiento del capital en nuestra época son: i) La reproducción del capital por medio de la apropiación privada de la renta de la tierra, lo cual resulta devastador para los recursos naturales; ii) Un sistema que se reproduce sobre la base de enormes cantidades de trabajo no remunerado a partir de la apropiación capitalista del trabajo reproductivo de la mujer; iii) El capitalismo en su forma neoliberal se basa en el endeudamiento privado para solventar el consumo, y la especulación sobre esos títulos de crédito se ha convertido en una enorme fuente de ganancias para la burguesía. Pero la crisis del 2008 mostró la inestabilidad de este sistema, que no resuelve el problema de la tendencia a las crisis de sobre-producción sino que lo patea para adelante, absorbiendo exceso de trabajo actual con capacidad de consumo del futuro por medio de la deuda. Así, la crisis capitalista sigue latente.

Marx nos enseña que el capitalismo crea las condiciones para su propia superación, pero también crea una serie de mecanismos que le permiten perpetuarse pese a su carácter contradictorio y su tendencia a la crisis de sobre-producción.

Así, pensar en acabar con la sociedad capitalista implica dos cosas: i) comprender cuáles son esas condiciones que el capital ha creado para su propia superación, y realizarlas por medio de la acción política del sujeto que porta la potencialidad de esa superación: la clase obrera; y ii) comprender cuáles son esos mecanismos que le permiten perpetuarse, y superarlos en el plano de la lucha política: la disputa por la hegemonía.

Un marxista debe tener claro que acabar con la sociedad capitalista no puede hacerse contraponiéndole modelos abstractos de “buen vivir” ni de un “pasado bello libre de opresión” al cual queramos volver. Eso sería una vuelta al socialismo utópico. Los comunistas no queremos acabar con el capitalismo para volver atrás, a un pasado pre-capitalista. Los comunistas queremos acabar con el capitalismo para ir hacia delante, para tomar el futuro en nuestras manos y escribir nuestra propia historia.

Tomando en cuenta lo anterior, un programa revolucionario para América Latina debe tener como norte, al menos los siguientes elementos: i) Una perspectiva continental para la lucha, pues por un asunto de escalas de producción el socialismo solo es posible en una unidad latinoamericana; ii) la concentración de los medios de producción en manos del aparato estatal, por medio de una política de expropiaciones a los capitalistas; iii) una política de control obrero y popular sobre el aparato del estado, por medio de una política revolucionaria para la toma del poder; iv) pero esa toma del poder no es sólo el “cambio de mano” del mismo aparato estatal puesto a funcionar con otras manos, es una política de destrucción radical del estado en su forma actual y su reemplazo por las formas de poder popular que en la propia lucha revolucionaria iremos construyendo; v) la superación de la división sexual del trabajo por medio de una política de socialización de las labores del trabajo reproductivo, lo que la C2A llama “socialización radical de la vida”; vi) un cambio en el modelo productivo para superar el carácter meramente rentista de la producción para superar la destrucción del medio ambiente.

El conjunto de este programa compone lo que entendemos por la socialización de los medios de producción y reproducción de la vida. La contradicción fundamental del capitalismo es aquella que se da entre el carácter social del proceso de producción y el carácter privado de la apropiación de ese producto. Esa contradicción solo puede superarse por medio de una revolución anti-patriarcal y anti-capitalista, donde el sujeto revolucionario es la clase trabajadora, con un fuerte protagonismo de la mujer trabajadora.

Con eso en mente, como horizonte, es que la izquierda debe enfrentar la pregunta por el qué hacer y cómo intervenir frente a la coyuntura. Si este es el norte estratégico y programático, lo que la izquierda debe hacer es pensar programas intermedios, consignas movilizadoras y apuestas tácticas que nos acerquen a la consecución de dicho programa, teniendo claro que ese programa estará en constante evolución e interacción con la propia lucha que vayamos dando.

Con las herramientas que el estudio del marxismo nos entrega, y que aquí se han esbozado de manera superficial y simplificada, creemos que es posible convertir nuestra acción política en praxis revolucionaria, y construir e impulsar un programa socialista como contenido para nuestra acción política. El camino es arduo y falta mucho por avanzar, pero somos cada vez más los que nos sumamos a la lucha.


* Ponencia presentada en Coloquio Internacional El Bicentenario de Marx y América Latina. Las preguntas de la mesa fueron: ¿Cuál es la relación de su organización con el pensamiento de Marx? ¿Qué aspectos podríamos reivindicar -o no- del pensamiento de Marx para el mundo contemporáneo?

Autor entrada: Convergencia Medios