Opinión sobre la polémica entre Trabajo Social clínico y Psicología

José Matamala Pizarro

Psicólogo

Grupo Clínica del Trabajo – Valparaíso

Muchos comentarios han aparecido en las redes sociales sobre el ejercicio terapéutico del Trabajo Social, a propósito de una resolución que emitió el Ministerio de Salud el 9 de marzo de 2018 donde aprobó las orientaciones y normas técnicas del Trabajo Social en salud.

Algunos colegas alertados, han comenzado una desordenada defensa gremial sobre el patrimonio de la Psicología respecto a la terapia y la clínica. Sin embargo, la terapia no es un patrimonio de la Psicología, ni tampoco la clínica. Ambas están inscritas en varias disciplinas del pensamiento humano y social, como lo son la Sociología clínica de Gualejac; la Psicodinámica del Trabajo de Dejours y Molinier; el Trabajo Social clínico de Cheschier; la Antropología clínica de Bonafina; entre otras. Con un grupo de colegas estamos abriendo un campo de acción e investigación en Chile centrado en la Clínica del Trabajo. ¿Acaso los ergonómos y terapeutas ocupacionales han polemizado con nuestra actividad?

En este sentido, cabe por lo menos preguntarse ¿En qué estamos los y las psicólogos en la clínica y la terapéutica? Resulta que en la actualidad nos aparece como problemático el reconocimiento que se hace al Trabajo Social en su práctica abocada a la salud mental. ¡Pero si el Trabajo Social en Chile surge muy vinculado con la salud mental y salud pública! Basta mirar el célebre libro de la historiadora María Angélica Illanes “Cuerpo y sangre de la política. La construcción histórica de las visitadoras sociales (1887-1940)” para darse cuenta de aquello. Inclusive, el documento que se critica contiene una cita de unos autores – Antipan y Reyes, 2013- que no hace más que reconocer lo que en la práctica realizan muchos y muchas Trabajadores Sociales en los servicios de salud. Por lo que sé, el Trabajo Social clínico existe desde por lo menos la década de los 80. No es un invento oportunista que busca quitarnos el trabajo ni tampoco es un sustituto de satisfacción pulsional por que los Trabajadores Sociales no pudieron estudiar Psicología. El Trabajo Social clínico es un campo disciplinar a tal punto como lo es la Psicología comunitaria en nuestro ámbito.

Sin embargo, y obviando por un breve momento la polémica con el Trabajo Social clínico, los y las psicólogos hemos permitido que otras formas de enfrentar la clínica y la terapéutica, mucho más pobres en desarrollo científico y en formación -como las terapias complementarias- se abran un abanico de desarrollo en la atención del sufrimiento y malestar humano. No se ha problematizado ni se han pedido cuentas al Ministerio de Salud porque estas iniciativas están instaladas en los sistemas de salud públicos e inclusive en la práctica clínica privada con una casi nula supervisión, a pesar que cerca del 70% de las personas en Chile alguna vez en su vida las utilizarán (Contreras, Alamos, Chang, Bedregal, 2015)

Por otro lado, y regresando a la polémica abierta con el Trabajo Social clínico, la organización por la defensa de nuestro valor como Psicólogos y Psicólogas en las organizaciones es muy desalentadora. Un botón de muestra se observa con lo que ocurre en las funciones que se cumplen en los programas tercerizados por el Servicio Nacional de Menores (SENAME).

En la actualidad más de 11 mil profesionales tienen vigentes cuentas en la plataforma virtual SENAINFO. De esa cantidad, pensando que un tercio de la totalidad de funcionarios pueden ser psicólogos y psicólogas, muy pocos deben estar organizados para defender su valor en tanto trabajadores y trabajadoras de la política social.

Según los últimos recuentos a los que he accedido sobre Sindicatos existentes en el área, éstos no superarían la quincena. Y se estima que deben ser unas 200 a 300 empresas colaboradoras que venden servicios al SENAME y que tienen en condiciones muy paupérrimas a miles de colegas en el país. Me pregunto entonces ¿Cuántos de esos colegas participarán en organizaciones sindicales, gremiales, asociaciones que velen por la defensa de su valor? ¿Se habrán movilizado efectivamente contra la precarización del trabajo y la externalización? o contra el acoso laboral, el agobio y los daños colaterales presentados bajo la forma de burn out. ¿Habrá surgido alguna vez una controversia seria y fuerte desde la iniciativa gremial para defender el valor del profesional Psicólogo en los lugares donde se desempeña? Me parece que tal vez los dardos de la crítica por el reconocimiento de la labor del Trabajo Social clínico están mal dirigidos, pues esa disciplina muy poco tiene que ver con nuestros problemas laborales de fondo. No es posible que convivamos con tanta desigualdad, porque ¡mientras que algunos Psicólogos y Psicólogas que trabajan en consulta privada en los privilegios de Vitacura, Providencia y Las Condes y pueden pagarse largos análisis, otros colegas a duras penas les alcanza para pasar el mes! Esa es una dura y terrible realidad en nuestro oficio. Nada tiene que ver el Trabajo Social clínico en eso. Tal vez haya que nivelar la cancha para arriba, obviamente.

Uno de los principales problemas que tenemos como profesionales es la pauperización del empleo. En la medida que existe división social del Trabajo, si existe competencia, entonces es evidente que aquella empeora las condiciones laborales. Pero tampoco nos hemos pronunciado por la cantidad de psicólogos y psicólogas que en la actualidad existen, ni cómo se forman. Finalmente, debe existir una gran masa profesional sobrante que apenas debe conseguir empleo. Tampoco nos hemos movilizado por mejorar el gasto social que se realiza en la formación del profesional psicólogo/a. Cada vez es más común que el gasto formativo debe realizarse por fuera del pregrado e inclusive con eso no basta. ¡Hoy en día cualquiera hace un curso corto y se hace llamar terapeuta! Y eso tampoco es problema del Trabajo Social clínico.

El problema aparece negado en su tratamiento si solo se dirige la crítica al reconocimiento de la práctica del Trabajo Social clínico. Tal vez la lucha va por otro lado, por aglutinar a la gran masa de trabajadores y trabajadoras de la salud mental por defender un sistema de salud público que vele por condiciones dignas de atención y que valorice nuestros trabajos, que tenga un enfoque antipsiquiátrico, de género, comunitario y centrado en la articulación efectiva de los y las profesionales tratantes. Finalmente ese es el llamado que hizo nuestra queridísima psicoanalista argentina, militante y feminista Marie Langer cuando en la Argentina psicólogos y psiquiatras también entraban en estas polémicas. Al otro lado de la cordillera Mimí hizo un llamado correcto y solidario ¡Trabajadores y Trabajadoras de la salud mental, uníos!

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Autor entrada: Convergencia Medios