La disputa de la mujer trabajadora: Piñera versus el Movimiento Feminista

Frente de Trabajadoras y Trabajadores

Convergencia 2 de abril – Santiago

¿Por qué luchamos las trabajadoras feministas?

Al inicio del gobierno de Piñera se esperaban –y así ocurrió-, modificaciones hacia la derecha en las reformas implementadas por el gobierno de Bachelet: Tributos, educación, aborto en tres causales y pensiones. La forma empleada: decretos, reglamentos y oficios que nos trajeron al presente la dictadura.

El objetivo siempre es el mismo: ampliar el campo de acción del libre mercado en estas materias.  A pesar de este conocimiento, en el escenario no era posible dilucidar en qué área específica ni que actor en particular abriría el conflicto social ante la agenda oficialista. Esta partió con los oficios que cambiaron el protocolo de objeción de conciencia de la Ley de Aborto en 3 causales, las modificaciones implementadas a la ley de migraciones –contra haitianos y en favor de venezolanos-, la  ‘gratuidad’ a los CFT e IP y el retiro del proyecto de ley de reparación a víctimas de la dictadura. Aparecía también la amenaza de legislar sobre pensiones en favor de las AFP y en contra del mundo del trabajo.

Ante ello, los sectores organizados del Pueblo, iniciaron un ciclo de lucha que apostó por la masividad de la convocatoria. Se marchó por pensiones dignas, por el derecho a la ciudad, por la educación y por el día de la mujer trabajadora. Dos de esas marchas fueron masivas y nos adelantaban lo que se vendría. La marcha del 8 de marzo, bajo la consigna ‘A la calle contra la precarización de la vida’ y la primera marcha de estudiantes, que superaron las 100 mil personas.

La marcha del día de la mujer trabajadora, guiada por la Coordinadora 8 de marzo, fue el primer anuncio de que este año el movimiento feminista sería el primero en abrir concertada y organizadamente fuego en el campo de la lucha social, algo que un gobierno de derecha patriarcal no podría haber alcanzado a dimensionar. Este liderazgo-vanguardia de masas asumido por las mujeres, tampoco lo previó el resto de conglomerados políticos tradicionales, ni la mayoría de las organizaciones que se autodefinen de izquierda.

Pero, que el ciclo de movilizaciones feministas estallara en las universidades -y a partir de allí empezase a empapar al resto de la sociedad- no debiese sorprendernos. El movimiento estudiantil lleva siendo durante años el sector social que expresa las posiciones más adelantadas desde el feminismo en la clase y el más consistentemente organizado. El aprendizaje feminista y la organizaciones, ya sea mixtas o de mujeres, han desplegado sus mejores y mayores experiencias en universidades y liceos.  

A la educación sexista (que existe desde el momento en que la primera mujer pisó una escuela o casa de estudios), se agrega la impunidad transversal del acoso sexual y laboral, los femicidios -alcanzando incluso el encubrimiento en el femicidio político de la luchadora mapuche Makarena Valdés-. El espacio en que mejor se cristalizó la comprensión de la relación estrecha entre capital y patriarcado, entre explotación y opresión fue en las universidades y liceos.

Y las mujeres que se han movilizado lo han dejado claro.

Se trata de luchar contra la violencia machista, contra la sobreexplotación en el trabajo -menor salario por igual trabajo-; contra el sexismo de los empleos a los que pueden acceder las mujeres –  el 91% del trabajo doméstico asalariado es realizado por mujeres, en salud es el 72,1%, en educación 70,6%, hotelería y restoranes 59,1% y la banca 52%-, contra el acoso laboral y contra la imposibilidad de decidir sobre nuestros cuerpos; contra la pésima salud, sus costos recargados para las mujeres y contra la naturalización de que hagamos las tareas de la casa como si no fuera trabajo y que tengamos por ellos menos pensiones. Trabajamos más y nos pagan menos, cuando trabajamos y cuando jubilamos.

Como trabajamos gratis en casa, cuando salimos al mundo del trabajo asalariado, se nos parte pagando menos. 31% menos. Y así, el trabajo asalariado de la mujer es en su mayoría trabajo precarizado; su realidad está en el subcontrato, en la venta de servicios a honorarios -al Estado incluido-, en la paga en negro de las trabajadoras migrantes.

Años de organización, años de aprender, años de lucha, se sumaron a la serie de medidas que Piñera echó a andar en el presente ciclo. Ese algo pareciera ser que, sencillamente, ya no se resiste más la precarización de la vida, sueños sociales rotos, corrupción y violencia institucionalizada.

Que seamos las mujeres quienes hayamos salido a dar cara, da cuenta de la cantidad de malestar acumulado y los esfuerzos de las diferentes organizaciones feministas que se reconocen en la realidad de las mujeres populares de nuestro país, han ido dando frutos. La ola de tomas y paros universitarios ha coincidido en tres puntos: educación no sexista; el término de las situaciones de acoso y persecución a estudiantes y trabajadoras de los planteles; y que se acaben las desigualdades en materia de empleo de funcionarias, docentes,  subcontratadas y honorarias.

La respuesta de Piñera a estos acontecimientos, la Agenda de Género presentada en cadena nacional, no hace otra cosa que reafirmar que para este modelo, la división sexual y social del trabajo y las relaciones desiguales que generan para la mujer, así como la violencia sistémica machista, no son el tema a resolver. A lo más podremos aspirar a que nos exploten de manera similar a hombres y mujeres, al tener por ley que asumir en igual monto los costos de sala cuna o que a los hombres les cobren más por las Isapres para que colaboren con los gastos de salud extras que implican nuestra condición de reproductoras de vida. Es decir medidas conservadoras incluso para el feminismo liberal. Donde los costos los sigue pagando el pueblo trabajador.

Claramente la propuesta de Piñera no está dirigida hacia las mujeres trabajadoras pobres y a sus problemas de salud ni pretende un cambio estructural. Si así fuera, las soluciones serían garantizar una salud digna en los consultorios, terminando con las listas de espera en los hospitales,  mejorando la infraestructura y cantidad de camas hospitalarias por habitantes y garantizar las especialidades que se requieran en cada territorio. Que se resuelven a través de un Sistema único de salud y de un seguro común, financiado a través de impuestos a las grandes empresas y con un presupuesto en salud acorde con las necesidades reales de la sociedad.

Para un gobierno de derecha y conservador seguramente sus 12 puntos significan avances históricos, para la clase trabajadora significa poco más de lo mismo y tener que seguir soportando sostener los beneficios de grandes compañías como son las isapres, siendo en el fondo una perpetuación del actual sistema.

Ello porque no se hace cargo de las desigualdades del trabajo, no disminuye el subcontrato, ni la precarización del empleo, ni de las pensiones menores o iguales a $154.000 pesos que reciben el 94% de las mujeres jubiladas. No reconoce la existencia del trabajo doméstico no remunerado ni la carga que este presupone cuando ya se posee además una jornada asalariada de trabajo. Tampoco el desgaste del cuerpo y la carga que llevan las tareas de cuidado, tanto de la infancia como de personas enfermas. En definitiva, de aprobarse esta pomposa agenda, la realidad de que independiente del lugar o del tipo de empleo, el puesto de trabajo con las peores condiciones laborales es siempre desempeñado por una mujer se mantiene inalterable.

A los 12 puntos del neoliberalismo y a esta reforma que nos esencializa como esposas, madres o cuidadoras de otros hombres, niños y niñas, les contestaremos con el programa y petitorio de las mujeres de la clase trabajadora: Fin a la precarización de la vida, derechos sociales garantizados en salud, educación y previsión; empleos decentes y salarios justos;  fin al subcontrato; fin al acoso laboral y sexual; reconocimiento de las disidencias sexuales; igualdad de acceso al trabajo y fin a la división sexual del mismo; junto al reconocimiento del trabajo reproductivo. En definitiva fin al contrato social del consenso neoliberal que, por ya mucho tiempo, ha mantenido doblemente explotadas y oprimidas a las mujeres trabajadoras.

Por ello, este 01 de junio adherimos, e invitamos a participar activamente del llamado a la Jornada Nacional de Protesta Feminista efectuado por la Confech y la Coordinadora 8 de marzo frente a la Cuenta Pública de Piñera, también nos sumamos al horizonte de lucha de C8M: la preparación de la Huelga Feminista el próximo 08 de marzo. Se vienen tiempos que nos exigirán unidad, coordinación y articulación a las mujeres y hombres que hemos entendido que cuando la mujer avanza en las luchas sociales, ningún pueblo retrocede.

Autor entrada: Convergencia Medios