La crisis de la Iglesia Católica

Ayer, todos los Obispos de Chile pusieron sus cargos a disposición – que no significa renuncia – del Papa Francisco. Así, luego de que les fuera imposible seguir escondiendo bajo la alfombra la complicidad de la Iglesia Católica chilena con las decenas de casos de abusos sexuales, el Papa se vio obligado a hacer un “gesto” para contener la crisis que atraviesa la Iglesia Católica en nuestro país.

Pero esta crisis no sólo es producto de los casos de abuso sexual, sino que es una crisis que se arrastra desde hace años. La renuncia masiva no es causa, sino consecuencia. El fortalecimiento de sectores de élite y sumamente reaccionarios al interior de la Iglesia Católica, como el Opus Dei y Legionarios de Cristo, fueron desplazando a los sectores populares. Las comunidades de base y curas populares son prácticamente inexistentes, siendo una excepción los Aldunate y Puga, predominando los Karadima, Errázuriz y Ezzati.

En estos años la Iglesia ha destacado por el encubrimiento de casos de abuso sexual por sus sacerdotes y por su férrea oposición a legislación que garantiza derechos humanos, como el aborto en tres causales y la Ley de Identidad de Género. Por el contrario, guarda un cómplice silencio frente a los abusos de mujeres, niños y niñas, inmigrantes.

Sin duda, esta solicitud del Papa para que los Obispos dejen sus cargos a disposición es un golpe gigantesco. Probablemente, gran parte de los obispos cambien y la imagen mediática de la Iglesia comience a mejorar. Sin embargo, esto no será suficiente para la recuperación de la Iglesia ni de la comunidad católica. La pérdida de terreno ante comunidades evangélicas pareciera ser irreversible.

Lo viejo parece estar destinado a morir, incluyendo a la Iglesia Católica. Quizás queden años de agonía, pero ya no retomará su sitial como el Partido del Orden en Occidente.

Autor entrada: Convergencia Medios