La Cigarra: Sentando bases de un movimiento cultural y social

Gabriela Bustos

Tocatas, homenajes, ferias del trueque, conversatorios feministas, ciclos de cine, cafés literarios, una escuelita popular y hasta una campaña para cambiar el nombre a una plazoleta que lleva el del dictador, son parte de las actividades realizadas por un grupo de jóvenes que decidió salir de su zona de confort y demostrar que con sus capacidades, energía y voluntad, era posible concretar cambios en una pequeña y conservadora ciudad.

Fue en el verano del 2011, cuando Felix Villalobos y Manuel Castillo, decidieron que era momento de hacer algo por el desarrollo cultural de su comuna. Para ese entonces, Linares era un diamante en bruto, con mucho que potenciar, pero sin nadie que tomara la iniciativa. Por eso, y apelando al compromiso que tenían con la música y la cultura, le propusieron al partido político en el que militaban, conformar una organización que levantara y validara el talento local. Su idea tuvo buena acogida, y en breve logró congregar a un grupo de jóvenes, que cumpliendo el número de 15 socios exigidos por la ley, concurrieron ese mismo año a constituir su personalidad jurídica.

No tenían más de 20 años, pero estaban convencidos de que sería precisamente su juventud el motor que guiaría la cruzada. Prueba de su convicción es que pese a haberse decepcionado y retirado precozmente del Partido Socialista, siguieron solos con una idea que los demás socios abandonaron. Hubo quienes perdieron la motivación e incluso la fe, pero no fue el caso de Felix y Manuel, cuya convicción se mantuvo y dio potentes frutos, que hoy se reflejan en el recuento que hacen Paola y Carola, su hermana y prima respectivamente, de los siete años de historia de uno de sus máximos orgullos: La Cigarra.

“El centro nace en un momento álgido de la historia reciente. Donde había un movimiento juvenil, cultural y estudiantil súper fuerte. Si bien en Linares no se veía tan reflejado como en Santiago o Concepción, sí existía ese bichito, por lo que la contingencia exigía hacer algo”, sostiene Carola Castro, que a sus 17 años se integró guiada por sus deseos de realizar cambios profundos, en pos de un bien común; mismos ideales que persigue hoy a los 25, como egresada de Administración Pública de la USACH.

Paola Villalobos y Carola Castro

La misma conexión tuvo Paola Villalobos, quien es actualmente presidenta de la agrupación. “Yo creo que es algo que tiene que ver con valores, mis hermanos son de la misma línea, por eso yo creo que esto ha perdurado, porque el compromiso y las ganas de hacer algo, son muy potentes y profundas”, cuenta mientras explica que en su caso puntual, la mayor motivación llegó cuando tras estudiar Psicología en Concepción, retornó a Linares a trabajar. “En Conce vi otra realidad, donde había muchos grupos y colectivos que hacían cosas. Luego llegué acá y vi que era un papel casi en blanco. Desde ahí empecé a aportar en la medida en que me era posible, en pequeñas acciones individuales, hasta que decidí congregarlas acá. Y como en la ciudad nunca hubo mucho apoyo al artista local, nos propusimos ir abriendo esos espacios. En un inicio eran cafés literarios y tocatas, que poco a poco fueron realizándose en escenarios importantes como el Anfiteatro, que estaba abandonado, o la Casa de la Cultura, que estaba relegada para un sector muy selecto de gente. En definitiva lo que buscamos fue democratizar espacios”, afirma la profesional respecto a un equipo con inicios fuertemente ligados al ámbito musical; característica que queda en evidencia tras el nombre con que los fundadores, y fieles seguidores de Leon Gieco, bautizaron al centro.

Para Carola las motivaciones eran similares, aunque reconoce que muchas veces la tarea no fue fácil. “Fue algo constante, incluso se dio fuerte en el 2014 cuando tratamos de exigirle a la municipalidad y a entes culturales que se movieran en torno a esto, ahí ya no tenía que ver solo con música. Nos asociamos con otros artistas locales, hicimos asambleas para saber en qué estaba cada uno. Tuvimos varias jornadas de reflexión que en ocasiones no proliferaron como hubiésemos querido, pero nos sirvieron para ir aprendiendo cómo hacer las cosas. En el fondo se trataba de congregar a todos quienes tenían algo por expresar, con quienes teníamos algo en común que era este arraigo que sentimos por este lugar, que es tan fuerte, que incluso pudo conectarnos mientras atravesamos cambios de etapa o de ciudad por motivo de estudios”, sostiene convencida.

Acciones políticas, no partidistas

Si hay algo en que coincidieron los cerca de 40 socios que han rotado a lo largo de la historia del centro, es en realizar acciones amparadas únicamente en un ideal. “Nuestra idea en cada iniciativa, es que el movimiento surja desde las bases, que sea la misma gente la que se convenza de que lo que busca tiene sentido. Por eso trabajamos bajo principios y concepciones generales de la vida, que están lejos de ser rígidas. Ni siquiera tenemos lineamientos tan cuáticos como un partido, porque muchas veces sí, las ideas obviamente surgen desde una perspectiva política, pero no ayuda si eso está ligado a un partido”, opina Carola.

Un reflejo de lo anterior, es la campaña que iniciaron el año pasado, previo a la conmemoración de un nuevo 11 de septiembre, que consideró un despliegue en la ciudad, con información al respecto, con mensajes en radios comunitarias, y con una fuerte presencia en redes sociales, donde incluían la visión de historiadores y personajes destacados a nivel comunal y regional, respecto a la ferviente necesidad de acabar con los homenajes a quien fuera un dictador. En este sentido, surgió la necesidad masiva de cambiar el nombre a la “Plazoleta Augusto Pinochet Ugarte”, y si bien confiesan que sabían que era difícil y casi imposible que a raíz del movimiento iniciado por La Cigarra se concretara, sí lograron instalar el tema mediante una amplia cobertura comunal. “La idea tenía peso por sí sola, por lo mismo no queríamos vincularla políticamente. Tuvimos algunos problemas porque se sumó el Partido Comunista y como siempre, terminó acaparando medios y en cierta medida adjudicándose una causa que no era suya, porque justamente lo relevante de esto, es que eran muchas personas las que libremente y sin pertenecer a ningún conglomerado, entendían que era una causa justa, y se acercaban a firmar”, recuerda la joven y adelanta que es una idea que este año piensan retomar.

“Siempre se nos ha invitado a actividades de partidos, pero nosotros separamos las cosas. No queremos asociar La Cigarra a lo político, porque su esencia es más bien ser un movimiento ciudadano, que nace de ideas de las bases”, afirma Carola, sosteniendo una idea que se ha visto respaldada con el pasar de los años, donde queda en evidencia que el centro ha reaccionado siempre a las necesidades que vislumbra. “Es parte de nuestra evolución, la contingencia nos exige movernos en cuanto a temáticas a nivel nacional y local, así lo hicimos por ejemplo cuando apoyamos fuertemente la causa del Achibueno”, agrega haciendo referencia a una lucha social y ecológica por proteger el último río libre de la Región del Maule, considerado un patrimonio ecológico y cultural.

Entre las actividades realizadas destacan ferias del trueque, que como trasfondo buscaban acabar con el consumismo creciente; ciclos de cine sobre conflicto mapuche, detenidos desaparecidos, luchas sociales o temáticas afines agrupadas en un encuentro llamado “Cinestesia”; eventos musicales dedicados a reunir el talento local y a homenajear a cantautores tan grandes como Violeta Parra y Victor Jara, destacando entre ellos “Cantando al sol” (como La Cigarra), que reunió a más de 10 bandas emergentes; apoyo a las campañas del Movimiento No Más AFP; una serie de conversatorios feministas; participación en la Red Social EcoLinares y particularmente en la campaña que surge tras la ordenanza que restringe el uso de bolsas plásticas en la comuna, entre muchas otras iniciativas.

Como centro no cuentan con un espacio propio para sus actividades, y la mayoría de las veces se reúnen como equipo en sus hogares. Sin embargo, pese a que reconocen que sería bueno contar con alguna sede, esta necesidad no figura como tal dentro de sus prioridades, porque siempre han conseguido sortearlo mediante el trabajo colaborativo con otras organizaciones. “Nos involucramos mucho con otros entes mediante trabajo asociativo, es una de nuestras fortalezas, más que el asociarnos a temáticas específicas, eso a veces resta un poco más que sumar, pero tiene que ver con la gente, que en general es apática a lo político y acá más aún, entonces temas como el Movimiento No más AFP por ejemplo, alejó a algunos, mientras otro tipo de iniciativas, aglutinaron a muchas personas”, reconoce Carola.

We Liwen (Nuevo Amanecer)

El más claro ejemplo de iniciativas de interés transversal, que incluso podría definirse como un hito dentro de la organización, fue el proyecto de la Escuelita Popular que desarrollaron en conjunto con la Junta de Vecinos del Sector Huapi de Linares, social y económicamente vulnerable.

 Fue en el 2016 cuando uno de los socios del centro que vivía en la población, propuso la idea de hacer actividades destinadas a niños y adultos mayores de allá. En ese momento ninguno tuvo dudas respecto a que era una tremenda iniciativa, y a la vez una gran responsabilidad. Por lo mismo decidieron organizarse para brindar el mejor servicio posible. Se pusieron en contacto con la Junta de Vecinos, e iniciaron la escuelita, cuyas clases se realizaban los días martes y sábados, y estaban enfocadas en ser un apoyo escolar, y por otro lado, un aporte al desarrollo de la comunidad. “A la gente le gustó mucho ese trabajo, fue bonito. Recibimos muchas donaciones en materiales y también yendo a ayudar. Además teníamos el apoyo de los vecinos que fue fundamental. Incluso nos prestaron su sede y nosotros la intervenimos, la pintamos, hicimos un huerto, fue algo bacán activar ese lugar, ya que por lo general las juntas vecinales hoy en día son más bien consideradas centros de eventos, pero allá fue distinto, fue una muy bonita experiencia, pese a que a tuvimos algunas diferencias a veces, logramos sacar adelante un proyecto con la legitimidad que te da una asociación vecinal”, describe Carola.

Paola recuerda la cobertura que tuvo en la prensa esa actividad, abarcando el interés de sectores que políticamente le eran ajenos al centro, pero sí reconocían y destacaban lo que se estaba haciendo, solo con organización y buena voluntad. “Fue una experiencia rica, porque uno aprende mucho de los niños también, nos vinculamos con ellos, hubo harto apego con ese grupo que iba desde los 3 a los 12 años”, recuerda refiriéndose a los 30 niños y niñas, que participaron durante ese año de las clases de la Escuelita Popular We Liwen.

El despliegue que alcanzaron fue tan grande, que incluso comenzaron a convocar a capital humano que pudiese dictar cursos prácticos específicos en áreas relevantes como la salud. Así recuerdan por ejemplo las actividades que hizo un Kinesiólogo a adultos mayores de la población, o la serie de talleres de reciclaje o pintura destinados a los más pequeños. Entre todos los recuerdos enriquecedores que les dejó esa actividad, destacan también la participación de muchos socios y voluntarios provenientes de liceos y colegios, que en sus tiempos libres se acercaban a colaborar.

Lamentablemente, y pese al éxito que tuvo la intervención, llegó un momento en que no daban abasto con todo lo que un proyecto social tan relevante exige, y por ende, responsablemente y tras un año de funcionamiento, la escuelita tuvo que terminar, quedando en la historia del centro como uno de sus hitos, y una de las actividades que recuerdan con más cariño.

La música y Los Choros

Por otro lado, y fieles a sus inicios musicales, a lo largo de su trayectoria continuaron realizando encuentros con una red de músicos potentes que lograron consolidar, y que participaba activamente de cualquier evento que congregaran; tanto así, que incluso la gente armaba bandas para poder ir a tocar a los conciertos del centro cultural. “A raíz de esto y el anclaje familiar que hay, fuimos conformando un grupo nosotros. La Cigarra sirvió mucho para poder potenciarlo musicalmente. Teníamos los medios que habíamos conseguido mediante proyectos que armábamos amparados en nuestra personalidad jurídica, como la amplificación por ejemplo. Con eso claramente los ensayos eran mucho más potentes”, explica Carola que es percusionista de la banda.

Así nacían Los Choros del Canasto, grupo de cumbia folk, con cinco años de vida. “Nos ha ido bien, tenemos harta tribuna. Hay una asociación de Los Choros a La Cigarra, siempre lo mencionamos porque nos sirvió para encontrarnos, para tener los instrumentos, y para darnos a conocer a la gente”, cuenta la joven, describiendo al grupo que partió con siete integrantes, y hoy ya cuenta con diez.

Entre las actividades que destacan de este nexo con el centro, está la adquisición de recursos a los que se puede optar. “Hay grupos que no quieren nada con el Estado, pero siento que nosotros hemos sido inteligentes en ese sentido, para usar herramientas que están disponibles, a nuestro favor”, menciona haciendo referencia a actividades como la gira por Alemania que realizaron el año pasado, con auspicio de la municipalidad. “La Cigarra ha sido un apoyo fundamental para Los Choros, porque teniendo ese resguardo de la personalidad jurídica, es mucho más a lo que puedes optar”, agrega.

Movimiento feminista

¿Qué tiene programado el centro para el 2018? Aunque aún no lo han definido en detalle, sí tienen en mente algunas ideas que vienen instalando desde hace rato, y que consideran ha llegado la hora de potenciar. Entre ellas destaca una decidida intención: levantar un movimiento feminista en Linares.

Tanto Carola como Paola explican que hace tiempo tienen la idea de congregar un frente de género, y para forjarlo han ido realizando actividades de concientización, y mediante ellas, congregando a quienes están interesadas de participar. “Teníamos hace tiempo esta inquietud, porque veíamos que no había organizaciones realizando actividades feministas, pero sí notábamos interés por parte de algunas personas, pese a lo conservador que es Linares. Conocimos a una niña que organizó una marcha para el día de la mujer, y por otras partes y colectivos, llegamos a más gente que estaba interesada, pero no organizada, así que queremos tomar la iniciativa ahí”, sostiene Paola. En su impresión el desafío es grande, pero lo ve con convicción, pues en las actividades que llevan realizadas, les ha sorprendido la participación de la gente.

El último encuentro que tuvieron el año pasado, fue un conversatorio realizado en el museo, al cual llegaron alrededor de 30 personas, que según confiesan, para ser Linares es harto. “Desde antes habíamos realizado algunas instancias chiquititas donde se trataba de educar sexualmente, y fue ahí donde nos dimos cuenta que la gente necesitaba que se tocara este tema, y compartirlo con otros”, confiesa Carola. Es por eso que desde allí lo han instalado como uno de sus próximos desafíos, que si bien aún se concreta del todo como desean, sí ha logrado motivarlas para dar vida, por ejemplo, a una brigada de acciones feministas, que poco a poco pueda ir ganando espacios en la ciudad.

Despertando a una ciudad dormida: Linares

Aunque todos los pronósticos indicaban que sería difícil mover políticamente a la comuna, dada su histórica tendencia derechista, los miembros de La Cigarra están cada día más optimistas, y cómo no estarlo si tienen como respaldo todo lo que han conseguido. “Nosotros hicimos esto en un momento en que no había tantas cosas, e independiente de si perdure en el futuro, sí sabemos que sentará un precedente, para que otras personas se puedan reunir y hacer cosas. Lo que hicimos fue lograr una apertura de visión”, explica Carola recordando su experiencia en particular, cuando tras llegar de un viaje que la tuvo viviendo en Barcelona, vino empapada de otra realidad. “Allá había un movimiento fuerte en cuando a Los Indignados, y llegué acá y me encontré con que también estaba pasando algo a nivel estudiantil. En ese momento había que aprovechar de levantar organizaciones para arreglar un poco el mundo, asumimos que nadie lo haría por nosotros. La Cigarra fue entonces eso, asociarnos y potenciarnos con otros que tienen los mismos sueños. Fue todo un aprendizaje en lo personal, y a la vez, fue abrirle los ojos a otras personas”, relata.

Para Paola las expectativas son positivas. “La historia muestra que ha sido difícil, que hay descontentos, que no había muchos aportes en participación ciudadana, pero eso se empezó a abrir. La premisa era que no se podía, pero sí resultó. Todo lo que venga será bueno, porque están sucediendo cosas, las personas están trabajando por la cultura, por el arte y por lo social, entonces yo creo que de por sí esto crecerá, y habrá muchas más iniciativas en otras áreas también, porque es contagioso. Ves a gente haciendo cosas simplemente por ver a su ciudad de otra forma y eso te motiva sin duda”, concluye convencida la Presidenta de La Cigarra, un centro que nació hace siete años solo buscando ser un aporte, y que hoy se sorprende a sí mismo, siendo el movimiento no partidista más grande de la comuna.

 

Autor entrada: Convergencia Medios