Evolución histórica del fútbol en Chillán: Una revalorización del fútbol amateur. Segunda parte.

Por Danilo Mora Godoy, profesor de Historia y autor del libro “Los muchachos de la Ñ: historia de los anónimos”


El siguiente texto corresponde a la segunda parte de la revisión que Danilo Mora hace respecto de la conformación del fútbol amateur en Chile, específicamente en la ciudad de Chillán. Puedes leer la primera parte haciendo click en este enlace en este enlace.


Una institución a través del tiempo


Ñublense es un equipo de fútbol que nace en 1916 al alero del Liceo de Hombres de Chillán, llevando el nombre de Liceo F.C., jugando desde ese año y de forma ininterrumpida en la liga de Chillán hasta 1958. Tras un fugaz paso por el campeonato Regional de Concepción, en 1959 ingresa al fútbol profesional, específicamente, a la división de ascenso. Desde entonces se ha mantenido principalmente en la Segunda y Primera Categoría del fútbol nacional, a excepción de siete temporadas que jugó en la Tercera Categoría. A fines de 2006, por iniciativa del entonces presidente de la institución y hoy alcalde de Chillán, Sergio Zarzar, el club es transformado en Sociedad Anónima Deportiva Profesional, siendo controlado mayoritariamente en una primera instancia por Jacques Ergas y, luego, por Patrick Kiblisky, quien en la actualidad, con un 57,6 por ciento de la propiedad, es el dueño mayoritario de Ñublense SADP.

A continuación, se contrasta un club de fútbol amateur con uno profesional administrado bajo el modelo de SADP, tomando el caso de Ñublense y comparándolo consigo mismo, estableciendo un paralelo entre el club amateur y el profesional administrado por la SADP desde fines del 2006.


Clubes de personas para personas


Los clubes de fútbol amateur funcionan bajo la estructura, aunque parezca obvio, de club, con socios que poseen derechos y deberes, con asambleas que regularmente se celebran y las decisiones importantes se toman con el mandato de la asamblea de socios. Así, por ejemplo, se encuentra en la historia de Ñublense amateur numerosos episodios donde la vida de club queda al descubierto. El caso de la asamblea donde se decide cambiar el nombre de Liceo F.C. al gentilicio provincial da cuenta de esto:

“…como en esta entidad deportiva militaban solamente ex – alumnos del Liceo que nada tenía que ver con dicho establecimiento, se acordó por unanimidad de sus socios cambiar el nombre de Centro de Cultura Física Liceo de Chillán por el de Ñublense F.C.” (La Discusión, 21 de agosto de 1932).

El Club Deportivo Ñublense SADP hoy en día utiliza el prefijo “club” como parte del nombre, porque funciona estrictamente como empresa. Actualmente ya no tiene socios, sino simplemente abonados; es decir, clientes que compran una entrada a precio rebajado. Los derechos de voz y voto en las asambleas y estas mismas ya son cosa del pasado.

La única forma de manifestar cierto grado de pertenencia a este mal llamado “club” es siendo cliente preferencial –abonado- y comprando ciertos productos que te identifiquen con sus colores, pero que además son de difícil acceso y, por lo demás, escasos en su variedad.

Desde la instalación de la SADP en Chillán, y en el resto del país en general, la orgánica de funcionamiento es modificada completamente, mermando en estas instituciones la participación de los hinchas y socios, aniquilando el derecho a voz y voto que antes tenían. Bajo el argumento del orden administrativo, la estabilidad financiera y económica, sobre todo mantenerle los sueldos al día a todos los trabajadores, las SADP se instalaron como una solución a todos los problemas que vivía el fútbol; incluso ante cualquier crítica por la nula participación y escasa democratización de estas instituciones, sus defensores responden al unísono que ahora no se atrasan con los sueldos. Lamentablemente el descalabro económico generado por algunas SADP, ha aniquilado varios clubes con un gran arraigo popular: Deportes Concepción, Lota Schwagger, Naval, entre otras instituciones han visto a sus trabajadores con imposiciones y sueldos impagos durante meses, teniendo en algunos casos, consecuencias brutales.

El caso de Ñublense SADP, también ha visto como este discurso mesiánico se desvanece, con trabajadores que reclaman que su sueldo no ha sido cancelado en los tiempos estipulados, como el caso de Ari Reyes, ex jugador del club y que en su rol de preparador físico de las divisiones inferiores denunció que en ocasiones “…se juntaron dos meses impagos…” (La Discusión, 28 de diciembre de 2017). También han sido conocidos casos de precariedad laboral del joven Felipe Albornoz, a quien le cancelaban 50 mil pesos mensuales (La Discusión, 2 de diciembre de 2015), muy por debajo del mínimo legal y absolutamente insuficiente para satisfacer las necesidades básicas de una persona, lo cual llevaba al futbolista a trabajar de noche como bombero en una bencinera para poder subsistir.


¿Hacia dónde apunta la brújula? Los objetivos de un club amateur


El Ñublense amateur con todas sus carencias de recursos logró ser mucho más que un Club de fútbol. Entre las ramas deportivas que implementó en diferentes momentos está la de tiro al blanco, boxeo, esgrima, atletismo, básquetbol (masculino y femenino), ping pong, palitroque, tenis, ciclismo e incluso, un club de huasos.

Pero, ¿de dónde obtenían tantos recursos? No requerían tantos, simplemente entendían que el principal objetivo del Club era velar por el bienestar de sus socios, así como descubrir y potenciar sus talentos y crear instancias de esparcimiento para quienes conformaban la familia de Ñublense. Estos objetivos se establecían por la Asamblea y eran los directivos los encargados de ejecutar las iniciativas que demandasen sus asociados. Así lo señalaba la prensa local ante el debut de la rama de palitroque en 1936:

“…los móviles que habían guiado al Directorio de formar esta sección y que era de satisfacer las numerosas peticiones formuladas por los socios aficionados a este simpático deporte. Hacemos un llamado a los socios del Ñublense que deseen ingresar a esta sección que pueden dirigirse al Director, quien tiene abierto el registro.” (La Discusión, 23 de abril de 1936)

Hoy el Ñublense profesional, con alrededor de 42 millones de pesos mensuales por los dineros derivados del Canal del Fútbol, más los ingresos por ventas de jugadores, publicidad y, en menor medida, por venta de entradas, mantiene el plantel profesional de fútbol y las series del fútbol joven. Las metas del Ñublense SADP están lejos de la satisfacción del bienestar de sus socios, porque no los tiene. Los objetivos son obtener logros deportivos al menor costo monetario posible.


El rol social de los Clubes de fútbol amateur: el Club que dejó de serlo


El fútbol amateur es una especie de gran familia que convive en torno a una institución. Alrededor de ella gira un entramado de relaciones sociales compleja y rica, donde trabajan para el bienestar de la institución, sus miembros y la comunidad en general. El Ñublense amateur gozaba de un rol social robusto. Organizaba eventos para ir en ayuda de quienes lo requerían, como cuando en 1931, en plena crisis económica que tuvo consecuencias horribles aumentando la cesantía, la pobreza y el hambre hasta la muerte, junto con el Comité de Madrinas organiza una tarde deportivo-artística para ir en beneficio de los hijos de los cesantes, buscando

“…aliviar en parte los sufrimientos de los inocentes que aún no aprenden a balbucear las primeras palabras y ya son víctimas de la crisis que atraviesa nuestro país.” (La Discusión, 26 de julio de 1931)

En 1958, ante la tragedia de un socio del club, y aprovechando un partido amistoso contra el Marcos Serrano de Tomé, la directiva de Ñublense decide que

Un porcentaje de la entrada de esta tarde, se destinará para ir en ayuda del socio de la institución don Juan Cisternas, que sufriera la pérdida de sus enseres y de una hijita en el incendio de su hogar.” (La Discusión, 9 de marzo de 1958)

Hasta el día de hoy en los clubes de barrio se puede observar esa fraterna solidaridad entre quienes forman parte de la institución. A modo de ejemplo, el Club Deportivo El Lucero de la población Luis Cruz Martínez, en agosto de 2016 realizaba recolección de alimentos para canastas familiares para quienes tuvieran carencias urgentes de alimentos y comunicaba por su página de facebook:

Recordar HOY reunión importante a las 20:00 hrs en la sede. Se ruega puntualidad. Puntos a tratar (…) castigo tanto jugador como cancha, campaña solidaria para este fin de semana, se estarán recibiendo alimentos para canasta familiar… Si usted amigo conoce a alguien que no es amigo del facebook, coméntele que el día de hoy necesitamos su apoyo. Y esperamos su cooperación. Gracias.”

La vida de club se puede comprobar además en la rica camaradería que las instituciones del fútbol amateur poseen. A sus 112 años de vida, el Club Deportivo Unión celebra su aniversario sagradamente a fines de cada noviembre con una fiesta donde los socios, simpatizantes y sus familias pueden compartir, bailar, comer y retomar fuerzas para un nuevo ciclo, con la responsabilidad de pertenecer al club más añoso de todo el Ñuble.

El Ñublense de la época amateur también tenía esta vida de club, la cual presenta llamativos pasajes, por ejemplo, en los paseos anuales que sus socios y simpatizantes realizaban en época estival. Ese momento era el indicado para compartir y recrearse con competencias de atletismo, natación, fútbol entre solteros y casados, entre otras entretenciones organizadas por los mismos paseantes. El lugar solía ser en el Río Chillán, en el sector las Lajuelas o en el Fundo Lluanco.

Toda la familia ñublensina tomaba parte colaborando para que todo saliera lo mejor posible. En el paseo del verano de 1940,

Numerosos han sido los socios que se han desprendido de dinero y otros han ofrecido corderos para el picnic. El jugador Héctor Carrasco ha puesto a disposición de la directiva su camión.” (La Discusión, 17 de febrero de 1940)

Los clubes de fútbol profesional carecen de este tipo de instancias. En el caso de Ñublense SADP, ocurre lo mismo, y es que la naturaleza de esta institución es completamente diferente a los años previos a la instalación de la Sociedad Anónima, y más aún si la comparamos con la época del Ñublense amateur. Ya no es un Club, entre sus objetivos ya no está el bienestar de sus socios, porque no los posee, porque la palabra Club solo es un acompañamiento sin sentido. Paradójicamente hoy, Ñublense que cuenta con campos deportivos propios -hecho que es utilizado para acallar a quienes critican la administración del club-, éstos no son conocidos ni utilizados por sus hinchas, abonados ni antiguos socios, y su uso está estrictamente restringido a la preparación deportiva de los trabajadores-deportistas de la SADP y las series del fútbol joven.


¿Clubes de fútbol o empresas deportivas? Identidad de plástico


Un estudio encargado en el marco de la creación de la Región de Ñuble a la empresa consultora Área Común en 2015, arrojó dentro de sus conclusiones que la “marca” Ñublense es la que más identifica a la recientemente creada región con un 19,6 por ciento, superando a las tradicionales y apetitosas longanizas de Chillán (16,7) y a las Termas de Chillán (17,5), entre varias otras marcas más.

Es que la identidad de la zona del Ñuble está relacionada profundamente con Ñublense, que construyó su popularidad no solo con buenos resultados durante 42 años en el fútbol amateur y luego llegando al fútbol profesional, sino que siendo una institución presente en toda la historia del siglo XX de la ciudad. Representa en parte ese acontecer infausto marcado por la tragedia y la mala fortuna, ese heroísmo desde el anonimato, esa rebeldía, miseria y solidaridad que florecía en los momentos críticos, esa relación fraternal que nació con los trabajadores y locatarios del Mercado de Chillán y aquel construir un objetivo común con la participación de cada uno de los individuos que lo conforman.

Ñublense se validó como un interlocutor robusto en la comunidad local no solo dedicándose al juego de la pelotita. Si a esto le sumamos la trayectoria deportiva, marcada por más fracasos que triunfos, y además que lleva el nombre del gentilicio de la provincia, da como resultado un componente fundamental de identidad provinciana y ahora regional.

Los criterios de las SADP no saben de esto, no cuadra con los negocios cortoplacistas y es visto como una “merma económica” que buscan subsanar intentando burdamente proteger la marca de una forma nefasta. Cualquier visitante que recorra las artesanías del Mercado de Chillán podrá encontrar llaveros, pulseras, mates y otros artefactos con distintivos alusivos a equipos de fútbol como Colo-Colo o la Universidad de Chile, pero no encontrará nada con la insignia ni la palabra Ñublense. Un carnicero del tradicional Mercado de Chillán tenía en su letrero principal la insignia del club, pero debió quitarla de ahí. Una antigua tienda de artículos para bicicleta ya no vende logotipos con la insignia de Ñublense. El Diario La Discusión quitó las imágenes de los jugadores del equipo presente en su publicidad de transmisión de partidos. ¿Qué pasó? ¿Acaso esa identidad de la que hablaba el estudio antes citado no es tal?

Las demandas por uso de imagen y solicitudes expresas de la administración de la SADP de Ñublense han obligado a quitar todo distintivo, palabra o imagen que aluda a Ñublense y Los Diablos Rojos de sus vitrinas y letreros. Para los visitantes que quieran llevarse un recuerdo de Ñublense, la única forma de obtenerlo es en la Tienda que la SADP posee, que por lo demás presenta un desnutrido stock.

La única identidad que le interesa a la SADP es aquella de plástico traducida en el merchandising comerciado por ellos mismos. Los pocos trofeos que están en poder de Ñublense a través de su centenaria historia y que antes podían ser visitados en la sede del club en el centro de la ciudad, ahora no están, porque la sede no existe. Nada hay para recordar los contados momentos gloriosos de un pasado nostálgico. La historia material no tiene un lugar físico para transmitir a las futuras generaciones ese cariño por la institución.


La esperanza está en la gente


En los barrios de Chillán y de cualquier ciudad, en cada cancha se puede volver a la esencia del fútbol, aún virgen sin la mancha del fútbol de mercado, resistiendo. Es como volver al pasado.

Usualmente se utiliza el término amateur de forma despectiva, como sinónimo de algo precario materialmente; no obstante, amateur viene de amador, el que ama. Este amor por lo que se hace es muy importante y es el motor de los clubes de barrio, quienes ante la carencia de recursos económicos y materiales sacan a relucir todo su esfuerzo en pos de la marcha del club y del bienestar de quienes forman parte de esa institución.

En el mundo, según la FIFA, se estima que hay alrededor de 265 millones de personas que juegan al fútbol, de los cuales solo el 15 por ciento es profesional. La mayor parte de ellos, más de 225 millones, entra en la categoría de futbolista amateur o aficionado.

Es precisamente lo amateur lo que le da vida a un club de fútbol y a cualquier institución. Cuando falta esto, dejan de ser clubes y se transforman en meras empresas de fútbol profesional, tal como a la luz de las evidencias, con una identidad resquebrajada, carentes del componente humano y despreocupado por su bienestar, completamente cerradas, antidemocráticas y con nulos espacios de participación, y desconociendo su histórico rol social, lo ha hecho el Ñublense de la era SADP. Lo único que le queda es el cariño y pasión que aún corre por las venas de los recuerdos de su gente, a la misma que ayudó, entretuvo y emocionó; la misma que en los peores momentos le devolvió la mano. No es una utopía ni mucho menos una irresponsabilidad crear una institución más participativa y con una vida cultural y social robusta; al contrario, es una obligación de los hinchas hacerlo.

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Autor entrada: Convergencia Medios